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13/06/2025

La tiranía del odio (Gustaf Molander, 1920)

Pequeña pero sólida película sueca de ambiente campesino protagonizada por un portentoso Egil Eide; su antipático personaje da título a la obra en el idioma original (Bodakungen, "El rey de Boda") y carga con el mayor peso de la trama. Fue el debut de Gustaf Molander como director luego de trabajar como guionista para Victor Sjöström y Mauritz Stiller, y el comienzo de una sólida carrera que incluye grandes películas con algunos de los mejores actores del cine sueco de la época.

   
Resumen: ALERTA DE SPOILER
Boda, Suecia, siglo XIX. Los propietarios de las granjas Ödemo y Rävgården han sido rivales por generaciones. Ahora Ödemo pasa por malos tiempos; su dueño, Mårten (August Palme), ya no puede pagar la hipoteca que pesa sobre la granja familiar y por esto la perderá. Diez años atrás su único hijo varón, Hans, fue enviado a estudiar a la ciudad quedando como apoyo sólo una hija, Gunnel (Wanda Rethgardt), hoy una adolescente. Mårten, resignado a su suerte, comenta a Gunnel que les habría ido mejor si Hans no se hubiera marchado.
Llega el día de la Feria de Boda. Mårten y Gunnel preparan su carro y su caballo, y suben lo poco que tienen para vender. El padre se encuentra desanimado por lo escaso de su cosecha, pero la muchacha está emocionada por su primera salida a la Feria.
En la granja Rävgården la situación es otra: La cosecha fue abundante, hay muchas manos para el trabajo, buenos caballos, varios carros de carga y hasta un calesín. Pero el propietario, Sören Torbjörnsson (Egil Eide) es un hombre cruel y matonesco que maneja todo y a todos a punta de látigo. Su hija, la hermosa y dulce aunque enérgica Eli (Winifred Westover), es la única persona que ejerce influencia sobre él. Así, cuando Sören se dispone a brutalizar a uno de los empleados por patear a un caballo, la oportuna aparición de la joven evita el maltrato.


Camino a la Feria el carro de Mårten sufre la avería de una rueda. Mientras la repara Sören aparece en el camino y avanza intencionalmente su carro sobre una posa de agua, salpicando a Mårten y Gunnel. 
En la Feria reina una gran animación. Gente de diversos lugares y oficios asiste al evento. Acrobatas, malabaristas, falsos forzudos, apostadores y titiriteros se unen a los habitantes de Boda. 
Sören convence a un acreedor de Mårten para que le venda su deuda y después provoca a su enemigo. Ambos hombres inicían un forcejeo que es detenido por Gunnel, cuya intervención contiene la ira de Sören, tal vez porque le obliga a pensar en qué diría Eli. 

 
En Rävgården las criadas se esmeran preparando un suntuoso banquete con el que celebrar a Sören a su vuelta de la Feria, pero él mismo lo arruina todo: Regresa a casa borracho y acompañado por un grupo de hombres en estado similar, maltrata a un viejo sirviente por dormirse cuando él llega, derriba la mesa arrancando el mantel y luego baila sobre el desastre. Nuevamente la aparición de Eli centra a Sören. Avergonzado, expulza a sus amigotes y luego le comenta a Eli que desearía tenerla siempre a su lado, evidentemente para contenerlo.
Morten y Gumel también han emprendido el regreso. Con su carro descompuesto, deben caminar gran parte del camino. 
Finalmente llega el temido día en que Mårten se ve obligado a entregar la propiedad de Rävgården a Sören. Éste disfruta enormemente con la ruina de su enemigo tradicional e incluso le insinua que se suicide arrojándose al correntoso río desde el monte La Roca de los Lobos. Mårten replica que ese sería un mejor final que el de Sören, a quien sus crímenes encontrarán en su propia casa. Enseguida se aleja con su hija, adentrándose en el bosque.

 
Aquel mismo día un joven desconocido (Uno Henning) arriba a la zona. Es Hans, que ha recorrido el mundo y ahora regresa al hogar familiar. Se detiene junto al río para beber de sus aguas, que tan bien recuerda.
Eli, que pastoreaba las ovejas, cae por un declive de La Roca de los Lobos y va a dar a orillas del río, junto a Hans. Atraída por el apuesto desconocido, Eli le pregunta su nombre pero él sólo comenta que el suyo bien podría ser ojitos azules. Luego le pide que le deje leer su mano para saber si tiene algún enamorado. Eli se muestra ofendida y Hans la desafía preguntándole sí se atreve. Eli accede y Hans finge leer en su mano. Le dice que el que espera vendrá a su encuentro en ese mismo lugar antes del atardecer. Luego se marcha dejando a Eli impresionada y llena de dudas. 


Hans llega a la granja Ödemo y la encuentra desabitada y cerrada. Recuerda su cita con Eli pero le preocupa la desaparición de su familia. 
Eli también piensa en la cita. Está confundida; ignora qué hacer. Un niño de la granja le da un pajarito y ella lo libera pidiéndole que le muestre el camino hacia la felicidad. El pájaro vuela hacia La Roca de los Lobos. 
Mårten y Gunnel están sentados junto al camino. Al atardecer, el hombre decide que regresará a Ödemo; quiere dormir en su casa. De vuelta en la granja, Mårten rompe a hachazos la cerradura de la entrada, se encierra en la casa y le prende fuego. Gunnel queda afuera, golpeando la puerta.


Eli espera junto al río. Hans llega y le dice que él es su enamorado. El ruido producido por unos carros en el cercano camino rompe el encanto. Es Sören con tres de los suyos; van a la granja Ödemo, alertados por el humo.
Gunnel es apartada brutalmente por los hombres de Sören, que derriban la puerta y sacan a Morten. Luego se dedican a apagar el incendio antes de que se extienda. 
Eli y Hans se aproximan. Ven a Sören insultar y golpear a Mårten antes de dejarlo ir con Gunnel. Eli se allega a su padre y este, como de costumbre, queda desarmado ante ella. Hans, a su vez, se acerca a Mårten y Gunnel y reconoce a su familia. Furioso, se vuelve contra Sörel, que intenta acuchillarlo. El joven somete al viejo canalla y hace que se hiera a sí mismo. 
Los hombres de Sören, que han logrado apagar el fuego, suben a su patrón en la calesa y se marchan. Eli mira a Hans con honda tristeza antes de marchar tras su gente. Hans también se siente triste mientras la ve alejarse.

  
El tiempo pasa. Sören se recupera y su fortuna crece, pero la gente de los alrededores ya no lo mira con el respeto de antes. Las personas decentes no le habla ni aceptan sus invitaciones e incluso en la iglesia le ven con malos ojos. Eli continúa cuidando de él, pero la maldad de su padre la averguenza y entristece, y está matando su alegría y amor fraternal.
Abandonado por los demás, Sören sólo cuenta con la compañía de vagabundos y pillos, los unicos que aceptan entrar a su casa aunque sea únicamente para beber. Hasta sus sirvientes lo abandonan. 
Llega el día de la Fiesta de la Cosecha. Mientras las campanas de la iglesia de Boda repican llamando a los fieles a celebrar, Sören comparte en su casa con un grupo de borrachines. Al descubrir que un viejo sirviente tambien se marcha, Sören decide vengarse de todos dando una lección a los feligreses.

 
El malvado e irrascible Sören engancha un trineo a sus caballos y va al encuentro de la grey a una velocidad peligrosa. La gente que sale de la iglesia, sorprendida del inesperado arribo del viejo pecador, se aproxima a él. Sören los insulta y golpea a dos de ellos. Eli se adelanta saliendo de entre los feligreses. Su verguenza estalla y Acusa a Sören con vehemencia: "Nuestro nombre está deshonrado. ¡Me averguenzo de ti! No quiero volverte a ver, padre, hasta que hayas sido castigado y Dios omnipotente haya limpiado tu cruel corazón".
Viéndose despreciado por la única persona que amaba y por la que se sabía amado, Sören se derrumba y abandona el lugar. Esa tarde se detiene en lo alto de La Roca de los Lobos y recuerda las palabras de Mårten cuando él lo incitó al suicidio desde aquel lugar: "Ese será un mejor final que el tuyo, cuando tus crímenes te sorprendan en tu casa". Trastornado por la verguenza y el peso de sus males, Sören se marcha de Boda.


Transcurren un par de años. Rävgården continúa funcionando gracias a la mano firme pero benevolente de Eli. Por las tardes los niños acuden a ella para oírla narrar cuentos de hadas.
Un día un anciano de larga barba llega a Boda. Es un renacido Sören que ha vagado por la tierra alimentándose del pan mendigado en las granjas. Allí le permiten la entrada porque los niños aman los cuentos de hadas que relata, los mismos que él contara a Eli años atrás. Sören parece haber encontrado la paz en esa vida errabunda y libre de ataduras pero ahora, sintiendo la proximidad de la muerte, desea descansar en su tierra. 

 
Tras la muerte de Mårten sus hijos se han asentado en las colinas, donde Hans construyó una casa. Sören, agotado, llega a las cercanías mientras el joven tala un árbol. Gunnel divisa al tambaleante anciano y acude en su ayuda; la joven no reconoce al hombre que arruinó a su familia pero él sí a la muchacha. El recuerdo de sus pecados pesa sobre Sören.
Viendole tan débil, Gunnel pide ayuda a su hermano y ambos conducen al antiguo enemigo al calor de su propio hogar. Allí, el moribundo pide ver a Eli. Hans no se siente con fuerzas para ver a la mujer que todavía ama, así que Gunnel va por ella. 
Ya frente a Rävgården, la joven siente reticencia a entrar en la granja. Es más que probable que ella y Eli sólo se vieran en la iglesia y nunca cruzaran palabra. Pero la voluntad final del moribundo la decide y transmite el mensaje. 


Eli llega a la casa y se enfrenta a Hans. Ambos se saludan con cierta tristeza e incomodidad pero sin rencor.
Al oir la voz de Eli, el adormecido Sören reacciona. Se levanta con dificultad y va hacia ella. Eli reconoce a su padre y quiere abrazarlo, pero él cae antes de llegar hasta su hija. Eli se arrodilla junto a Sören y en sus ojos ve su cambio. Entonces Sören ve el perdón en los de su hija y comprende que ya ha pagado por sus pecados. El viejo pecador arrepentido y perdonado muere en paz junto a su amada hija.
Hans se arrodilla junto a Eli. El odio de generaciones ha muerto con sus padres, ahora el amor puede florecer en libertad.


La tiranía del odio, como su nombre alternativo lo indica, narra las nefastas consecuencias de los rencores llevados más allá del límite natural. Sören destruye a sus enemigos tradicionales privándolos de su granja, pero en el camino se destruye a sí mismo y daña a su única y amada hija. Su arrepentimiento, redención y muerte no borran el pasado, sin embargo abren la puerta para que la nueva generación (Hans, Gunnel y Eli) inicie su vida adulta sin cargas ajenas.
La película, poco conocida y, al parecer, todavía sin restaurar, se hermana con otras obras de la época que narran la vida de la gente rural. Curiosamente, recibió muchas críticas negativas en su propio país, donde la acusaron de transmitir una imagen estereotipada del pueblo sueco. Quizá, pero es una imagen que cien años después todavía impresiona: Las viejas granjas de madera, la Feria, la belleza de los ríos y bosques...
Egil Eide encabeza el reparto estelar y lo hace con brio. El destacado actor brilla como el adinerado campesino lleno de crueldad, odio y villanía, pero también como el pecador arrepentido que sólo espera el perdón de su hija para morir en paz. 
August Palme como el desdichado Mårten realiza un trabajo más naturalista. Su personaje es un hombre que se sabe derrotado y al que sólo le queda resignarse. El actor conmueve en sus momentos íntimos con la joven Wanda Rethgardt. 

   
Winifred Westover tiene el importante rol de Eli, la brújula moral de Sören, pero la actriz no acierta. Parece débil e indecisa incluso en su gran momento, cuando Eli enfrenta a Sören. Tampoco es muy creíble en su rápido enamoramiento. 
Uno Henning en su segunda película tiene un papel menor, pero a cambio luce extraordinariamente guapo en sus ropas de viajero y campesino. Atención a la escena donde tala el árbol, ¡que lindo se ve! Posteriormente estuvo en algunos filmes destacados de la cinematografía europea como El amor de Jeanne Ney (G.W. Pabst, 1927), La mujer que anhelan los hombres (C. Bernhardt, 1929) y la obra maestra Una cabaña en Dartmoor (A. Asquith, 1929).

 
Gustaf Molander tuvo una larga carrera como director. Dirigió con acierto a actores de notorio talento como Gösta Ekman, Lars Hanson, Mona Mårtenson e Ingrid Bergman. Considerado por años un director hábil pero menor, hoy su carrera está siendo revaluada y apreciada en su justo valor. 
Película muy recomendable. Imprescindible para los admiradores del buen cine sueco y de la obra de Molander. 


16/06/2023

5 padres silentes

La era silente está llena de padres que se quedan en nuestra retina por largo tiempo. Padres buenos y padres malos; padres complejos y padres sencillos; padres de sangre y padres de espíritu. Los hay para casi todos los gustos y disgustos; aquí mencionaré algunos de los que más me han impresionado. No se trata de una lista con los mejores y peores padres del cine silente, ni de películas centradas exclusivamente en la paternidad, sino sencillamente de un listado de padres que han capturado mi atención. Orden cronológico. 

Y a propósito del tema, aquí hay una hermosa imagen
de Doug padre y Doug hijo. 

1) Saemund Granliden (Egil Eide) de Synnöve Solbakken
(Synnöve Solbakken, John W. Brunius, 1919, Suecia).
Reconozco que me acerqué a esta película sólo por Lars Hanson. Él da vida a Thornbjörn Granliden, el muy apuesto, pendenciero y despreocupado hijo mayor de una familia campesina. Cuando Thornbjörn parece estar reconduciendo su vida, un rival lo acuchilla a traición instigado por un medio bestia ex peón de la granja que acecha la zona. 
Egil Eide interpreta a Saemund con gran convicción. Cuando el granjero llora por su hijo herido, su dolor es profundo y genuino. Saemund es un padre que ama a todos sus hijos, pero Thornbjörn es el favorito; él sabe que el muchacho sólo necesita madurar un poco para que entonces afloren sus ahora ocultas cualidades positivas. Saemund no duda en enfrentar al atacante de Thornbjörn, un joven de la mitad de sus años al que sin embargo vence. 
Los momentos de interacción entre Egil y Lars son tan lindos que olvidé por completo que ya habían trabajado juntos en la muy diferente Las alas.



2) Peter Lane (Fred Turner) de El hombre de la navaja 
(The jack-knife man, King Vidor, 1920, Estados Unidos).
El humilde y solitario barquero Peter Lane es uno de esos padres accidentales frecuentes en la pantalla silente. Se trata de un espíritu sencillo, libre y errante que una noche de tormenta acoge en su barcaza a una madre enferma y su hijo, el pequeño Bobby (Robert Kelso); la madre muere y el viejo Peter ampara al niño; le talla figuras de madera y se encariña con él hasta el punto de decidir por fin asentarse en tierra firme.
La trama de esta bella película prefigura la de El chico (Charles Chaplin, 1921), aunque su desarrollo es menos oscuro y doloroso. Fred Turner interpreta a Peter Lane con una credibilidad impactante, y Robert Kelso es simplemento adorable en su único filme.



3) El Vagabundo (Charles Chaplin) de El chico
(The kid, Charles Chaplin, 1921, Estados Unidos).
Por supuesto, tengo que mencionar al Vagabundo. ¿Acaso podría faltar en una lista de padres del cine silente? Imposible, y es que El Vagabundo se convierte en el padre ideal para el niño (Jackie Coogan) abandonado por su desconsolada madre. Padre e hijo se complementan, compartiendo miseria, comida, golpes y trabajo a partes iguales. Sus vidas son duras, no poseen practicamente nada, sin embargo rebosan de amor mutuo. 
Hay una nobleza sencilla y hermosa en la decisión del Vagabundo de encargarse del niño. Este hombre cuya pobreza cae en terreno de la marginalidad, posee en cambio un corazón tan grande como su picardía, y es todo para el pequeño. 



4) Mathias Pascal (Ivan Mozzhukhin) de El difunto Mathias Pascal
(Feu Mathias Pascal, Marcel L'Herbier, 1926, Francia).
Mathias Pascal debe ser el hombre con la peor suerte: Su esposa es fría como un pescado, su suegra es una bruja dominante, su trabajo apesta y, lo peor, su querida madre y su adorada hijita bebé, únicas luces en su apagada vida, mueren el mismo día. 
Mathias se preocupa de su hija como nadie más; mece su cuna, juega con ella, la saca a pasear; él simplemente ama a esa pequeña como su madre lo ama a él, con todo el corazón. Por lo mismo, la muerte de la niña es tan terrible para él. Sin ella el frágil mundo de Mathias se desmorona. 
El gran Ivan Mozzhukhin siempre consigue tocar nuestra fibra más sensible. Mathias Pascal es absurdamente adorable, y sus primeras escenas con la bebé están impregnadas de ternura y alegría. Por contraste, las escenas de la muerte de la niña son amargas, oscuras y muy penosas; sentimos el profundo dolor de Mathias mientras lleva el cadáver de su hija a casa de su madre moribunda.   
 


5) Joh Fredersen (Alfred Abel) de Metrópolis
(Metropolis, Fritz Lang, 1926, Alemania).
¿Habrá padre más complejo que Joh Fredersen? El señor de Metrópolis parece tan frío y mecánico como las máquinas que mantienen en funcionamiento su ciudad. Desde lo alto de su propia torre de Babel dirige Metrópolis con la precisión de un robot. Todo y todos a su alrededor cumplen una función; sin embargo, este hombre de hierro tiene una debilidad: Su hijo, el joven Freder (Gustav Frohlich). 
Joh Fredersen mantiene a su hijo en la ignorancia y no muestra la menor empatía hacia su compasión y sensibilidad, pero cuando la rebelión estalla en la ciudad, casi se derrumba ante la posibilidad de que Freder muera. El miedo a perder a Freder lo hace encanecer de golpe y es Freder quien lo reconcilia con sus obreros. Joh Fredersen sí tiene corazón, y su hijo ocupa el primer lugar en él. 


¡Feliz día del padre a todos los papás de la comunidad silente! 



18/03/2022

Las alas (Mauritz Stiller, 1916)

Esta primera adaptación cinematográfica de la novela Mikaël del danés Herman Bang se consideró perdida durante décadas hasta que una copia mutilada fue encontrada en Noruega. La película pudo ser reconstruida y puesta en circulación con imágenes fijas y carteles explicativos de las partes faltantes. Lamentablemente lo que falta son las escenas de encuadre, un trabajo de metacine que mostraba en tono cómico el proceso de creación de la película, con el director y los actores interpretándose a sí mismos. Eran quizá los mejores momentos de Las alas (Vingarne), que en la actualidad es más recordada por ser la primera adaptación de una novela homosexual, aunque dicho componente haya sido eliminado de esta versión y sólo insinuado en la más famosa de Carl Theodor Dreyer, Mikaël (1924). 
Más interesante todavía es que se trata de la segunda película que reune al director Mauritz Stiller con el que se convertiría en su actor más emblemático, el futuro gran astro y galán sueco Lars Hanson. Ambos colaboraron por primera vez en Dolken (1915), película que significó el debut cinematográfico de Lars pero que lamentablemente se considera perdida.
Resumen: ALERTA DE SPOILER
El director Mauritz Stiller (él mismo) de la compañía cinematográfica sueca Svenska Biografteaterns (la misma que produjo la película) busca ideas para un nuevo filme. La escultura Vingarna (sí, con a) de Carl Milles le da una, y a través de anuncios en periódicos solicita un joven atractivo para protagonizar su próxima película, Las alas, basada en la novela Mikaël. El joven Nils Asther (él mismo en su debut) se presenta a la audición y es preseleccionado, pero en una prueba de cámara con la actriz Lili Bech (la misma) Stiller decide que es demasiado joven e inexperto y le da el papel a Lars Hanson (él mismo, pero curiosamente llamado Lasse Hansson en el primer cartel que lo menciona).


El día del estreno Nils acude al cine. Mira con tristeza las fotos promocionales expuestas en el exterior. Dentro, Lars y Lili se aprestan a ver su película. 
Empieza la película. Un cartel anuncia que es una modernización de la historia de Ícaro. Luego unas imágenes encuadradas de manera poética muestran como el pintor y escultor Claude Zoret (Egil Eide), conocido como El Maestro, encuentra inspiración para una escultura de Ícaro al ver una enorme águila desplegando las alas para volar. Enseguida descubre al pintor Eugène Mikael (Lars Hanson), cuya juventud y belleza coinciden exactamente con la idea que Zoret tiene de Ícaro. El talento artístico del joven acaba de embelesarlo. 
Toda la escena es interpretada con una rigidez y sobreactuación que rozan el ridículo, algo incomprensible en un actor del talento de Lars Hanson. Enseguida se explica: En el cine, viendo Las alas, Lars comenta a Lili lo mal que está en ese papel. Lars sólo actúa una mala actuación. Explicado esto su trabajo mejora bastante, lo que no deja de ser curioso: Lars está en el cine viendo una película ya filmada, no es posible que su trabajo en ella mejore porque él mencione que está mal. El ejercicio de metacine es ciertamente atrevido.


Cuatro años después en la película, El Maestro ha adoptado a Mikael como su hijo y está finalizando la escultura de Ícaro. Hay un breve momento que hará jadear a las admiradoras del guapo Lars. De rodillas sobre una mesa, Mikael posa como modelo para la escultura levantando la barbilla, sacando el pecho y con las manos alzadas sobre la cabeza llevando sólo una pequeña sábana alrededor de la cintura. Se podría decir que está desnudo. Podemos ver lo hermoso y bien formado que era Lars; no dudo que hubiera podido servir de modelo artístico. ¿Para Ícaro? No, para el rubio Apolo.  

¡Gracias por esto, señor Stiller!


El Maestro funde la escultura en bronce y la regala a Mikael, quedando para exhibición sólo una copia en yeso. Por cierto que la obra de Carl Milles no representa a Ícaro sino a Ganimedes siendo raptado por Zeus; se encuentra en el Museo Nacional de Estocolmo.  
La hermosa y derrochadora condesa Zamikow (Lili Bech) acude a Zoret con la intención de que pinte su retrato. Ella y Mikael se conocen y la atracción mutua es instantánea. Algunos días después Zamikow posa para el cuadro. Mikael lo descubre al ver su capa junto al perchero. Apasionado de aquella hermosa mundana, acaricia y huele la capa con marcada sensualidad. Quienes niegan talento actoral a Lars Hanson, ¿a cuántos actores conocen que puedan transmitir erotismo sólo con manosear un manto de seda? 


Mikael observa que El Maestro no ha podido captar la expresión de los ojos de la Condesa y resuelve el problema con algunas pinceladas, sorprendiendo a Zoret y seduciendo a Zamikow. Ya solos, Mikael y la Condesa se besan. Mi copia de la película no es muy buena, pero sí lo suficiente como para notar lo realistas que se ven los besos entre Lars y Lili. Aquel año ella aún estaba casada con Victor Sjöström, así que es improbable que estuviera saliendo con Lars. 
Mikael y Zamikow inician una relación. Él está muy enamorado mientras que ella, si bien lo ama, parece más interesada en su dinero. Zoret descubre la situación por un amigo que también le aconseja librarse del joven, pero él argumenta que no desea morir sin hijos. Por supuesto, la negativa tiene otra razón. Zoret no considera a Mikael un hijo sino más bien su heredero espiritual. Zoret es viejo y está perdiendo su talento; Mikael es joven y está sobrado de talento. Zoret lo ve como su reemplazo natural y una prolongación de su arte por tener su protección. Al mismo tiempo ama su belleza y juventud de un modo sublimado y posesivo, deseando su afecto y atención sólo para él. No es una pasión homosexual sino estética.


Mikael deja de pintar para dedicarse por completo a Zamikow. Cuando el dinero que Zoret le destina para sus gastos se vuelve insuficiente, se ve obligado a pedirle más. Al no obtener la cantidad esperada vende la escultura de Ícaro a un alto precio. Zoret descubre la venta y acude a la Condesa para rogarle que termine con Mikael. Ella se niega y Mikael lo ignora. Solo y triste, El Maestro enferma de gravedad. En su lecho de moribundo lega todos sus bienes a Mikael y luego, presa del delirio, abandona su cama y muere a los pies de la copia de Ícaro. Enterado de su muerte, Mikael se siente culpable y rompe con la Condesa, que sin duda esperaba ayudarlo a gastar su nueva fortuna. 


Terminada la película Las alas, Nils comenta a Lili su incomprensión a que Mikael la dejara. En los periódicos se publican comentarios parecidos. Nils acude a casa de Lili y se le declara. En ese momento ella recibe la visita de Egil Eide, quien consuela a Nils del rechazo de la actriz y agradece que la película por fin terminara. 


Pese a que el mayor atractivo de la película eran sus escenas de encuadre (después de Lars Hanson, se entiende), no hay explicación para tan extraño aditamento cómico alrededor de un drama. La mayoría de los críticos parecen coincidir en que su principal función era dejar claro a la audiencia que la historia de Las alas no reflejaba la realidad de sus actores, sin embargo esto sólo sería entendible si Las alas realmente fuera el filme homosexual que los entusiastas del tema aseguran que es, algo más que dudoso. Los partidarios de esta hipótesis argumentan que precisamente los actores heterosexuales que interpretan a los amantes Mikael y Zoret son quienes más enfatizan en el distanciamiento entre ejecutante y personaje: Lars Hanson dice que está terrible como Mikael, y Egil Eide se alegra de que la película terminara. Considero más probable que Stiller incluyera estas escenas como una especie de autocrítica, dado que era la primera vez que dirigía un largometraje.
Incluso siendo un filme menor, mutilado y algo rígido en la actuación, Las alas no carece de interés. Para los curiosos de las modas de la época hay varias escenas representativas. Vemos a la Condesa eligiendo ropa modelada para ella, y a lo largo de la película viste túnicas amplias y diversos vestidos: Escotados o recatados, vaporosos o de tela gruesa, muy entallados o más libres. Mikael viste sucesivamente un atuendo casi campesino, un traje burgués de uso diario, un elegante traje formal con sombrero de copa, y un conjunto más casual en tonos claros. 


Una curiosidad menor que merece al menos una visualización. Imprescindible para el club de admiradores del talentoso y guapo Lars Hanson ya que se trata de la más antigua de sus películas que se conserva.