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08/03/2024

Marginados y Caligari

¿No es fascinante cuando en una película sonora se menciona el cine silente sin hacer burlar de él? Amo esas referencias respetuosas. Recientemente vi el muy recomendable drama juvenil Las ventajas de ser un marginado (Stephen Chbosky, 2012). En cierto momento el protagonista y sus amigos acuden al cine a ver una película "clásica". Y la película es nada menos que El gabinete del doctor Caligari. Aunque los personajes no comentan el filme, me emocioné al ver esa escena. Una de mis películas silentes favoritas mencionada en una de las películas favoritas de muchos jóvenes. Espero que algunos se interesaran en ver Caligari aunque fuera por curiosidad. El cine silente necesita más sangre joven.



02/06/2023

8 grandes "talkies" de actores silentes

Como bien sabemos los seguidores del cine mudo, la historia de que la mayoría de los actores silentes no pudo pasar al sonoro, es un mito. Muchos actores del periodo, tras algunos tropiezos menores, continuaron trabajando en el cine durante años, labrándose sólidas carreras en el nuevo formato. Los actores jóvenes y aquellos que contaban con una base teatral se adaptaron con mayor facilidad, pero no deben ignorarse los talentos excepcionales cuya fotogenia y comprensión del arte cinematográfico dieron al cine algunas obras más que dignas de mención. 
A continuación, en orden cronológico, 8 grandes películas sonoras cuyo reparto incluye a destacados actores del cine silente en roles de diversa importancia.


1) El congreso se divierte 
(Der kongress tanzt, Erik Charell, 1931, Alemania). 
Actores: Willy Fritsch, Conrad Veidt y Lil Dagover.
Chispeante opereta de comienzos del sonoro alemán en la que una joven guantera (Lilian Harvey) vive un breve y romántico idilio con el Zar Alejandro I (Willy Fritsch) durante el Congreso de Viena. Al mismo tiempo, el Príncipe Metternich (Conrad Veidt) maquina a favor de su propia causa política con ayuda de su secretario Pepi (Carl-Heinz Schroth) y de su amiga personal la Condesa (Lil Dagover). 
Se trata de una historia sencilla y anecdótica que por momentos pareciera transformarse en un drama político mayor, capturando con gran acierto el espíritu de la Viena de 1810.  
El versátil Willy Fritsch demuestra su talento para la comedia como el galante y alegre Zar y como su bobo doble Uralsky; la hermosa Lil Dagover se mueve en su terreno siendo la bella, sofisticada y coqueta Condesa francesa aliada de Metternich; sin embargo, es Conrad Veidt quien entrega la mejor actuación. Su caracterización de Metternich como un político tortuoso y manipulador que nunca llega a convertirse en villano es impecable, tanto que en su momento el personaje fue incluso más popular que el del Zar. Viéndole interactuar con el resto de personajes, se entiende que agradara tanto: Mientras los demás jefes de estado anhelan bailar comer y cantar, Metternich vive para los tejemanejes políticos, recurriendo a métodos de dudosa nobleza para girar el curso de los acontecimientos a favor de su causa. Su relación con la Condesa oscila entre la amistad y el romance, alcanzando el punto máximo en la secuencia del baile, donde por un momento sólo son una pareja más. Conrad Veidt y Lil Dagover valseando juntos es un regalo para los ojos de todo admirador de esta icónica pareja cinematográfica. 



2) El viejo y el joven rey: La juventud de Federico El Grande
(Der alte und der junge könig, Friedrichs des grossen judend, Hans Steinhoff, 1935, Alemania). 
Actor: Emil Jannings. 
Biopic en clave nazi de la juventud de Federico II El Grande (Werner Hinz), uno de los monarcas prusianos más admirados por el régimen, y la difícil relación con su autoritario padre, Federico Guillermo I (Emil Jannings). 
Aún tratándose de una obra destinada a promover la idea nazi del führerprinzip, El viejo y el joven rey es un filme apasionante por su exposición de la lucha desigual entre dos formas opuestas de ver la vida, así como del triunfo del deber por sobre el sentimiento.  
En su momento de gloria como estrella del cine hitleriano, el gran Emil Jannings personifica al Rey Soldado con la maestría que le identifica, apoderándose de cada escena en que aparece. Su interpretación de un padre intolerante, irascible, estricto hasta la tiranía y obsesionado con la dura disciplina militar, es portentosa, proyectando una sombra en el resto de personajes y empequeñeciéndolos en todos los aspectos. Sin duda uno de los grandes trabajos de un gran actor. 



3) Nace una estrella 
(A star is born, William A. Wellman, 1937, Estados Unidos). 
Actores: Janet Gaynor, Adolphe Menjou y Fredrich March. 
Amarga, elegante y hermosa película donde la joven aspirante a actriz Esther Blodgett (Janet Gaynor) asciende hasta el estrellato mientras Norman Maine (Fredrich March), el conocido actor con quien se casa, va cayendo en el olvido y el alcoholismo. 
Obra de exquisita sensibilidad estética y emocional que expone de manera equilibrada lo mejor y peor de la industria del cine: La lucha por el estrellato, el actor como un producto para la prensa amarillista, los celos artísticos, la caída desde la cima de la fama... 
El convincente Fredrich March hace un trabajo correcto como Norman; él y Esther forman una linda y conmovedora pareja cuyo recorrido amoroso llega directo al corazón del espectador. La dulce y hermosa Janet Gaynor dota de gran calidad humana a Esther, una chica tenaz, generosa, leal, dispuesta al sacrificio por amor. Ella es el centro de toda la historia y lo es con pasión; su tierno y sensible rostro expresa alegría, inocencia, ilusión y dolor de una manera exquisita. Janet Gaynor siempre consigue que sigamos creyendo en la magia y los milagros.


 
4) El gran dictador
(The great dictator, Charles Chaplin, 1940, Estados unidos).
Actor: Charles Chaplin.
Tras veinte años en el hospital, un ex soldado y barbero judío (Charles Chaplin) regresa a su ciudad en Tomania ignorando que ahora la nación es gobernada por el dictador antisemita Adenoid Hynkel (Charles Chaplin). El megalómano Hynkel planea conquistar el mundo comenzando por el país vecino, Austerlich, y para ello intenta obtener un préstamo de un banquero judío. Al no conseguirlo recrudece su opresión sobre los judíos, que se ven forzados a huir del país. 
Tras negarse por años a filmar películas habladas, Charles Chaplin debuta a lo grande en el cine sonoro escribiendo, produciendo, dirigiendo, musicalizando y protagonizando esta genial sátira que ridiculiza y condena el nazismo y las dictaduras en general. Amarga y divertida, la película auna escenas desternillantes con otras de hondo patetismo. La excelencia interpretativa de Chaplin en su doble papel de víctima y villano cala hasta el hueso del espectador, regalando algunos de los momentos más memorables de su carrera como son la afeitada al compás de Brahms o el juego con el globo terráqueo. Mención aparte para el bellísimo y emotivo discurso final, un canto al amor y la hermandad universal que, lamentablemente, no ha sido escuchado. 



5) La fuga 
(Escape, Mervyn LeRoy, 1940, Estados Unidos). 
Actores: Alla Nazimova, Norma Shearer y Conrad Veidt. 
Notable y duro melodrama sobre los esfuerzos del joven americano Mark Preysing (Robert Taylor) por rescatar a su madre alemana, la ex actriz teatral Emmy Ritter (Alla Nazimova), de un campo de concentración alemán. En su búsqueda de información y ayuda Mark conoce a la Condesa Ruby von Trenck (Norma Shearer), joven americana viuda de un conde alemán y emparejada con el oficial Kurt von Kolb (Conrad Veidt). 
Brillante y olvidado drama antinazi con una historia intrigante y entretenida a cargo de un elenco de primer nivel. Posee también un importante valor histórico por su osadia en mostrar la realidad de la Alemania nazi en una época donde la opinión pública americana todavía no dimensionaba el alcance de su peligro.  
Norma Shearer es majestuosa como la bella y elegante viuda reconvertida en directora de una escuela particular, aunque su emparejamiento con Taylor se me hace algo forzado. Mejor suerte tiene con Conrad Veidt. Kurt es encantador y aterrador a partes iguales; parece frío e intransigente, pero está locamente enamorado de su dama, siendo los celos antes que las convicciones los que le empujan a enfrentarse a Mark. Alla Nazimova debuta en el cine sonoro en un rol dramático que supera cualquier expectativa; la gran actriz proyecta el sufrimiento físico y moral de Emmy con una grandeza y dignidad a prueba de todo. Mención especial a Albert y Elsa Bassermann en roles menores.



6) Cabalga esta noche 
(Rid i natt!, Gustaf Molander, 1942, Suecia). 
Actor: Lars Hanson. 
A través del alguacil Lars Borre (Erik Blergund), un noble alemán exige horas de trabajo a los habitantes de un pequeño pueblo sueco. El joven Ragnar Svedje (Oscar Ljung) se niega a obedecer, viéndose forzado a huir al bosque y enemistándose con Jon Stånge (Lars Hanson), líder de la asamblea popular y padre de su prometida, la hermosa Botilla (Eva Dahlbeck). 
Magnífico drama rural destinado a reforzar el sentimiento antinazi en la Suecia neutral. 
El gran Lars Hanson vuelve a interpretar a un campesino como hiciera en algunos de sus mejores filmes silentes, y lo hace siendo el maestro de la actuación que siempre fue. Jon Stånge es un hombre sencillo cuya conciencia no logra superar la debilidad de su carácter. Sobrepasado por los acontecimientos y el temor, se convierte en involuntario colaborador de sus opresores, perdiendo el respeto y la amistad de sus vecinos. Paralelamente, su única hija es víctima de la maledicencia de una mujer despechada que la acusa de brujería. Lars, con su voz profunda y rostro expresivo, dota al personaje de un convulso mundo interior lleno de miedos, pesadillas y culpas. Su mejor talkie. 



7) El crepúsculo de los dioses 
(Sunset boulevard, Billy Wilder, 1950, Estados Unidos). 
Actores: Gloria Swanson, Erich von Stroheim y la participación especial de Buster Keaton y Anna Q. Nilsson. 
El mediocre escritor Joe Gillis (William Holden) conoce casualmente a la ex diva del cine silente Norma Desmond (Gloria Swanson), quien vive recluida en una mansión preparando un imaginario regreso y acompañada sólo por su mayordomo Max von Mayerling (Erich von Stroheim). 
Obra maestra absoluta sobre el cine de Hollywood, fábrica de sueños que demasiadas veces devienen en pesadillas. Homenaje-denuncia y retrato negro de la industria.  
Gloria Swanson está impecable y brilla como la altiva, delirante, egocéntrica y celosa Norma Desmond, antigua estrella enclaustrada en su vieja y atiborrada mansión. Incapaz de aceptar el paso del tiempo y la pérdida de la fama, Norma se ha retirado a un mundo propio donde todo sigue gravitando a su alrededor. Ayudada por la malsana complicidad de su mayordomo y ex marido Max von Mayerling, Norma consigue mantener por un tiempo la ilusión en un mundo donde su coche vale más que ella, la antigua diva. Erich von Stroheim hace a un lado su habitual imagen de cínico y canalla, y se transforma en un ser patético, el descubridor y marido de la otrora diva reconvertido en una pieza más de su colección de viejos trofeos. Lealtad, masoquismo amor o posesión, nunca se llega a explicar qué mantiene a Max junto a Norma, pero el grado de humillación que soporta es tan admirable como triste. Aplausos para Buster Keaton y Anna Q. Nilsson por su breve gran aparición. 



8) La noche del cazador 
(The night of the hunter, Charles Laughton, 1955, Estados Unidos). 
Actriz: Lillian Gish. 
El predicador fanático y asesino de esposas Harry Powell (Robert Mitchum) persigue a sus hijastros John (Billy Chapin) y Pearl (Sally Jane Bruce) para arrebatarles el dinero que robara su padre. Los hermanos se refugian en la granja de la estricta aunque amable anciana Rachel Cooper (Lillian Gish), quien mantiene a varios niños sin hogar.
Maravillosa y poderosa defensora de la infancia y la inocencia, Rachel Cooper personifica al bien como una anciana con rostro de niña y ojos inmensos que no se amilana a la hora de encarar a un insólito barbazul. Lillian Gish, una de las actrices más grandes de la historia del cine, regala un trabajo merecedor de todos los elogios posibles y una de las secuencias más perturbadoras del cine clásico, la de Rachel, escopeta en mano en su mecedora, acompañando el canto del malvado Harry mientras este acecha su apartada granja. 



28/10/2022

10 películas de vampiros para ver en Halloween

En estas fechas es usual que muchas páginas recomienden películas de terror. Clásicos eternos como El exorcista comparten entrada con obras modernas tipo la más reciente secuela-reinicio-remake de Halloween. Por suerte para mí (o desgracia, según se le mire) no suelo consumir demasiado cine de terror. Hay varias películas de miedo que disfruto muchísimo, pero no es un género que me atraiga particularmente; prefiero la ciencia ficción o el drama histórico. 
Pese a lo anterior, me uniré a la costumbre de recomendar filmes a tono con la celebración, aunque centrándome en un subgénero del terror: Las películas de vampiros.

Drusilla y Spike, una gran pareja de vampiros.
No pertenecen al cine sino a la TV,
pero quería tenerlos en mi blog.

En mis tiempos góticos más acentuados rendí culto a los vampiros. Por varios años fueron una auténtica obsesión para mí. Ahora sólo me gustan y en bastante menor grado que las computadoras y los robots. Al menos los vampiros modernos. Cada día son más una idealización de humanos abusivos que monstruos nacidos de la oscuridad del mundo. 
Al principio la idea de usar al vampiro como metáfora sexual fue cautivante y se desarrolló muy bien en obras literarias y cinematográficas que se convirtieron en clásicos. Hoy eso ha sido llevado a un extremo tan ridículo que acabó conduciéndome al tedio. No quiero más películas de vampiros, a menos que rompan o sacudan el molde.  
Entonces, acá hay diez películas de vampiros que todo fanático debiera ver. Algunas son imprescindibles y otras sólo me gustan. Están ordenadas cronológicamente.

Nosferatu
(Nosferatu, eine symphonie des grauens, F.W. Murnau, 1922). 

Vampyr 
(Vampyr - Der traum des Allan Gray, Carl Theodor Dreyer, 1932). 

Drácula
(John Badham, 1979).

Nosferatu el vampiro
(Nosferatu, phantom der nacht, werner Herzog, 1979).

Generación perdida
(The lost boys, Joel Schumacher, 1987).

Los viajeros de la noche
(Near dark, Kathryn Bigelow, 1987).

Entrevista con el vampiro
(Interview with the vampire, Neil Jordan, 1994).

Blade, cazador de vampiros
(Blade, Stephen Norrigton, 1998).

La reina de los condenados
(Queen of the damned, Michael Rymer, 2002).

30 días de noche
(30 days of night, David Slade, 2007).


Bonus:

Byzantium
(Neil Jordan, 2012).

Una chica vuelve sola a casa de noche 
(A girl walks home alone at night, Ana Lily Amirpour, 2014). 


Para otros artículos míos sobre los vampiros, ir a las siguientes entradas de mi blog literario:


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Este artículo forma parte del especial temático
¡Feliz Halloween 2022!




20/05/2022

Oro (Karl Hartl, 1934)

Curiosa película sonora donde la ciencia consigue lo que la magia no pudo, crear oro. Espionaje industrial, sabotajes, yates de lujo, máquinas sorprendentes y unas gotas de glamour a cargo de la deslumbrante Brigitte Helm hicieron de Oro (Gold) un éxito internacional digno de verse, y una de las primeras buenas películas de ciencia ficción.
 

Resumen: ALERTA DE SPOILER
El científico e ingeniero alemán Werner Holk (Hans Albers) trabaja junto a su colega y mentor, el profesor Achenbach (Friedrich Kayssler), en la creación de una máquina atómica que podría hacer realidad el viejo sueño alquimista de convertir el plomo en oro. El millonario británico John Wills (Michael Bohnen), promotor de un proyecto similar, decide deshacerse de la competencia sobornando a un técnico de Achenbach para colocar una bomba en la máquina. Esta estalla matando al profesor y dejando gravemente herido a Werner. Una oportuna donación de sangre realizada por Margit Möller (Lien Deyers), la joven prometida de Werner, salva la vida del científico.


Un año después Werner vive atormentado por las dudas respecto a las causas de la explosión. Wills lo contacta para ofrecerle trabajo en su laboratorio en Escocia, donde ha montado una máquina que pretende replicar el experimento de Achenbach. Al revisar los planos Werner descubre que la máquina de Wills es la misma que diseñara Achenbach, y acepta el trabajo para vengarse del millonario arruinando sus planes.
Werner aborda el enorme yate particular de Wills. Su capitán resulta ser Willi Luders (Ernst Karchow), un viejo amigo de Werner que al principio finge no reconocerlo. Más tarde Willi le explica que un turbio episodio amoroso arruinó su reputación y le apartó de su alto cargo en la armada, viéndose obligado a aceptar trabajos en barcos civiles bajo una identidad falsa. Extrañamente su nuevo nombre es inglés aunque su nacionalidad es cubana.


Werner es instalado en el hermoso castillo escocés de Wills, donde a cientos de metros bajo el océano se ha construido la máquina transmutadora  atómica. El magnate desconfía de Werner así que ordena  registrar su equipaje. Florence (Brigitte Helm), la hermosa y voluntariosa hija de Wills, sorprende a los sirvientes en esta tarea y se siente intrigada por ese ingeniero que tan importante parece ser. Consigue reunirse a solas con él y es atraída por su brillantez e integridad, cualidades muy alejadas de su padre, con quien mantiene una relación fría y distante. A su vez Werner queda impresionado por la belleza y desenvoltura de la joven. Willi lo previene contra Florence recordándole su propia historia, si bien Werner no parece víctima de ningún flechazo.  
Algunos días después Werner consigue fabricar oro. Florence abandona una fiesta en el castillo para ser la primera en felicitarlo. La noticia se difunde rápidamente y los periódicos exponen su opinión a las consecuencias de tal invento. 


Llega el día en que la máquina deberá comenzar a producir oro a gran escala. Mientras la mayoría de los obreros y operarios se muestran seguros de compartir la fortuna que ahora parece accesible a cualquiera, el capataz Schwarz (Rudolf Platte) es más escéptico. Cuando se alistan para iniciar su labor, Werner acusa a Wills de querer apoderarse de la economía mundial, y destruye la máquina con ayuda del capataz. Werner, Schwarz y los trabajadores consiguen escapar antes de que la explosión final inunde todo, pero Wills, enloquecido, se niega a abandonar el lugar y muere junto a su máquina.
De regreso en Alemania, Werner se reúne con Margit, libres ya para continuar sus vidas.
 

El guion de Oro estuvo a cargo de Roll E. Vanloo, que había escrito Asfalto (1929) para Joe May. Como en esa pieza imprescindible del cine mudo germano, Oro cuenta una historia simple, directa y atractiva, aunque también algo incoherente en su premisa: El magnate Wills planea hacerse todavía más rico pavimentando el mundo con su oro artificial, estrategia más que inverosímil puesto que es precisamente su escasez lo que da tanto valor al oro. Pero salvando ese enorme agujero Oro es una película muy recomendable. En su tiempo se le llamó "La Metrópolis nazi", título exagerado para una película que ni siquiera se aproxima a la grandeza del clásico silente, pero que señala el innegable deseo del cine nazi de emular el prestigio del cine de Weimar. Cierto que hay similitudes con Metrópolis más allá de la inclusión de Brigitte Helm, mas no son relevantes sino anecdóticas.
Quizás el título haga referencia a sus decorados para el laboratorio de la máquina transmutadora. Oro logró un triunfo técnico con este sorprendente y hermoso escenario. El laboratorio de Wills incluye paneles de control que ocupan toda una pared, altísimas puertas blindadas, enormes bujías y tubos de vidrio de dudosa función, grandes aisladores de porcelana, y gigantescos generadores que semejan una decoración industrial. Cuando se pone a funcionar, la máquina suelta rayos de energía que parpadean con locura. Los actores y la cámara se mueven con naturalidad dentro de este decorado haciéndolo ver real y funcional. También hay un hermoso vehículo que enamoró a mi lado retrofuturista art déco. Todo lo relacionado con el laboratorio y la máquina es un sueño de tecnología retro.


Los actores principales cumplen bastante bien con su trabajo.
Hans Albers fue el gran astro alemán de los años 30. Actor correcto y poco carismático, era considerado también un galán romántico, algo incomprensible al verlo en Oro, la primera y única de sus películas que ha llegado a mis manos. Se trata de un hombre gordo, maduro y calvo con aspecto de tío bonachón. Su actuación como un científico atrapado en una intriga que podría arruinar la economía mundial es competente y creíble, aunque no su atractivo a ojos de dos hermosas jóvenes que deben rondar los 25 años. Él tampoco funciona muy bien cuando está con ellas; parece rígido y casi paternal.    
La fascinante Brigitte Helm tiene poco tiempo en pantalla aunque distribuido de manera inteligente para dar la idea de una aparición mayor. Florence no es relevante en el desarrollo de la historia pero Brigitte arrastraba público a los cines, lo que me lleva a sospechar que el personaje se creó con el único fin de incluir a la gran estrella.
Florence es bella, glamorosa y ambigua; nunca se explica el motivo del distanciamiento con su padre, aunque puede deberse a un choque de intereses: Él desea producir dinero, ella gastar dinero. Puede hacerlo porque es voluntariosa -que no independiente; vive del dinero de su padre-; nadie parece oponérsele puesto que su fuerza reside en la completa seguridad en su encanto y persuasión. Werner se siente atraído por esta joven heredera que simboliza éxito social y poder económico, pero no veo que la atracción vaya tan lejos como para considerar a Florence una amenaza a la relación de Werner con Margit. Comenzaba a forjarse el tópico del gran científico casado con una bonita nulidad.


Debo hacer mención del vestuario de Brigitte. En su primer encuentro con Werner lleva un traje curioso y casi indescriptible compuesto por un largo vestido con bata o camisón, y algo similar a un delantal de cocina unido a la falda, ¿una insinuación sobre donde debieran estar las mujeres? El conjunto luce un bonito estampado de hojas reniformes. 


En el baile del castillo usa un elegante vestido negro que estiliza mucho más su delgada figura, sin embargo se afea un poco cubriéndose el cuello y los hombros con… pues con eso:


Aunque ninguna combinación extravagante logra atenuar el encanto y hermosura de Brigitte Helm. 
Michael Bohnen es convincente como el millonario ansioso por controlar la riqueza del mundo cuando ni siquiera controla a su hija. Su giro final a la locura, que podría parecer algo abrupto y exagerado, era usual en las películas de la época.
Lien Deyers está en pantalla incluso menos que Brigitte Helm, lo que hace complejo valorar su trabajo. Margit es tan sumisa e inocentona que uno tiende a menospreciar a la actriz por prestarse para el tópico de "insulsa y asexuada = a chica buena". Esto sería un gran error. Sólo hay que recordar el debut de Lien como la sensual y malvada Kitty de Los espías (Fritz Lang, 1928) para apreciar mejor su desempeño. ¡El cambio de registro es admirable!


Los demás actores cubren personajes tan planos que se olvidan apenas salen de escena. Son necesarios mas no memorables.
Oro no es la primera película sonora alemana que puede clasificarse como ciencia ficción. En 1932 el mismo Karl Hartl dirigió F.P.1 no responde, y en 1933 Curtis Bernhard se encargó de la dirección de El túnel. El éxito de El túnel propició que se reincidiera con el género, por entonces no bien definido, y el resultado fue Oro, un éxito internacional filmado simultáneamente en alemán y francés. Brigitte Helm fue la única del reparto que apareció en ambas versiones. Hans Albers se negó a protagonizar la versión francesa por considerar, con bastante razón, que debía recibir un pago por cada película, a lo que la UFA se negó.
Oro cuenta una historia algo desatinada pero sugestiva. La recomiendo a los curiosos del cine nazi no propagandístico y a los amantes de la ciencia ficción clásica. Por supuesto, los admiradores de la hermosa Brigitte Helm no pueden perderse esta película. 



15/04/2022

6 películas para Semana Santa

Amo las viejas películas conocidas como ''cine bíblico''. Verlas en la TV durante la Semana Santa era para mí una parte imprescindible del ritual de esos días. En mi infancia y adolescencia vi las más famosas y otras menores: Quo vadis (1951), Los diez mandamientos (1956), Jesús de Nazareth (1977), El manto sagrado (1953), Sodoma y Gomorra (1962), José y sus hermanos (1961)... También vi muchas que sin ser adaptaciones bíblicas tenían como fondo el cristianismo (vidas de santos y sacerdotes). 
Lamentablemente desde hace algo más de una década la televisión pública de mi país ha dejado de exhibir esas películas. De hecho la única que todavía se exhibe es Jesús de Nazareth. Quien desee ver otra película bíblica debe comprarla, descargarla o unirse a algún canal virtual; sin importar la fecha, la TV sigue transmitiendo su horrenda programación habitual.
Supongo que este año los consumidores de cine silente verán Los diez mandamientos (1923), Ben-Hur (1925) y Rey de reyes (1927), mientras que los seguidores del cine sonoro verán Los diez mandamientos (1956), Ben-Hur (1959) y Rey de reyes (1961). Quiero proponer seis películas diferentes. Seis películas no bíblicas sino de temática religiosa. Una alternativa distinta para estos días. Lamento no haber dispuesto de tiempo para reseñar cada película, mas lo aseguro: No se arrepentirán de verlas. ¿Cuál más recomendarían?

Hacia la luz
(Mod lyset, Holger-Madsen, 1919).

La pasión de Juana de Arco
(La passion de Jeanne d'Arc,
Carl Theodor Dreyer, 1928).

Las llaves del reino
(The keys of the kingdom
John M. Stahl, 1944).

La palabra
(Ordet, Carl Theodor Dreyer, 1955).

Los comulgantes/Luz de invierno
(Nattvardsgasterna, Ingmar Bergman, 1963).

Becket
(Peter Grenville, 1964).