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06/10/2023

Actores y actrices con libros

Está de moda la idea de que leer es sexy. En realidad no lo es. Leer es importante, útil y necesario. También es divertido y enriquecedor. Sin embargo, no podemos negar que las personas atractivas e interesantes lo parecen incluso más cuando se acercan a un libro. El aura de intelectualidad asociada a la lectura aumenta ese "algo" que ya poseen, poniéndonos a salivar de la impresión. 
Como amante del cine, he visto muchas imágenes de actores y actrices que admiro leyendo libros o junto a una biblioteca. Son actores cuyas películas me entregan emoción, diversión y arte; algunos también despiertan ciertas "sensaciones" en mí y a otros simplemente los amo. Y, como bonus, también conectan con mi lado leedor. ¿Qué más necesito para seguir interesada en ellos? 
Esta es una recopilación de imágenes "lectoras" de algunos actores y actrices que admiro. Hay otros que hubiera querido incluir, pero no encontré ninguna foto lo bastante buena.

Olaf Fonss

Mary Pickford

Joseph Schildkraut

Gloria Swanson

Ivor Novello

Colleen Moore

Buster Keaton

Natacha Rambova y Rudolph Valentino

Mildred Davis

Gary Cooper

Ramon Novarro

Karin Molander

Lillian y Dorothy Gish
 
Douglas Fairbanks

Musidora

Conrad Veidt

Greta Garbo

Asta Nielsen

Lars Hanson

Ethel Barrymore

Anexo:
Buscando imágenes de actores con libros, encontré esta de Ethan Hawke que me hizo gritar: "¡¡Ahhh, Lars!!"


Pues el libro que Ethan sostiene es una edición de la novela La leyenda de Gosta Berling de Selma Lagerlof con un fotograma de la película homónima como portada, la que estelarizó Lars Hanson en 1924... Sí, hace casi cien años ya.
Acá el correspondiente fotograma. O el más cercano que encontré. Me pregunto donde estará esa edición del libro; la quiero sólo por la portada. 
(Y sí, la actriz que comparte escena con Lars es Greta Gustafsson, la futura Greta Garbo, pero ella no me conmueve).


Para más imágenes de actores con libros, ir a la publicación original y su continuación en mi blog de literatura: Aquí, y aquí.  


16/06/2023

5 padres silentes

La era silente está llena de padres que se quedan en nuestra retina por largo tiempo. Padres buenos y padres malos; padres complejos y padres sencillos; padres de sangre y padres de espíritu. Los hay para casi todos los gustos y disgustos; aquí mencionaré algunos de los que más me han impresionado. No se trata de una lista con los mejores y peores padres del cine silente, ni de películas centradas exclusivamente en la paternidad, sino sencillamente de un listado de padres que han capturado mi atención. Orden cronológico. 

Y a propósito del tema, aquí hay una hermosa imagen
de Doug padre y Doug hijo. 

1) Saemund Granliden (Egil Eide) de Synnöve Solbakken
(Synnöve Solbakken, John W. Brunius, 1919, Suecia).
Reconozco que me acerqué a esta película sólo por Lars Hanson. Él da vida a Thornbjörn Granliden, el muy apuesto, pendenciero y despreocupado hijo mayor de una familia campesina. Cuando Thornbjörn parece estar reconduciendo su vida, un rival lo acuchilla a traición instigado por un medio bestia ex peón de la granja que acecha la zona. 
Egil Eide interpreta a Saemund con gran convicción. Cuando el granjero llora por su hijo herido, su dolor es profundo y genuino. Saemund es un padre que ama a todos sus hijos, pero Thornbjörn es el favorito; él sabe que el muchacho sólo necesita madurar un poco para que entonces afloren sus ahora ocultas cualidades positivas. Saemund no duda en enfrentar al atacante de Thornbjörn, un joven de la mitad de sus años al que sin embargo vence. 
Los momentos de interacción entre Egil y Lars son tan lindos que olvidé por completo que ya habían trabajado juntos en la muy diferente Las alas.



2) Peter Lane (Fred Turner) de El hombre de la navaja 
(The jack-knife man, King Vidor, 1920, Estados Unidos).
El humilde y solitario barquero Peter Lane es uno de esos padres accidentales frecuentes en la pantalla silente. Se trata de un espíritu sencillo, libre y errante que una noche de tormenta acoge en su barcaza a una madre enferma y su hijo, el pequeño Bobby (Robert Kelso); la madre muere y el viejo Peter ampara al niño; le talla figuras de madera y se encariña con él hasta el punto de decidir por fin asentarse en tierra firme.
La trama de esta bella película prefigura la de El chico (Charles Chaplin, 1921), aunque su desarrollo es menos oscuro y doloroso. Fred Turner interpreta a Peter Lane con una credibilidad impactante, y Robert Kelso es simplemento adorable en su único filme.



3) El Vagabundo (Charles Chaplin) de El chico
(The kid, Charles Chaplin, 1921, Estados Unidos).
Por supuesto, tengo que mencionar al Vagabundo. ¿Acaso podría faltar en una lista de padres del cine silente? Imposible, y es que El Vagabundo se convierte en el padre ideal para el niño (Jackie Coogan) abandonado por su desconsolada madre. Padre e hijo se complementan, compartiendo miseria, comida, golpes y trabajo a partes iguales. Sus vidas son duras, no poseen practicamente nada, sin embargo rebosan de amor mutuo. 
Hay una nobleza sencilla y hermosa en la decisión del Vagabundo de encargarse del niño. Este hombre cuya pobreza cae en terreno de la marginalidad, posee en cambio un corazón tan grande como su picardía, y es todo para el pequeño. 



4) Mathias Pascal (Ivan Mozzhukhin) de El difunto Mathias Pascal
(Feu Mathias Pascal, Marcel L'Herbier, 1926, Francia).
Mathias Pascal debe ser el hombre con la peor suerte: Su esposa es fría como un pescado, su suegra es una bruja dominante, su trabajo apesta y, lo peor, su querida madre y su adorada hijita bebé, únicas luces en su apagada vida, mueren el mismo día. 
Mathias se preocupa de su hija como nadie más; mece su cuna, juega con ella, la saca a pasear; él simplemente ama a esa pequeña como su madre lo ama a él, con todo el corazón. Por lo mismo, la muerte de la niña es tan terrible para él. Sin ella el frágil mundo de Mathias se desmorona. 
El gran Ivan Mozzhukhin siempre consigue tocar nuestra fibra más sensible. Mathias Pascal es absurdamente adorable, y sus primeras escenas con la bebé están impregnadas de ternura y alegría. Por contraste, las escenas de la muerte de la niña son amargas, oscuras y muy penosas; sentimos el profundo dolor de Mathias mientras lleva el cadáver de su hija a casa de su madre moribunda.   
 


5) Joh Fredersen (Alfred Abel) de Metrópolis
(Metropolis, Fritz Lang, 1926, Alemania).
¿Habrá padre más complejo que Joh Fredersen? El señor de Metrópolis parece tan frío y mecánico como las máquinas que mantienen en funcionamiento su ciudad. Desde lo alto de su propia torre de Babel dirige Metrópolis con la precisión de un robot. Todo y todos a su alrededor cumplen una función; sin embargo, este hombre de hierro tiene una debilidad: Su hijo, el joven Freder (Gustav Frohlich). 
Joh Fredersen mantiene a su hijo en la ignorancia y no muestra la menor empatía hacia su compasión y sensibilidad, pero cuando la rebelión estalla en la ciudad, casi se derrumba ante la posibilidad de que Freder muera. El miedo a perder a Freder lo hace encanecer de golpe y es Freder quien lo reconcilia con sus obreros. Joh Fredersen sí tiene corazón, y su hijo ocupa el primer lugar en él. 


¡Feliz día del padre a todos los papás de la comunidad silente! 



02/06/2023

8 grandes "talkies" de actores silentes

Como bien sabemos los seguidores del cine mudo, la historia de que la mayoría de los actores silentes no pudo pasar al sonoro, es un mito. Muchos actores del periodo, tras algunos tropiezos menores, continuaron trabajando en el cine durante años, labrándose sólidas carreras en el nuevo formato. Los actores jóvenes y aquellos que contaban con una base teatral se adaptaron con mayor facilidad, pero no deben ignorarse los talentos excepcionales cuya fotogenia y comprensión del arte cinematográfico dieron al cine algunas obras más que dignas de mención. 
A continuación, en orden cronológico, 8 grandes películas sonoras cuyo reparto incluye a destacados actores del cine silente en roles de diversa importancia.


1) El congreso se divierte 
(Der kongress tanzt, Erik Charell, 1931, Alemania). 
Actores: Willy Fritsch, Conrad Veidt y Lil Dagover.
Chispeante opereta de comienzos del sonoro alemán en la que una joven guantera (Lilian Harvey) vive un breve y romántico idilio con el Zar Alejandro I (Willy Fritsch) durante el Congreso de Viena. Al mismo tiempo, el Príncipe Metternich (Conrad Veidt) maquina a favor de su propia causa política con ayuda de su secretario Pepi (Carl-Heinz Schroth) y de su amiga personal la Condesa (Lil Dagover). 
Se trata de una historia sencilla y anecdótica que por momentos pareciera transformarse en un drama político mayor, capturando con gran acierto el espíritu de la Viena de 1810.  
El versátil Willy Fritsch demuestra su talento para la comedia como el galante y alegre Zar y como su bobo doble Uralsky; la hermosa Lil Dagover se mueve en su terreno siendo la bella, sofisticada y coqueta Condesa francesa aliada de Metternich; sin embargo, es Conrad Veidt quien entrega la mejor actuación. Su caracterización de Metternich como un político tortuoso y manipulador que nunca llega a convertirse en villano es impecable, tanto que en su momento el personaje fue incluso más popular que el del Zar. Viéndole interactuar con el resto de personajes, se entiende que agradara tanto: Mientras los demás jefes de estado anhelan bailar comer y cantar, Metternich vive para los tejemanejes políticos, recurriendo a métodos de dudosa nobleza para girar el curso de los acontecimientos a favor de su causa. Su relación con la Condesa oscila entre la amistad y el romance, alcanzando el punto máximo en la secuencia del baile, donde por un momento sólo son una pareja más. Conrad Veidt y Lil Dagover valseando juntos es un regalo para los ojos de todo admirador de esta icónica pareja cinematográfica. 



2) El viejo y el joven rey: La juventud de Federico El Grande
(Der alte und der junge könig, Friedrichs des grossen judend, Hans Steinhoff, 1935, Alemania). 
Actor: Emil Jannings. 
Biopic en clave nazi de la juventud de Federico II El Grande (Werner Hinz), uno de los monarcas prusianos más admirados por el régimen, y la difícil relación con su autoritario padre, Federico Guillermo I (Emil Jannings). 
Aún tratándose de una obra destinada a promover la idea nazi del führerprinzip, El viejo y el joven rey es un filme apasionante por su exposición de la lucha desigual entre dos formas opuestas de ver la vida, así como del triunfo del deber por sobre el sentimiento.  
En su momento de gloria como estrella del cine hitleriano, el gran Emil Jannings personifica al Rey Soldado con la maestría que le identifica, apoderándose de cada escena en que aparece. Su interpretación de un padre intolerante, irascible, estricto hasta la tiranía y obsesionado con la dura disciplina militar, es portentosa, proyectando una sombra en el resto de personajes y empequeñeciéndolos en todos los aspectos. Sin duda uno de los grandes trabajos de un gran actor. 



3) Nace una estrella 
(A star is born, William A. Wellman, 1937, Estados Unidos). 
Actores: Janet Gaynor, Adolphe Menjou y Fredrich March. 
Amarga, elegante y hermosa película donde la joven aspirante a actriz Esther Blodgett (Janet Gaynor) asciende hasta el estrellato mientras Norman Maine (Fredrich March), el conocido actor con quien se casa, va cayendo en el olvido y el alcoholismo. 
Obra de exquisita sensibilidad estética y emocional que expone de manera equilibrada lo mejor y peor de la industria del cine: La lucha por el estrellato, el actor como un producto para la prensa amarillista, los celos artísticos, la caída desde la cima de la fama... 
El convincente Fredrich March hace un trabajo correcto como Norman; él y Esther forman una linda y conmovedora pareja cuyo recorrido amoroso llega directo al corazón del espectador. La dulce y hermosa Janet Gaynor dota de gran calidad humana a Esther, una chica tenaz, generosa, leal, dispuesta al sacrificio por amor. Ella es el centro de toda la historia y lo es con pasión; su tierno y sensible rostro expresa alegría, inocencia, ilusión y dolor de una manera exquisita. Janet Gaynor siempre consigue que sigamos creyendo en la magia y los milagros.


 
4) El gran dictador
(The great dictator, Charles Chaplin, 1940, Estados unidos).
Actor: Charles Chaplin.
Tras veinte años en el hospital, un ex soldado y barbero judío (Charles Chaplin) regresa a su ciudad en Tomania ignorando que ahora la nación es gobernada por el dictador antisemita Adenoid Hynkel (Charles Chaplin). El megalómano Hynkel planea conquistar el mundo comenzando por el país vecino, Austerlich, y para ello intenta obtener un préstamo de un banquero judío. Al no conseguirlo recrudece su opresión sobre los judíos, que se ven forzados a huir del país. 
Tras negarse por años a filmar películas habladas, Charles Chaplin debuta a lo grande en el cine sonoro escribiendo, produciendo, dirigiendo, musicalizando y protagonizando esta genial sátira que ridiculiza y condena el nazismo y las dictaduras en general. Amarga y divertida, la película auna escenas desternillantes con otras de hondo patetismo. La excelencia interpretativa de Chaplin en su doble papel de víctima y villano cala hasta el hueso del espectador, regalando algunos de los momentos más memorables de su carrera como son la afeitada al compás de Brahms o el juego con el globo terráqueo. Mención aparte para el bellísimo y emotivo discurso final, un canto al amor y la hermandad universal que, lamentablemente, no ha sido escuchado. 



5) La fuga 
(Escape, Mervyn LeRoy, 1940, Estados Unidos). 
Actores: Alla Nazimova, Norma Shearer y Conrad Veidt. 
Notable y duro melodrama sobre los esfuerzos del joven americano Mark Preysing (Robert Taylor) por rescatar a su madre alemana, la ex actriz teatral Emmy Ritter (Alla Nazimova), de un campo de concentración alemán. En su búsqueda de información y ayuda Mark conoce a la Condesa Ruby von Trenck (Norma Shearer), joven americana viuda de un conde alemán y emparejada con el oficial Kurt von Kolb (Conrad Veidt). 
Brillante y olvidado drama antinazi con una historia intrigante y entretenida a cargo de un elenco de primer nivel. Posee también un importante valor histórico por su osadia en mostrar la realidad de la Alemania nazi en una época donde la opinión pública americana todavía no dimensionaba el alcance de su peligro.  
Norma Shearer es majestuosa como la bella y elegante viuda reconvertida en directora de una escuela particular, aunque su emparejamiento con Taylor se me hace algo forzado. Mejor suerte tiene con Conrad Veidt. Kurt es encantador y aterrador a partes iguales; parece frío e intransigente, pero está locamente enamorado de su dama, siendo los celos antes que las convicciones los que le empujan a enfrentarse a Mark. Alla Nazimova debuta en el cine sonoro en un rol dramático que supera cualquier expectativa; la gran actriz proyecta el sufrimiento físico y moral de Emmy con una grandeza y dignidad a prueba de todo. Mención especial a Albert y Elsa Bassermann en roles menores.



6) Cabalga esta noche 
(Rid i natt!, Gustaf Molander, 1942, Suecia). 
Actor: Lars Hanson. 
A través del alguacil Lars Borre (Erik Blergund), un noble alemán exige horas de trabajo a los habitantes de un pequeño pueblo sueco. El joven Ragnar Svedje (Oscar Ljung) se niega a obedecer, viéndose forzado a huir al bosque y enemistándose con Jon Stånge (Lars Hanson), líder de la asamblea popular y padre de su prometida, la hermosa Botilla (Eva Dahlbeck). 
Magnífico drama rural destinado a reforzar el sentimiento antinazi en la Suecia neutral. 
El gran Lars Hanson vuelve a interpretar a un campesino como hiciera en algunos de sus mejores filmes silentes, y lo hace siendo el maestro de la actuación que siempre fue. Jon Stånge es un hombre sencillo cuya conciencia no logra superar la debilidad de su carácter. Sobrepasado por los acontecimientos y el temor, se convierte en involuntario colaborador de sus opresores, perdiendo el respeto y la amistad de sus vecinos. Paralelamente, su única hija es víctima de la maledicencia de una mujer despechada que la acusa de brujería. Lars, con su voz profunda y rostro expresivo, dota al personaje de un convulso mundo interior lleno de miedos, pesadillas y culpas. Su mejor talkie. 



7) El crepúsculo de los dioses 
(Sunset boulevard, Billy Wilder, 1950, Estados Unidos). 
Actores: Gloria Swanson, Erich von Stroheim y la participación especial de Buster Keaton y Anna Q. Nilsson. 
El mediocre escritor Joe Gillis (William Holden) conoce casualmente a la ex diva del cine silente Norma Desmond (Gloria Swanson), quien vive recluida en una mansión preparando un imaginario regreso y acompañada sólo por su mayordomo Max von Mayerling (Erich von Stroheim). 
Obra maestra absoluta sobre el cine de Hollywood, fábrica de sueños que demasiadas veces devienen en pesadillas. Homenaje-denuncia y retrato negro de la industria.  
Gloria Swanson está impecable y brilla como la altiva, delirante, egocéntrica y celosa Norma Desmond, antigua estrella enclaustrada en su vieja y atiborrada mansión. Incapaz de aceptar el paso del tiempo y la pérdida de la fama, Norma se ha retirado a un mundo propio donde todo sigue gravitando a su alrededor. Ayudada por la malsana complicidad de su mayordomo y ex marido Max von Mayerling, Norma consigue mantener por un tiempo la ilusión en un mundo donde su coche vale más que ella, la antigua diva. Erich von Stroheim hace a un lado su habitual imagen de cínico y canalla, y se transforma en un ser patético, el descubridor y marido de la otrora diva reconvertido en una pieza más de su colección de viejos trofeos. Lealtad, masoquismo amor o posesión, nunca se llega a explicar qué mantiene a Max junto a Norma, pero el grado de humillación que soporta es tan admirable como triste. Aplausos para Buster Keaton y Anna Q. Nilsson por su breve gran aparición. 



8) La noche del cazador 
(The night of the hunter, Charles Laughton, 1955, Estados Unidos). 
Actriz: Lillian Gish. 
El predicador fanático y asesino de esposas Harry Powell (Robert Mitchum) persigue a sus hijastros John (Billy Chapin) y Pearl (Sally Jane Bruce) para arrebatarles el dinero que robara su padre. Los hermanos se refugian en la granja de la estricta aunque amable anciana Rachel Cooper (Lillian Gish), quien mantiene a varios niños sin hogar.
Maravillosa y poderosa defensora de la infancia y la inocencia, Rachel Cooper personifica al bien como una anciana con rostro de niña y ojos inmensos que no se amilana a la hora de encarar a un insólito barbazul. Lillian Gish, una de las actrices más grandes de la historia del cine, regala un trabajo merecedor de todos los elogios posibles y una de las secuencias más perturbadoras del cine clásico, la de Rachel, escopeta en mano en su mecedora, acompañando el canto del malvado Harry mientras este acecha su apartada granja. 



05/05/2023

Sólo dos buenos chicos del otro lado

Artículo publicado en la revista Photoplay en julio de 1927.


A algunos les gustan fríos.
Considere a Lars Hanson, quien le dio a Lillian Gish tal competencia por los honores en "La letra escarlata", que se le dio el protagónico sin reservas en la producción de John Robertson, "Capitán Salvación", que figura entre las seis mejores películas del mes, mientras que su actuación está entre los mejores del mes.
El señor Hanson proviene de la fría y distante Suecia, donde las noches son largas y el arte es serio. Es uno de esos nórdicos fuertes y silenciosos con cabello rubio y ojos como hielo azul. Un joven reflexivo y estudioso que ve en las películas, no explotación personal, sino algo delicado, algo noble, algo grande y nuevo para el artista. Como Varconi en un aspecto, Hanson pertenece a la flor y nata del elemento extranjero en Hollywood. No es un príncipe falso, un noble arrestado, sino un actor de renombre en su propio país, miembro del Teatro Real de Estocolmo.


Hanson es un gran trabajador, con años de lucha y experiencia en su haber. Un hombre discreto, orgulloso y tímido que se hundirá en un silencio glaciar en lugar de hablar de su éxito y de sus asuntos personales. Vino a Estados Unidos por su Gran Oportunidad y no va a  arruinarse a sí mismo. El ardiente sol de Hollywood lo ha iluminado durante más de un año, los fuegos del temperamento se han apoderado de él; pero Lars Hanson aún no se ha descongelado.
Su esposa es Karin Molander, una distinguida y bella actriz sueca. Ella no aparecerá en la pantalla, no. Uno en la familia es suficiente. Pero estudian juntos, trabajan juntos y el mundo más alegre de Hollywood no los conoce. Sin embargo, les gusta Estados Unidos, sí. Y la razón es simple.
“Sus películas”, dice Hanson, “serán las mejores. Su gente tiene el aplomo y la confianza para hacer grandes filmes que triunfen".
Y el señor Hanson quiere participar en ese triunfo.



18/11/2022

La chica de la granja del pantano (Victor Sjöström, 1917)

Aunque posee un argumento progresista, La chica de la granja del pantano (Tösen från stormyrtorpet) es una película casi desconocida que no ha recibido ni los elogios ni la atención que otras obras de Victor Sjöström poseen desde hace años. Las razones son incomprensibles. No sólo se trata de la primera adaptación cinematográfica de un relato de la escritora Selma Lagerlöf, nombre que todo aficionado al viejo cine sueco reconocerá, sino también de una película muy bien interpretada y que se desarrolla con agilidad. La historia es un drama que expone de modo delicado pero certero el error de los prejuicios, el egoísmo de clase y las elecciones morales derivadas de una sincera espiritualidad. Hay un triángulo amoroso y un asunto policial que se resuelven del mejor modo posible, dejando una sensación grata en el espectador. Por todo esto, se trata de una película que merece más de un visionado.

 
Resumen: ALERTA DE SPOILER
Helga Nilsdotter (Greta Almroth), hija única de un humilde matrimonio campesino, tuvo un hijo con el rico agricultor Per Mårtesson (Gösta Cederlund) mientras trabajaba para él. Su padre la obliga a exigir a Per que se responsabilice de la manutención del niño. Per es casado, mayor y arrogante. Helga se muestra tan humilde y temerosa con él que casi se sospecha que fue violada en vez de seducida, sin embargo se entiende que por su falta de atractivo y la soledad derivada de su baja condición social, la chica cayó en los brazos del primer hombre que fingió ser amable con ella. 
Per niega la paternidad del niño y el padre de Helga, seguro de que miente, decide llevarlo a juicio.


El día del juicio Gudmund Erlandsson (Lars Hanson), el joven más apuesto de la zona, es enviado al tribunal por su padre, Erland (Hjalmar Selander). Yendo en su carreta, ve a una joven que camina en su misma dirección y le ofrece llevarla. Sólo cuando ella sube Gudmund reconoce a Helga, la chica de quien todos murmuran, y se perturba ante la idea de ser visto en semejante compañía. Helga entiende. Llena de vergüenza pero también de dignidad, se baja y sigue su camino a pie. Gudmund puede parecer cruel pero sólo es un joven inexperto que se hace eco de los prejuicios de los demás. 
Esta primera escena entre los dos protagonistas es actuada de una forma excelente. Conmueve la expresión temerosa y avergonzada de Helga cuando Gudmund la reconoce y mira con una mezcla de curiosidad y rechazo. Las actuaciones de Lars Hanson suelen llevarse mis elogios, pero aquí Greta Almroth está a su mismo nivel.
En las afueras del tribunal de justicia se ha reunido una multitud. Todos miran a Helga con curiosidad malsana, aumentando su vergüenza y temor. Gudmund pasa por su lado sin verla y se reúne con Erik Persson (Georg Blomstedt), el hombre más rico del pueblo y padre de Hildur (Karin Molander), la chica que Gudmund corteja. Cuando todos entran al tribunal la asustada Helga se queda afuera. El juez (Nils Arehn) la hace entrar por la fuerza y ordena callar a quienes se burlan de ella con crueldad. Es evidente que se trata de un hombre justo que no se deja guiar por los demás. 


Per insiste en negar su paternidad y está dispuesto a jurarlo sobre La Biblia. Helga apenas da crédito a sus oídos. Ve con horror que Per no teme perjurar y no puede soportar que se condene al infierno aunque eso signifique no recibir ayuda para su hijo. Arranca La Biblia de manos de Per: "Él es el padre del niño pero no quiero que perjure; prefiero retirar mi denuncia." La nobleza de su gesto impresiona a Gudmund, al juez y a otros, que no esperaban tal acto de bondad por parte de alguien en la situación de Helga. Comienzan a tener una mejor opinión de ella. A la salida del tribunal Gudmund ofrece llevarla a su casa, pero Helga lo rechaza creyendo que se burla.


Gudmund cuenta a su madre, Ingeborg (Concordia Selander), lo sucedido en el tribunal. Impresionada, Ingeborg decide ayudar a Helga dándole trabajo en la granja. La joven se desempeña tan bien que obtiene el cariño y respeto de sus patrones, y su vida mejora notablemente. 
Algún tiempo después Gudmund consigue que Hildur acepte casarse con él. Lo comenta con Helga y esta, preocupada por su futuro, le pregunta si una mujer como Hildur la aceptaría en su casa. Gudmund responde sin mucho interés en el asunto. Su felicidad lo tiene tan absorbido que no piensa en nada más.


Hildur y sus padres realizan una visita formal a la granja y todo va bien hasta que ven a Helga. De inmediato adoptan una actitud distante y beligerante. Hildur lanza un ultimátum: No volverá a esa casa mientras Helga permanezca allí. Un incómodo Gudmund acaba por decidir que Helga debe irse, sin embargo la decisión le desagrada, y la evidente mezquindad e intolerancia de Hildur hacen que comience a verla de un modo diferente. Ingeborg promete a Helga que seguirá cuidando de ella y le comenta que Hildur es una de esas personas que sólo piensan en sí mismas.


El día de su partida Helga acude a despedirse de Gudmund, que se encuentra cortando leña. Todavía avergonzado por haber decidido su marcha, Gudmund se empeña en evitarla. Estrecha su mano rápidamente y vuelve al trabajo, ante el estupor de la desconcertada Helga. La vergüenza de Gudmund evidencia el cambio que Helga está suscitando en él.  
Días antes de la boda, Gudmund se reúne con unos amigos en un bar de la ciudad. El grupo se emborracha y comienzan a alborotar, siendo expulsados del lugar. Afuera se enzarzan en una pelea con unos obreros. 
Al día siguiente Gudmund descubre que su chaqueta está destrozada. Deduce que estuvo en una pelea aunque no lo recuerda. Su madre lee el periódico en voz alta enterándole de la noticia del asesinato de un obrero por parte de un granjero en medio de una pelea. La punta de un cortaplumas enterrada en la cabeza de la víctima serviría como prueba contra el culpable. Gudmund reacciona. La luz parece abrirse paso en él. Un certero y dramático juego de planos lo lleva a descubrir que su cortaplumas está roto. Sin pensar en nada, lo arroja al estanque cercano.


Llega el día de la boda. Los preparativos y el ceremonial a su alrededor son mostrados con mucho detalle. Gudmund, engalanado con un traje típico, está listo para ir junto a su novia. Helga acude a entregar un trabajo de costura a Ingeborg, y Gudmund se rompe al recibir su saludo. Ella, siendo tan humilde, hizo lo correcto sin preocuparse de las consecuencias, entonces él, un joven de buena familia, también debe hacerlo. Llorando, confiesa a su padre lo ocurrido y ambos están de acuerdo en que Hildur y su familia deben saberlo. Pero cuando Gudmund se explica Hildur no muestra la menor piedad o preocupación por él, y en cambio parece segura de su culpa. En vista de esto, la boda se cancela.


Gudmond regresa a casa para despedirse de su madre. Al llegar ahí, Helga, a quien Ingeborg ha contado todo, sale corriendo. Al verla, Gudmund tiene una revelación: A quien realmente ama es a Helga pero sólo lo supo al ser libre de su compromiso. La coge entre sus brazos y la besa varias veces antes de declararse. Creyendo que está confundido, Helga lo rechaza. Es claro que lleva un tiempo amándolo sin esperanza, pero es demasiado buena como para aceptar su amor en las presentes circunstancias. Pero Gudmund, todavía incapaz de ver el auténtico alcance de la grandeza espiritual de Helga, imagina razones mezquinas para el rechazo. Ella le miente diciendo que aún le gusta Per y él se aleja.
Helga acude con Hildur y consigue hacerla confesar que sigue amando a Gudmund. Entonces revela algo que sólo ella sabe: El día que Hildur y sus padres acudieron de visita, Gudmund le prestó su cortaplumas para que sacara astillas de un leño. La hoja se atoró y rompió, y Helga metió el cortaplumas en el bolsillo de Gudmund sin decirle nada. Hildur llora al comprender su error y Helga la convence de que puede arreglar las cosas diciendo a Gudmund que lo esperará si va a prisión. Pero Hildur ya no es la misma y no engaña a Gudmund fingiendo ser mejor de lo que es. Le confiesa que Helga la aconsejó. Gudmund ve el intento de Helga de hacerlo feliz como una prueba de su amor por él y corre a buscarla. Helga comprende que él lo sabe todo y ya no intenta escapar de su abrazo.


La chica de la granja del pantano está entre las películas que iniciaron la edad dorada del cine mudo nórdico. Hasta entonces la mayoría de sus dramas eran folletines populares con personajes vacuos y estereotipados. El nuevo cine continua relatando historias populares, pero sus personajes se convierten en seres reales con un poderoso mundo interior.
Aquí el tema y su planteamiento no dejan de ser sorprendentes para su tiempo: La protagonista es una joven soltera que tiene un hijo de un hombre casado. En una película americana esto hubiera derivado en una historia moralizante con un final lapidario; en cambio, Helga posee una dignidad y sentido de lo correcto que la elevan por sobre los miembros de su comunidad, convirtiéndose prácticamente en una heroína que obtiene respeto y al chico guapo del pueblo. Los personajes, imparciales y egoístas, aprenden de sus errores gracias al trato con Helga, cuyo actuar moral acaba siendo el espejo con que se miden a sí mismos y a los demás. Gudmund es el primero en hacerlo y el resultado lo deja molesto; al final entiende que Helga es mejor que él. También parece hacerlo Hildur, que se comporta en forma baja y cruel y no muestra más que mezquindad, todo lo contrario de Helga, que hace lo correcto y se guía por sentimientos sinceros. Finalmente Hildur vence su propio egoísmo al no mentirle a Gudmund. 
La rapidez con que se desarrolla la historia de amor entre Helga y Gudmund es quizás el único punto débil de la película. En el cuento Helga y Gudmund pasean juntos y platican, llegando así a conocerse, simpatizar y luego enamorarse. Esto es obviado en la película, volviendo un poco extraña la declaración de amor de Gudmund a Helga cuando poco antes estaba listo para casarse con Hildur. La propia Helga, al menos hasta ese momento, no parece sentir por él otra cosa que gratitud. En el cuento, en cambio, se deja claro que Gudmund comienza a desilusionarse de Hildur cuando esta exige el despido de Helga, y que Helga ama al apuesto Gudmund desde mucho antes. Pese a esto la unión de Helga y Gudmund es algo que el espectador espera desde el primer encuentro de ambos, así que nadie se molesta por la manera como se da. Helga es tan valiente, honesta y desinteresada que merece obtener al chico más hermoso del pueblo y abandonar para siempre la deprimente Granja del Pantano.

Hjalmar Selander, Karin Molander, Lars Hanson (¡con dos botellas!), Concordia Selander,
 Victor Sjöström, Greta Almroth y otros bebiendo... ¿leche? en una pausa del rodaje.

A nivel técnico, el trabajo de Sjöström muestra una evidente evolución desde la cámara más teatral de Ingeborg Holm (1913) a una menos estática. La ruptura de la escena mediante el ensamblaje de planos diversos transmite dramatismo y agilidad; esto se aprecia muy bien en la escena del juramento en el juicio, pero sobre todo en la de Gudmund al sospechar que es un asesino. Si bien este avance técnico estaba dándose en el cine a nivel mundial, Sjöström estuvo entre quienes lo convirtieron en un arte. Se dice que precisamente por sus cortes de planos La chica de la granja del pantano es la película sueca más ágil de su tiempo.
Las actuaciones son excelentes. Lars Hanson, Greta Almroth y Karin Molander brillan en sus roles, demostrando por qué sus nombres ocupan un lugar destacado en el viejo cine sueco. 
Curiosamente parece que tanto Victor Sjöstrom como Greta Almroth no quedaron satisfechos con el resultado final. En cambio Selma Lagerlöf estuvo más que conforme con la fiel y poética adaptación de su cuento. Se emocionó tanto con la película que llegó a un acuerdo para que otros de sus relatos fueran llevados al cine, surgiendo así obras maestras del séptimo arte como El tesoro de Arne (M. Stiller, 1919), La carreta fantasma (V. Sjöström, 1921) y La saga de Gosta Berling (M. Stiller, 1925).
La película está llena de imágenes que deleitarán a cualquier aficionado a este tipo de cine: Bellos paisajes naturales, lindos detalles de una boda tradicional, un atestado tribunal rural, el guapo Lars Hanson conduciendo una carreta… Para mí fue un agradable descubrimiento y sólo lamento que no exista una versión restaurada de esta magnífica y hermosa obra de Sjöström tan injustamente ignorada.