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22/09/2023

El sombrero de Nueva York (D.W. Griffith, 1912)

La adorable Mary Pickford protagoniza este pequeño drama donde los eternos chismosos del pueblo se unen para arruinar la alegría inocente de una muchacha y su sombrero.
El sombrero de Nueva York (The New York Hat) es un drama algo forzado que a pesar de todo mantiene su interés por la vigencia de ciertos temas y los talentos involucrados en la producción. Griffith, como de costumbre, se rodea de actores talentosos y da clases de narración fílmica, y Pickford es simplemente grande.


Resumen: ALERTA DE SPOILER
En su lecho de muerte, una madre (Kate Bruce) entrega al ministro de la iglesia local (Lionel Barrymore) sus ahorros y una carta donde explica que su avaro marido (Charles Hill Mailes) la hizo trabajar hasta la muerte sin nunca permitirle dar algún lujo a su hija (Mary Pickford). La mujer pide que el amable ministro use el dinero para comprarle algo bonito a la muchacha, que queda al cuidado de su tacaño padre. Este es un tipo seco y avinagrado que se despreocupa de las necesidades básicas de su joven hija: La hace vestir ropa vieja y fea que le va estrecha, y se niega a comprarle un sombrero nuevo aunque el único que posee ya está para tirar. La muchacha sufre por el aislamiento social que le significa ir tan mal vestida, pues las otras jóvenes del pueblo, todas bellamente trajeadas y con lindos sombreros, la evitan y se burlan de ella por su pobreza. 
El ministro, cuya rápida sonrisa irradia alegría, calma y paz, sorprende a la muchacha frente al escaparate de una sombrerería. Ella  observa con anhelo y admiración un extravagante sombrero traído de Nueva York. Cuesta 10 dolares y está fuera de toda duda que no luciría bien en un pueblo tan pequeño y estrecho de miras.


El ministro, recordando la última voluntad de la madre, entra en la tienda y compra el sombrero. Tres urracas (Claire McDowell, Mae Marsh y Clara T. Bracy) que curiosean por el lugar de inmediato empiezan a cacarear con malicia. 
Mientras, el simpático ministro entrega a la muchacha el disparatado sombrero. Ingenuamente le pide guardar el secreto y se marcha sin pensar que tal regalo podría resultar sospechoso para las viejas ciruelas con exceso de tiempo libre.
Ajena a esto, la joven queda encantada con el sombrero. Su alegría es tal que ella tampoco piensa en lo que un regalo tan costoso hará sospechar a las prejuiciosas de la parroquia. No, ella es dulce, inocente y está feliz. Sale a pasear con sus viejas ropas y el elegante sombrero. Por supuesto, tal combinación es un desatino, y al rechazo anterior se unen las murmuraciones, alentadas por el trio de chismosas.


Estas, seguras de que la joven y el ministro mantienen una relación impía, aprovechan la salida de la iglesia para difundir su historia entre todo el pueblo. La muchacha, primero objeto de miradas burlonas por lo incongruente de su conjunto, ahora se ve expuesta al rechazo de la comunidad en masa. 


Las habladurías llegan a oídos de su despreocupado padre, que sólo entonces se preocupa. Llevado por la ira, el amargado viejo destroza el sombrero de su hija. 
Mientras tanto las cotorras, inconformes con únicamente manchar reputaciones por el gusto de hablar sin saber, acuden a los padres del pueblo y ellos piden explicaciones al pastor. Lo que empezó como un acto bienintencionado ahora es un problema que afecta a todos. 
El avaro también acude al pastor. Y la desgraciada muchacha. Todos hablan a la vez y el amable y sonriente pastor los hace callar de la forma mas sencilla: Leyéndoles la carta póstuma de la madre de la chica. 


Las estiradas cotillas obtienen su merecido cuando los padres les vuelven el rostro con desprecio, y el tacaño queda expuesto ante todos como el mezquino que es.
Aclarado todo, el pastor revela que, en cierta forma, las comadres no andaban tan erradas: Él tiene un interés especial en la muchacha y lo demuestra ofreciéndole matrimonio. Tras un intercambio de ideas con su padre ella acepta, confusa pero feliz.


Este breve filme dramático (16 minutos) cuenta una historia atemporal que lo hace funcionar aun con sus muchos elementos anticuados. Los chismosos y maledicentes siempre han existido, y en las iglesias parecen estar los peores. Sus víctimas suelen ser personas vulnerables como la joven protagonista, huérfana de madre y con un padre tacaño, despreocupado y dispuesto a dar oídos a cualquiera que no sea su hija.
La joven interpretada por Mary Pickford despierta la compasión del espectador desde la primera aparición junto a su madre moribunda. Ella es tierna, inocente, bonita y muy verosímil; duele verla tan abandonada, vistiendo una falda desteñida y una chaqueta dos tallas más pequeña. Es encantadora en sus juegos junto al espejo y es triste ver como se esfuerza vanamente tratando de obtener la atención de las demás muchachas. 


La única persona que presta un poco de atención a la chica es el benévolo, alegre y moderadamente guapo pastor, que usurpa sin esfuerzo el rol paternal en la vida de la muchacha. Lionel Barrymore demuestra su valía para el cine con un encanto maravilloso.
El sombrero de Nueva York fue la última película de Mary Pickford a las órdenes de Griffith para la Biograph antes de unirse a Famous Players Company. Es uno de los cortometrajes más populares del director por la trama y exposición de la naturaleza humana. Griffith aprovecha al máximo el talento de su protagonista, realizando primeros planos en los momentos más intensos. 
A ratos todo parece excesivamente melodramático y se puede decir que Griffith era así, pero no olvidemos la importancia de la apariencia en aquellos años. El sombrero no era un adorno sino una pieza imprescindible del vestuario y un símbolo de estatus. Mientras más grande y vistoso, mejor. Y los sombreros con largas plumas, gruesas cintas y pobres pájaros muertos, tuvieron su momento. Acá unos ejemplos en imágenes de revistas de la época:


Además de Mary Pickford y Lionel Barrymore, la película incluye a Mae Marsh, Claire McDowell y apariciones especiales de Jack Pickford, Lillian Gish y Robert Harron; algunos espectadores mencionan a Mack Sennet y Dorothy Gish pero no logré ubicarlos. El guion fue el debut de Anita Loos. 
El sombrero de Nueva York es una película sencilla y agradable, y una de las mejores interpretaciones de Mary Pickford en un cortometraje. Explica sin aspavientos por qué se convertiría en una estrella en roles de niñas y jovencitas: Sabía proyectar inocencia y candor.  
Recomendable.


11/08/2023

Mantrap (Victor fleming, 1926)

Hablar en contra de una película protagonizada por Clara Bow no es un trabajo difícil. La simpática pelirroja no se caracterizó precisamente por participar en grandes obras del séptimo arte, sino por estelarizar películas de consumo rápido cuya principal función era entretener al público. No existe problema con este tipo de filmes, pero hay una gran distancia entre una película menor divertida y una película menor desagradable.
Mantrap se ofrece como una comedia amorosa. Como comedia no logra su objetivo; el humor es débil y hasta ridículo; como historia de amor deja muy bajo el gran sentimiento. Y cuando el humor no funciona y el amor se muestra en mala forma, las películas se vuelvan molestas. Mantrap es desagradable y ni siquiera el gran encanto de Clara Bow consigue ocultarlo. Por cierto, viendo lo bien que ella desempeña su rol es de lamentar que no se le permitiera salir de su encasillamiento como "la chica it" y trabajar en obras de mayor profundidad. Al menos queda su encanto.


Resumen: ALERTA DE SPOILER
Ralph Prescott (Percy Marmont), abogado neoyorquino especialista en divorcios, está tan cansado del permanente coqueteo de sus clientas que desea alejarse de las mujeres. Su amigo Wes Woodbury (Eugene Palette) le propone ir a acampar junto al río Mantrap en la frontera canadiense, un lugar tan apartado de la ciudad que “un hombre puede recorrer millas sin que se le peguen chicles en las suelas de los zapatos”.
Mientras en Mantrap, el rústico tendero Joe Easter (Ernest Torrance) confiesa a su amigo de la policía montada lo harto que esta de aquel pueblo sin mujeres. Recuerda haber visto el tobillo de una chica veinte años atrás. Su amigo rápidamente lo pone al tanto de la novedad: Ahora las mujeres muestran mucho más que el tobillo. Fascinado, Joe decide darse un viajecito a la ciudad, y apenas llega allí es embelesado por las hermosas piernas de la joven manicurista Alverna (Clara Bow). Joe entra en el salón de belleza masculino donde trabaja Alverna y se aplica todo el paquete de arreglos sólo para mantener una larga charla con ella. Luego la invita a cenar. Alverna finge un rechazo inicial de modo muy poco convincente.


Algunas semanas después Ralph y Wes realizan su acampada en los bosques de Mantrap. A la primera lluvia empiezan los problemas y ambos acaban enzarzados en una pelea. Joe llega al lugar en su bote, calma las cosas e invita a Ralph a su casa. Este piensa que todo irá mejor; no está acampando ni hay mujeres cerca. Pero al llegar a casa de Joe una hermosa muchacha sale a recibirlos. Es Alverna, ahora esposa de Joe. Aquí las cosas dejan de ser absurdamente simpáticas para volverse incomprensibles. No se explica por qué una joven, hermosa e independiente citadina abandona su  trabajo en la ciudad para convertirse en ama de casa en medio de la nada casándose con un hombre lo bastante mayor como para ser su padre. Se acepta que se trató de un matrimonio equivocado, pero no se explica por qué se realizó. Según Joe, Alverna lo encontró "diferente" a las hombres de ciudad. Eso es demasiado vago. Tampoco se puede argumentar que Alverna no supo como deshacerse de Joe después de la primera cita pues ya tenía experiencia con hombres mayores; el "galán" que la lleva al trabajo en su primera aparición es incluso mayor que Joe. Una chica con un nombre tan inusual sabe muy bien como manejar sus asuntos.


De inmediato Alverna inicia un coqueteo con Ralph, que parece tener sólo unos pocos años menos que Joe. Adopta el papel de la inocentona que toquetea y besuquea al invitado como parte de un juego que también incluye algunas frases de flapper.
Durante la noche Joe decide montar guardia luego de un intento de robo. Alverna aprovecha la ocasión para tratar de seducir a Ralph. Ahora actúa como la pobrecita asustada; al no funcionar, insiste con sus frasecitas dizque ingeniosas y enseña un poco de carne. 
Esto no es gracioso. Alverna no es una chica libre y simpática, como he leído en muchos comentarios entusiastas, sino una esposa que trata de seducir a un invitado de su marido para que la saque del hogar. Una chica libre y "moderna" se iría sola, no intentaría marcharse como mujer raptada para así arrojar sobre otro la responsabilidad de su decisión. Lo peor es que ella hace esto mientras su marido cuida la seguridad del hogar. Joe puede no ser joven ni guapo, pero es un tipo simpático que no merece un engaño como el que planea Alverna. Si ella está harta de él debe decírselo y acabar todo de manera correcta.


Cuatro semanas después Ralph sigue instalado en casa de Joe. Alverna no ha conseguido hacerlo caer en su juego pese a la atracción que provoca en él. Como Joe, Ralph es un tipo decente. Pero solos en el campo, Alverna intenta obtener un beso. Ella es tan libre que lleva cuatro semanas esperando que el hombre de el primer paso. Ralph la rechaza y critica su insistencia en comportarse "como una tontita", gran acusación, y expresa su decisión de volver a la ciudad. Parece que si Alverna no hubiera insinuado el beso Ralph seguiría en casa de Joe hasta ser echado.  


El día de la partida Alverna decide irse con Ralph. Está harta de Mantrap. No es Ralph quien le interesa, sino irse. Mientras, el bueno de Joe ha puesto la mesa y hasta flores para tener una primera comida a solas con su mujercita en más de un mes. Cuando ella no aparece, sale a buscarla en su bote (sí, hay una opaca imitación de la excelente Johan de Mauritz Stiller).
Avanzando por el bosque, Ralph finalmente cae en el juego de Alverna y por un momento parece que serán una pareja feliz una vez él la divorcie de Joe, pero los problemas empiezan cuando se pierden y ella coquetea con un piloto que les da algunas provisiones. Parece que ninguna mujer puede estar sin coquetear a menos que sea vieja y fea, caso de la antipática y estereotipada vecina de Joe.
Joe los encuentra y en lugar de recriminarlos le advierte a Ralph que Alverna sólo le causará problemas. Ella se defiende como una niñita enojada y ambos hombres comienza a hacer planes respecto a ella como si hablaran de una mascota. Por fin Alverna se cansa y decide que se irá y será dueña de sí misma. ¡Excelente decisión, Alverna!  Pero algún tiempo después vuelve con Joe porque…  extrañaba Mantrap, aunque a los pocos segundos está coqueteando con el nuevo policía de la zona.
 

Mantrap es pura misoginia; en ella hay sólo dos clases de mujeres: Jóvenes bonitas desesperadas por librarse de un hombre para arrojarse en brazos del siguiente que se les cruce por delante, y viejas feas (al menos una de ellas) maliciosas, entrometidas y fanáticas de la moda victoriana. Las únicas opciones de "galanes" para la guapa y joven protagonista son hombres aburridos que le doblan la edad. Y ella, la heroína de extraño nombre, una chica más descarada que libre, no siente ni pizca de vergüenza a la hora de intentar engañar a su marido con un hombre por el que no siente nada, comportándose para ello como una niña bobalicona a la que debemos tomar por una mujer mundana y dueña de sí misma. Este descaro irracional que muchos confunden con la libertad me hace dudar un poco de la identidad de Alverna. ¿Es ella una digna representante de la flapper o sólo una tontuela coqueta? Quizás ambas. Se supone que eso cause risa, sin embargo el asunto no es divertido, es incómodo. Puedo entender y justificar un adulterio en un drama o comedia, pero Mantrap no es ni lo uno ni lo otro. De hecho no podría adjudicar esta película a ningún género determinado. ¿Quizás "Intento Fallido de Comedia Suave"?
Película menor, Mantrap podría gustar a los admiradores de Clara Bow; ella está guapísima y actúa muy bien su estúpido personaje, haciéndolo tan creíble como exasperante. También agradará a los interesados en las flappers y a los admiradores del grandulón Ernest Torrance, un secundario de lujo; los demás abstenerse.



23/09/2022

El Águila (Clarence Brown, 1925)

Divertida adaptación del relato de Aleksandr Pushkin Doubrovsky el bandido, aunque el romántico ruso y su obra ni siquiera son mencionados en los créditos. Mezcla de drama y comedia amorosa, El Águila (The eagle) es una película que sólo pretende entretener con una historia de venganza, amor e identidades falsas. Lo consigue fácilmente gracias a un ritmo imparable y a un elenco atractivo y dotado para la comedia que logra que el espectador ignore las debilidades del guion. 


Resumen: ALERTA DE SPOILER
Mientras la zarina Catalina II (Louise Dresser) realiza una inspección a sus tropas, el joven teniente Vladimir Doubrovsky (Rudolph Valentino) coge el caballo favorito de esta para acudir en auxilio del coche de una joven y su tía. Calmada la situación, la joven y Vladimir quedan flechados a primera vista y se despiden coqueteando.
La zarina, una insaciable devoradora de hombres apuestos, cita al capitán Kuschka (Albert Conti) y a Vladimir. El joven acude completamente ignorante de las reales intenciones de su soberana. Ella lo examina a gusto, y conforme con su elección, se deshace del simpático pero maduro capitán e inicia el intento de seducción. Este es uno de los grandes momentos de la película; Louise Dresser brilla en su rol de madura, inteligente e implacable seductora, dotando a su personaje de gran solidez y humor. A su vez, Valentino derrama simpatía en su papel de chico ingenuo víctima de una mujer poderosa decidida a conseguirlo.


Cuando Vladimir finalmente comprende lo que sucede, opta por escapar. Kuschka le advierte que morirá si rechaza a la zarina, pero él se niega a oírlo. Buscando un sustituto, la soberana elige a Kuschka, que está muy complacido de tal honor.
Mientras, Vladimir lee una carta donde su padre le informa que un estafador llamado Kyrilla le arrebató todas sus posesiones; la única posibilidad de recuperar lo perdido es acudiendo a la zarina. El consternado Vladimir regresa al palacio real sólo para enterarse de que la soberana lo declaró desertor y ha ordenado su captura vivo o muerto; ahora no tiene más opción que huir.
El joven vuelve a su región natal y encuentra a su padre agonizando en la choza de un campesino. El desposeído señor muere y los siervos suplican a Vladimir que los libere del cruel yugo de Kyrilla Troekouroff (James A. Marcus). El joven jura venganza contra Kyrilla y su familia, y los antiguos siervos se unen a él. Usando una máscara negra Vladimir se convierte en una versión rusa de Robin Hood o El Zorro al robar a los malvados hombres de Kyrilla para dar a los pobres campesinos oprimidos. Sus hazañas en los alrededores, donde extrañamente nunca nieva, le ganan el apodo de El Águila Negra.


Mascha (Vilma Bánky), la hermosa viajera que antes impresionó a Vladimir, es hija del vulgar, fanfarrón y descuidado Kyrilla. Cómo un hombre de su calaña puede tener una hija tan delicada, es algo que jamás se explicará. Mascha es capturada por los hombres del Águila Negra pero él ordena su liberación porque no lucha contra mujeres. ¿Qué clase de venganza deja fuera a las mujeres cuando el villano sólo tiene por familia directa a su hija? Lamentablemente el asunto de la venganza y la propiedad estafada irán siendo apartados para centrar la historia en el romance de Vladimir y Mascha, que al desarrollarse sobre un agradable fondo cómico permite perdonar tan radical giro del guion.
Vladimir reconoce a la joven. Al principio ella lo desprecia, pero luego se muestra algo coqueta con el apuesto enmascarado aun sabiendo que es el enemigo de su padre. ¿Sabrá también la razón? Indudablemente, puesto que toda la gente de la zona habla de ello, sin embargo Mascha no parece incómoda por vivir de una fortuna robada. Su delicadeza podría limitarse sólo a las formas. Ya se verá.


Vladimir entra en casa de Kyrilla fingiendo ser Marcel Le Blanc, el tutor francés contratado para Mascha. Ella sospecha pero él desvía su atención entregando a Kyrilla una nota amenazante que asegura le dio el Águila Negra luego de asaltar a su cochero. Algunos días después Kyrilla da un banquete en medio del cual recibe otra nota amenazante. Mascha vuelve a sospechar y pronto está segura de la identidad del tutor al verle disparar con el mismo desplante del Águila Negra.
Enamorada de Vladimir, Mascha intentar convencerlo de abandonar su venganza recurriendo a unos versículos de La Biblia. Podría haber hecho lo mismo con su padre, mostrarle la línea de "no robarás", pero Mascha no se preocupa de nada ajeno al amor. Otro versículo bíblico sólo refuerza la intención de Vladimir. Entra al dormitorio de Kyrilla vestido del Águila Negra, y lo amenaza con una pistola antes de ser detenido y expulsado por Mascha. Luego, como el tutor, se queda toda la noche cuidando de Kyrilla. 


Al día siguiente Mascha confiesa su amor a Vladimir al mismo tiempo que este revela su verdadera identidad. Perseguido por los cosacos de Kyrilla, Vladimir huye y Mascha lo acompaña abandonado por él a su padre y su fortuna mal habida. Gran punto a favor de Mascha; al final sí era una chica de corazón delicado. Lástima por los fieles campesinos que permanecen atados al yugo del zafio Kyrilla, sin duda maldiciendo a Vladimir por su traición a la promesa hecha. Y aunque Kyrilla pierde a su única y amada hija, conserva intacto su poder y la fortuna robada. No hay justicia para los siervos, venganza para el padre muerto, ni castigo para el villano, y Vladimir y Mascha sólo ganan su amor, ahora son pobres y fugitivos.


Durante la huida la pareja es interceptada por un destacamento de la guardia zarista. Vladimir es apresado y condenado a muerte, y la zarina ordena que Kushka se encargue de la ejecución. Vladimir y Mascha se casan en la prisión y enseguida él es llevado ante el pelotón de fusilamiento. Arrepentida, la zarina pide a Kushka que lo salve, pero ya es tarde... En realidad no; el fusilamiento no se efectuó y Kushka pide a la soberana que firme el pasaporte de Doubrovsky, ahora Marcel Le Blanc. Enseguida Le Blanc y Mascha parten al extranjero en busca de un nuevo hogar. Quizá bajo un puente de París, ya que siguen poseyendo sólo su amor.


El Águila es una película que hará las delicias de cualquiera que sólo busque pasar un momento agradable. La cinematografía es muy hermosa, la historia es absorbente, el ritmo jamás decae, las actuaciones son muy buenas y los protagonistas se ven hermosos en ropas rusas. Hay una química genuina entre Rudolph Valentino y Vilma Bánky, y entre Louise Dresser y Albert Conti, las dos parejas de la película. Los personajes no son genéricos e incluso los villanos, Kyrilla y la zarina, no se representan de un modo totalmente oscuro. El dolor auténtico de Kyrilla al perder a su única hija compensa un poco el daño que causó, y el arrepentimiento final de la zarina y su apoyo a la joven pareja la redimen de su maldad inicial. Incluso consigue un amante adecuado a sus años que de verdad se interesa en ella.


El humor es suave pero constante. Sobresale principalmente en la secuencia del intento de seducción de la zarina; en la escena donde Vladimir condimenta en exceso su propia sopa y cuando Mascha lo descubre dándole un brutal masaje a su padre. También es gracioso el tono burlón de las notas amenazantes del Águila Negra y todo el asunto de las tres identidades del protagonista. En lo dramático destaca la escena de la muerte del padre de Vladimir y la de la lúgubre pero hermosa boda en prisión.


Así mismo El Águila es la película ideal para quienes nunca hemos considerado guapo a Valentino. Acá lo es; luce realmente apuesto como ruso y con antifaz. También para quienes deseen verlo en un personaje agradable. Sus momentos cómicos están muy bien logrados, llevando a lamentar que Hollywood desaprovechara su talento para la comedia insistiendo en asignarle papeles dramáticos de raptor, violador, amante infiel o idiota de ascendencia latina. Cuesta imaginar que pasaba por la cabeza de los productores cuando ponían a un actor tan limitado para el drama en papeles complejos y desagradables que requerían de un talento diferente. Probablemente sólo pensaban en los millones que obtendrían dando a su público lo que esperaba: Diversión vacía, morbo, un protagonista de atractivo exótico y la fantasía de la violencia como algo bonito.

Muy lindo como ruso y con antifaz.

Se sabe por fuentes no contaminadas que Valentino era una persona agradable que despertaba la simpatía instantánea en quienes lo conocían. A diferencia de sus personajes más populares, era amable y respetuoso con las mujeres. La actriz Ruth Roland lo conoció antes de su fama; ella relató después como en una ocasión insistió en llevarla a su casa tras una fiesta sólo para asegurarse de que llegaría sin problemas, aunque él mismo no se sentía muy bien. Ese Valentino simpático y caballeroso es quien debiera recordarse. Desgraciadamente sus personajes molestos han suplantado al hombre real y los agradables son ignorados. Por lo mismo El Águila es una oportunidad para disfrutar viendo a Valentino ser inteligente y encantador.
Recomiendo la película a cualquiera excepto a los admiradores de Pushkin. Su cuento fue tan modificado al convertirse en El Águila que podría ser molesto para los lectores del escritor ruso. Yo misma me sorprendí bastante al descubrir su origen literario, sin embargo el desenlace del cuento es tan horrible y forzado, rasgo usual en la literatura romántica, que agradezco y aplaudo el final feliz ideado en el cine.



26/08/2022

Rendición (Edward Sloman, 1927)

El primer y único trabajo hollywoodense del gran actor ruso Ivan Mozzhukhin es una de las películas silentes más desagradables y absurdas que he tenido la mala suerte de ver. La historia de Rendición (Surrender) es un ovación a la idea medieval (Oh, Decameron) de que para conseguir el amor de una mujer sólo se necesita perseguirla y acosarla en plan cacería. También contiene un poco de antisemitismo y la suficiente sordidez como para molestar a cualquier persona dotada de una pizca de sensibilidad. Y para acabar de sepultar la película en un agujero muy profundo, la actriz protagonista carece de dotes actores. 
Si mi resumen comentado a ratos parece algo burlón, es completamente intencional. No pude ser seria con una historia realista tan irreal. 


Resumen: ALERTA DE SPOILER
Lea (Mary Philbin) es hija del rabino Mendel Lyon (Nigel de Brulier), líder espiritual de una aldea judía asentada en la frontera austro-húngara, y está comprometida en matrimonio arreglado con Joshua (Otto Matieson), quien no parece lo bastante listo ni interesante como para conseguir la atención de su linda novia. El rabino es admirado y respetado por su sabiduría y buenas obras, siendo consultado y querido por todos.
Son los inicios de la Primera Guerra Mundial y el peligro ronda. Constantin (Ivan Mozzhukhin), un príncipe ruso y oficial de cosacos, cruza la frontera para cazar ardillas en el bosque. Su perro se separa de él y roba un zapato de Lea, que se había descalzado junto al río. Constantin la descubre y ambos comienzan a conversar en plan flirteo. Estas escenas son muy bonitas y es lamentable que duren tan poco. De haber seguido así Rendición sería una hermosa película.


La sorpresiva llegada del rabino interrumpe la conversación. Éste reconoce las ropas rusas de Constantin y le ordena volver a su país. La reacción es comprensible; los rusos tienen un extenso y triste historial de opresión y persecución contra los judíos.
Constantin pierde su encanto en cuestión de segundos. Se burla del rabino con arrogancia y amenaza con llevarse a Lea mientras esta se limita a mirar en otra dirección como si el asunto no le concerniera en lo absoluto. La cosa no pasa a mayores porque unos oficiales rusos llegan a informar a Constantin que debe tomar la comandancia de un batallón de cosacos. Sólo entonces Lea comprende que realmente ha estado coqueteando con un enemigo, aunque el descubrimiento no impide que observe con nostalgia la partida de Constantin. Es más que claro que la chica se siente atraída por hombres que amenazan con el rapto, así que el pacífico Joshua no tiene la menor oportunidad de llegar a su corazón.  


Algún tiempo después, un ejercito de cientos de cosacos comandados por Constantin invade y toma el lugar. Temiendo por la seguridad de Lea, el rabino la oculta en… la misma casa. Elegir tal escondite es más estúpido que insensato; ese es el primer lugar donde la buscarían. 
El rabino acude al llamado de los oficiales rusos junto a otros notables del pueblo. Al ver a Constantin intenta pasar desapercibido fingiendo sordera cuando se le ordena firmar un documento. Con tan brillante estrategia de camuflaje sólo consigue que Constantin repare en él y lo reconozca. 


El sabio rabino ya cometió dos tonterías pero vendrán más. Asegura desconocer a Constantin y cuando este menciona a Lea, niega tener una hija. Constantin insiste y se invita a casa del rabino junto a tres de sus hombres. Allí ordena registrar la casa, que evidentemente está llena de delatores objetos femeninos, y al final él mismo encuentra a la muchacha. Ella luce un extraño peinado consistente en una gruesa trenza que le atraviesa la cabeza a modo de horrendo tocado. Esta moda no desanima a Constantin, que expulsa a sus hombres y comienza un desagradable cortejo acosador. Se extraña del desprecio de Lea, quien le deja claro que lo odia por ser un cosaco, los perseguidores y asesinos usuales de su pueblo. Constantin parece divertirse de la acusación y pasa a mayores abrazándola por la fuerza. El lenguaje gestual de Mozzhukhin es tan bueno que se puede construir casi toda su respuesta muda a la acusación de Lea. Sería más o menos así:
Constantin: ¿Yo un asesino? ¡Claro que no! ¿Cómo puedes pensar eso? Yo no hago esas cosas. ¿Cómo podría hacerte algo así… a ti? Nunca, a ti sólo te abrazaría… ¿Por qué no quieres que te abrace? Mira, tengo las manos limpias, no te voy a ensuciar, sólo a abrazarte... Así, así; ¡ven acá con tu malvado cosaco acosador! Vamos, no seas tonta, sólo quiero besarte.


Viendo a Constantin ocupado, el rabino alza un cuchillo con intención de matarlo, pero todos son interrumpidos por el pregonero que anuncia el inicio del Sabbat. Lea aprovecha la confusión de Constantin para escapar de su abrazo. Hay un agradable cambio en el tono de la escena y ahora son Mendel y Lea quienes molestan a Constantin sin usar ninguna violencia.
El rabino pone el cuchillo en la mesa y se aparta. El sorprendido cosaco comprende el peligro en que estuvo. ¿Ordena fusilar al rabino por su intención asesina? No; se queda observando con curiosidad el ritual previo a la cena de sus resignados anfitriones. Estos ven que no tiene intención de irse, así que deciden hacerle pasar una mala comida. Primero lo ignoran; después no le sirven vino hasta que lo pide; en vez de pan le dan un pequeño pedazo de corteza; por último le corresponde la cabeza del pescado, la que escudriña con desconfianza en busca de algo comestible. Todo esto es bastante divertido en gran parte gracias al excelente lenguaje corporal de Mozzhukhin. Se ha dicho que la incomodidad del gran actor hacia su desagradable e inconsistente personaje derivó en una caída de su rendimiento actoral, por lo común sobresaliente, pero estoy en desacuerdo con tal afirmación. Constantin es muy antipático y sus acciones son lo suficientemente confusas como para hacer de su interpretación un trabajo más que difícil, sin embargo Ivan Mozzhukhin era un actor de primer nivel, no una celebridad hollywoodense, y pudo conseguirlo. Con su mirada felina y gestos elegantes, Ivan logra que Constantin sea tan real como se pueda. Un tipo rarísimo y retorcido donde los haya, pero lamentablemente el mundo alberga bastantes lunáticos y chiflados.  


Joshua llega y pide ver a su prometida. La timidez y el nerviosismo del novio hacen que Constantin pregunte a Lea si lo ama. Ella sufre un repentino ataque de mudez que acentúa las nulas capacidades actorales de Mary Philbin. El rabino explica que es deber de Lea amar a su prometido y Constantin se muestra en desacuerdo. Para él el amor es algo que surge espontáneamente y de la nada. Deduzco que este hombre leyó demasiadas novelas baratas o nadie le ha explicado que lo que él considera amor en realidad se llama atracción física o deslumbramiento. El amor no es un deber pero tampoco emerge súbitamente; el cosaco y el rabino están igual de equivocados.  
Constantin decide ser todavía más insufrible y para ello ordena fusilar a Joshua. Ante la intervención del rabino acepta dejarlo vivir si Lea se lo ruega. Esto alivia bastante a Joshua, aunque Lea no da la menor señal de estar dispuesta a ayudarlo. ¿Qué diablos sucede con esta chica? Se entiende que no ama a Joshua y desea librarse del compromiso matrimonial, pero conseguirlo haciendo que fusilen al pobre chico me parece una solución extrema que vuelve a Lea tan inconsistente como Constantin. Después de todo lleva cinco años comprometida con Joshua sin que él se le imponga; como mínimo debiera mostrarle un poco de simpatía e intentar ayudarlo. Joshua estará tan agradecido que le dará lo que ella pida, incluso el rompimiento del compromiso. Sabemos que Constantin no se conformará con una súplica, pero por el momento sólo ha pedido eso y Lea no tiene razón válida para negarse a cumplir un capricho tan infantil. Mas como sigue impávida en medio de la escena, su horrorizado padre le ordena cumplir la condición del cosaco. Ella obedece y entonces Constantin le exige que lo bese. El intertítulo es demasiado explicativo:
''Pon tu cara contra la mía. Bésame.''
Creo que no existe otra forma de besar que uniendo los rostros. No al menos para el tipo de beso que desea Constantin. Lea se niega pese a las desesperadas súplicas del aterrorizado Joshua, al que incluso mira con desprecio. Es innegable que al enfatizar tanto en el miedo de Joshua se pretende hacerlo ver como un cobarde, mas creo que cualquiera se comportaría de modo similar si su vida dependiera del capricho de un poderoso.


Constantin pierde la paciencia y antes de marcharse lanza su ultimátum: Quemará la aldea y a todos sus habitantes a menos que Lea se acueste con él esa misma noche. Quedé atónita al llegar a esta parte. ¿Realmente él dijo eso? Tuve que detener la películas y retrocederla unos segundos para cerciorarme de haber leído bien. Sí, lo dijo. No de forma tan directa, pero la intención es la misma. ¿Pero no se supone que Constantin es el galán de la historia? Pues resulta que también es el villano. Imposible, ¿cómo podría ser ambos? Es incongruente y vuelve todo demasiado confuso. ¿Hay que amarlo u odiarlo? No existe respuesta.


La noticia de la amenaza genocida se esparce por la aldea, y los aterrados habitantes exigen al rabino que Lea se sacrifique por su pueblo como hizo Ester. Lea se niega con horror y el rabino los calma recordando a quienes prefirieron la muerte antes que el pecado. Enseguida los cosacos entran en acción obligando a la gente a volver a sus casas. Tapian puertas y ventanas, acumulan paja, encienden antorchas y esperan la orden de los oficiales de Constantin. Esto es realmente horrible porque la gente no tiene la más mínima posibilidad de escapar. Se ven niños llorando tras las ventanas y adultos suplicando con terror. Ahora sólo podemos odiar a Constantin.
Finalmente Lea no soporta más el cruel dilema y va donde Constantin, que la recibe como si acudiera a una cita amorosa y no a un sacrificio. Él despliega encanto y alegría, pero Lea está más impávida y ensimismada que de costumbre. No responde a su plática, se niega a beber y escapa de sus brazos tras un par de besos no deseados. Constantin no comprende el rechazo. En su retorcida mente Lea acudió a él porque lo ama. ¿Qué otra razón tendría para hacerlo? Parece haber olvidado su salvaje amenaza; o quizá para él esas amenazas sean habituales en un cortejo amoroso. Pero entonces ella le explica que sólo está ahí para salvar a su pueblo y Constantin cambia mágicamente. 


Faltan varios segundos de metraje entre tomas a lo largo de toda la película; aquí la ausencia de esos segundos vuelve bastante extraña la escena e incluso hay unas tomas mal montadas: Constantin y Lea están frente a frente en la habitación; enseguida lado a lado en el balcón y otra vez en la habitación antes de volver al balcón. Aunque dudo que el asunto pudiera mejorar ni siquiera con el metraje completo y bien montado. 
Constantin suelta unas líneas cursis sobre la belleza de Lea y el horror de la guerra. Enseguida le dice que se puede ir y que siempre la recordará. Aliviada, Lea rompe a llorar de un modo que provoca risa, no empatía. En aquel momento un cosaco informa a Constantin que los austriacos vienen a liberar la aldea; hay que huir de inmediato. Lea accede a dar un beso de despedida a Constantin y entonces descubre que está enamorada de él aunque sea un canalla acosador que la chantajeó sexualmente, y un genocida acostumbrado a quemar viva a la gente en sus casas, niños incluidos. Se dice que en gustos no hay nada escrito pero creo que aquí los guionistas se fueron un poco al extremo. Cierto que él es endiabladamente guapo, pero la oscilación entre crueldad y galantería anula todo su atractivo físico. Definitivamente el giro de la historia no se puede tomar con seriedad, es demasiado falso.


Lea esconde a Constantin de los austriacos, que no se molestan en revisar las habitaciones, y acepta su anillo como compromiso matrimonial… Esto se pone cada vez más extraño… Parece que ambos olvidaron todo, incluso el asunto de la religión. Ella es judía y él es cristiano ortodoxo. ¿Quién los casará? ¿Cómo educarán a sus hijos? ¿En que idioma les hablarán? No hay tiempo para pensar en nada porque Joshua entra en la habitación y dispara contra Constantin, hiriéndolo. De alguna manera Lea consigue desarmarlo (otra vez falta metraje) y el cosaco escapa.   
Joshua revela a los demás la traición de Lea y todos acuden a pedir explicaciones al rabino. Lea llega al lugar y de manera muy estúpida confiesa su amor por Constantin y que se casará con él. El furioso rabino la expulsa de su casa y todos se vuelven contra ella, que no comprende la razón de tanto enojo y desprecio. Al igual que Constantin, Lea parece no entender como funcionan las cosas.
Algunos espectadores tienen la errada percepción de que los aldeanos actúan de manera hipócrita al inducir a Lea a ir con Constantin y luego enojarse de que fuera. En realidad la gente no está furiosa por eso sino por el enamoramiento. Que Lea sacrificara su doncellez para salvarlos era aceptable e incluso loable, pero enamorarse del potencial genocida y violador y decidir casarse con él porque le soltó unos versitos baratos, es algo muy diferente. ¿Cómo podrían no enfurecerse con la noticia de que la hija de su líder espiritual ama al mismo hombre que poco antes estaba dispuesto a quemarlos vivos a todos a menos que ella accediera a dejarse violar por él? No hay hipocresía sino una justa cólera que estalla y entonces el pueblo comienza a apedrear a Lea. El rabino interfiere y consigue que lo maten de una pedrada, tan delgado es, pero Lea sobrevive y abandona la aldea.
Años después Constantin regresa. La Revolución le quitó su rango y fortuna y ahora parece ser un campesino. Se reencuentra con Lea en las afueras del cementerio judío y todo está bien. En realidad no; nada de lo sucedido después del primer encuentro de Lea y Constantin tiene el menor sentido, pero así termina.
 
En alguna parte leí que Mary Philbin e Ivan Mozzhukhin se tomaron tal antipatía mientras filmaban Rendición que casi no podían verse. Como ninguno hablaba el idioma del otro imagino que no podían simpatizar en ninguna forma, sin embargo los intensos duelos de miradas entre ambos están entre lo poco bueno de la película. Mary Philbin era una actriz tan limitada que emparejarla con un actor de la talla de Mozzhukhin, que además estaba acostumbrado a trabajar con actrices eficaces, no fue precisamente bueno para su carrera. Y sin embargo el coprotagonista se llevó la peor parte dado lo horrible de su rol. 
Es difícil entender por qué Universal intentó lanzar la carrera hollywoodense de Mozzhukhin poniéndolo en una película tan mala. Se ha llegado a asegurar que la verdadera intención del estudio era destruirlo para así deshacerse de la competencia que significaba para los galanes de Hollywood, pero esto claramente es un absurdo. La estrategia de Hollywood frente a la competencia europea era más sutil: Saqueaba sus cinematografías ofreciendo suculentos contratos a sus estrellas y así, a la vez que minaba el campo enemigo, agregaba talento a su propia industria. El Hollywood de los años 20 estaba lleno de gente que antes triunfó en el viejo mundo: Pola Negri, Victor Sjöström, Ernst Lubitsch, Conrad Veidt, Lars Hanson, Emil Jannings, Greta Garbo, Paul Leni… Ivan Mozzhukhin había triunfado en Rusia y luego, desde Francia, en toda Europa, convirtiéndose en presa codiciada para Hollywood.  
Lo que realmente sucedió fue que el director de Universal, Carl Leammle, se empeñó en filmar una adaptación cinematográfica de una de sus obras teatrales favoritas, Lea Lyon, e impuso al recién contratado Mozzhukhin y a la actriz mimada del estudio. Tener a un actor ruso para interpretar a un cosaco debió aumentar su entusiasmo, porque Rusia estaba de moda debido a la Revolución. Así que contra toda opinión disidente Leammle ordenó la filmación de Rendición. Pero la historia a contar era tan absurda e infame que no resultó y Mozzhukhin regresó a Europa y se unió a la cinematografía alemana.


Rendición cuenta con una hermosa cinematografía y una historia ágil que desagrada y molesta pero no se hace tediosa. Los duelos de miradas entre Mozzhukhin y Philbin son muy tensos, y él, aún interpretando a un tipo demasiado dual, se desempeña muy bien. Su labor aquí nunca está a la altura de sus mejores obras, pero tampoco es una actuación perdida. Un Mozzhukhin regular siempre es mucho mejor que el promedio de los actores silentes. 
Esta fue la tercera película de Mozzhkhin que vi y la primera que vi sólo por él. Mala elección. Pero aunque desprecié y odié a su personaje, no pude evitar sentirme conmovida con su interpretación. Por lo tanto recomiendo Rendición a quien sienta curiosidad por la única y fallida película americana de Mozzhukhin, a sus admiradores dispuestos a ver todas sus películas disponible (aquí entro yo) y, claro, a los masoquistas que gusten de torturarse con historias desagradables.