30/01/2026

Comediantes en dibujos

Mis recorridos por la web en ocasiones me llevan a descubrir grandes sorpresas. Como los fanart de actores de cine mudo. ¡Hay gente dibujando a nuestras viejas estrellas! ¿No es genial? Y son dibujos hermosos, trazados con sincera admiración.
Reuní algunos de comediantes, que parecen ser los más dibujados. La risa no tiene fronteras, estos dibujos lo prueban.


Chaplin y Keaton arrastran más seguidores que cualquier otro cómico de la época, eso lo descubrí de inmediato, así que este tipo de dibujo es poco usual:
Ahí están Fatty Arbuckle, Al St. John, Charles Chaplin, Buster Keaton, Harry Langdom, Stan Laurel, Oliver Hardy, Harold Lloyd, Charley Chase (creo) y Max Linder.

Varias imágenes de los tres grandes de la comedia. No necesito presentarlos, ¿verdad?

¡Adorables colección de personajes de Buster!
 
Harold...

  Y Buster... Un poco molesto, al parecer.

 Harold en líneas simples para aprender a dibujarlo. ¿Alguien se atreve?
 
Buster y Sybil armando su casa en One Week. Este es uno de los dibujos más adorables que descubrí. Sybil Seely fue la mejor compañera de Buster en la pantalla.
 
Tan sonriente, tan serio.
 
Oh, Buster, ¿qué pasó ahí?
 
¡Hermosa técnica! Y Ben Turpin aparece aquí.
   
Stan y Ollie en simpáticas versiones de caricaturas.
     
Qué guapo luce Harold... Esa mirada traviesa...
 
Esto es muy divertido.

¡Gracias a todos los artistas!


NUNCA DEJEN DE REÍR
 

22/01/2026

Christopher Isherwood sobre Conrad Veidt

El escritor estadounidense de origen británico Christopher Isherwood recordaba una interesante anécdota de Conrad Veidt. En ella se aprecia tanto su capacidad actoral como su genuina sensibilidad.


Una gran estrella es una especie de aristócrata por méritos propios. Recuerdo, por poner un ejemplo, a la estrella germana Conrad Veidt, ciertamente uno de los grandes nombres del teatro alemán, quien más tarde desarrollaría una estimable carrera en Hollywood y moriría allí. Fue durante el rodaje en Inglaterra de la adaptación de la novela de Lion Feuchswanger "El judío Süss" en 1934 (no confundir con la versión alemana de 1940). Todo estaba preparado para la escena de la ejecución, la más elaborada de todas, para la que habían levantado un escenario que representaba la plaza de un pueblo. Un gran número de extras esperaba en el plató, y una desagradable jaula o algo parecido colgaba junto a la horca en la que iban a estrangular a Conrad Veidt. El propio Veidt, caracterizado por completo en su papel de Süss y listo para hacer su gran entrada, se encontraba en un carro con las manos esposadas, rodeado de guardias, a punto de ser conducido dentro del set en donde las cámaras mostrarían cómo era bajado del carro y llevado a rastras hasta el lugar de la ejecución. En ese momento alguien gritó que algo no iba bien con las cámaras (lo que pasa constantemente durante los rodajes) y que descansábamos por diez minutos.


Aquí fue donde tuve la oportunidad de ver a Conrad Viedt como el gran actor que era. Se sentó en el carro. Una escenógrafa, una de las chicas del estudio, se acercó a él y le ofreció un caramelo. Ante algo así un actor menor hubiese hecho una de estas dos cosas; quiero decir una estrella menor. Veidt era de hecho un gran actor, pero aquí me estoy refiriendo a esa cualidad que hace brillar a alguien como un astro. Una estrella menor se hubiera contrariado por la estúpida chica que interfería en el clímax, porque él trataba de mantener el clímax de un condenado a muerte a punto de ser ejecutado, y que le dieran un caramelo estaba fuera de lugar; o en el otro caso, alguien ansioso por mostrar que también era una persona de carne y hueso como los demás hubiese bromeado con el asunto, quitándose esa máscara del Judío Süss, el gran aristócrata que había sido descubierto como un hijo de Sión y condenado a la horca debido a los prejuicios de su época. ¿Pero qué es lo que hizo realmente Veidt? Bajó la mirada. Vio a la muchacha. Y no la reconoció como una pequeña escenógrafa del siglo XX; la vio como la única muchacha en todo el pueblo que se compadecía de él mientras era conducido al patíbulo. Los ojos se le llenaron de lágrimas. Sin poder articular una palabra, se quedó en silencio, movió un poco la cabeza en señal de asentimiento y gratitud, con sus manos encadenadas cogió el caramelo y se lo llevó a la boca a pesar de que apenas podía metérselo en ella, y lleno de tristeza levantó de nuevo la cabeza y se dispuso a esperar el momento en que el set se reanudara. Fue simplemente magnífico y nos dio a todos una lección de lo que significa tener estilo.
 



16/01/2026

Las mejores películas de 1926


11) El hijo del jeque
Son of The Sheik, George Fitzmaurice, Estados Unidos.

10) The Canadian
William Beaudine, Estados Unidos.

9) La bestia del mar
The Sea Beast, Millard Webb, Estados Unidos.

8) Ella Cinders
Alfred E. Green, Estados Unidos.

7) Ménilmontant
Dimitri Kirsanoff, Francia.

6) La letra escarlata
The Scarlet Letter, Victor Sjöström, Estados Unidos.

5) El proceso de los tres millones
Protsess o tryokh millionakh, Yakov Protazanov, Unión Soviética.

4) La bohemia
La Boheme, King Vidor, Estados Unidos.

3) El maquinista de La General
The General, Buster Keaton y Clyde Bruckman, Estados Unidos.

2) Miguel Strogoff
Michel Strogoff, Viktor Tourjansky, Francia.

1) Fausto
Faust – eine deutsche Volkssage, F.W. Murnau, Alemania.


09/01/2026

Citas: La estrella de una película

La primera estrella de una película debe ser su historia. Si esta estrella se elige adecuadamente, con la trama girando sobre el drama en una órbita cada vez más amplia y acelerada, sus espectaculares satélites de valor de producción encajan lógicamente en su lugar. Una vez que se ha cartografiado el curso y el carácter de esta estrella de primera magnitud, debería estar rodeada por una galaxia de estrellas que encajen adecuadamente en su campo. Si su brillo añade lustre a la estrella principal, tanto mejor.

Cecil B. DeMille