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10/05/2024

Rendición (Edward Sloman, 1927)

El primer y único trabajo hollywoodense del gran actor ruso Ivan Mozzhukhin es una de las películas silentes más desagradables y absurdas que he tenido la mala suerte de ver. La historia de Rendición (Surrender) es un ovación a la idea medieval (Oh, Decameron) de que para conseguir el amor de una mujer sólo se necesita perseguirla y acosarla en plan cacería. También contiene un poco de antisemitismo y la suficiente sordidez como para molestar a cualquier persona dotada de una pizca de sensibilidad. Y para acabar de sepultar la película en un agujero muy profundo, la actriz protagonista carece de dotes actores. 
Si mi resumen comentado a ratos parece algo burlón, es completamente intencional. No pude ser seria con una historia realista tan irreal. 


Resumen: ALERTA DE SPOILER
Lea (Mary Philbin) es hija del rabino Mendel Lyon (Nigel de Brulier), líder espiritual de una aldea judía asentada en la frontera austro-húngara, y está comprometida en matrimonio arreglado con Joshua (Otto Matieson), quien no parece lo bastante listo ni interesante como para conseguir la atención de su linda novia. El rabino es admirado y respetado por su sabiduría y buenas obras, siendo consultado y querido por todos.
Son los inicios de la Primera Guerra Mundial y el peligro ronda. Constantin (Ivan Mozzhukhin), un príncipe ruso y oficial de cosacos, cruza la frontera para cazar ardillas en el bosque. Su perro se separa de él y roba un zapato de Lea, que se había descalzado junto al río. Constantin la descubre y ambos comienzan a conversar en plan flirteo. Estas escenas son muy bonitas y es lamentable que duren tan poco. De haber seguido así Rendición sería una hermosa película.


La sorpresiva llegada del rabino interrumpe la conversación. Éste reconoce las ropas rusas de Constantin y le ordena volver a su país. La reacción es comprensible; los rusos tienen un extenso y triste historial de opresión y persecución contra los judíos.
Constantin pierde su encanto en cuestión de segundos. Se burla del rabino con arrogancia y amenaza con llevarse a Lea mientras esta se limita a mirar en otra dirección como si el asunto no le concerniera en lo absoluto. La cosa no pasa a mayores porque unos oficiales rusos llegan a informar a Constantin que debe tomar la comandancia de un batallón de cosacos. Sólo entonces Lea comprende que realmente ha estado coqueteando con un enemigo, aunque el descubrimiento no impide que observe con nostalgia la partida de Constantin. Es más que claro que la chica se siente atraída por hombres que amenazan con el rapto, así que el pacífico Joshua no tiene la menor oportunidad de llegar a su corazón.  


Algún tiempo después, un ejercito de cientos de cosacos comandados por Constantin invade y toma el lugar. Temiendo por la seguridad de Lea, el rabino la oculta en… la misma casa. Elegir tal escondite es más estúpido que insensato; ese es el primer lugar donde la buscarían. 
El rabino acude al llamado de los oficiales rusos junto a otros notables del pueblo. Al ver a Constantin intenta pasar desapercibido fingiendo sordera cuando se le ordena firmar un documento. Con tan brillante estrategia de camuflaje sólo consigue que Constantin repare en él y lo reconozca. 


El sabio rabino ya cometió dos tonterías pero vendrán más. Asegura desconocer a Constantin y cuando este menciona a Lea, niega tener una hija. Constantin insiste y se invita a casa del rabino junto a tres de sus hombres. Allí ordena registrar la casa, que evidentemente está llena de delatores objetos femeninos, y al final él mismo encuentra a la muchacha. Ella luce un extraño peinado consistente en una gruesa trenza que le atraviesa la cabeza a modo de horrendo tocado. Esta moda no desanima a Constantin, que expulsa a sus hombres y comienza un desagradable cortejo acosador. Se extraña del desprecio de Lea, quien le deja claro que lo odia por ser un cosaco, los perseguidores y asesinos usuales de su pueblo. Constantin parece divertirse de la acusación y pasa a mayores abrazándola por la fuerza. El lenguaje gestual de Mozzhukhin es tan bueno que se puede construir casi toda su respuesta muda a la acusación de Lea. Sería más o menos así:
Constantin: ¿Yo un asesino? ¡Claro que no! ¿Cómo puedes pensar eso? Yo no hago esas cosas. ¿Cómo podría hacerte algo así… a ti? Nunca, a ti sólo te abrazaría… ¿Por qué no quieres que te abrace? Mira, tengo las manos limpias, no te voy a ensuciar, sólo a abrazarte... Así, así; ¡ven acá con tu malvado cosaco acosador! Vamos, no seas tonta, sólo quiero besarte.


Viendo a Constantin ocupado, el rabino alza un cuchillo con intención de matarlo, pero todos son interrumpidos por el pregonero que anuncia el inicio del Sabbat. Lea aprovecha la confusión de Constantin para escapar de su abrazo. Hay un agradable cambio en el tono de la escena y ahora son Mendel y Lea quienes molestan a Constantin sin usar ninguna violencia.
El rabino pone el cuchillo en la mesa y se aparta. El sorprendido cosaco comprende el peligro en que estuvo. ¿Ordena fusilar al rabino por su intención asesina? No; se queda observando con curiosidad el ritual previo a la cena de sus resignados anfitriones. Estos ven que no tiene intención de irse, así que deciden hacerle pasar una mala comida. Primero lo ignoran; después no le sirven vino hasta que lo pide; en vez de pan le dan un pequeño pedazo de corteza; por último le corresponde la cabeza del pescado, la que escudriña con desconfianza en busca de algo comestible. Todo esto es bastante divertido en gran parte gracias al excelente lenguaje corporal de Mozzhukhin. Se ha dicho que la incomodidad del gran actor hacia su desagradable e inconsistente personaje derivó en una caída de su rendimiento actoral, por lo común sobresaliente, pero estoy en desacuerdo con tal afirmación. Constantin es muy antipático y sus acciones son lo suficientemente confusas como para hacer de su interpretación un trabajo más que difícil, sin embargo Ivan Mozzhukhin era un actor de primer nivel, no una celebridad hollywoodense, y pudo conseguirlo. Con su mirada felina y gestos elegantes, Ivan logra que Constantin sea tan real como se pueda. Un tipo rarísimo y retorcido donde los haya, pero lamentablemente el mundo alberga bastantes lunáticos y chiflados.  


Joshua llega y pide ver a su prometida. La timidez y el nerviosismo del novio hacen que Constantin pregunte a Lea si lo ama. Ella sufre un repentino ataque de mudez que acentúa las nulas capacidades actorales de Mary Philbin. El rabino explica que es deber de Lea amar a su prometido y Constantin se muestra en desacuerdo. Para él el amor es algo que surge espontáneamente y de la nada. Deduzco que este hombre leyó demasiadas novelas baratas o nadie le ha explicado que lo que él considera amor en realidad se llama atracción física o deslumbramiento. El amor no es un deber pero tampoco emerge súbitamente; el cosaco y el rabino están igual de equivocados.  
Constantin decide ser todavía más insufrible y para ello ordena fusilar a Joshua. Ante la intervención del rabino acepta dejarlo vivir si Lea se lo ruega. Esto alivia bastante a Joshua, aunque Lea no da la menor señal de estar dispuesta a ayudarlo. ¿Qué diablos sucede con esta chica? Se entiende que no ama a Joshua y desea librarse del compromiso matrimonial, pero conseguirlo haciendo que fusilen al pobre chico me parece una solución extrema que vuelve a Lea tan inconsistente como Constantin. Después de todo lleva cinco años comprometida con Joshua sin que él se le imponga; como mínimo debiera mostrarle un poco de simpatía e intentar ayudarlo. Joshua estará tan agradecido que le dará lo que ella pida, incluso el rompimiento del compromiso. Sabemos que Constantin no se conformará con una súplica, pero por el momento sólo ha pedido eso y Lea no tiene razón válida para negarse a cumplir un capricho tan infantil. Mas como sigue impávida en medio de la escena, su horrorizado padre le ordena cumplir la condición del cosaco. Ella obedece y entonces Constantin le exige que lo bese. El intertítulo es demasiado explicativo:
''Pon tu cara contra la mía. Bésame.''
Creo que no existe otra forma de besar que uniendo los rostros. No al menos para el tipo de beso que desea Constantin. Lea se niega pese a las desesperadas súplicas del aterrorizado Joshua, al que incluso mira con desprecio. Es innegable que al enfatizar tanto en el miedo de Joshua se pretende hacerlo ver como un cobarde, mas creo que cualquiera se comportaría de modo similar si su vida dependiera del capricho de un poderoso.


Constantin pierde la paciencia y antes de marcharse lanza su ultimátum: Quemará la aldea y a todos sus habitantes a menos que Lea se acueste con él esa misma noche. Quedé atónita al llegar a esta parte. ¿Realmente él dijo eso? Tuve que detener la películas y retrocederla unos segundos para cerciorarme de haber leído bien. Sí, lo dijo. No de forma tan directa, pero la intención es la misma. ¿Pero no se supone que Constantin es el galán de la historia? Pues resulta que también es el villano. Imposible, ¿cómo podría ser ambos? Es incongruente y vuelve todo demasiado confuso. ¿Hay que amarlo u odiarlo? No existe respuesta.


La noticia de la amenaza genocida se esparce por la aldea, y los aterrados habitantes exigen al rabino que Lea se sacrifique por su pueblo como hizo Ester. Lea se niega con horror y el rabino los calma recordando a quienes prefirieron la muerte antes que el pecado. Enseguida los cosacos entran en acción obligando a la gente a volver a sus casas. Tapian puertas y ventanas, acumulan paja, encienden antorchas y esperan la orden de los oficiales de Constantin. Esto es realmente horrible porque la gente no tiene la más mínima posibilidad de escapar. Se ven niños llorando tras las ventanas y adultos suplicando con terror. Ahora sólo podemos odiar a Constantin.
Finalmente Lea no soporta más el cruel dilema y va donde Constantin, que la recibe como si acudiera a una cita amorosa y no a un sacrificio. Él despliega encanto y alegría, pero Lea está más impávida y ensimismada que de costumbre. No responde a su plática, se niega a beber y escapa de sus brazos tras un par de besos no deseados. Constantin no comprende el rechazo. En su retorcida mente Lea acudió a él porque lo ama. ¿Qué otra razón tendría para hacerlo? Parece haber olvidado su salvaje amenaza; o quizá para él esas amenazas sean habituales en un cortejo amoroso. Pero entonces ella le explica que sólo está ahí para salvar a su pueblo y Constantin cambia mágicamente. 


Faltan varios segundos de metraje entre tomas a lo largo de toda la película; aquí la ausencia de esos segundos vuelve bastante extraña la escena e incluso hay unas tomas mal montadas: Constantin y Lea están frente a frente en la habitación; enseguida lado a lado en el balcón y otra vez en la habitación antes de volver al balcón. Aunque dudo que el asunto pudiera mejorar ni siquiera con el metraje completo y bien montado. 
Constantin suelta unas líneas cursis sobre la belleza de Lea y el horror de la guerra. Enseguida le dice que se puede ir y que siempre la recordará. Aliviada, Lea rompe a llorar de un modo que provoca risa, no empatía. En aquel momento un cosaco informa a Constantin que los austriacos vienen a liberar la aldea; hay que huir de inmediato. Lea accede a dar un beso de despedida a Constantin y entonces descubre que está enamorada de él aunque sea un canalla acosador que la chantajeó sexualmente, y un genocida acostumbrado a quemar viva a la gente en sus casas, niños incluidos. Se dice que en gustos no hay nada escrito pero creo que aquí los guionistas se fueron un poco al extremo. Cierto que él es endiabladamente guapo, pero la oscilación entre crueldad y galantería anula todo su atractivo físico. Definitivamente el giro de la historia no se puede tomar con seriedad, es demasiado falso.


Lea esconde a Constantin de los austriacos, que no se molestan en revisar las habitaciones, y acepta su anillo como compromiso matrimonial… Esto se pone cada vez más extraño… Parece que ambos olvidaron todo, incluso el asunto de la religión. Ella es judía y él es cristiano ortodoxo. ¿Quién los casará? ¿Cómo educarán a sus hijos? ¿En que idioma les hablarán? No hay tiempo para pensar en nada porque Joshua entra en la habitación y dispara contra Constantin, hiriéndolo. De alguna manera Lea consigue desarmarlo (otra vez falta metraje) y el cosaco escapa.   
Joshua revela a los demás la traición de Lea y todos acuden a pedir explicaciones al rabino. Lea llega al lugar y de manera muy estúpida confiesa su amor por Constantin y que se casará con él. El furioso rabino la expulsa de su casa y todos se vuelven contra ella, que no comprende la razón de tanto enojo y desprecio. Al igual que Constantin, Lea parece no entender como funcionan las cosas.
Algunos espectadores tienen la errada percepción de que los aldeanos actúan de manera hipócrita al inducir a Lea a ir con Constantin y luego enojarse de que fuera. En realidad la gente no está furiosa por eso sino por el enamoramiento. Que Lea sacrificara su doncellez para salvarlos era aceptable e incluso loable, pero enamorarse del potencial genocida y violador y decidir casarse con él porque le soltó unos versitos baratos, es algo muy diferente. ¿Cómo podrían no enfurecerse con la noticia de que la hija de su líder espiritual ama al mismo hombre que poco antes estaba dispuesto a quemarlos vivos a todos a menos que ella accediera a dejarse violar por él? No hay hipocresía sino una justa cólera que estalla y entonces el pueblo comienza a apedrear a Lea. El rabino interfiere y consigue que lo maten de una pedrada, tan delgado es, pero Lea sobrevive y abandona la aldea.
Años después Constantin regresa. La Revolución le quitó su rango y fortuna y ahora parece ser un campesino. Se reencuentra con Lea en las afueras del cementerio judío y todo está bien. En realidad no; nada de lo sucedido después del primer encuentro de Lea y Constantin tiene el menor sentido, pero así termina.
 
En alguna parte leí que Mary Philbin e Ivan Mozzhukhin se tomaron tal antipatía mientras filmaban Rendición que casi no podían verse. Como ninguno hablaba el idioma del otro imagino que no podían simpatizar en ninguna forma, sin embargo los intensos duelos de miradas entre ambos están entre lo poco bueno de la película. Mary Philbin era una actriz tan limitada que emparejarla con un actor de la talla de Mozzhukhin, que además estaba acostumbrado a trabajar con actrices eficaces, no fue precisamente bueno para su carrera. Y sin embargo el coprotagonista se llevó la peor parte dado lo horrible de su rol. 
Es difícil entender por qué Universal intentó lanzar la carrera hollywoodense de Mozzhukhin poniéndolo en una película tan mala. Se ha llegado a asegurar que la verdadera intención del estudio era destruirlo para así deshacerse de la competencia que significaba para los galanes de Hollywood, pero esto claramente es un absurdo. La estrategia de Hollywood frente a la competencia europea era más sutil: Saqueaba sus cinematografías ofreciendo suculentos contratos a sus estrellas y así, a la vez que minaba el campo enemigo, agregaba talento a su propia industria. El Hollywood de los años 20 estaba lleno de gente que antes triunfó en el viejo mundo: Pola Negri, Victor Sjöström, Ernst Lubitsch, Conrad Veidt, Lars Hanson, Emil Jannings, Greta Garbo, Paul Leni… Ivan Mozzhukhin había triunfado en Rusia y luego, desde Francia, en toda Europa, convirtiéndose en presa codiciada para Hollywood.  
Lo que realmente sucedió fue que el director de Universal, Carl Leammle, se empeñó en filmar una adaptación cinematográfica de una de sus obras teatrales favoritas, Lea Lyon, e impuso al recién contratado Mozzhukhin y a la actriz mimada del estudio. Tener a un actor ruso para interpretar a un cosaco debió aumentar su entusiasmo, porque Rusia estaba de moda debido a la Revolución. Así que contra toda opinión disidente Leammle ordenó la filmación de Rendición. Pero la historia a contar era tan absurda e infame que no resultó y Mozzhukhin regresó a Europa y se unió a la cinematografía alemana.


Rendición cuenta con una hermosa cinematografía y una historia ágil que desagrada y molesta pero no se hace tediosa. Los duelos de miradas entre Mozzhukhin y Philbin son muy tensos, y él, aún interpretando a un tipo demasiado dual, se desempeña muy bien. Su labor aquí nunca está a la altura de sus mejores obras, pero tampoco es una actuación perdida. Un Mozzhukhin regular siempre es mucho mejor que el promedio de los actores silentes. 
Esta fue la tercera película de Mozzhkhin que vi y la primera que vi sólo por él. Mala elección. Pero aunque desprecié y odié a su personaje, no pude evitar sentirme conmovida con su interpretación. Por lo tanto recomiendo Rendición a quien sienta curiosidad por la única y fallida película americana de Mozzhukhin, a sus admiradores dispuestos a ver todas sus películas disponible (aquí entro yo) y, claro, a los masoquistas que gusten de torturarse con historias desagradables.


 

15/09/2023

Citas: Drama y fantasía en el cine

El cine no puede ni debe conformarse con una simple historia dramática. La vida es una mezcla perpetua de drama y fantasía. El drama es el fondo, el marco. La fantasía es un bordado, lo inesperado que despierta constantemente la mente del espectador y ayuda a que la obra sea más completa.

Ivan Mozzhukhin



16/06/2023

5 padres silentes

La era silente está llena de padres que se quedan en nuestra retina por largo tiempo. Padres buenos y padres malos; padres complejos y padres sencillos; padres de sangre y padres de espíritu. Los hay para casi todos los gustos y disgustos; aquí mencionaré algunos de los que más me han impresionado. No se trata de una lista con los mejores y peores padres del cine silente, ni de películas centradas exclusivamente en la paternidad, sino sencillamente de un listado de padres que han capturado mi atención. Orden cronológico. 

Y a propósito del tema, aquí hay una hermosa imagen
de Doug padre y Doug hijo. 

1) Saemund Granliden (Egil Eide) de Synnöve Solbakken
(Synnöve Solbakken, John W. Brunius, 1919, Suecia).
Reconozco que me acerqué a esta película sólo por Lars Hanson. Él da vida a Thornbjörn Granliden, el muy apuesto, pendenciero y despreocupado hijo mayor de una familia campesina. Cuando Thornbjörn parece estar reconduciendo su vida, un rival lo acuchilla a traición instigado por un medio bestia ex peón de la granja que acecha la zona. 
Egil Eide interpreta a Saemund con gran convicción. Cuando el granjero llora por su hijo herido, su dolor es profundo y genuino. Saemund es un padre que ama a todos sus hijos, pero Thornbjörn es el favorito; él sabe que el muchacho sólo necesita madurar un poco para que entonces afloren sus ahora ocultas cualidades positivas. Saemund no duda en enfrentar al atacante de Thornbjörn, un joven de la mitad de sus años al que sin embargo vence. 
Los momentos de interacción entre Egil y Lars son tan lindos que olvidé por completo que ya habían trabajado juntos en la muy diferente Las alas.



2) Peter Lane (Fred Turner) de El hombre de la navaja 
(The jack-knife man, King Vidor, 1920, Estados Unidos).
El humilde y solitario barquero Peter Lane es uno de esos padres accidentales frecuentes en la pantalla silente. Se trata de un espíritu sencillo, libre y errante que una noche de tormenta acoge en su barcaza a una madre enferma y su hijo, el pequeño Bobby (Robert Kelso); la madre muere y el viejo Peter ampara al niño; le talla figuras de madera y se encariña con él hasta el punto de decidir por fin asentarse en tierra firme.
La trama de esta bella película prefigura la de El chico (Charles Chaplin, 1921), aunque su desarrollo es menos oscuro y doloroso. Fred Turner interpreta a Peter Lane con una credibilidad impactante, y Robert Kelso es simplemento adorable en su único filme.



3) El Vagabundo (Charles Chaplin) de El chico
(The kid, Charles Chaplin, 1921, Estados Unidos).
Por supuesto, tengo que mencionar al Vagabundo. ¿Acaso podría faltar en una lista de padres del cine silente? Imposible, y es que El Vagabundo se convierte en el padre ideal para el niño (Jackie Coogan) abandonado por su desconsolada madre. Padre e hijo se complementan, compartiendo miseria, comida, golpes y trabajo a partes iguales. Sus vidas son duras, no poseen practicamente nada, sin embargo rebosan de amor mutuo. 
Hay una nobleza sencilla y hermosa en la decisión del Vagabundo de encargarse del niño. Este hombre cuya pobreza cae en terreno de la marginalidad, posee en cambio un corazón tan grande como su picardía, y es todo para el pequeño. 



4) Mathias Pascal (Ivan Mozzhukhin) de El difunto Mathias Pascal
(Feu Mathias Pascal, Marcel L'Herbier, 1926, Francia).
Mathias Pascal debe ser el hombre con la peor suerte: Su esposa es fría como un pescado, su suegra es una bruja dominante, su trabajo apesta y, lo peor, su querida madre y su adorada hijita bebé, únicas luces en su apagada vida, mueren el mismo día. 
Mathias se preocupa de su hija como nadie más; mece su cuna, juega con ella, la saca a pasear; él simplemente ama a esa pequeña como su madre lo ama a él, con todo el corazón. Por lo mismo, la muerte de la niña es tan terrible para él. Sin ella el frágil mundo de Mathias se desmorona. 
El gran Ivan Mozzhukhin siempre consigue tocar nuestra fibra más sensible. Mathias Pascal es absurdamente adorable, y sus primeras escenas con la bebé están impregnadas de ternura y alegría. Por contraste, las escenas de la muerte de la niña son amargas, oscuras y muy penosas; sentimos el profundo dolor de Mathias mientras lleva el cadáver de su hija a casa de su madre moribunda.   
 


5) Joh Fredersen (Alfred Abel) de Metrópolis
(Metropolis, Fritz Lang, 1926, Alemania).
¿Habrá padre más complejo que Joh Fredersen? El señor de Metrópolis parece tan frío y mecánico como las máquinas que mantienen en funcionamiento su ciudad. Desde lo alto de su propia torre de Babel dirige Metrópolis con la precisión de un robot. Todo y todos a su alrededor cumplen una función; sin embargo, este hombre de hierro tiene una debilidad: Su hijo, el joven Freder (Gustav Frohlich). 
Joh Fredersen mantiene a su hijo en la ignorancia y no muestra la menor empatía hacia su compasión y sensibilidad, pero cuando la rebelión estalla en la ciudad, casi se derrumba ante la posibilidad de que Freder muera. El miedo a perder a Freder lo hace encanecer de golpe y es Freder quien lo reconcilia con sus obreros. Joh Fredersen sí tiene corazón, y su hijo ocupa el primer lugar en él. 


¡Feliz día del padre a todos los papás de la comunidad silente! 



10/03/2023

Documental "Ivan Mozzhukhin, o el niño del carnaval" (1998)

La vida y la carrera del gran actor y astro del cine silente Ivan Mozzhukhin son presentadas y recorridas en este documental ruso de 1998 producido y dirigido por Galina Dolmatovskaia. 
Se trata de un primer acercamiento a la historia de uno de los más notorios talentos de la era silente, y quizás el mejor actor cinematográfico de su tiempo.


Primero en su Rusia natal y después en Francia, las extraordinarias e inusuales dotes interpretativas de Mozzhukhin, unidas a su certera percepción del cine como pieza artística y  comercial, lo llevaron a trabajar con directores de gran habilidad técnica como Yevgeni Bauer, Yakov Protazanov, Marcel L’Herbier, Jean Epstein y Alexandre Volkoff. Dotado de una extensa gama interpretativa, Mozzhukhin representó con acierto roles disímiles en dramas, comedias y aventuras que hicieron de él uno de los más famosos actores de Europa. 
Sintetizar las razones de su enorme popularidad no es trabajo sencillo. El talento y versatilidad de Mozzhukhin son evidentes, pero hay más: Era divertido y un ágil acróbata tipo Douglas Fairbanks, un compañero generoso y poseía un atractivo exótico que enloquecía a las mujeres… Incluso hoy, los nuevos aficionados al cine mudo son magnetizados por su extraordinario talento y aspecto físico. 

Impresionante caracterización de Ivan para 
El Padre Sergio 
(Otets Sergiy, Yakov Protazanov y Alexandre Volkoff, 1918).

El documental de Galina Dolmatovskaia incluye fotografías, cartas, diarios de vida y otros registros personales del actor y su amplio círculo de colegas, amigos y amantes tanto rusos como franceses. Esto dota al documental de veracidad, subrayando el interés de la directora por mostrar a Mozzhukhin como una persona antes que un mito. 
Hay información sobre la vida y obra del actor previos a la Revolución rusa, lo que debió ser un arduo trabajo de búsqueda y recuperación de material. La Revolución no sentía ningún aprecio por Mozzhukhin, a quien tachaba de traidor por abandonar la patria junto a otros rusos blancos ligados al ambiente artístico. 
Se muestran imágenes de sus primeras películas -por entonces sin restaurar- así como de obras posteriores poco conocidas. 

Con Helene Darly y Francine Mussey en la brillante serie 
La casa del misterio (La maison du mystère, Alexandre Volkoff, 1923).

El documental es exhaustivo respecto a las muchas relaciones amorosas del actor, y aquí radica su punto negativo: El recuento de líos de faldas de Mozzhukhin ocupa mayor metraje que la exposición de su trabajo cinematográfico. Falta profundizar más en el artista mismo. La vida privada de Mozzhukhin no fue ningún ejemplo a seguir; en opuesto, su carrera fílmica significó una etapa gloriosa para el cine europeo; muchas de sus películas son espléndidas piezas de arte y entretención que merecen estar entre lo mejor del cine silente. 
Pese a esto, la exhibición de imágenes y documentos hasta entonces inéditos -y aún hoy difíciles de conseguir-, unido a un inteligente montaje narrativo, hacen de Ivan Mozzhykhin, ili ditya karnavala un trabajo que si bien no ahonda en el talento y legado artístico de Mozzhukhin, sirve para conocer mejor al hombre y su mundo. Es un documental que todo admirador del gran actor ruso debe visualizar; no lo recomiendo a quienes carezcan de un conocimiento mínimo acerca de él, ya que podrían perderse un poco entre tanto nombre y fecha.

Momento onírico en El difunto Mathias Pascal
 (Feu Mathias Pascal, Mercal L'Herbier, 1926).

Nota: Ivan Mozzhykhin, ili ditya karnavala no ha sido doblado ni subtitulado al castellano; sólo se encuentra disponible en audio ruso y francés con subtítulos en inglés. 


Películas de Mozzhukhin reseñadas en el blog:
Rendición (1927)


09/12/2022

La Nochebuena (Wladislaw Starewicz, 1913)

Aquí está la película que todos los enemigos de la Navidad amarán ver. La Nochebuena (Noch pered rozhdestvom) es un filme ruso menor que adapta un cuento de Nikolai Gogol donde se aúna fantasía, humor, enredos y una historia de amor, todo en el marco de la noche anterior a la Navidad. Pero a despecho de su título, nada en la historia hace pensar en la festividad decembrina. No hay Santa Claus, saco de regalos ni duendes, sino una bruja coquetona, varios costales con hombres, y un divertido diablo peludo que se roba el espectáculo. Una verdadera pesadilla navideña. 
Se trata del único trabajo con humanos que se conserva del marionetista de insectos y juguetes y pionero del stop-motion Wladislaw Starewicz. No es una gran película, ni siquiera una promedio, pero si una curiosa alternativa al común de los filmes navideños.

Resumen: ALERTA DE SPOILER
La noche anterior a Navidad en una aldea ucraniana la bruja Solokha (Lidiya Tridenskaya) sale a volar en escoba acompañada por un diablo travieso (Ivan Mozzhukhin) que parece escapado de un bestiario medieval: Su cara semeja la de un puerco, tiene colmillos larguísimos, cuernos oscuros y orejas puntiagudas; su cuerpo delgado está cubierto de sucio pelo negro, y exhibe una larga cola nerviosa. La veleidosa Solokha está enredada amorosamente con este adefesio, que aprovecha el viaje en escoba para juguetear con ella. Después roba la Luna, que es un trozo de luz ardiente, y entra en casa de la bruja al estilo Santa Claus, por la chimenea. Hay un divertido juego de seducción entre ambos. Solokha no es joven ni guapa, pero exhibe una coquetería y sensualidad vulgar que seduce a diablos y hombres por igual.


Al mismo tiempo el herrero Vakula (Pyotr Lopukhin), hijo de Solokha, acude a declararse a Oksana (Olga Obolenskaya), la hermosa hija del cosaco Chub (Pavel Knorr). La caprichosa muchacha afirma que sólo se casará con él si le trae los zapatos de tacón de la zarina para presumirlos ante sus amigas.  
El diablo sale por la chimenea al ver que la Luna se escapa. No pudiendo atraparla decide divertirse un poco molestando al cosaco Chub y a su amigo, que se dirigen a la taberna. Los sorprende en el camino y les arroja nieve hasta hacerles perder el rumbo. De regreso con la bruja, el simpático diablo es escondido en un saco cuando uno de los amantes de Solokha se presenta en la casa. Tres hombres son metidos en sacos y apilados como leña hasta que la llegada de Vakula obliga a Solokha a encontrarse con otro de sus galanes afuera de la casa. 


Tras varios enredos los hombres son liberados. Vakula se lleva el saco que contiene al diablo y parte en busca de los zapatos de la zarina. Hace una parada en casa de un brujo glotón que usa la telekinesis para meter comida en su boca. Vakula pide indicaciones sobre como encontrar un diablo que lo ayude en su tarea. Mientras habla, la larga y cochambrosa cola del diablo barre el suelo saliendo del costal. Al no obtener respuesta, Vakula continua su viaje. 
El diablo se libera del saco y se monta en la espalda de Vakula para usarlo como transporte, práctica usual en los diablos y brujos del folklor eslavo. Pero el herrero lo coge por la cola, que parece ser su punto débil, y le exige que lo lleve volando sobre su espalda hasta el palacio de la zarina en San Petersburgo o de lo contrario le hará el signo de la cruz. El pobre y delgado diablo no tiene más opción que cargar con el corpulento Vakula. 


Ya en el palacio se encoge y oculta en el bolsillo del herrero, quien consigue los tan anhelados zapatos. De regreso en la aldea, Vakula apalea al diablo antes de dejarlo marchar y luego va con Oksana, que está dispuesta a casarse con él incluso sin los zapatos. En el infierno, otros diablos se burlan del peludo por sus desventuras.
 

Estrenada el 26 de diciembre de 1913, La Nochebuena es una comedia menor que a ratos resulta algo rígida por un exceso de planos generales (problema común en mucho cine de la época) y la estrechez de su escenario, sin embargo es interesante por romper el tópico de las películas navideñas. Lo más cercano que muestra a la Navidad tal y como se la conoce es un grupo de aldeanos que parecen cantar villancicos portando un adorno luminoso.
Los trucos visuales no son muy buenos, excepto el de la Luna escapando y el más complejo del encogimiento del diablo, pero tampoco están realmente mal y cumplen con su cometido.  
Las actuaciones son algo acartonadas exceptuando a Lidiya Tridenskaya e Ivan Mozzhukhin, quienes también interpretan a los mejores y más agradables y divertidos personajes del filme. Sí, la bruja gorda y el diablo peludo simpatizan más que la caprichosa cosaca y el aburrido herrero.
Está fuera de toda duda que lo más sobresaliente de la película es el horrible y alocado diablo. Con este rol Ivan Mozzhukhin realiza uno de sus primeros grandes trabajos de actuación, esta vez usando a medias su mejor recurso, la sorprendente expresividad de su rostro, ya que el maquillaje y las prótesis faciales limitan un tanto sus expresiones, aunque no le impiden hacer unas cuantas muecas grotescas. Pero incluso embutido en un disfraz que lo cubre por completo volviéndolo irreconocible, Mozzhukhin consigue dar vida al mejor personaje. Su diablo se roba la película (además de la Luna) con sus travesuras. Aprovechando sus capacidades atléticas, el gran actor ejecuta escenas ágiles y memorables haciendo que el diablo de giros, se retuerza y salte como un animal de una forma que evidencia lo mucho que se divirtió interpretándolo. 

Ivan Mozzhukhin en la época
de filmación de la película, aproximadamente.

Según declaraciones de Starewicz, la cola del diablo fue hecha y puesta en el disfraz por el propio actor, lo que reafirmaría que el rol le gustó bastante. Los demás personajes mejoran notablemente cuando interactúan con el diablo, y en cambio la película decae cuando él desaparece de escena. 
Si se necesita una sola razón para ver La Nochebuena, Ivan Mozzhukhin es una excelente razón. Sus admiradoras más románticas quedarán boquiabiertas al verlo en este diabólico rol; los demás estarán fascinados con su destreza para el humor físico. También será una película de interés para quien haya leído Veladas en un caserío de Dikanka de Gogol y para los curiosos del cine ruso zarista. Recomendable.


 

14/10/2022

13 grandes diablos silentes

Llegó el momento de hablar del diablo. Halloween suele ignorarlo un tanto en favor de brujas, vampiros y zombis, así que haré lo contrario y me centraré en él. Pero antes:

Tarjeta inspiradora.

Desde que en 1896 Georges Méliès hizo debutar al diablo en el cine con la película La mansión del diablo, el maligno personaje ha estado presente en una larga lista de filmes de diversa temática, calidad e intención. Esto no fue una excepción en la etapa silente, donde varios diablos destacaron por derecho propio, ya fuera como villanos o alivio cómico. Algunos tuvieron un papel primordial y otros realizaron apariciones menores y hasta anecdóticas, sin embargo su aspecto y 'diabluras' los hicieron inolvidables. 
De menos a más, la siguiente lista presenta a los 13 diablos más memorables del cine silente. No los mejores sino los que me impresionaron más. Dado que varios diablos repiten aparición, mencionaré al actor interprete antes que al personaje. ¿Y por qué 13? Porque es un número con una fama muy diabla. 


13) Reinhold Schünzel como el diablo en Historias tenebrosas 
(Unheimliche geschichten, Richard Oswald, 1919, Alemania).
En una vieja librería, las figuras de El Diablo, La Muerte (Conrad Veidt) y La Prostituta (Anita Berber) escapan de los cuadros que los representan. El Diablo y La Muerte cortejan a La Prostituta, que elige al segundo. Tras darle un buen susto al librero, los tres se dedican a leer las historias de terror que conforman la película.
Cejas negras, entradas pronunciadas y cabello oscuro cayendo en punta sobre la frente son las características más notables de este diablo risueño y aficionado a la lectura que además suelta vapor por la boca y lleva la cola doblada.  



12) Conrad Veidt como Satanás en Satanás 
(Satanas, Friedrich Wilhelm Murnau, 1920, Alemania).
Después de interpretar a La Muerte para Oswald, el gran Conrad Veidt interpretó al diablo para Murnau. Lamentablemente la película se considera perdida y los datos conservados son contradictorios. Se sabe que estaba conformada por tres historias independientes ambientadas respectivamente en el antiguo Egipto, la Roma de los Borgia y el mundo contemporáneo. En todas aparecía un personaje secundario que en realidad era el demonio intentando destruir a los protagonistas. Las pocas imágenes existentes de este diablo disfrazado de hombre muestran a un joven guapo y anguloso que no provoca exactamente miedo. 
Revisen los arcones de su sótano y el granero del bisabuelo, nunca se sabe donde podría aparecer una película dada por perdida.



11) Carl Schenstrøm como el diablo en Hacia la luz 
(Mod lyset, Holger-Madsen, 1919, Dinamarca).
La hermosa, egoísta y superficial aristócrata Ysabel (Asta Nielsen) encuentra la fe y el amor gracias al predicador Elias Renato (Alf Blütecher). Antes de convertirse Ysabel intenta seducir a Elias con su belleza y fortuna, mas él vence la tentación recordando cómo Jesús resistió a Satanás en el desierto. 
La tentación de Jesús se escenifica con un diablo bastante parecido a Mefisto, el demonio más famoso del folklore alemán. Es flaco, tiene la nariz y las orejas puntiagudas, pequeños cuernos, y va envuelto en una enorme capa oscura que el viento agita con dramatismo exhibiendo sus piernas desnudas. La breve escena está fotografiada y encuadrada con gran belleza y poesía. Interesante película sobre fe y redención.



10) Conrad Veidt como el diablo en Kurfürstendamm 
(Richard Oswald, 1920, Alemania).
Otro diablo de Veidt que sólo ha sobrevivido en fotografías. Por lo que se conoce de la trama la película pudo haber sido una comedia: El diablo abandona el infierno y se instala en una pensión de Kurfürstendamm (una popular calle berlinesa), lugar de donde parecen venir la mayoría de los condenados. Allí traba conocimiento con tres chicas interpretadas por Asta Nielsen; luego se convierte en empresario cinematográfico y actor. En un recorrido por los bajos fondos el diablo es asaltado en un callejón, situación que lo convence de regresar al infierno, un sitio mucho mejor.
Esta vez el diablo tuvo cuernos, cola y entradas profundas, pero también adquirió una agradable apariencia humana. El elenco incluía a Erna Morena, Rosa Valetti y Theodor Loos. 
A escarbar el suelo del viejo molino, quizás aparezca una lata con una copia de Kurfürstendamm.  



09) Buster Keaton como Sin Amigos en Go west 
(Buster Keaton, 1925, Estados Unidos).
Este es un diablo muy circunstancial. Sin Amigos, un solitario vaquero al servicio de un ganadero, necesita reunir las vacas de su patrón que están causando estragos en las calles de Los Ángeles. Buscando una forma de atraerlas no se le ocurre mejor idea que disfrazarse de diablo rojo y hacer que lo sigan. Acaba provocando una estampida que deviene en caos al llegar la policía y los bomberos. La vaca Ojos Castaños, única amiga de Sin Amigos, acude al rescate y el vaquero guía la manada montado sobre su lomo.
La secuencia es divertidísima y está llena de grandes momentos: Un policía intenta detener a Sin Amigos cogiéndolo por  la cola del disfraz; un borracho se para a dirigir el tránsito; un ricachón recibe un baño inesperado en su automóvil… Aunque el diablo es sólo una solución desesperada, su aparición no es fácil de olvidar. Además, ejemplifica muy bien el curioso surrealismo de Keaton: ¿Quién más que él incluiría un gran chiste sobre el color rojo en una película en blanco y negro? Mi favorita del gran cómico.



08) John Gottowt como Scapinelli en El estudiante de Praga 
(Der student von Prag, Stellan Rye, 1913, Alemania).
Bajo la forma del prestamista Scapinelli, el diablo compra al estudiante Balduin (Paul Wegener) el reflejo de su figura en el espejo. A partir de ahí el reflejo sigue a Balduin por toda Praga, volviendo su vida insoportable.
Scapinelli es un diablo inusual. Tiene nombre italiano pero visualmente parece un tortuoso estereotipo de usurero judío de mediana edad. En la presentación de personajes lleva un cuervo sobre el hombro, ave de profundas connotaciones oscuras, evidenciando que no es quien aparenta. Después, cuando saca el reflejo del interior del espejo, no queda ninguna duda, ¿qué hombre podría hacer eso? Al final, muerto Balduin, Scapinelli se burla de él de un modo simplemente estremecedor. Un diablo perverso y ambiguo para una película totalmente imprescindible.



07) Benjamin Christensen como el diablo en Haxan, la brujería a través de los tiempos 
(Häxan, Benjamin Christensen, 1922, Dinamarca y Suecia).
Impresionante y didáctico documental acerca de la brujería, con un complejo y magnífico despliegue técnico para las recreaciones de aquelarres, torturas y juicios a supuestas brujas. El director se reserva el papel del diablo, que contiene todas las características clásicas del mito cristiano popular: Cuernos, cola, vientre abultado, garras, lascivia… Es un demonio aterrador que alcanza altas cuotas de molestia y desagrado, a la vez que ejemplifica la oscuridad, maldad e ignorancia del propio ser humano. Película obligada para todo cinéfilo.



06) Werner Krauss como Scapinelli en El estudiante de Praga 
(Der student von Prag, 1926, Henrik Galeen, Alemania).
El primer remake de la magnífica película de Stellan Rye brilla con luz propia gracias a su elenco y dirección. Conrad Veidt toma el papel del pobre estudiante Balduin y Werner Krauss el del falso prestamista Scapinelli que lo engaña para quedarse con el reflejo de su imagen. Krauss da a su personaje unas características siniestras incluso más marcadas que en la versión de 1913. Su risa grotesca y los poderes sobrenaturales con que provoca el accidente de la sosa condesa Margit (Ágnes Esterhazy) y hace aparecer una montaña de dinero, sorprenden y asustan por igual. Hermosa película que cierra simbólicamente el cine expresionista. 



05) Aleksandr Chabrov como Satanás en Satanás triunfante 
(Satana likuyushchiy, Yakov Protazanov, 1917, Rusia).
Fingiendo ser un viajero cojo, Satanás pide hospedaje en casa del estricto, lúgubre y represor pastor Talnoks (Ivan Mozzhukhin), quien vive en compañía de su cuñada Esfir (Nathalie Lissenko) y del marido de esta, Pavel (Pavel Pavlov). Satanás tienta a Talnoks y Esfir con música y frases equívocas hasta hacerlos caer en un adulterio que tendrá como consecuencia un apuesto y dulce hijo, Sandro (Ivan Mozzhukhin), pero también muerte y dolor.
Sin necesidad de cuernos ni peinado mefistofélico, el diablo ruso consigue alarmar con sus dotes musicales y una sonrisa insinuante y burlona que a ratos logra aterrar. Película interesante y muy bien actuada.



04) Helge Nissen como Satán en Páginas del libro de Satán 
(Blade af satans bog, Carl Theodor Dreyer, 1921, Dinamarca).
Por orden divina Satán debe tentar gente a lo largo de la historia. Si logra derribar a alguien su condena eterna será aumentada, si no lo consigue la condena se reducirá. Se muestran cuatro formas humanas adoptadas por Satán para engañar a potenciales víctimas. Primero la de un fariseo para tentar a Judas; luego la de un inquisidor para engañar a un monje; después la de un jacobino para derribar a los aristócratas durante la Revolución Francesa; por último toma la apariencia de un monje ruso para intentar perder a una joven soldado del ejército blanco.
Satán se esfuerza en cumplir su trabajo, pero al conseguir la caída de sus víctimas experimenta remordimientos y pesar, lamentando haber triunfado. Es un Satán que anhela la redención y la gracia divina, cada vez más lejanas para él. Sobresaliente película de uno de los maestros indiscutidos del séptimo arte.



03) Ugo Bazzini como Mefisto en Rapsodia satánica 
(Rapsodia satanica, Nino Oxilia, 1917, Italia).
Mefisto concede la juventud a la anciana condesa Alba (Lyda Borelli) a condición de que nunca se enamore. Ella, digna representante de la diva del cine italiano, no puede evitar caer perdida, atormentada y desesperadamente enamorada del joven Tristano (Andrea Habay).
El diablo alemán se da un paseo por Italia casi sin cambiar su imagen característica: Cejas rectas, nariz ganchuda y un manto de un precioso rojo oscuro cortesía del poético entintado. También posee algo de picardía y una crueldad tortuosa rematada cuando engaña a la condesa con la romántica imagen de un jinete al que ella confunde con su amado Tristano. Alba acude a su encuentro y Mefisto le arrebata su segunda juventud, como sin duda siempre pretendió. La obra maestra de las películas de divas.



02) Emil Jannings como Mephisto en Fausto 
(Faust, Friedrich Wilhelm Murnau, 1926, Alemania).
Este fue mi diablo silente favorito hasta que conocí al que ocupa el primer puesto. Jannings da la imagen e interpretación definitivas para Mefisto, el diablo que intenta perder al doctor Fausto (Gosta Ekman): Peinado en punta sobre la frente, cejas rectas, gorro con una larga pluma y un manto de seda oscura; cinismo, canalladas y amargura. 
Cómica, elegante y horrible a la vez, la mejor versión de Mefisto es un icono popular referenciado, imitado, plagiado y homenajeado pero nunca superado, que hace olvidar el verdadero aspecto de este diablo: Una gigantesca criatura cornuda cubierta de plumas y pelo negro y provista de alas incluso más grandes. Un diablo sin rival en una película majestuosa.



01) Ivan Mozzhukhin como el diablo en La Nochebuena 
(Notch pered rozhdestvom, Wladislaw Starewicz, 1913, Rusia).
Durante la noche anterior a la Navidad, un diablo coquetea con una bruja (Lidiya Tridenskaya) y causa algunos problemas menores en una aldea ucraniana antes de recibir su merecido a manos del herrero local (Petr Lopukhin).
Algunos años antes de ser tentado dos veces por el maligno en Satanás triunfante, Ivan Mozzhukhin dio vida al diablo más feo, alocado y simpático del cine silente. Un diablo con cara de cerdo y cuerpo lanudo y cochambroso que se divierte haciendo morisquetas, robando la Luna, dando saltos y giros, y provocando una tormenta de nieve por el solo placer de molestar. 
Uno de los primeros grandes trabajos de Mozzhukhin, sin él y sus traviesas diabluras la película carecería de interés. Definitivamente mi diablo favorito de todo el cine mudo.



Mención honorífica (o diablo 14 para los supersticiosos del número 13).

Einar Rød como Söfren en La viuda del párroco
(Prästänkan, Carl Theodor Dreyer, 1920, Dinamarca).
Este diablo emparenta con el de Buster Keaton en Go west al tratarse sólo de una jugarreta. Un joven párroco se ve obligado a casarse con la anciana viuda de su predecesor. Intentando hacerla huir de la casa trata de asustarla disfrazándose de diablo, pero la esposa (Hildur Carlberg) descubre fácilmente la treta: El ridículo disfraz del párroco parece cualquier cosa extraña y grotesca menos un diablo, y no ayuda que se dejara puestos sus propios calcetines. 
Hermosa comedia dramática del maestro danés.

 
Esta fue una selección de diablos de todos los gustos, estilos y nacionalidades. Algunos los conocí hace ya varios años, otros más recientemente. Espero ir conociendo muchos más y asustarme con ellos. 


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¡Feliz Halloween 2022!