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08/08/2025

¡Miau! ¡Feliz día del gato!

Feliz día internacional del gato les desean la hermosa Brigitte Helm y sus mininos negros. ¿Alguien más ama los felinos de pelaje oscuro? Yo lo hago; tuve dos de un gris oscuro -Orlok y Vienna- y ahora uno negro -Vroko-.


No descuiden a sus gatos. Déjenlos alimentarse, corretear y descansar; denles su espacio. Y sobre todo: NO LES PONGAN ROPA NI LOS FUERCEN A JUGAR. No hay peor maltrato a un animal que obligarlo a comportarse como una mala parodia de los humanos. Acepten a los animales según su naturaleza. Son seres vivos con sus propias necesidades biológicas y sociales. SON COMPAÑEROS, NO MUÑECOS.

Ramon Novarro lo entendió muy bien.
 
"No necesitas palabras cuando tienes un gato, ellos entienden el lenguaje del silencio".

¡Harold Lloyd acosado por una camada de preciosos gatitos rayados!

"Un gato no necesita razones para ser feliz, sólo un rayo de sol".

Amé estas fotos de la hermosa y elegante Vivian Leigh con su lindo gato siamés.
 
"El ronroneo de un gato es la música que calma las tormentas del alma".

Acá estoy con algunos gatos en distintas épocas de mi vida. Tengo más fotos pero por ahora mi acceso a ellas está algo restringido: 


"La calma de un gato es un recordatorio de que siempre podemos encontrar paz".


10/01/2025

Aniversario de Metrópolis

Una de mis películas favoritas de todos los tirmpos se estrenó el 10 de enero de 1927 en el UFA-Palast am Zoo de Berlín. Me refiero, por supuesto, a METRÓPOLIS, la película cuya estética determinó mi fijación con la ciencia ficción clásica. 
Metrópolis es mi película silente predilecta de principio a fin. Amo su estética, su arquitectura, su ritmo, su diseño del futuro, su música... Todo. Agradezco a los involucrados en la creación y preservación de esta obra magna del séptimo arte. Espero seguir aquí para su centenario y darle el reconocimiento que merece. 


"Tu magnífica ciudad, Padre, y tú, el cerebro de esta ciudad, 
y todos nosotros en la luz de la ciudad.
¿Y dónde está la gente, padre, 
cuyas manos construyeron tu ciudad?"
 
 
Cambio de turno.
 
 
"¡¿Quién es el alimento vivo para las máquinas en Metrópolis?!
¡¿Quién lubrica las articulaciones de las máquinas con su propia sangre?!
¡¿Quién alimenta a las máquinas con su propia carne?!"
 
 
"¡Vengan!
¡Construyamos una torre cuya cima llegue a las estrellas!"
 
  
"Entonces, Joh Fredersen, 
¿no vale la pena perder una mano 
por haber creado al hombre del futuro, 
el Hombre-Máquina?"
 
 
"Tu magnífica ciudad..."
 
 
"Rotwang, dale al Hombre-Máquina
la imagen de esa chica.
¡Sembraré la discordia entre ellos y ella!"
  
 
"... pero noche tras noche en Yoshiwara..."
 
 
"Si la Máquina Corazón es destruida,
¡toda la ciudad de los trabajadores se inundará!"
 
 
 "Y esta mujer, a cuyos pies se amontonan
todos los pecados...
también se llama María..."
 
 
"¡La muerte desciende sobre la ciudad!"



24/06/2022

Brigitte Helm: La vampiresa rebelde

Para el cinéfilo promedio ella siempre será ''la chica de Metrópolis'', la obra maestra de Fritz Lang, sin embargo Brigitte Helm fue mucho más. Mujer inteligente, bella y talentosa, en su breve y no polémico paso por la pantalla estelarizó un puñado de filmes populares y de gran nivel artístico. Estrella indiscutida del cine europeo, principalmente por sus roles de sofisticada vampiresa, su talento y la calidad de sus mejores películas silentes, algunas dirigidas por cineastas de primera línea, hacen de Brigitte Helm una actriz imprescindible y fascinante cuyo trabajo comienza a recibir una justa revalorización. 


Su verdadero nombre era Brigitte Eva Gisela Schittenhelm. Nació en Berlín el 17 de marzo de 1908, siendo la menor de cuatro hermanos. Su padre, un oficial del ejército prusiano, falleció en 1913. Participó como actriz en producciones escolares sin mostrar un interés mayor por la actuación. Le gustaban los temas científicos y modernos, y llegó a plantearse seriamente estudiar astronomía, por entonces una carrera poco usual para una mujer. 
Su madre, consciente de la belleza de Brigitte, pensó que obtendría mejores ingresos en la industria cinematográfica y en 1924 la alentó a tomarse unas fotografías que fueron enviadas a Fritz Lang, por entonces el director más importante del cine alemán. Este la citó a la audición organizada para conseguir a la protagonista de su próximo filme, Metrópolis. Fascinado por el aspecto inaccesible de aquella joven rubia de ojos helados y perfil prerrafaelista, Lang le realizó una prueba de cámara. Eso fue suficiente; el director la hizo contratar de inmediato, firmando con la UFA por diez años a partir de 1925.


El rodaje de Metrópolis fue extenuante y significó un esfuerzo titánico para la joven debutante a nivel actoral, físico y emocional. Lang era un auténtico tirano que trataba a los actores como esclavos. Además de interpretar tres personajes (la idealista María, la falsa María y la Muerte), dos de ellos completamente opuestos, Brigitte tuvo que llevar por horas el pesado y caluroso traje del famoso robot porque Lang insistió en que debía personificarlo por completo. Pero eso no fue todo: Debió balancearse de una cuerda a siete metros de altura, lo que le causó hematomas en el cuerpo y heridas en las manos, y en la escena de la quema del robot su vestido fue alcanzado por el fuego y comenzó a arder. Después de tan dura experiencia Brigitte se negó terminantemente a volver a trabajar a las órdenes de Lang.


Gracias a Metrópolis Brigitte Helm es la primera gran mujer de la ciencia-ficción, sin embargo en su momento la película no tuvo éxito y su costosa inversión -fue la película europea más cara de su tiempo- casi lleva a la bancarrota a la UFA. Este fracaso de taquilla no alcanzó a Brigitte. Su aspecto y actuación llamaron la atención del público y la crítica, convirtiéndose de forma instantánea en una estrella del cine alemán. Deseoso de aprovechar esta fama inesperada, el estudio le dio papeles importantes en películas dirigidas por cineastas talentosos y populares que supieron utilizar con acierto la belleza distante de Brigitte.  
De esta época destacan las siguientes películas:
-En el borde del mundo (Am Rande der welt, Karl Grune, 1927): Magnífico drama pacifista en que una familia de molineros de un país imaginario se ve atrapada entre dos ejércitos en guerra. Brigitte es Magda, la inocente molinera que se enamora de un soldado enemigo. 
-El amor de Jeanne Ney (Die liebe der Jeanne Ney, George Wilhelm Pabst, 1927): Drama revolucionario y detectivesco donde Brigitte interpreta a Gabrielle, una joven ciega cortejada por un hombre vil que planea asesinarla. 
-Crisis (Abwege, George Wilhelm Pabst, 1928): Notable y fascinante exposición del libertinaje y el deseo. Brigitte es Irene, una esposa sexualmente insatisfecha que se plantea la posibilidad de un adulterio.  
-El dinero (L'argent, Marcel L’Herbier, 1929): Implacable retrato de la burguesía de 1928 que sólo vivía para el placer, la bolsa, las intrigas y la feroz explotación de la clase obrera. Brigitte sobresale como la sofisticada y oportunista baronesa Sandorf, opacando por completo a la insignificante protagonista.
-Manolescu (Manolescu - Der könig der hochstapler, Viktor Tourjansky, 1929): Brigitte como la vampiresa Cleo, hermosa villana que seduce y manipula a un hombre interpretado por el gran Ivan Mozzhukhin. 
También debe mencionarse Alraune (Henrik Galeen, 1927), que si bien es una película menor cuenta con una excelente interpretación de Brigitte como la misteriosa y seductora Alraune, otra vampiresa. 

En el borde del mundo (1927).

El amor de Jeanne Ney (1927).

Con Gustav Diessl en Crisis (1928).

Imagen promocional de El dinero (1929).

Con Ivan Mozzhukhin en Manolescu (1929).

Con Paul Wegener en Alraune (1928).

Su trabajo y éxito no disminuyó con la llegada del cine sonoro, aunque sí la calidad de sus filmes. Esto debido a las tensas relaciones de Brigitte con la UFA. La compañía le pagaba muy bien y cuidaba de mantener su estatus de estrella exhibiendo su imagen en revistas y tarjetas postales. No obstante en 1929 Brigitte se mostró harta de las restrictivas clausulas de su contrato -el que dictaba incluso su peso-, principalmente por los roles que comenzaban a imponerle. Tenía sólo 21 años pero el estudio la obligaba a aceptar papeles más adecuados para mujeres de 30, comúnmente frías y crueles vampiresas de una sofisticación desmesurada rayana en lo irreal. Brigitte odiaba este arquetipo; quería interpretar a mujeres reales.  
Cansada de tal situación demandó a la UFA para romper su contrato, pero perdió y el juicio le costó una enorme fortuna. Atada a la UFA, se vio sometida a guionistas y productores que muchas veces la pusieron en películas carentes de la menor calidad artística, tal vez en castigo por haber intentado independizarse. Brigitte contaba con una fama internacional a prueba de malos roles, pero esto no era suficiente para una actriz de su talento e inteligencia.


Su primer talkie fue un remake de Alraune dirigido por Richard Oswald en 1930. Brigitte no deseaba hacer la película pero su contrato la obligó. En esta mediocrísima versión tiene dos roles, el de la sensual y elegante Alraune y el de su viciosa y vulgar madre, pero ni eso consigue dar a la película algo de interés. 
En 1931 volvió a ser emparejada con Gustav Fröhlich, su coprotagonista de Metrópolis, en Gloria (Hans Behrendt), un drama menor que hoy destaca precisamente por tener a las estrellas del clásico de Lang interpretando a un matrimonio en crisis producto del arriesgado trabajo del marido. Otro filme destacable es La Atlántida (George Wilhelm Pabst, 1932), del que también protagonizó las versiones francesa e inglesa. Durante el resto de su carrera filmó versiones francesas de otras cinco películas, dada la enorme fama que poseía en el país galo.
Su último filme de interés fue Oro (Gold, karl Hartl, 1934), una pequeña e intrigante historia de venganza y ciencia ficción con escenarios y máquinas que parecen tributar a Metrópolis. Su glamoroso personaje tiene pocas escenas pero están adecuadamente distribuidas para dar la impresión de ser más. La película fue un éxito internacional e hizo que Hollywood pusiera sus ojos en Brigitte. 

Tarjeta postal promocional de Gloria (1931).

Versión francesa de La Atlántida (1932).

Oro (1935).

Curiosamente en esos años logró obtener algunos papeles realistas. En Gloria es una madre y ama de casa de clase media; en Una de nosotras (Johannes Meyer, 1932) es una hija ilegítima llena de sueños prácticos que se ven en peligro cuando queda embarazada sin estar casada; y en El corredor de la maratón (E.A. Dupont, 1933) es una atleta olímpica. 
Brigitte amaba los automóviles veloces. En 1933 provocó un accidente automovilístico menor y en 1934 otro más grave por el que tuvo que pasar dos meses en prisión. Se dice que los causó de manera intencional para desatar un escándalo que significara su despido de la UFA y que el propio Hitler intervino para que la condena fuera menor. No existe ningún documento de la época que avale estos rumores. 


Ese mismo año Brigitte se divorció de su primer marido, Rudolf Weissbach, con quien se había casado en 1928. En 1935 contrajo matrimonio con el industrial de origen judío Hugo von Kunheim, unión que el régimen nazi consideró una ''contaminación racial''. Aquel año también expiró su contrato con la UFA. Contraria al rumbo de su carrera y a la censura y condicionamiento del cine alemán impuesto por el gobierno nazi, Brigitte decidió no renovar contrato. Desde Hollywood le ofrecieron el rol protagónico de La novia de Frankenstein, pero lo rechazó porque no deseaba trabajar fuera de Alemania. Con sólo 27 años de edad y 10 de carrera, Brigitte Helm dejó el cine para siempre.  
La deriva que estaba tomando Alemania llevó a los Kunheim a exiliarse en Suiza pocos meses después de su matrimonio. Se instalaron en la pequeña y hermosa ciudad de Ascona. Brigitte abandonó la vida pública; tuvo cuatro hijos (Pieter, Victoria, Matthias y Cristoph) y durante el resto de su vida evitó ser fotografiada por la prensa y se negó a conceder entrevistas acerca de su carrera actoral. Visitó Alemania en 1942 y después de la guerra, pero siguió viviendo en Suiza hasta el fin de sus días. 


Hugo von Kunheim murió en 1988, Brigitte le sobrevivió 10 años. Falleció el 11 de junio de 1996 a la avanzada edad de 88 años. Está sepultada junto a su marido en una tumba sencilla en el cementerio de Ascona. 
Alguna vez declaró:
Toda mi carrera cinematográfica me es indiferente. Preferiría ser ama de casa: Cocinar, criar hijos y cuidar de mi marido.
Sin duda alcanzó la felicidad y plenitud al poder dedicarse por completo a lo que realmente amaba, siendo poco probable que mirara el pasado con nostalgia.


20/05/2022

Oro (Karl Hartl, 1934)

Curiosa película sonora donde la ciencia consigue lo que la magia no pudo, crear oro. Espionaje industrial, sabotajes, yates de lujo, máquinas sorprendentes y unas gotas de glamour a cargo de la deslumbrante Brigitte Helm hicieron de Oro (Gold) un éxito internacional digno de verse, y una de las primeras buenas películas de ciencia ficción.
 

Resumen: ALERTA DE SPOILER
El científico e ingeniero alemán Werner Holk (Hans Albers) trabaja junto a su colega y mentor, el profesor Achenbach (Friedrich Kayssler), en la creación de una máquina atómica que podría hacer realidad el viejo sueño alquimista de convertir el plomo en oro. El millonario británico John Wills (Michael Bohnen), promotor de un proyecto similar, decide deshacerse de la competencia sobornando a un técnico de Achenbach para colocar una bomba en la máquina. Esta estalla matando al profesor y dejando gravemente herido a Werner. Una oportuna donación de sangre realizada por Margit Möller (Lien Deyers), la joven prometida de Werner, salva la vida del científico.


Un año después Werner vive atormentado por las dudas respecto a las causas de la explosión. Wills lo contacta para ofrecerle trabajo en su laboratorio en Escocia, donde ha montado una máquina que pretende replicar el experimento de Achenbach. Al revisar los planos Werner descubre que la máquina de Wills es la misma que diseñara Achenbach, y acepta el trabajo para vengarse del millonario arruinando sus planes.
Werner aborda el enorme yate particular de Wills. Su capitán resulta ser Willi Luders (Ernst Karchow), un viejo amigo de Werner que al principio finge no reconocerlo. Más tarde Willi le explica que un turbio episodio amoroso arruinó su reputación y le apartó de su alto cargo en la armada, viéndose obligado a aceptar trabajos en barcos civiles bajo una identidad falsa. Extrañamente su nuevo nombre es inglés aunque su nacionalidad es cubana.


Werner es instalado en el hermoso castillo escocés de Wills, donde a cientos de metros bajo el océano se ha construido la máquina transmutadora  atómica. El magnate desconfía de Werner así que ordena  registrar su equipaje. Florence (Brigitte Helm), la hermosa y voluntariosa hija de Wills, sorprende a los sirvientes en esta tarea y se siente intrigada por ese ingeniero que tan importante parece ser. Consigue reunirse a solas con él y es atraída por su brillantez e integridad, cualidades muy alejadas de su padre, con quien mantiene una relación fría y distante. A su vez Werner queda impresionado por la belleza y desenvoltura de la joven. Willi lo previene contra Florence recordándole su propia historia, si bien Werner no parece víctima de ningún flechazo.  
Algunos días después Werner consigue fabricar oro. Florence abandona una fiesta en el castillo para ser la primera en felicitarlo. La noticia se difunde rápidamente y los periódicos exponen su opinión a las consecuencias de tal invento. 


Llega el día en que la máquina deberá comenzar a producir oro a gran escala. Mientras la mayoría de los obreros y operarios se muestran seguros de compartir la fortuna que ahora parece accesible a cualquiera, el capataz Schwarz (Rudolf Platte) es más escéptico. Cuando se alistan para iniciar su labor, Werner acusa a Wills de querer apoderarse de la economía mundial, y destruye la máquina con ayuda del capataz. Werner, Schwarz y los trabajadores consiguen escapar antes de que la explosión final inunde todo, pero Wills, enloquecido, se niega a abandonar el lugar y muere junto a su máquina.
De regreso en Alemania, Werner se reúne con Margit, libres ya para continuar sus vidas.
 

El guion de Oro estuvo a cargo de Roll E. Vanloo, que había escrito Asfalto (1929) para Joe May. Como en esa pieza imprescindible del cine mudo germano, Oro cuenta una historia simple, directa y atractiva, aunque también algo incoherente en su premisa: El magnate Wills planea hacerse todavía más rico pavimentando el mundo con su oro artificial, estrategia más que inverosímil puesto que es precisamente su escasez lo que da tanto valor al oro. Pero salvando ese enorme agujero Oro es una película muy recomendable. En su tiempo se le llamó "La Metrópolis nazi", título exagerado para una película que ni siquiera se aproxima a la grandeza del clásico silente, pero que señala el innegable deseo del cine nazi de emular el prestigio del cine de Weimar. Cierto que hay similitudes con Metrópolis más allá de la inclusión de Brigitte Helm, mas no son relevantes sino anecdóticas.
Quizás el título haga referencia a sus decorados para el laboratorio de la máquina transmutadora. Oro logró un triunfo técnico con este sorprendente y hermoso escenario. El laboratorio de Wills incluye paneles de control que ocupan toda una pared, altísimas puertas blindadas, enormes bujías y tubos de vidrio de dudosa función, grandes aisladores de porcelana, y gigantescos generadores que semejan una decoración industrial. Cuando se pone a funcionar, la máquina suelta rayos de energía que parpadean con locura. Los actores y la cámara se mueven con naturalidad dentro de este decorado haciéndolo ver real y funcional. También hay un hermoso vehículo que enamoró a mi lado retrofuturista art déco. Todo lo relacionado con el laboratorio y la máquina es un sueño de tecnología retro.


Los actores principales cumplen bastante bien con su trabajo.
Hans Albers fue el gran astro alemán de los años 30. Actor correcto y poco carismático, era considerado también un galán romántico, algo incomprensible al verlo en Oro, la primera y única de sus películas que ha llegado a mis manos. Se trata de un hombre gordo, maduro y calvo con aspecto de tío bonachón. Su actuación como un científico atrapado en una intriga que podría arruinar la economía mundial es competente y creíble, aunque no su atractivo a ojos de dos hermosas jóvenes que deben rondar los 25 años. Él tampoco funciona muy bien cuando está con ellas; parece rígido y casi paternal.    
La fascinante Brigitte Helm tiene poco tiempo en pantalla aunque distribuido de manera inteligente para dar la idea de una aparición mayor. Florence no es relevante en el desarrollo de la historia pero Brigitte arrastraba público a los cines, lo que me lleva a sospechar que el personaje se creó con el único fin de incluir a la gran estrella.
Florence es bella, glamorosa y ambigua; nunca se explica el motivo del distanciamiento con su padre, aunque puede deberse a un choque de intereses: Él desea producir dinero, ella gastar dinero. Puede hacerlo porque es voluntariosa -que no independiente; vive del dinero de su padre-; nadie parece oponérsele puesto que su fuerza reside en la completa seguridad en su encanto y persuasión. Werner se siente atraído por esta joven heredera que simboliza éxito social y poder económico, pero no veo que la atracción vaya tan lejos como para considerar a Florence una amenaza a la relación de Werner con Margit. Comenzaba a forjarse el tópico del gran científico casado con una bonita nulidad.


Debo hacer mención del vestuario de Brigitte. En su primer encuentro con Werner lleva un traje curioso y casi indescriptible compuesto por un largo vestido con bata o camisón, y algo similar a un delantal de cocina unido a la falda, ¿una insinuación sobre donde debieran estar las mujeres? El conjunto luce un bonito estampado de hojas reniformes. 


En el baile del castillo usa un elegante vestido negro que estiliza mucho más su delgada figura, sin embargo se afea un poco cubriéndose el cuello y los hombros con… pues con eso:


Aunque ninguna combinación extravagante logra atenuar el encanto y hermosura de Brigitte Helm. 
Michael Bohnen es convincente como el millonario ansioso por controlar la riqueza del mundo cuando ni siquiera controla a su hija. Su giro final a la locura, que podría parecer algo abrupto y exagerado, era usual en las películas de la época.
Lien Deyers está en pantalla incluso menos que Brigitte Helm, lo que hace complejo valorar su trabajo. Margit es tan sumisa e inocentona que uno tiende a menospreciar a la actriz por prestarse para el tópico de "insulsa y asexuada = a chica buena". Esto sería un gran error. Sólo hay que recordar el debut de Lien como la sensual y malvada Kitty de Los espías (Fritz Lang, 1928) para apreciar mejor su desempeño. ¡El cambio de registro es admirable!


Los demás actores cubren personajes tan planos que se olvidan apenas salen de escena. Son necesarios mas no memorables.
Oro no es la primera película sonora alemana que puede clasificarse como ciencia ficción. En 1932 el mismo Karl Hartl dirigió F.P.1 no responde, y en 1933 Curtis Bernhard se encargó de la dirección de El túnel. El éxito de El túnel propició que se reincidiera con el género, por entonces no bien definido, y el resultado fue Oro, un éxito internacional filmado simultáneamente en alemán y francés. Brigitte Helm fue la única del reparto que apareció en ambas versiones. Hans Albers se negó a protagonizar la versión francesa por considerar, con bastante razón, que debía recibir un pago por cada película, a lo que la UFA se negó.
Oro cuenta una historia algo desatinada pero sugestiva. La recomiendo a los curiosos del cine nazi no propagandístico y a los amantes de la ciencia ficción clásica. Por supuesto, los admiradores de la hermosa Brigitte Helm no pueden perderse esta película.