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20/05/2022

Oro (Karl Hartl, 1934)

Curiosa película sonora donde la ciencia consigue lo que la magia no pudo, crear oro. Espionaje industrial, sabotajes, yates de lujo, máquinas sorprendentes y unas gotas de glamour a cargo de la deslumbrante Brigitte Helm hicieron de Oro (Gold) un éxito internacional digno de verse, y una de las primeras buenas películas de ciencia ficción.
 

Resumen: ALERTA DE SPOILER
El científico e ingeniero alemán Werner Holk (Hans Albers) trabaja junto a su colega y mentor, el profesor Achenbach (Friedrich Kayssler), en la creación de una máquina atómica que podría hacer realidad el viejo sueño alquimista de convertir el plomo en oro. El millonario británico John Wills (Michael Bohnen), promotor de un proyecto similar, decide deshacerse de la competencia sobornando a un técnico de Achenbach para colocar una bomba en la máquina. Esta estalla matando al profesor y dejando gravemente herido a Werner. Una oportuna donación de sangre realizada por Margit Möller (Lien Deyers), la joven prometida de Werner, salva la vida del científico.


Un año después Werner vive atormentado por las dudas respecto a las causas de la explosión. Wills lo contacta para ofrecerle trabajo en su laboratorio en Escocia, donde ha montado una máquina que pretende replicar el experimento de Achenbach. Al revisar los planos Werner descubre que la máquina de Wills es la misma que diseñara Achenbach, y acepta el trabajo para vengarse del millonario arruinando sus planes.
Werner aborda el enorme yate particular de Wills. Su capitán resulta ser Willi Luders (Ernst Karchow), un viejo amigo de Werner que al principio finge no reconocerlo. Más tarde Willi le explica que un turbio episodio amoroso arruinó su reputación y le apartó de su alto cargo en la armada, viéndose obligado a aceptar trabajos en barcos civiles bajo una identidad falsa. Extrañamente su nuevo nombre es inglés aunque su nacionalidad es cubana.


Werner es instalado en el hermoso castillo escocés de Wills, donde a cientos de metros bajo el océano se ha construido la máquina transmutadora  atómica. El magnate desconfía de Werner así que ordena  registrar su equipaje. Florence (Brigitte Helm), la hermosa y voluntariosa hija de Wills, sorprende a los sirvientes en esta tarea y se siente intrigada por ese ingeniero que tan importante parece ser. Consigue reunirse a solas con él y es atraída por su brillantez e integridad, cualidades muy alejadas de su padre, con quien mantiene una relación fría y distante. A su vez Werner queda impresionado por la belleza y desenvoltura de la joven. Willi lo previene contra Florence recordándole su propia historia, si bien Werner no parece víctima de ningún flechazo.  
Algunos días después Werner consigue fabricar oro. Florence abandona una fiesta en el castillo para ser la primera en felicitarlo. La noticia se difunde rápidamente y los periódicos exponen su opinión a las consecuencias de tal invento. 


Llega el día en que la máquina deberá comenzar a producir oro a gran escala. Mientras la mayoría de los obreros y operarios se muestran seguros de compartir la fortuna que ahora parece accesible a cualquiera, el capataz Schwarz (Rudolf Platte) es más escéptico. Cuando se alistan para iniciar su labor, Werner acusa a Wills de querer apoderarse de la economía mundial, y destruye la máquina con ayuda del capataz. Werner, Schwarz y los trabajadores consiguen escapar antes de que la explosión final inunde todo, pero Wills, enloquecido, se niega a abandonar el lugar y muere junto a su máquina.
De regreso en Alemania, Werner se reúne con Margit, libres ya para continuar sus vidas.
 

El guion de Oro estuvo a cargo de Roll E. Vanloo, que había escrito Asfalto (1929) para Joe May. Como en esa pieza imprescindible del cine mudo germano, Oro cuenta una historia simple, directa y atractiva, aunque también algo incoherente en su premisa: El magnate Wills planea hacerse todavía más rico pavimentando el mundo con su oro artificial, estrategia más que inverosímil puesto que es precisamente su escasez lo que da tanto valor al oro. Pero salvando ese enorme agujero Oro es una película muy recomendable. En su tiempo se le llamó "La Metrópolis nazi", título exagerado para una película que ni siquiera se aproxima a la grandeza del clásico silente, pero que señala el innegable deseo del cine nazi de emular el prestigio del cine de Weimar. Cierto que hay similitudes con Metrópolis más allá de la inclusión de Brigitte Helm, mas no son relevantes sino anecdóticas.
Quizás el título haga referencia a sus decorados para el laboratorio de la máquina transmutadora. Oro logró un triunfo técnico con este sorprendente y hermoso escenario. El laboratorio de Wills incluye paneles de control que ocupan toda una pared, altísimas puertas blindadas, enormes bujías y tubos de vidrio de dudosa función, grandes aisladores de porcelana, y gigantescos generadores que semejan una decoración industrial. Cuando se pone a funcionar, la máquina suelta rayos de energía que parpadean con locura. Los actores y la cámara se mueven con naturalidad dentro de este decorado haciéndolo ver real y funcional. También hay un hermoso vehículo que enamoró a mi lado retrofuturista art déco. Todo lo relacionado con el laboratorio y la máquina es un sueño de tecnología retro.


Los actores principales cumplen bastante bien con su trabajo.
Hans Albers fue el gran astro alemán de los años 30. Actor correcto y poco carismático, era considerado también un galán romántico, algo incomprensible al verlo en Oro, la primera y única de sus películas que ha llegado a mis manos. Se trata de un hombre gordo, maduro y calvo con aspecto de tío bonachón. Su actuación como un científico atrapado en una intriga que podría arruinar la economía mundial es competente y creíble, aunque no su atractivo a ojos de dos hermosas jóvenes que deben rondar los 25 años. Él tampoco funciona muy bien cuando está con ellas; parece rígido y casi paternal.    
La fascinante Brigitte Helm tiene poco tiempo en pantalla aunque distribuido de manera inteligente para dar la idea de una aparición mayor. Florence no es relevante en el desarrollo de la historia pero Brigitte arrastraba público a los cines, lo que me lleva a sospechar que el personaje se creó con el único fin de incluir a la gran estrella.
Florence es bella, glamorosa y ambigua; nunca se explica el motivo del distanciamiento con su padre, aunque puede deberse a un choque de intereses: Él desea producir dinero, ella gastar dinero. Puede hacerlo porque es voluntariosa -que no independiente; vive del dinero de su padre-; nadie parece oponérsele puesto que su fuerza reside en la completa seguridad en su encanto y persuasión. Werner se siente atraído por esta joven heredera que simboliza éxito social y poder económico, pero no veo que la atracción vaya tan lejos como para considerar a Florence una amenaza a la relación de Werner con Margit. Comenzaba a forjarse el tópico del gran científico casado con una bonita nulidad.


Debo hacer mención del vestuario de Brigitte. En su primer encuentro con Werner lleva un traje curioso y casi indescriptible compuesto por un largo vestido con bata o camisón, y algo similar a un delantal de cocina unido a la falda, ¿una insinuación sobre donde debieran estar las mujeres? El conjunto luce un bonito estampado de hojas reniformes. 


En el baile del castillo usa un elegante vestido negro que estiliza mucho más su delgada figura, sin embargo se afea un poco cubriéndose el cuello y los hombros con… pues con eso:


Aunque ninguna combinación extravagante logra atenuar el encanto y hermosura de Brigitte Helm. 
Michael Bohnen es convincente como el millonario ansioso por controlar la riqueza del mundo cuando ni siquiera controla a su hija. Su giro final a la locura, que podría parecer algo abrupto y exagerado, era usual en las películas de la época.
Lien Deyers está en pantalla incluso menos que Brigitte Helm, lo que hace complejo valorar su trabajo. Margit es tan sumisa e inocentona que uno tiende a menospreciar a la actriz por prestarse para el tópico de "insulsa y asexuada = a chica buena". Esto sería un gran error. Sólo hay que recordar el debut de Lien como la sensual y malvada Kitty de Los espías (Fritz Lang, 1928) para apreciar mejor su desempeño. ¡El cambio de registro es admirable!


Los demás actores cubren personajes tan planos que se olvidan apenas salen de escena. Son necesarios mas no memorables.
Oro no es la primera película sonora alemana que puede clasificarse como ciencia ficción. En 1932 el mismo Karl Hartl dirigió F.P.1 no responde, y en 1933 Curtis Bernhard se encargó de la dirección de El túnel. El éxito de El túnel propició que se reincidiera con el género, por entonces no bien definido, y el resultado fue Oro, un éxito internacional filmado simultáneamente en alemán y francés. Brigitte Helm fue la única del reparto que apareció en ambas versiones. Hans Albers se negó a protagonizar la versión francesa por considerar, con bastante razón, que debía recibir un pago por cada película, a lo que la UFA se negó.
Oro cuenta una historia algo desatinada pero sugestiva. La recomiendo a los curiosos del cine nazi no propagandístico y a los amantes de la ciencia ficción clásica. Por supuesto, los admiradores de la hermosa Brigitte Helm no pueden perderse esta película. 



01/04/2022

10 romances espaciales tras ''El viaje a la luna''

Protociencia ficción en el cine primitivo
 
Antes de que en 1926 Hugo Gernsback acuñara el término "ciencia ficción" poniéndolo en la portada de la revista Amazing Stories, las narraciones que hoy conocemos con ese nombre eran llamadas "romances científicos". Una de las variantes más populares de esta protociencia ficción fue el "romance interplanetario", un precursor de la space opera que narraba viajes fuera de la tierra y alucinantes historias sobre los habitantes del espacio. Siendo el cine primitivo un espectáculo popular, no es de extrañar entonces que su primera gran obra tratara sobre un viaje a la Luna.
Mágica antes que científica, El viaje a la Luna (1902) es una pequeña joya cuyo detallismo y variedad de decorados y accesorios impresiona incluso hoy. La nave espacial en forma de bala encajada en un ojo de la luna es una de las imágenes más famosas y reconocibles del cine. Fue con esta pequeña gran película que Georges Méliès sentó las bases de la protociencia ficción cinematográfica del resto de la década. El viaje espacial, a la Luna, Marte e incluso las estrellas, fue presentado en varias películas, algunas plagios o imitaciones de la obra de Méliès, otras su descendencia natural. 
Dado que en estas películas el viaje no se limita a los planetas y en ocasiones sólo se realiza mediante estudios con telescopios, nos encontramos ante una variante del romance interplanetario. Este subgénero cinematográfico de corta duración nunca recibió un nombre propio, así que me tomo la atribución de bautizarlo como "romance espacial".


La fantasía, magia, humor e inventiva de tales películas es fascinante. Todas comparten una visión fantástica de los viajes espaciales, pero en especial de los habitantes del cosmos. Los astros y cuerpos celestes se presentan como antropomórficos: Las estrellas son mujeres atractivas vestidas de forma atrevida, la luna llena es un sonriente rostro masculino y la media luna es una mujer hermosa recostada entre los cuernos del satélite. También se acortan las distancias: Los planetas están al alcance de la mano; los viajeros pasean por los anillos de Saturno y un humano y una marciana se comprometen por telégrafo. 
No son películas que puedan describirse con facilidad, hay que verlas, así que de más a menos, aquí hay 10 romances espaciales para alucinar con los componentes de la galaxia.
 

1) Un matrimonio interplanetario 
(Enrico Novelli, 1910, Italia).
Adorable comedia amorosa sobre un astrónomo que se enamora locamente de una mujer marciana, siendo correspondido con igual pasión. La pareja se comunica por un telégrafo cuyas ondas viajan por el espacio como una hermosa corriente de letras. El amor supera la distancia y los enamorados se reúnen en la Luna para casarse. 
La película cuenta con un hermoso, elegante y divertido diseño de producción. El de Marte, con hongos y una ciudad naif de cartón piedra, se repetiría durante muchos años en varias películas de serie B.



2) Viaje alrededor de una estrella 
(Voyage autour d’une étiole, Gaston Velle, 1906, Francia).
En esta sorprendente comedia un anciano astrónomo enamorado de las estrellas logra llegar hasta ellas usando como vehículo estelar una gigantesca pompa de jabón. La reina de las estrellas lo recibe en su palacio con forma de lucero y coquetea con él, pero la llegada del celoso marido interrumpe la diversión. El final es hilarante y oscuro a la vez, un probable guiño loco a los desenlaces de las novelas románticas.  


   
3) Un viaje a Júpiter 
(Le voyage sur Jupiter, Segundo de Chomón, 1909, Francia).
Un rey obsesionado con la astronomía sueña que llega a Júpiter ascendiendo por una escalera de cuerda. Una vez allí sus planes de conquista son frustrados por el poderoso rey del planeta, quien le hace ver que para llegar al cielo se necesita algo más que una escalera larga. Al final el pobre astrónomo paga por el mal sueño del rey. 
El diseño y hermoso entintado acentúan con creces lo onírico e irreal de esta simpática historia.

 

4) El motorista 
(The '?' motorist, Walter R. Booth, 1906, Inglaterra). 
Disparatada comedia donde una pareja perseguida por la policía huye conduciendo su mágico automóvil hasta la Luna. El conductor circunda al paciente satélite, salta a los anillos de Saturno y cae de regreso a la Tierra, donde la persecución continúa. 
Más corta, sencilla y retorcida que las películas francesas, esta pequeña cinta británica también se distingue por usar el paisaje urbano real mezclado con otro fantástico. Posiblemente la primera y única comedia de persecuciones con elementos de ciencia ficción espacial.

  

5) Un viaje a Marte 
(A trip to Mars, Ashley Miller, 1910, Estados Unidos). 
Un científico descubre la gravedad inversa y la usa para elevarse hasta Marte. Allí encuentra unos curiosos árboles con cabezas humanas y por poco es devorado por un monstruoso marciano gigante que no desentonaría para nada en un filme de terror satánico. 
Extraña película del estudio de Edison posiblemente inspirada en Los primeros hombres en la luna de H.G. Wells.

    

6) Sueño en la Luna 
(Rêve á la luna, Gaston Velle y Ferdinand Zecca, 1905, Francia). 
Un borracho sin remedio delira con botellas de vino gigantes bailando a su alrededor y luego sueña que increpa duramente a la Luna al suponer que se burla de él. Una tormenta de viento lo arroja hacia el satélite y este lo traga y luego lo escupe de vuelta a la tierra. 
Curioso y divertido mensaje sobre los peligros de la embriaguez extrema.

    

7) Claro de luna español 
(Clair de Lune espagnol, Émile Cohl y Étienne Arnaud, 1909, Francia).
El español Pedro decide suicidarse arrojándose por la ventana pero es capturado por una "máquina voladora" y llevado a un balcón en el espacio. Allí ataca a la Luna hasta dejarla malherida, provocando la indignación de la reina de las estrellas, que lo lleva a juicio. Tras unas cuantas situaciones descabelladas Pedro es arrojado de vuelta a la Tierra. 
Insólita película codirigida por Émile Cohl, el padre de los dibujos animado, que mezcla imagen real con animación de un modo muy logrado.  

    

8) El sueño de un fumador de opio 
(Le rêve d’un femeur d’opium, Georges Méliès, 1908, Francia).
En un fumadero de opio, un adicto sueña que la Luna roba su jarra de cerveza. El hombre invita a la Luna a su casa con la intención de seducirla, pero ella se burla de él con su poder de cambiar de forma. 
Comedia ligera cuyo abrupto final arruina un poco la historia.

    

9) Un gran descubrimiento
(Une grande découverte, director desconocido, 1905, Francia). 
El nieto de un astrónomo decide jugarle una broma poniendo a su gato frente al telescopio que apunta hacia la luna. El maravillado astrónomo invita a unos colegas a ver al gato selenita, y entonces la broma se vuelve burla con el chico exhibiendo su larga lengua frente al telescopio. Descubierto, recibe su merecido por burlarse de tan importantes personajes. 
La imagen del gato y la luna se repite hasta hoy en múltiples formas.

    
   
10) Excursión a la Luna 
(Excursion dans la lune, Segundo de Chomón, 1908, Francia). 
Copia desvergonzada y algo cansina de la obra de Méliès, aunque consigue algunos momentos memorables: La Luna vomitando después de tragarse la nave; mejor trato a los selenitas, nada de matarlos a paraguazos y exhibirlos en desfiles; una princesa lunar que parte voluntariamente a la Tierra. Sin embargo es imperdonable que reemplazara a las encantadoras chicas en pantalón corto por un rígido ejército masculino.

 
Si bien no todos pueden disfrutar de un cine tan antiguo, recomiendo la revisión de estas películas al menos como curiosidad. Su duración oscila entre los tres y los trece minutos, así que no son un gran desafío para los reacios. 
El cine anterior a 1910 está fuera de mi línea de interés e incluso me cuesta un poco visualizar películas de antes de 1915, sin embargo disfruté viendo estas pequeñas obras primitivas por su inventiva, humor y toneladas de magia.