13/06/2025

La tiranía del odio (Gustaf Molander, 1920)

Pequeña pero sólida película sueca de ambiente campesino protagonizada por un portentoso Egil Eide; su antipático personaje da título a la obra en el idioma original (Bodakungen, "El rey de Boda") y carga con el mayor peso de la trama. Fue el debut de Gustaf Molander como director luego de trabajar como guionista para Victor Sjöström y Mauritz Stiller, y el comienzo de una sólida carrera que incluye grandes películas con algunos de los mejores actores del cine sueco de la época.

   
Resumen: ALERTA DE SPOILER
Boda, Suecia, siglo XIX. Los propietarios de las granjas Ödemo y Rävgården han sido rivales por generaciones. Ahora Ödemo pasa por malos tiempos; su dueño, Mårten (August Palme), ya no puede pagar la hipoteca que pesa sobre la granja familiar y por esto la perderá. Diez años atrás su único hijo varón, Hans, fue enviado a estudiar a la ciudad quedando como apoyo sólo una hija, Gunnel (Wanda Rethgardt), hoy una adolescente. Mårten, resignado a su suerte, comenta a Gunnel que les habría ido mejor si Hans no se hubiera marchado.
Llega el día de la Feria de Boda. Mårten y Gunnel preparan su carro y su caballo, y suben lo poco que tienen para vender. El padre se encuentra desanimado por lo escaso de su cosecha, pero la muchacha está emocionada por su primera salida a la Feria.
En la granja Rävgården la situación es otra: La cosecha fue abundante, hay muchas manos para el trabajo, buenos caballos, varios carros de carga y hasta un calesín. Pero el propietario, Sören Torbjörnsson (Egil Eide) es un hombre cruel y matonesco que maneja todo y a todos a punta de látigo. Su hija, la hermosa y dulce aunque enérgica Eli (Winifred Westover), es la única persona que ejerce influencia sobre él. Así, cuando Sören se dispone a brutalizar a uno de los empleados por patear a un caballo, la oportuna aparición de la joven evita el maltrato.


Camino a la Feria el carro de Mårten sufre la avería de una rueda. Mientras la repara Sören aparece en el camino y avanza intencionalmente su carro sobre una posa de agua, salpicando a Mårten y Gunnel. 
En la Feria reina una gran animación. Gente de diversos lugares y oficios asiste al evento. Acrobatas, malabaristas, falsos forzudos, apostadores y titiriteros se unen a los habitantes de Boda. 
Sören convence a un acreedor de Mårten para que le venda su deuda y después provoca a su enemigo. Ambos hombres inicían un forcejeo que es detenido por Gunnel, cuya intervención contiene la ira de Sören, tal vez porque le obliga a pensar en qué diría Eli. 

 
En Rävgården las criadas se esmeran preparando un suntuoso banquete con el que celebrar a Sören a su vuelta de la Feria, pero él mismo lo arruina todo: Regresa a casa borracho y acompañado por un grupo de hombres en estado similar, maltrata a un viejo sirviente por dormirse cuando él llega, derriba la mesa arrancando el mantel y luego baila sobre el desastre. Nuevamente la aparición de Eli centra a Sören. Avergonzado, expulza a sus amigotes y luego le comenta a Eli que desearía tenerla siempre a su lado, evidentemente para contenerlo.
Morten y Gumel también han emprendido el regreso. Con su carro descompuesto, deben caminar gran parte del camino. 
Finalmente llega el temido día en que Mårten se ve obligado a entregar la propiedad de Rävgården a Sören. Éste disfruta enormemente con la ruina de su enemigo tradicional e incluso le insinua que se suicide arrojándose al correntoso río desde el monte La Roca de los Lobos. Mårten replica que ese sería un mejor final que el de Sören, a quien sus crímenes encontrarán en su propia casa. Enseguida se aleja con su hija, adentrándose en el bosque.

 
Aquel mismo día un joven desconocido (Uno Henning) arriba a la zona. Es Hans, que ha recorrido el mundo y ahora regresa al hogar familiar. Se detiene junto al río para beber de sus aguas, que tan bien recuerda.
Eli, que pastoreaba las ovejas, cae por un declive de La Roca de los Lobos y va a dar a orillas del río, junto a Hans. Atraída por el apuesto desconocido, Eli le pregunta su nombre pero él sólo comenta que el suyo bien podría ser ojitos azules. Luego le pide que le deje leer su mano para saber si tiene algún enamorado. Eli se muestra ofendida y Hans la desafía preguntándole sí se atreve. Eli accede y Hans finge leer en su mano. Le dice que el que espera vendrá a su encuentro en ese mismo lugar antes del atardecer. Luego se marcha dejando a Eli impresionada y llena de dudas. 


Hans llega a la granja Ödemo y la encuentra desabitada y cerrada. Recuerda su cita con Eli pero le preocupa la desaparición de su familia. 
Eli también piensa en la cita. Está confundida; ignora qué hacer. Un niño de la granja le da un pajarito y ella lo libera pidiéndole que le muestre el camino hacia la felicidad. El pájaro vuela hacia La Roca de los Lobos. 
Mårten y Gunnel están sentados junto al camino. Al atardecer, el hombre decide que regresará a Ödemo; quiere dormir en su casa. De vuelta en la granja, Mårten rompe a hachazos la cerradura de la entrada, se encierra en la casa y le prende fuego. Gunnel queda afuera, golpeando la puerta.


Eli espera junto al río. Hans llega y le dice que él es su enamorado. El ruido producido por unos carros en el cercano camino rompe el encanto. Es Sören con tres de los suyos; van a la granja Ödemo, alertados por el humo.
Gunnel es apartada brutalmente por los hombres de Sören, que derriban la puerta y sacan a Morten. Luego se dedican a apagar el incendio antes de que se extienda. 
Eli y Hans se aproximan. Ven a Sören insultar y golpear a Mårten antes de dejarlo ir con Gunnel. Eli se allega a su padre y este, como de costumbre, queda desarmado ante ella. Hans, a su vez, se acerca a Mårten y Gunnel y reconoce a su familia. Furioso, se vuelve contra Sörel, que intenta acuchillarlo. El joven somete al viejo canalla y hace que se hiera a sí mismo. 
Los hombres de Sören, que han logrado apagar el fuego, suben a su patrón en la calesa y se marchan. Eli mira a Hans con honda tristeza antes de marchar tras su gente. Hans también se siente triste mientras la ve alejarse.

  
El tiempo pasa. Sören se recupera y su fortuna crece, pero la gente de los alrededores ya no lo mira con el respeto de antes. Las personas decentes no le habla ni aceptan sus invitaciones e incluso en la iglesia le ven con malos ojos. Eli continúa cuidando de él, pero la maldad de su padre la averguenza y entristece, y está matando su alegría y amor fraternal.
Abandonado por los demás, Sören sólo cuenta con la compañía de vagabundos y pillos, los unicos que aceptan entrar a su casa aunque sea únicamente para beber. Hasta sus sirvientes lo abandonan. 
Llega el día de la Fiesta de la Cosecha. Mientras las campanas de la iglesia de Boda repican llamando a los fieles a celebrar, Sören comparte en su casa con un grupo de borrachines. Al descubrir que un viejo sirviente tambien se marcha, Sören decide vengarse de todos dando una lección a los feligreses.

 
El malvado e irrascible Sören engancha un trineo a sus caballos y va al encuentro de la grey a una velocidad peligrosa. La gente que sale de la iglesia, sorprendida del inesperado arribo del viejo pecador, se aproxima a él. Sören los insulta y golpea a dos de ellos. Eli se adelanta saliendo de entre los feligreses. Su verguenza estalla y Acusa a Sören con vehemencia: "Nuestro nombre está deshonrado. ¡Me averguenzo de ti! No quiero volverte a ver, padre, hasta que hayas sido castigado y Dios omnipotente haya limpiado tu cruel corazón".
Viéndose despreciado por la única persona que amaba y por la que se sabía amado, Sören se derrumba y abandona el lugar. Esa tarde se detiene en lo alto de La Roca de los Lobos y recuerda las palabras de Mårten cuando él lo incitó al suicidio desde aquel lugar: "Ese será un mejor final que el tuyo, cuando tus crímenes te sorprendan en tu casa". Trastornado por la verguenza y el peso de sus males, Sören se marcha de Boda.


Transcurren un par de años. Rävgården continúa funcionando gracias a la mano firme pero benevolente de Eli. Por las tardes los niños acuden a ella para oírla narrar cuentos de hadas.
Un día un anciano de larga barba llega a Boda. Es un renacido Sören que ha vagado por la tierra alimentándose del pan mendigado en las granjas. Allí le permiten la entrada porque los niños aman los cuentos de hadas que relata, los mismos que él contara a Eli años atrás. Sören parece haber encontrado la paz en esa vida errabunda y libre de ataduras pero ahora, sintiendo la proximidad de la muerte, desea descansar en su tierra. 

 
Tras la muerte de Mårten sus hijos se han asentado en las colinas, donde Hans construyó una casa. Sören, agotado, llega a las cercanías mientras el joven tala un árbol. Gunnel divisa al tambaleante anciano y acude en su ayuda; la joven no reconoce al hombre que arruinó a su familia pero él sí a la muchacha. El recuerdo de sus pecados pesa sobre Sören.
Viendole tan débil, Gunnel pide ayuda a su hermano y ambos conducen al antiguo enemigo al calor de su propio hogar. Allí, el moribundo pide ver a Eli. Hans no se siente con fuerzas para ver a la mujer que todavía ama, así que Gunnel va por ella. 
Ya frente a Rävgården, la joven siente reticencia a entrar en la granja. Es más que probable que ella y Eli sólo se vieran en la iglesia y nunca cruzaran palabra. Pero la voluntad final del moribundo la decide y transmite el mensaje. 


Eli llega a la casa y se enfrenta a Hans. Ambos se saludan con cierta tristeza e incomodidad pero sin rencor.
Al oir la voz de Eli, el adormecido Sören reacciona. Se levanta con dificultad y va hacia ella. Eli reconoce a su padre y quiere abrazarlo, pero él cae antes de llegar hasta su hija. Eli se arrodilla junto a Sören y en sus ojos ve su cambio. Entonces Sören ve el perdón en los de su hija y comprende que ya ha pagado por sus pecados. El viejo pecador arrepentido y perdonado muere en paz junto a su amada hija.
Hans se arrodilla junto a Eli. El odio de generaciones ha muerto con sus padres, ahora el amor puede florecer en libertad.


La tiranía del odio, como su nombre alternativo lo indica, narra las nefastas consecuencias de los rencores llevados más allá del límite natural. Sören destruye a sus enemigos tradicionales privándolos de su granja, pero en el camino se destruye a sí mismo y daña a su única y amada hija. Su arrepentimiento, redención y muerte no borran el pasado, sin embargo abren la puerta para que la nueva generación (Hans, Gunnel y Eli) inicie su vida adulta sin cargas ajenas.
La película, poco conocida y, al parecer, todavía sin restaurar, se hermana con otras obras de la época que narran la vida de la gente rural. Curiosamente, recibió muchas críticas negativas en su propio país, donde la acusaron de transmitir una imagen estereotipada del pueblo sueco. Quizá, pero es una imagen que cien años después todavía impresiona: Las viejas granjas de madera, la Feria, la belleza de los ríos y bosques...
Egil Eide encabeza el reparto estelar y lo hace con brio. El destacado actor brilla como el adinerado campesino lleno de crueldad, odio y villanía, pero también como el pecador arrepentido que sólo espera el perdón de su hija para morir en paz. 
August Palme como el desdichado Mårten realiza un trabajo más naturalista. Su personaje es un hombre que se sabe derrotado y al que sólo le queda resignarse. El actor conmueve en sus momentos íntimos con la joven Wanda Rethgardt. 

   
Winifred Westover tiene el importante rol de Eli, la brújula moral de Sören, pero la actriz no acierta. Parece débil e indecisa incluso en su gran momento, cuando Eli enfrenta a Sören. Tampoco es muy creíble en su rápido enamoramiento. 
Uno Henning en su segunda película tiene un papel menor, pero a cambio luce extraordinariamente guapo en sus ropas de viajero y campesino. Atención a la escena donde tala el árbol, ¡que lindo se ve! Posteriormente estuvo en algunos filmes destacados de la cinematografía europea como El amor de Jeanne Ney (G.W. Pabst, 1927), La mujer que anhelan los hombres (C. Bernhardt, 1929) y la obra maestra Una cabaña en Dartmoor (A. Asquith, 1929).

 
Gustaf Molander tuvo una larga carrera como director. Dirigió con acierto a actores de notorio talento como Gösta Ekman, Lars Hanson, Mona Mårtenson e Ingrid Bergman. Considerado por años un director hábil pero menor, hoy su carrera está siendo revaluada y apreciada en su justo valor. 
Película muy recomendable. Imprescindible para los admiradores del buen cine sueco y de la obra de Molander.