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24/10/2025

10 películas silentes para ver en Halloween

Diez películas de terror para sorprenderse, maravillarse y, por supuesto, asustarse en estos días previos a Halloween. Hay para casi todos los gustos en terror: De suspenso, intriga, dobles malignos, hombres artificiales, demonios, brujería, la Muerte, adaptaciones literarias, pactos demoniacos... De vampiros no porque la única película silente del subgenero la incluí en una lista anterior de filmes de chupasangre.
Para los que no experimentan mucha atracción por el terror, acá también pueden verse algunos rostros agradables que arrastran hacia la pantalla: Conrad Veidt, Camilla Horn, John Barrymore y Lil Dagover.


De menos terrorífica a muy espeluznante, la lista:


10) Sombras
(Arthur Robison, 1923, Alemania)
Un rudo noble adinerado (Fritz Kortner) es presa de los demonios de ojos verdes cuando descubre que su bella esposa (Ruth Weyher) presta demasiada atención a un apuesto joven de rizos dorados (Gustav von Wangenheim). En una cena en el castillo, la coqueta dama flirtea con el joven y un trio de caballeros, llevando los celos del marido al paroxismo. La entrada de un mago ambulante (Alexander Granach) y su teatro de sombras chinescas convierten la reunión en una pesadilla premonitoria.
Filme completamente visual -no hay intertítulos- con ambiente onírico y alucinante, ritmo pausado, actuaciones teatrales y un magnífico juego de sombras. Envuelve e hipnotiza si uno se deja llevar.



9) El Gólem
(Paul Wegener, 1920, Alemania)
Cuando la comunidad judía de la Praga medieval es amenazada con la expulsión, el rabino Loew (Albert Steinruck) interviene creando una figura de arcilla con la forma de un hombre, El Gólem (Paul Wegener). Con sus conocimientos de magia negra el rabino invoca al demonio Astaroth para dar vida y poder al Gólem, y luego lo presenta al emperador. Este no se muestra muy dispuesto hacia ellos hasta que su palacio amenaza desmoronarse sobre la corte y el Gólem salva a todos. Sin embargo la criatura se cansa de servir y cuando el desagradable ayudante del rabino (Ernst Deutsch) le ordena deshacerse de Florian (Lothar Müthel), su rival de amores, deja salir su ira y comienza a sembrar el caos en el gueto judío.
Basada en el folklor judío europeo, El Gólem es una película con suntuosos decorados de un medievalismo gótico surrealista; las altas casas retorcidas y los ángulos imposibles de portales y calles crean una atmósfera tan inquietante como hechizante:


La silenciosa e intensa ira del Gólem hacia los hombres que lo usan de criado doméstico se expresa principalmente en su espeluznante mirada centelleante -¡¿cómo logró Wegener esa mirada?!-. Está harto de cortar leña, hacer las compras y de que lo activen y desactiven. Primero enseña los dientes al rabino, luego mata a Florian y finalmente rapta a la chica (Lyda Salmonova) y huye. 
El imponente Gólem de Wegener es un claro precedente de los famosos monstruos de la Universal. El ya macizo actor aumentó su tamaño con un traje acolchado, botas de tacón alto, una gran hebilla de cinturón y esa voluminosa peluca de cemento. El conjunto consiguió el primer monstruo reconocible del género de terror. 



8) La muerte cansada
(Fritz Lang, 1921, Alemania)
Una joven pareja de enamorados (Lil Dagover y Walter Janssen) hace escala en la posada de un pequeño pueblo. Un desconocido demacrado y sombrío (Bernhard Goetzke) se une a ellos y su oscura presencia destruye la alegría de los amantes. Es la Muerte y ha venido para llevarse al joven. La mujer suplica por la vida de su amado y la Muerte propone un trato: Deberá evitar la separación de tres parejas enamoradas en distintos períodos de la Historia; si lo logra, la Muerte le devolverá a su amado. ¿Podrá el amor ser más poderoso que la Muerte?
La primera obra maestra de Fritz Lang son cuatro historias de amor y muerte desarrolladas en escenarios fantásticos, idealizaciones gótico-románticas sobre las antiguas Persia, Venecia China y la propia Alemania. La belleza de estos lugares mágicos está impregnada de una enorme y palpable tristeza. 
La historia principal es la más hermosa y poderosa. El cementerio, la posada, el enorme muro rodeando el huerto de la Muerte, la sala de las velas... Todo es un deleite visual. La personificación de la Muerte como un hombre cansado que se asienta en un pueblo perdido, es intrigante. 


Con efectos sencillos como el montaje y la doble exposición, se muestran fantasmas atravesando un jardín y almas abandonando sus cuerpos. La lucha entre el Amor y la Muerte nunca ha sido mejor representada que en este bellísimo filme con una Lil Dagover soberbia en todas sus caracterizaciones de valiente enamorada. Para asustarse y enamorarse por igual.



7) El estudiante de Praga
(Stellan Rye y Paul Wegener, 1913, Alemania)
El estudiante Balduin (Paul Wegener antes del Gólem) es el mejor esgrimista de Praga y también el más pobre. Tras salvar a la condesa Margir (Grete Berger) de morir ahogada luego de caer de su caballo, Balduin se enamora de ella pero debe competir por su amor con el adinerado conde Von Schwarzenberg (Lothar Körner), primo y novio nominal de la rica heredera. Balduin necesita dinero y ahí entra el retorcido Scapinelli (John Gottowt), que le ofrece una enorme fortuna a cambio de cualquier cosa que encuentre en sus pobres habitaciones. Lo que parece un gran trato para el estudiante se convierte en una trampa cuando Scapinelli se lleva su reflejo en el espejo, que cobra vida propia y se dedica a perseguirlo y atormentarlo.  


La vieja Praga con sus torres espectrales y su famoso cementerio judío, y el romanticismo de E.T.A. Hoffmann, Alfred Musset y Adalbert von Chamisso brindan un extraordinario ambiente gótico a la que se considera la abuela de las películas de terror. ¡Y es la primera película de lo que podría llamarse Edad de Oro del Cine de Terror Alemán! Imprescindible. 



6) La caída de la casa de Usher 
(Jean Epstein, 1928, Francia)
Allan (Charles Lamy) visita el castillo de su aristocrático amigo pintor Roderick Usher (Jean Debucourt), cuya esposa y modelo Madeleine (Marguerite Gance) agoniza lentamente. La dama  sucumbe y es puesta en la cripta familiar con su velo de novia, pero la vida y la muerte se confunden y fusionan en la casa Usher y Madeleine regresa arrastrando consigo la condena y destrucción para el ancestral hogar.
Rostros distorsionados, cortinas ondulantes, corredores vacíos, pinturas antiguas, rincones a oscuras, velas parpadeantes... La delirante construcción ambiental de La caída de la casa de Usher es hipnótica, macabra, deprimente, morbosa y fascinante a la vez. 


Película de enorme y aterradora belleza glacial, contiene una de las más hermosas e impresionantes imágenes del cine silente: Madeleine regresando de la tumba con su largo velo de novia agitado por el frío viento que envuelve la casa Usher:



5) Historias tenebrosas 
(Richard Oswald, 1919, Alemania)
La Muerte (Conrad Veidt), El Diablo (Reinhold Schünzel) y La Prostituta (Anita Berber) emergen de los cuadros de un anticuario y pasan la noche leyendo los cuentos de miedo La aparición (Anselm Heine), La mano (Robert Liebmann), El gato negro (Edgar Allan Poe), El club de los suicidas (Robert Louis Stevenson) y El espectro (original de Oswald), cuya recreación conforma la película antológica.
-La aparición: Un hombre (Veidt) defiende a una mujer (Berber) de su abusivo y demente ex esposo (Schünzel). La lleva a un hotel y la deja sola, pero a la mañana siguiente la mujer ha desaparecido y todos aseguran que nunca estuvo ahí.
-La mano: Dos libertinos (Veidt y Schünzel) se juegan la posesión de una chica (Berber); el perdedor estrángula a su rival y huye, mas este lo acecha tras una sesión espiritista.

 
-El gato negro: Un marido borracho (Schünzel) invita a casa a un desconocido (Veidt) que seduce a su mujer (Berber). Después el borracho mata y empareda a la mujer y a su gato, siendo descubierto y acusado por el otro hombre.
-El club de los suicidas: Un detective encubierto (Schünzel) se deja atrapar por un siniestro club masculino dirigido por un rubio sobremaquillado (Veidt). La finalidad del club es el suicidio de sus miembros, uno por noche elegido al azar, y el nuevo socio obtiene el "premio". 
-El espectro: Un señor de la nobleza (Veidt) tiende una broma macabra al cobarde invitado (Schünzel) que trata de arrebatarle la atención de su esposa (Berber).


La calidad y longitud de las historias varía, pero la película es dinámica, divertida y contiene buenos momentos sombríos. Conrad Veidt se roba la atención con su atractivo, miradas intensas y sincera representación de toda una gama de emociones extremas. Imperdible para los admiradores del terror clásico y el gran actor.



4) Haxan, la brujería a través de los tiempos 
(Benjamin Christensen, 1922, Dinamarca y Suecia)
Magnífica mezcla de documental y ficción que narra los orígenes y evolución de la brujería. Con una perturbadora puesta en escena plena de imaginería, Christensen analiza la brujería y la creencia en ella desde distintos puntos, enfrentando la visión medieval con la de 1920. 
Grabados, recreaciones de aquelarres, rituales profanos, hechizos, satanismo y torturas medievales; el diablo, brujas volando en escobas; Haxan expone todo el potencial del miedo, el desconocimiento y la superstición de ayer y hoy. Las costumbres cambian, pero la gente no tanto.
Hay detalles inquietantes a todo lo largo del filme, algunos incómodos incluso para el público moderno, acostumbrado a lo visceral: Sacrilegio, perversión, desnudez, amputaciones...

 
Escandalosa, provocadora, escalofriante y revolucionaria en sus imágenes y temáticas, Haxan es tanto una película didáctica adulta como un manifiesto de los terrores más profundos y duraderos de la cultura occidental.
Una obra imprescindible del cine en general.



3) Fausto
(F.W. Murnau, 1926, Alemania)
El viejo doctor Fausto (Gösta Ekman) pacta con el demonio Mefisto (Emil Jannings) para acabar con la peste que asola su pueblo y obtener la eterna juventud a cambio de su alma. Tras probar la lujuria con la Duquesa de Parma (Hanna Ralph), el ahora joven Fausto va tras la inocencia. Se enamora de la hermosa y humilde Gretchen (Camilla Horn) y Mefisto lo empuja a seducirla y abandonarla tras destruir su familia y reputación... Pero llegado el momento decisivo, Fausto acude al llamado apremiante de la joven, condenada a muerte por el involuntario infanticidio de su propio hijo.  
Una de las películas más bellas de Murnau y el cine en general. El soberbio uso de las sombras crea una intensa sensación de terror e incomodidad.


La narrativa es impresionante; hay muchas escenas y secuencias que sobrecogen por su oscuro contenido u intención: El pacto por el alma de Fausto; Mefisto extendiendo sus alas negras sobre la ciudad para desatar la peste; el anciano Fausto invocando al demonio en un círculo de fuego; el ángel del Señor, rubio y con grandes alas blancas, enfrentando a Mefisto, un pájaro negro con cuernos de cabra; la ceremonia fúnebre de la madre y el hermano de Gretchen...


La secuencia más terrorífica: Gretchen, la auténtica víctima, primero expuesta a la verguenza pública y luego despreciada por todos, se arrastra sobre la nieve con su hijito en brazos. Engañada, enloquecida de frío, hambre, soledad y desesperación, ve una cuna y pone en ella a su bebé antes de desmayar. Cuando la guardia la encuentra el niño está muerto, enterrado en la nieve, y Gretchen es acusada de matar a su hijo. Su rostro lloroso alcanza a Fausto en las montañas. Las consecuencias del desamparo total pueden ser monstruosas.
Fausto no es realmente una película de terror (pocas de esta lista lo son), más la intensidad operística de sus imágenes, actuaciones e historia le conceden un lugar privilegiado dentro de lo mejor del género. 



2) El gabinete del doctor Caligari 
(Robert Wiene, 1920, Alemania)
Al pueblo de Holstenwall llega una feria y con ella vienen el doctor Caligari (Werner Krauss) y su sonámbulo Cesare (un inquietante Conrad Veidt), que puede ver el futuro y predecir la muerte. Los amigos Franzis (Friedrich Feher) y Alan (Hanz Heinrich von Twardowski) acuden a la feria y Cesare anuncia que el segundo vivirá "hasta el amanecer". El vaticinio se cumple: Alan es asesinado a puñaladas esa misma noche. 
Otras dos muertes misteriosas conducen a la policía hasta Cesare y Caligari; el primero rapta a Jane (Lil Dagover), novia de Franzis e hija del médico local (Rudolf Lettinger), y Caligari huye rumbo a un manicomio en las afueras del pueblo...

 
Sombras alargadas pintadas sobre tela y madera; rostros tensos maquillados para una pantomima gótica; fantasía retorcida y delirante; asimetría en claroscuro; deformidad de lo cotidiano; ángulos imposibles para irreales callejones de una ciudad de pesadillas; emociones exacerbadas; la vertiginosa fantasmagoría de un demente hecha imagen y narración en la película fundacional del terror psicológico. 
Emocionante, impresionante, escalofriante, perturbadora... ¿Que podría decir de esta obra maestra del cine como arte que no se hubiera dicho ya? Nada, excepto: HAY QUE VERLA.



1) Doctor Jekyll y Mister Hyde 
(John S. Robertson, 1920, Estados Unidos)
El joven y adinerado doctor Henry Jekyll (John Barrymore) mantiene y atiende una clínica gratuita para los más pobres de Londres. Su filantropía y buen comportamiento son cuestionados por su amigo George Carewe (Brandon Hurst), que lo empuja a visitar un cabaret. Allí la bailarina Gina (Nita Naldi) despierta los deseos más oscuros de Jekyll, y entonces utiliza sus conocimientos científicos para crear una poción con la que separar su parte buena de la mala. Pronto hyde, la horrenda parte mala, toma el control y Jekyll se ve envuelto en una red de crímenes y sospechas.
Una película de terror en todo el sentido de la palabra. La ambientación victoriana, brumosa y melancólica es perfecta para esta tétrica e inquietante historia sobre la dualidad del alma humana.
John Barrymore está total e infinitamente convincente, lo entrega todo en su complejo personaje (s) de buen doctor metido a mad doctor; el resto de actores y personajes grativan a su alrededor sin que en realidad nos importen; Barrymore-Jekyll-Hyde se roba el show.


Con una mezcla sospechosamente similar a una pócima mágica, este pálido, amable, caritativo, inocente, limpio, ordenado, elegante y hermoso médico...


¡Se transforma en este horror!:


Hyde es un canalla repulsivo en todo sentido: Encorvado, de rasgos demacrados y puntiagudos, cabeza cónica, ojos malignos, pelo pringoso y dedos largos como patas de araña; un villano lascivo, perverso y cruel adicto primero al tabaco, los bares y las mujeres de la noche, y después, a medida que aumenta su maldad, a destruir chicas ligeras y maltratar niños pobres.
El infeliz se hace más grotesco, sucio y diabólico a cada nueva aparición. Se aplaude que mate al cínico sir George Carawe (se lo mereces por corruptor de amigos)...


¡Pero no que el monstruo pretenda violar a la inocente Millicent! (Martha Mansfield). 


La primera gran película de terror americana y una de las mejores de John Barrymore; su impactante transformación del apuesto y agradable Jekyll al despreciable y espantoso Hyde sigue siendo aterradora... De verdad, me puso los pelos de punta.

¡INFELICES PESADILLAS PARA TODOS!

 
 

31/01/2025

The incorrigible Dukane (James Durkin, 1915)

The Incorrigible Dukane es la más antigua película de John Barrymore que se conserva. No es una obra muy pulida y su interés va condicionado al que pueda despertar el talentoso actor, no más.


Resumen: ALERTA DE SPOILER
La Compañía Constructora Dukane levanta una presa en Silver Peak, Colorado. Corbetson (Stewart Baird), el superintendente, hace saber que las obras inundarán las tierras de varios ganaderos asentados allí, y ante tamaña amenaza a su propiedad el ranchero Crofton (William MacDonald) y su hija Enid (Helen Weir) deciden tratar directamente con el jefe de la Compañía. 
En New York, el ocioso y juerguista James "Jimmy" Dukane Jr. (John Barrymore), hijo del laborioso James Dukane Sr. (William T. Carleton), sale de la cama a las cuatro de la tarde, su hora habitual, ayudado por el paciente mayordomo de la casa. Tras una larga noche de copas lleva el chaleco sobre el pijama y todavía calza un zapato. Bebe un trago para acabar de despertar y luego otros más por constumbre... mientras se ducha. 
Más tarde Dukane recibe las cuentas de las juergas de Jimmy y lee en el periódico de su expulsión de varios cafés. Cuando su hijo finalmente aparece Dukane está furioso y toma una decisión: Lo enviará a supervisar los trabajos de la presa con la esperanza de que la responsabilidad lo haga madurar. Jimmy decide intentarlo y abandona el edificio. 
Crafton y Enid llegan en ese momento. Ella se dirige a comprar fruta mientras su padre entra a plantear el asunto. Jimmy choca con Crafton en la entrada y enseguida se fija en Enid, cuya bolsa de la compra se rompe. Jimmy ayuda a Enid a reunir la fruta desparramada y Crafton llega poco después, molesto por no haber conseguido nada; se marcha rapidamente con su hija dejando a Jimmy la fruta y el sombrero de la joven. 
En el tren hacia Colorado Jimmy se echa unas cuantas botellas de alcohol en la garganta; al finalizar el viaje está más bebido que de costumbre. 

 
De la estación se dirige al primer hotelucho miserable que encuentra y se mete a una habitación sin registrarse. Al abrir la ventana del cuarto esta se cae. Después, mientras Jimmy duerme, un vagabundo entra y le roba todo: La ropa, la maleta, el dinero, los documentos de identificación; sólo le deja el sombrero de Enid. A la mañana siguiente los dueños del hotel lo toman por un juntapuchos y textualmente lo arrojan a la calle.
Crafton y Enid regresan y cuentan su fracaso a los otros ganaderos.
Las cosas sólo empeoran para Jimmy: No puede demostrar su identidad y carece de dinero. Cuando intenta enviar un mensaje telegráfico lo golpean, le arrojan un balde de agua sucia y lo expulsan a punta de pistola. En la presa se burlan de su pretensión de ser el nuevo mandamás y Corbetson manda que lo pongan a trabajar con el grupo de excavadores de las cuatro de la mañana. Un malhumorado capataz y un hermoso perro collie se encargan de despertar y levantar a Jimmy. Antes de haber hecho nada se distrae al ver a Enid, se pelea con el jefe de la cuadrilla y es despedido. 
Enid suplica a Corbetson y él le hace ciertas insinuaciones que ella rechaza de plano. Corbetson intenta forzar la situación pero Jimmy interviene. Después oye una interesante plática y decide averiguar más en la oficina de Corbetson. Descubre que ha estado remplazando el cemento por relleno y vendiéndolo para su propio beneficio. 
Más tarde Corbetson recibe una carta de Dukene anunciando su inminente llegada para valorar el trabajo de su hijo; Corbetson comienza a cuestionar la identidad de Jimmy. Al mismo tiempo, Jimmy logra convencer a buena parte de los trabajadores de la villanía del superintendente y salen a encararlo. Corbetson responde armando al resto, que ha aceptado sus promesas de un aumento de sueldo. 
A punta de pistola, Corbetson y los suyos expulsan a los demás, se atrincheran en las oficinas y se preparan a volar la presa para cubrir el rastro de su crimen. 
Todo se vuelve bastante caótico. Por un lado Jimmy y un grupo de obreros, por el otro Corbetson y sus compinches, luego aparecen los ganaderos, el alguacil y el propio Señor Dukane.
Enid, ignorante de las últimas revelaciones, ofrece a Corbetson intentar pactar con Jimmy. Ella y el collie se reunen con los demás sin saber que Cobertson ha ordenado dinamitar el lugar para matarlos a todos. Sorprendentemente, el collie tuerce los planes del malvado y todo se resuelve a tiempo para la llegada del Señor Dukane. Jimmy aprendió a valorar el trabajo y se convierte en el nuevo superintendente; se casa con Enid y tienen un hijo. 

 
La película dura algo más de 40 minutos pero tiene cortes notorios, así que en su momento debió extenderse por alrededor de una hora. El comienzo es demasiado abrupto y la llegada de Jimmy a la presa también; el sombrero de Enid desaparece cerca del final y el romance nunca se desarrolla.
A nivel técnico es más rígida que otras muchas películas estadounidenses de la década de 1910, con bastantes planos generales y medios; no esperen tomas cercanas del bonito rostro de John Barrymore porque no las hay. 
Las actuaciones son aceptables y la historia simpática y divertida, pero sólo cuando Jimmy está en pantalla. Él es el único personaje con una pizca de desarrollo, un joven nervioso y de mirada asombrada que pasa de mimado holgazán a pobre diablo harapiento y maltratado, para finalmente ser el héroe. Su entrada es memorable y lo mismo su primer diálogo con el sirviente que tiene la penosa tarea de sacarlo de la cama:
-¡¿Cómo se te ocurre despertarme en mitad de la noche?!
-Son las cuatro de la tarde, señor.
John Barrymore se roba el espectáculo; sin él no funcionaría. 
En conjunto, una película entretenida y aceptable aunque totalmente prescindible. De visión obligada para los admiradores de John Barrymore y completistas de su filmografía. 

John Barrymore a los 22 años.

 

26/01/2024

Doctor Jekyll y Mr. Hyde (John S. Robertson, 1920)

Esta terrorífica producción es la película que consagró a John Barrymore como actor de cine, transformándolo en una estrella de la pantalla. Doctor Jekyll and Mr. Hyde (John S. Robertson, 1920) no fue la primera adaptación al cine de la famosa novela corta de Robert Louis Stevenson, pero sí la primera gran película americana de terror y una de las mejores del más famoso de los Barrymore en su etapa silente.

 
Resumen: ALERTA DE SPOILER
Henry Jekyll (John Barrymore) es un médico joven, guapo y adinerado que financia y atiende una clínica gratuita para los más pobres de Londres. Su filantropía y buen comportamiento son alabados por su colega y amigo Richard Lanyon (Charles Lane), y cuestionados por sir George Carewe (Brandon Hurst), un cínico libertino que ha "educado" a su única hija, Millicent (Martha Mansfield), en la ignorancia y la ingenuidad. El abogado John Utterson (J. Malcolm Dunn) corteja a Millicent pero ella prefiere a Jekyll, admirada de su dedicación y entrega a los más desvalidos.


Una noche en que se le espera para cenar en casa de Carewe, Jekyll se retrasa atendiendo a los pobres. Tras la cena los hombres hablan de él. Contra la opinión de los demás, Carewe afirma que ningún hombre puede ser tan bueno como parece. Cuando Jekyll por fin se presenta Carewe empieza a minar sus ideas altruistas con una implacable filosofía hedonista. Insiste tanto que finalmente Jekyll se intranquiliza y duda de sí mismo.


Para tentarlo, Carewe lo conduce al cabaret donde se presenta la bailarina Gina (Nita Naldi). El soso baile de la joven italiana atrae la atención de Jekyll y de Carewe, que la invita a reunirse con ellos; Gina no muestra entusiasmo alguno por Carewe, al contrario, pero el hermoso doctor Jekyll enciende su mirada. Se acerca a él y lo abraza con la intención de besarlo. Jekyll se paraliza de asombro al sentir despertar sus deseos más oscuros y entonces, asustado, huye.


El doctor Lanyon acompaña a casa al perturbado Jekyll. Dominado por anhelos hasta ese momento dormidos, Jekyll comenta lo maravilloso que sería poder separar las dos naturalezas humanas para ceder a toda tentación sin dañar el alma. Piensa que la ciencia podría lograrlo. Parece tan alucinado con la idea que el conservador Richard, siempre opuesto a los experimentos e investigaciones de su visionario colega, se marcha molesto dejándolo solo con sus peligosos pensamientos.


Entregado por completo a sus nuevos planes, Jekyll experimenta en su laboratorio durante días hasta por fin obtener la fórmula de un bebedizo que realizará su deseo. La pócima está lista y Jekyll ahora duda... Pero las palabras de Carewe vuelven a su memoria y lo deciden. Bebe y la poción parece quemar su garganta. Luego, entre sacudidas convulsivas, el hermoso y elegante médico se transforma en un tipo feo y vulgar de largos dedos ahuesados. 


Esto lo sorprende; no esperaba un cambio físico tan profundo. Se toca el rostro y enseguida corre a la casa para verse a un espejo: Tiene la espalda curva, el cabello largo y despeinado, los rasgos afilados y marcados, y expresión viciosa. Parece conforme. ¿Puede, sin embargo, regresar a su estado normal? Hace una remezcla, la bebe, vuelve ante el espejo y se mira con precaución. Sí, ahí está su bonito rostro.


Jekyll llama a su "máscara" Eduard Hyde. Bajo esta identidad arrienda habitaciones en una sórdida calle del Soho y empieza a permitirse todo lo que como Jekyll nunca pudo. Primero el tabaco, el alcohol y Gina. A ella le desagrada y asusta su nuevo "admirador" aunque no puede rechazarlo. Hyde le pregunta por un llamativo anillo que usa y ella cuenta que perteneció a los Borgia; se utilizaba para guardar veneno. Hyde se lo apropia.


Anticipándose a posibles complicaciones, Jekyll hace testamento a favor de Hyde para el caso de su muerte o desaparición. Lanyon y Utterson, presentes como testigo y abogado respectivamente, cuestionan el testamento. Jekyll se niega a dar explicaciones y estampa su firma; en su mano lleva el anillo de Gina.


Lanyon aconseja a Jekyll interesarse en Millicent. Él no lo oye y se hunde más y más en la disipación, sembrando un camino de víctimas. Gina es la primera. Hyde la echa a la calle tras un tiempo de convivencia y la joven no encuentra otra opción que convertirse en prostituta.
Mientras más malo, más feo y deforme se hace Hyde. Entonces Jekyll, saciado y agotado, pide matrimonio a Millicent pensando que su "buena" influencia contendrá los anhelos perversos de su alma. Por un tiempo parece hacerlo, pero luego Hyde resurge y más canalla y repulsivo que antes: Más sucio, más encorvado, con la cabeza deformada en una especie de cono, el cabello grasoso, las facciones muy marcadas y mirada diabólica.

 
En un antro de mala muerte Hyde se reencuentra con Gina. Maltratada por la mala vida, la antigua bailarina es una sombra de lo que fuera. Hyde se burla cruelmente de ella y de otra prostituta, y pide una más joven. La aterrorizada muchacha, impotente, se somete al abrazo del cada vez más horrible, salaz y perverso Hyde.
Sumido en esta vida de libertinaje, Jekyll casi no visita a su novia y Carewe decide averiguar el motivo.

 
De regreso de sus correrías nocturnas, Hyde choca en la calle con un niño al que pisotea adrede. El libertino ya es un monstruo depravado. Carewe y Utterson intervienen y el villano ofrece dinero al padre del niño pero por error firma el cheque con el nombre de Jekyll, confundiendo a los dos amigos.
Alertado por los recientes acontecimientos, Jekyll comprende que Hyde amenaza apoderarse por entero de él. Carewe lo visita en el laboratorio y cuestiona su relación con Hyde. Enojado, Jekyll lo acusa de haber sido él quien lo corrompió induciéndolo al mal, y entonces sucede lo inesperado: Se convierte en Hyde sin beber la pócima. El monstruo se abalanza contra el sorprendido y aterrorizado Carewe y trata de estrangularlo; el hombre huye seguido por Hyde, que lo atrapa, lo muerde en el cuello y lo mata a bastonazos con alegre placer. Enseguida corre hasta su habitación en el Soho para quemar papeles y el bastón incriminatorios. La policía, alertada por los sirvientes de Jekyll, sigue su rastro. Hyde vuelve al laboratorio y mezcla la fórmula para retornar a ser Jekyll cuanto antes. Luego se reune con los demás, incluida Millicent.


Por la noche Jekyll experimenta una horrible pesadilla en que Hyde, bajo la forma de una araña gigante, se arrastra hasta su cama y entra en él. Es Hyde quien despierta. Ahora no hay duda de que la parte mala ha tomado el control. 
Agotada la reserva de la pócima que le permite contener la transformación, Jekyll se encierra en el laboratorio por días negándose a ver a nadie. La desesperación lo pone al borde de la locura; luce demacrado, ojeroso y desaseado. 
Pensando que la ingenua Millicent ayudará en algo, Lanyon y Utterson la llevan con Jekyll. Pero cuando la joven llama a la puerta del laboratorio y Jekyll va a abrir, empieza la transformación. Sabiendo que el maligno Hyde agredirá a Millicent, el angustiado Jekyll sólo ve una manera de salvarla: Rápidamente ingiere un veneno que guarda en el anillo de Gina. El tósigo actúa con algo de lentitud y Hyde abre la puerta. Millicent entra y se enfrenta al lascivo Hyde, que la abraza con la intención de forzarla. Afortunadamente el veneno cumple su función antes de que el malvado pueda convertir a la muchacha en su víctima.


Millicent huye del laboratorio y Utterson entra y ve el cadáver de Hyde convirtiéndose en Jekyll, otra vez limpio, saludable, hermoso y sereno. Comprende todo y al ver el anillo dice que el sacrificio de Jekyll por Millecent fue su expiación. 


Una película de engañosa ambiguedad; tuve que visualizarla un par veces para llegar a apreciar su magnitud temática: Las máscaras sociales, el libre albedrío, el autoengaño, los contrastes de clase y moralidad, la dicotomía entre el libertinaje y la castidad, la ciencia y la religión... Doctor Jekyll y Mr. Hyde toca todo esto y más. Tras su propia máscara de película de terror hay una profundidad mayor.
Pero antes que nada es una gran película de terror. La ambientación victoriana, brumosa y oscura, prefigura el paisaje y la atmósfera de las exitosas cintas terroríficas de los años 30 (Drácula, Frankenstein, El hombre invisible...), también adaptaciones de obras literarias británicas, además de definir las posteriores versiones del libro: Jekyll como un hombre joven y bueno, Hyde como un monstruo espantoso, y la inclusión de un interés amoroso.
John Barrymore es absolutamente convincente, lo entrega todo en su compleja caracterización del apuesto, amable y caritativo doctor Jekyll reconvertido en el espantoso, malvado y despreciable Hyde. Su talento actoral y atractivo físico es primordial para mantener la película, sin Barrymore no funcionaría tanto. 
La memorable escena de la transformación sigue sorprendiendo. Barrymore oscila con efectividad entre el desenfreno y la mesura; se agita convulsivamente, gesticula, se desordena el cabello... Y así, los bellos y delicados rasgos de Barrymore se crispan en el rostro viciado de Hyde. 


Del resto de actores destaca la futura vampiresa Nita Naldi, espléndida como la bailarina atraida por Jekyll y arruinada por Hyde. Los demás sólo cumplen con sus roles de comparsas de Barrymore.
La película fue un éxito de taquilla y crítica y catapultó a la fama a John Barrymore, Nita Naldi y Martha Mansfield. El director John S. Robertson desarrolló una carrera más discreta, sin embargo consiguió dirigir otros filmes dramáticos imprescindibles: Tess of the Storm Country (1922), con Mary Pickford, y la obra maestra Captain Salvation (1927), con Lars Hanson.

 
Doctor Jekyll y Mr. Hyde es una película que ningún aficionado al cine silente y el terror clásico puede ignorar. Para los admiradores de John Barrymore su visionado es obligatorio. Él es simplemente extraordinario y como Jekyll su hermosura se ve resaltada con los elegantes trajes de caballero victoriano:

El Jekyll más guapo y elegante del cine.

Encontré estos dibujos de Jekyll y Gina en Pinterest. 

 
¡Este otro lo realizó el propio John Barrymore!:
 
 
Total y absolutamente recomendable.