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24/02/2023

La viuda del párroco (Carl Theodor Dreyer, 1920)

Uno de los más grandes directores del séptimo arte dirige esta pequeña joya donde el drama se entremezcla con la comedia para contar una historia dolorosa, cruel y hermosa a la vez. 
La viuda del párroco (Prästänkan) suele considerarse como una obra menor dentro de la magnífica filmografía de Dreyer, mas se trata de una película interesantísima que se sigue con atención, y cuyo poderoso drama humano logra calar hasta lo más hondo del espectador. 


Resumen: ALERTA DE SPOILER
Söfren (Einar Rød) es un joven algo atolondrado que aspira a ocupar el puesto de pastor en la iglesia de una pequeña aldea. Su interés en el ministerio se basa en motivos económicos antes que religiosos, ya que el padre de su novia Mari (Greta Almroth) no permitirá la boda mientras el joven carezca de medios para ganarse la vida. 
Decidido a obtener el puesto, Söfren sabotea las presentaciones de los otros aspirantes con trampas muy poco dignas de un futuro pastor. Sin embargo, las cosas toman un mal cariz cuando se le informa que para acceder al puesto deberá casarse con Margarita Pedersdotter (Hildur Carlberg), la anciana viuda del pastor anterior. 


Margarita, que ya ha enterrado a tres maridos, convence a Söfren de aceptar un matrimonio nominal; a su vez, él la engaña para que tome a Mari como sirvienta haciendo pasar a la joven por su hermana. A partir de ahí se suceden varios momentos tragicómicos donde el joven pastor intenta una y otra vez acercarse a Mari, siempre con malos resultados. 
Söfren comienza a apreciar a su esposa al ver cuanto se afana en conseguir la recuperación de Mari luego de un accidente provocado por él mismo. Junto al lecho de Mari, la anciana relata a los jóvenes la historia de su primer matrimonio: Para acceder al puesto de párroco su prometido tuvo que casarse con la anciana viuda de su antecesor; la pareja de enamorados tuvo que esperar largos años antes de por fin casarse. 


Conmovido, Söfren confiesa a su esposa la verdad de su relación con Mari. Esto provoca un profundo pesar a la anciana al comprender que se ha interpuesto entre dos jóvenes enamorados, tal como antes sucedió con ella. 
Presa del dolor y la melancolía, Margarita busca la soledad. Tras su muerte, el joven viudo comprende cuanto deben ambos a la anciana, que hizo de él un hombre responsable y de Mari una excelente mujer del hogar.


Dreyer desarrolla una narrativa propia, ajena a modas y estilos. Espiritualidad y fantasía se codean con un fuerte realismo psicológico y visual que prescinde del maniqueísmo típico del melodrama. Dreyer es uno de los cineastas que mejor ha sabido entender y plasmar las profundas contradicciones del alma humana; sus personajes, vestidos con ropajes locales y antiguos, son universales y atemporales, haciendo de su cine uno de los más poderosos jamás filmados. 
Basada en una narración de Kristofer Janson, La viuda del párroco presenta un drama disfrazado de comedia donde un hombre de poco seso provoca la infelicidad de dos mujeres al no ser capaz de afrontar sus problemas con la madurez necesaria. Mari debe tolerar que el hombre al que ama se case con una anciana, y esta tiene que soportar que un joven ruidoso y poco serio irrumpa en su tranquila y ordenada vida. La película critica una costumbre cuyo fin, sin embargo, era proteger de la mendicidad a las viudas sin familia. Como se muestra, tan noble costumbre podía tener malas consecuencias. 


Hildur Carlberg encarna a Margarita y su sobresaliente actuación eclipsa al resto del elenco, incluida la eficaz Greta Almroth. La actriz de 80 años estaba muy enferma durante el rodaje y falleció poco después de finalizar la película. Su sufrimiento real dota al personaje de gran poder. Hildur interpreta magistralmente a una viuda sin hijos ni parientes que puedan acogerla. Margarita no es una harpía sino una anciana solitaria y sin más hogar que la casa parroquial donde ha vivido desde su juventud y donde espera morir en paz; para ella el matrimonio con el joven pastor representa la única posibilidad de acabar sus días sin penurias. 
Claro que las cosas no se desarrollan tan bien como ella esperaba. Su flamante marido causa disturbios en la casa y entre la servidumbre, rompiendo con la rutina impuesta por la anciana. 
El comportamiento a ratos infantil de Söfren hace que Margarita lo vea más como un niño grande que como un adulto. Por lo mismo, cuando Söfren se disfraza de diablo para espantar a su esposa (un diablo más risible que aterrador) o al ser acusado por una sirvienta de estar coqueteándole, la reacción de Margarita es reñirlo como haría una madre con un hijo problemático. 


Pero sin que ninguno de ellos sea consciente del hecho, la anciana comienza a influir en el joven, logrando que poco a poco vaya dejando de lado sus "diabluras". Es claro que Söfren necesitaba una presencia femenina adulta que le encauzara, papel tomado por Margarita. 
Cuando se revela la verdad, la reacción de Margarita es conmovedora. La cámara realiza un certero primer plano al rostro de la anciana, cuya expresión dice más que cualquier palabra. Margarita comprende de inmediato el enorme dolor de los jóvenes enamorados, pues vivió una historia idéntica en su propia juventud. 
El espectador no puede dejar de turbarse ante la terrible repetición del ciclo donde una anciana debe morir porque su existencia causa la separación de una pareja enamorada. Margarita no es culpable de nada y la joven pareja tampoco, todos son víctimas de las circunstancias, pero hay algo terrible en el hecho de que la felicidad de los jóvenes sólo pueda realizarse mediante la muerte de la anciana que ha conseguido hacer de ambos mejores personas. 


Casi al final de la película Margarita comienza a pasar largo tiempo junto a la tumba de su primer marido. Anhela la muerte en la esperanza de reunirse con su amado, y a la vez hacer la felicidad de la pareja a la que inocentemente ha perjudicado. Esto expone la grandeza espiritual de la anciana, no dispuesta a ser impedimento para la felicidad de los jóvenes. 
Al mismo tiempo, Margarita recupera algo de felicidad en el recuerdo de su amor de juventud, constante desde que el pastor le confesara la verdad. Margarita ve en ambos jóvenes un reflejo de su propia historia, así como una continuidad de sí misma y su antiguo amor. Un ciclo perpetuo.
Poco antes de morir, Margarita bendice a la pareja como una madre a sus hijos. Es el final correcto; lo viejo muere para dar paso a lo joven, sin embargo hay algo amargo en este final donde lo viejo no muere porque sea su momento sino por el dolor de saberse un estorbo para la felicidad de otros. 
Un intenso drama para pensar y sentir. 


Nota: Este artículo lo redacté hace aproximadamente seis u ocho años atrás tomando como referencia varios otros disponibles en la Red. No lo considero muy bueno, mas quería incluirlo en el blog porque, en cierta forma, es uno de los primeros que escribí sobre cine silente mucho antes de siquiera pensar en crear un blog.  


18/11/2022

La chica de la granja del pantano (Victor Sjöström, 1917)

Aunque posee un argumento progresista, La chica de la granja del pantano (Tösen från stormyrtorpet) es una película casi desconocida que no ha recibido ni los elogios ni la atención que otras obras de Victor Sjöström poseen desde hace años. Las razones son incomprensibles. No sólo se trata de la primera adaptación cinematográfica de un relato de la escritora Selma Lagerlöf, nombre que todo aficionado al viejo cine sueco reconocerá, sino también de una película muy bien interpretada y que se desarrolla con agilidad. La historia es un drama que expone de modo delicado pero certero el error de los prejuicios, el egoísmo de clase y las elecciones morales derivadas de una sincera espiritualidad. Hay un triángulo amoroso y un asunto policial que se resuelven del mejor modo posible, dejando una sensación grata en el espectador. Por todo esto, se trata de una película que merece más de un visionado.

 
Resumen: ALERTA DE SPOILER
Helga Nilsdotter (Greta Almroth), hija única de un humilde matrimonio campesino, tuvo un hijo con el rico agricultor Per Mårtesson (Gösta Cederlund) mientras trabajaba para él. Su padre la obliga a exigir a Per que se responsabilice de la manutención del niño. Per es casado, mayor y arrogante. Helga se muestra tan humilde y temerosa con él que casi se sospecha que fue violada en vez de seducida, sin embargo se entiende que por su falta de atractivo y la soledad derivada de su baja condición social, la chica cayó en los brazos del primer hombre que fingió ser amable con ella. 
Per niega la paternidad del niño y el padre de Helga, seguro de que miente, decide llevarlo a juicio.


El día del juicio Gudmund Erlandsson (Lars Hanson), el joven más apuesto de la zona, es enviado al tribunal por su padre, Erland (Hjalmar Selander). Yendo en su carreta, ve a una joven que camina en su misma dirección y le ofrece llevarla. Sólo cuando ella sube Gudmund reconoce a Helga, la chica de quien todos murmuran, y se perturba ante la idea de ser visto en semejante compañía. Helga entiende. Llena de vergüenza pero también de dignidad, se baja y sigue su camino a pie. Gudmund puede parecer cruel pero sólo es un joven inexperto que se hace eco de los prejuicios de los demás. 
Esta primera escena entre los dos protagonistas es actuada de una forma excelente. Conmueve la expresión temerosa y avergonzada de Helga cuando Gudmund la reconoce y mira con una mezcla de curiosidad y rechazo. Las actuaciones de Lars Hanson suelen llevarse mis elogios, pero aquí Greta Almroth está a su mismo nivel.
En las afueras del tribunal de justicia se ha reunido una multitud. Todos miran a Helga con curiosidad malsana, aumentando su vergüenza y temor. Gudmund pasa por su lado sin verla y se reúne con Erik Persson (Georg Blomstedt), el hombre más rico del pueblo y padre de Hildur (Karin Molander), la chica que Gudmund corteja. Cuando todos entran al tribunal la asustada Helga se queda afuera. El juez (Nils Arehn) la hace entrar por la fuerza y ordena callar a quienes se burlan de ella con crueldad. Es evidente que se trata de un hombre justo que no se deja guiar por los demás. 


Per insiste en negar su paternidad y está dispuesto a jurarlo sobre La Biblia. Helga apenas da crédito a sus oídos. Ve con horror que Per no teme perjurar y no puede soportar que se condene al infierno aunque eso signifique no recibir ayuda para su hijo. Arranca La Biblia de manos de Per: "Él es el padre del niño pero no quiero que perjure; prefiero retirar mi denuncia." La nobleza de su gesto impresiona a Gudmund, al juez y a otros, que no esperaban tal acto de bondad por parte de alguien en la situación de Helga. Comienzan a tener una mejor opinión de ella. A la salida del tribunal Gudmund ofrece llevarla a su casa, pero Helga lo rechaza creyendo que se burla.


Gudmund cuenta a su madre, Ingeborg (Concordia Selander), lo sucedido en el tribunal. Impresionada, Ingeborg decide ayudar a Helga dándole trabajo en la granja. La joven se desempeña tan bien que obtiene el cariño y respeto de sus patrones, y su vida mejora notablemente. 
Algún tiempo después Gudmund consigue que Hildur acepte casarse con él. Lo comenta con Helga y esta, preocupada por su futuro, le pregunta si una mujer como Hildur la aceptaría en su casa. Gudmund responde sin mucho interés en el asunto. Su felicidad lo tiene tan absorbido que no piensa en nada más.


Hildur y sus padres realizan una visita formal a la granja y todo va bien hasta que ven a Helga. De inmediato adoptan una actitud distante y beligerante. Hildur lanza un ultimátum: No volverá a esa casa mientras Helga permanezca allí. Un incómodo Gudmund acaba por decidir que Helga debe irse, sin embargo la decisión le desagrada, y la evidente mezquindad e intolerancia de Hildur hacen que comience a verla de un modo diferente. Ingeborg promete a Helga que seguirá cuidando de ella y le comenta que Hildur es una de esas personas que sólo piensan en sí mismas.


El día de su partida Helga acude a despedirse de Gudmund, que se encuentra cortando leña. Todavía avergonzado por haber decidido su marcha, Gudmund se empeña en evitarla. Estrecha su mano rápidamente y vuelve al trabajo, ante el estupor de la desconcertada Helga. La vergüenza de Gudmund evidencia el cambio que Helga está suscitando en él.  
Días antes de la boda, Gudmund se reúne con unos amigos en un bar de la ciudad. El grupo se emborracha y comienzan a alborotar, siendo expulsados del lugar. Afuera se enzarzan en una pelea con unos obreros. 
Al día siguiente Gudmund descubre que su chaqueta está destrozada. Deduce que estuvo en una pelea aunque no lo recuerda. Su madre lee el periódico en voz alta enterándole de la noticia del asesinato de un obrero por parte de un granjero en medio de una pelea. La punta de un cortaplumas enterrada en la cabeza de la víctima serviría como prueba contra el culpable. Gudmund reacciona. La luz parece abrirse paso en él. Un certero y dramático juego de planos lo lleva a descubrir que su cortaplumas está roto. Sin pensar en nada, lo arroja al estanque cercano.


Llega el día de la boda. Los preparativos y el ceremonial a su alrededor son mostrados con mucho detalle. Gudmund, engalanado con un traje típico, está listo para ir junto a su novia. Helga acude a entregar un trabajo de costura a Ingeborg, y Gudmund se rompe al recibir su saludo. Ella, siendo tan humilde, hizo lo correcto sin preocuparse de las consecuencias, entonces él, un joven de buena familia, también debe hacerlo. Llorando, confiesa a su padre lo ocurrido y ambos están de acuerdo en que Hildur y su familia deben saberlo. Pero cuando Gudmund se explica Hildur no muestra la menor piedad o preocupación por él, y en cambio parece segura de su culpa. En vista de esto, la boda se cancela.


Gudmond regresa a casa para despedirse de su madre. Al llegar ahí, Helga, a quien Ingeborg ha contado todo, sale corriendo. Al verla, Gudmund tiene una revelación: A quien realmente ama es a Helga pero sólo lo supo al ser libre de su compromiso. La coge entre sus brazos y la besa varias veces antes de declararse. Creyendo que está confundido, Helga lo rechaza. Es claro que lleva un tiempo amándolo sin esperanza, pero es demasiado buena como para aceptar su amor en las presentes circunstancias. Pero Gudmund, todavía incapaz de ver el auténtico alcance de la grandeza espiritual de Helga, imagina razones mezquinas para el rechazo. Ella le miente diciendo que aún le gusta Per y él se aleja.
Helga acude con Hildur y consigue hacerla confesar que sigue amando a Gudmund. Entonces revela algo que sólo ella sabe: El día que Hildur y sus padres acudieron de visita, Gudmund le prestó su cortaplumas para que sacara astillas de un leño. La hoja se atoró y rompió, y Helga metió el cortaplumas en el bolsillo de Gudmund sin decirle nada. Hildur llora al comprender su error y Helga la convence de que puede arreglar las cosas diciendo a Gudmund que lo esperará si va a prisión. Pero Hildur ya no es la misma y no engaña a Gudmund fingiendo ser mejor de lo que es. Le confiesa que Helga la aconsejó. Gudmund ve el intento de Helga de hacerlo feliz como una prueba de su amor por él y corre a buscarla. Helga comprende que él lo sabe todo y ya no intenta escapar de su abrazo.


La chica de la granja del pantano está entre las películas que iniciaron la edad dorada del cine mudo nórdico. Hasta entonces la mayoría de sus dramas eran folletines populares con personajes vacuos y estereotipados. El nuevo cine continua relatando historias populares, pero sus personajes se convierten en seres reales con un poderoso mundo interior.
Aquí el tema y su planteamiento no dejan de ser sorprendentes para su tiempo: La protagonista es una joven soltera que tiene un hijo de un hombre casado. En una película americana esto hubiera derivado en una historia moralizante con un final lapidario; en cambio, Helga posee una dignidad y sentido de lo correcto que la elevan por sobre los miembros de su comunidad, convirtiéndose prácticamente en una heroína que obtiene respeto y al chico guapo del pueblo. Los personajes, imparciales y egoístas, aprenden de sus errores gracias al trato con Helga, cuyo actuar moral acaba siendo el espejo con que se miden a sí mismos y a los demás. Gudmund es el primero en hacerlo y el resultado lo deja molesto; al final entiende que Helga es mejor que él. También parece hacerlo Hildur, que se comporta en forma baja y cruel y no muestra más que mezquindad, todo lo contrario de Helga, que hace lo correcto y se guía por sentimientos sinceros. Finalmente Hildur vence su propio egoísmo al no mentirle a Gudmund. 
La rapidez con que se desarrolla la historia de amor entre Helga y Gudmund es quizás el único punto débil de la película. En el cuento Helga y Gudmund pasean juntos y platican, llegando así a conocerse, simpatizar y luego enamorarse. Esto es obviado en la película, volviendo un poco extraña la declaración de amor de Gudmund a Helga cuando poco antes estaba listo para casarse con Hildur. La propia Helga, al menos hasta ese momento, no parece sentir por él otra cosa que gratitud. En el cuento, en cambio, se deja claro que Gudmund comienza a desilusionarse de Hildur cuando esta exige el despido de Helga, y que Helga ama al apuesto Gudmund desde mucho antes. Pese a esto la unión de Helga y Gudmund es algo que el espectador espera desde el primer encuentro de ambos, así que nadie se molesta por la manera como se da. Helga es tan valiente, honesta y desinteresada que merece obtener al chico más hermoso del pueblo y abandonar para siempre la deprimente Granja del Pantano.

Hjalmar Selander, Karin Molander, Lars Hanson (¡con dos botellas!), Concordia Selander,
 Victor Sjöström, Greta Almroth y otros bebiendo... ¿leche? en una pausa del rodaje.

A nivel técnico, el trabajo de Sjöström muestra una evidente evolución desde la cámara más teatral de Ingeborg Holm (1913) a una menos estática. La ruptura de la escena mediante el ensamblaje de planos diversos transmite dramatismo y agilidad; esto se aprecia muy bien en la escena del juramento en el juicio, pero sobre todo en la de Gudmund al sospechar que es un asesino. Si bien este avance técnico estaba dándose en el cine a nivel mundial, Sjöström estuvo entre quienes lo convirtieron en un arte. Se dice que precisamente por sus cortes de planos La chica de la granja del pantano es la película sueca más ágil de su tiempo.
Las actuaciones son excelentes. Lars Hanson, Greta Almroth y Karin Molander brillan en sus roles, demostrando por qué sus nombres ocupan un lugar destacado en el viejo cine sueco. 
Curiosamente parece que tanto Victor Sjöstrom como Greta Almroth no quedaron satisfechos con el resultado final. En cambio Selma Lagerlöf estuvo más que conforme con la fiel y poética adaptación de su cuento. Se emocionó tanto con la película que llegó a un acuerdo para que otros de sus relatos fueran llevados al cine, surgiendo así obras maestras del séptimo arte como El tesoro de Arne (M. Stiller, 1919), La carreta fantasma (V. Sjöström, 1921) y La saga de Gosta Berling (M. Stiller, 1925).
La película está llena de imágenes que deleitarán a cualquier aficionado a este tipo de cine: Bellos paisajes naturales, lindos detalles de una boda tradicional, un atestado tribunal rural, el guapo Lars Hanson conduciendo una carreta… Para mí fue un agradable descubrimiento y sólo lamento que no exista una versión restaurada de esta magnífica y hermosa obra de Sjöström tan injustamente ignorada. 


29/07/2022

La canción de la flor escarlata (Mauritz Stiller, 1919)

Esta primera de cuatro adaptaciones cinematográficas de la exitosa novela homónima de Johannes Linnankoski La canción de la flor escarlata (Sången om den eldröda blomman), es una encantadora película sueca que contiene hermosos paisajes naturales, poemas en los carteles, e imágenes de juegos, bailes y conducción de troncos por las aguas. Todo esto como parte de la historia de un joven enamoradizo y voluble cuya imprudencia y rebeldía le llevan a un enfrentamiento generacional que acarrea más de una consecuencia. Mujeres de distinto lugar y clase social marcan su vida en un viaje de exploración y autodescubrimiento, señalando el camino hacia la adultez. 


Resumen: ALERTA DE SPOILER
Olof Koskela (Lars Hanson), hijo único de una adinerada pareja campesina, tala árboles en el bosque anhelando la aparición de una sirena. Quien aparece es la joven pastora Annikki (Greta Almroth). La sencilla muchacha no es precisamente una sirena, mas Olof no mira esos detalles cuando se trata de galantear a una joven. Por su parte Annikki, que probablemente no recibe mucha atención masculina, acepta más que encantada las lisonjas del muy guapo talador.
Algunos días después ambos se unen a otros jóvenes en un curioso juego de cortejo donde dos hombres persiguen a una chica. Olof consigue a atrapar a la sirvienta Elli (Lillebil Christensen), una linda coqueta de cabellos oscuros, y la atracción mutua hace que de inmediato olvide a la pobre Annikki. 


Una noche la nueva pareja se reúne en el granero de los Koskela. La madre de Olof (Louise Fahlman), sospechando que este se entiende con alguna joven, lo sigue hasta el lugar. Debo señalar a favor de Olof que al saberse descubierto sale del granero, impidiendo así que su madre descubra a Elli. Esta, desde una ventana con vidrios rotos, lo observa alejarse. El estado ruinoso de la ventana presagia el fin de la relación y la caída social de ambos jóvenes.
Celosas de Elli, las otras sirvientas de la granja le tienden una trampa que revela lo sucedido. A la mañana siguiente el señor Koskela (Axel Hultman) recrimina duramente a su enfurruñado hijo. La escena es magnífica; se siente el fuerte choque de caracteres de padre e hijo, cada uno sólidamente aferrado a su posición. La madre, consciente de la obstinación de ambos, sólo puede llorar, segura del desenlace de los acontecimientos. 


Olof no trata de justificarse. Desafiante, expresa su intención de casarse con Elli, a lo que el padre responde sacudiéndolo y dándole un par de palos. Por cierto que el segundo golpe se ve bastante realista, aunque ignoro si lo fue. Olof se defiende y su padre lo acusa de ser un vago (y recordemos que abre la película talando árboles) y lo expulsa de la casa. Elli también es expulsada y los dos toman rutas opuestas en el mismo camino. Las tomas de ambos en el camino son hermosas y elegantes. Llama mi atención que en esos tiempos el campo sueco ya dispusiera de iluminación eléctrica. Se pueden ver los postes del cableado eléctrico en el camino. ¿O son cables telegráficos? De cualquier forma se trata de una tecnología que tardaría todavía unas décadas en llegar a mi entonces lejano país. 


Tiempo después Olof se ha unido a una cuadrilla de taladores que trasladan sus troncos por el río Kohiseva. No parece extrañar mucho su hogar: Canta, ríe, fuma, bebe, y luce espléndido con botas y chaqueta de cuero. Hay una primera toma de Olof caminando sobre un tronco que usa a modo de balsa. Ignoro como hacen eso los taladores, pero me sorprende que Lars pudiera flotar con tanta gracia.
Al regresar del trabajo, los compañeros de Olof lo desafían a hablarle a Kyllikki Moisio (Edith Erastoff), la muy orgullosa hija única del hombre más rico de los alrededores. Por cierto que ella luce demasiado mayor para ser una codiciada joven heredera. Al filmarse La canción de la flor escarlata Edith Erastoff tenía 32 años y Lars Hanson 33; Greta Almroth tenía 31 y Lillebil Christensen sólo 19. El asunto es que Edith se ve mucho mayor comparada con los otros actores, y esto se acentúa al estar interpretando a un personaje joven. Se puede ser pastora o sirvienta a cualquier edad, pero ninguna rica heredera campesina estaría soltera después de los 25 años, no se lo permitirían, así que Kyllikki debe rondar los 20 y no, no me lo creo. Al menos no de inmediato. El talento de la actriz hace que a la larga la edad evidente deje de ser un problema. Mi consejo es que se esfuercen por entrar en el juego cuanto antes o de lo contrario no disfrutarán del simpático primer encuentro entre Olof y Kyllikki. El lenguaje corporal de ambos es magnífico y también los intertítulos; realmente amo esta secuencia. 


Olof acepta el desafío y se aproxima a la cerca de Kylliki a paso galante y con una encantadora expresión de seductor indeciso. Ella lo ve y adopta una actitud estudiadamente despectiva aunque no hace nada por alejarse. Olof la observa en silencio por un rato, planeando su estrategia; mientras, se mueve para ser observado, exhibiéndose ante ella como un caballo de feria. Kyllikki insiste en fingir que no se ha impresionado, pero es evidente que el guapo talador ya está haciendo palpitar su orgulloso corazón. Sí, él es sólo un leñador vagabundo, ¡pero que lindo es y como le favorece esa chaqueta de cuero! Y sus botas de tacón bajo, ¿no son un encanto? Sí, lo son.
Olof pide a Kyllikki una de sus rosas, iniciando un cortejo donde las flores reemplazan la palabra amor. Al serle negada, Olof demuestra que él tampoco carece de orgullo. Le dice que si alguna vez siente que ha estimado demasiado sus rosas, deje una en la cerca. Kyllikki responde con altanería que ningún vagabundo tendrá sus rosas. Olof se marcha enojado y no olvida estas palabras.  


Un día los leñadores discuten si es posible bajar el río Kohiseva sobre un tronco. Se sabe de un joven que casi lo logró antes de ser arrastrado por las aguas y morir. Olof decide intentarlo para impresionar a la orgullosa heredera y conseguir su amor. 
La noticia corre y una multitud acude el día señalado para el desafío. Kyllikki también va. Muchos intentan disuadir a Olof de aquella locura, pero él se mantiene firme en su idea. Sube a un tronco y comienza a avanzar sobre el río. Esta es la parte más impresionante de la película. La cinematografía combina muy bien los hermosos grandes planos generales de Olof (seguramente para disimular el uso de un doble) navegando sobre la impetuosa corriente del río, con planos medios de los emocionados observadores del ''espectáculo''. El recorrido es largo y peligroso pero también muy emocionante; se crea una sensación de lucha por el dominio de la naturaleza, concretado cuando finalmente Olof alcanza su meta y es vitoreado por todos.  


Al día siguiente Olof descubre que Kyllikki ha dejado una rosa para él. Se inicia el romance y esta vez es real, pero Olof teme que el señor Moisio (Hjalmar Peters) le niegue la mano de su hija. Y en efecto, cuando finalmente se atreve a hacer la petición matrimonial Moisio lo arroja de su casa: Ninguna mujer de su familia se casará con un vagabundo. Es el revés de la situación inicial de Olof y Elli, rechazada por Koskela por su condición de sirvienta y por tanto indigna del hijo de un señor. Ahora es Olof quien está por debajo en la escala social. Se despide de Kyllikki, que promete esperarlo, y parte. Es el fin de la temporada de tala. Las otras jóvenes del pueblo también despiden a sus novios temporales.


Ahora Olof se encuentra en la ciudad. Nuevamente no parece irle muy mal, aunque es algo sospechoso verlo vagar por la calle en una noche lluviosa. Una delgada y bonita prostituta (Doris Nelson) se aproxima a él. Lleva un lindo traje a cuadros y se muestra alegre y vivaz. Olof parece decidirse a seguirla sólo cuando su sombrero ya no puede soportar el peso de la lluvia.
La prostituta tiene unas habitaciones decoradas con gusto y hasta elegancia; incluso posee un piano y una guitarra. ¿Podría ser una maestra de música que usa la prostitución para mejorar sus ingresos? Cuando el melancólico Olof rechaza sus avances, ella, siempre sonriendo, toca la guitarra y canta una canción que consigue hacerlo reír. Luego vuelve a rechazarla y entonces ella ofrece traer a una amiga más joven que acaba de empezar en la ''profesión''. La amiga es Elli. Ambos se sorprenden y horrorizan al reconocerse, y huyen el uno del otro, avergonzados de sí mismos.


Olof llega a un bar y se sienta de espaldas a un espejo. Al voltearse y chocar la vista con su reflejo siente que por primera vez se está viendo como realmente es. Luce ajado y sin atractivo, como alguien desgastado por la mala vida. Asombrado de su propio aspecto, Olof parece desdoblarse mientras por fin analiza y cuestiona sus actos. Las imágenes son casi expresionistas. Comprende el daño causado por sus acciones y decide enmendarlas en lo posible. ¿Renunciará a Kyllikki y se casará con Elli para devolverle el honor perdido? No se explica, pero es probable. Mas cuando regresa a casa de la prostituta descubre que la desdichada muchacha se ha suicidado. El daño causado a Elli ya no puede repararse; Olof debió casarse con ella cuando dijo que lo haría, ahora es tarde.  


Olof abandona la ciudad y se dirige al hogar paterno. Allí un joven pastor le informa que sus padres murieron el año anterior. También es tarde para enmendar ese daño. Visita el bonito y pulcro cementerio, donde recuerda las palabras de despedida de su madre: ''Eres igual que tu padre, no les importa si destruyen o construyen''
Entonces Olof razona en que ya destruyó bastante, ahora es tiempo de construir. Y hay sólo una mujer junto a la cual podrá levantar un hogar firme y honorable: Kyllikki. Olof va en su busca y ella lo ve llegar desde una ventana intacta y adornada con flores. Es lo opuesto a la ventana del granero, rota y vacía. Olof no viene a destruir sino a construir. 
Kyllikki se muestra dispuesta a seguirlo incluso contra la voluntad de su padre, quien decide que si se marcha será como llegó, desnuda. Esto no desalienta a Kyllikki, y Moisio no tiene más opción que dejarla partir con la ropa que lleva puesta. Luego Olof revela el nombre de su familia, cambiando por completo el humor del orgulloso señor.


La canción de la flor escarlata fue planificada para ser una película de éxito. Esto puede deducirse de algunos grandes nombres implicados en el proyecto: Mauritz Stiller en la dirección, Gustaf Molander en la elaboración del guion, Edvard Armas Järnefelt en la composición musical, y Lars Hanson en el rol protagónico. A ellos deben agregarse las cinco actrices y sus personajes no genéricos que sólo aumentan la calidad del filme. La película logró su cometido; fue un éxito sin precedentes en la cinematografía nacional logrando mantenerse por varias semanas en cartelera y obteniendo las mayores ganancias de una película sueca hasta ese momento. El éxito se repitió en el extranjero, siendo estrenada en casi cincuenta países alrededor del mundo.
Por su interesante historia, agilidad narrativa, grandes actuaciones y belleza visual, La canción de la flor escarlata es una película imprescindible del cine sueco. Posee imágenes y planos de maravillosa hermosura, destacando los paisajes naturales filmados en todo su esplendor. La primera escena, con Olof talando un árbol en medio del bosque, ya presenta imágenes admirables, sin embargo las más espectaculares son las del río Kohiseva, sobresaliendo las de Olof balanceándose en un tronco por las furiosas aguas. Ríos, corrientes y rápidos son usados como metáforas de la impetuosidad de nuestro joven talador, que desafía a las fuerzas de la naturaleza sólo para conquistar a la orgullosa heredera que le negó una flor. Por otro lado las imágenes de la ciudad, filmada de noche y con lluvia en oposición a la claridad primaveral del campo, poseen una belleza fría y formal que no carece de encanto. A su modo, la casa de la prostituta y el bar son sitios agradables y acogedores, aunque no para Olof.

Hermosa cinematografía.

Los incondicionales de Lars Hanson amarán esta película que lo consolidó como el gran astro del cine sueco. Él está en pantalla prácticamente durante toda la película y es filmados desde diversos ángulos. Un obsequio para la vista y la oportunidad de apreciar su talento único en un personaje que cambia y trasciende de un joven despreocupado a un hombre capaz de dirigir su vida con sensatez. No es un trabajo fácil, pero el carismático Lars siempre sabe hacerlo. Una de mis películas favoritas de Lars y del cine sueco.  

Lars...