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03/02/2023

El descubrimiento de la tumba de Tutankamón

Cuando en julio de 1798 Napoleón desembarcó su ejército en las costas de Egipto, todavía faltaban algunas décadas para que Thomas Hook creara el turismo organizado; sin embargo, el trabajo de los 167 científicos y especialistas incluídos en la expedición iniciaría la fascinación por la tierra de los faraones.
A lo largo del siglo XIX Egipto fue visitado y estudiado por distintos expedicionarios que recolectaron antigüedades y publicaron estudios sobre las tierras del Nilo. Especial mención merecen las obras de John Gardner Wilkinson y Amelia Edwards, sin olvidar la aportación decisiva de Jean-François Champollion. 
La fascinación no disminuyó con el cambio de siglo. Para 1900 Egipto seguía siendo visto como un lugar curioso y mágico, casi un mundo de fantasía. El ambiente artístico mantenía viva la llama del interés. En 1906 Constance Collier triunfaba en el teatro estelarizando la adaptación de la famosa obra de Shakespeare Antonio y Cleopatra


En el cine, Theda Bara se convirtió en 1917 en la primera gran Cleopatra. Disfrazada con lo peor del mal gusto, la actriz logró pasar a la historia en una película hecha a la medida de su fama de vampiresa. 


Al año siguiente Ernst Lubitsch dio su primer aporte a la temática egipcia con Los ojos de la momia Ma (Die augen der mumy Ma), un drama moderno con Pola Negri en el rol de hermosa nativa egipcia reconvertida en exitosa bailarina. 
El director regresó al tema en La mujer del Faraón (Das weib das Pharao), estrenada a comienzos de 1922 y que sería su último filme alemán.
El sorprendente descubrimiento de la tumba de Tutankamón sólo aumentó el interés por Egipto.

La mujer del Faraón (1922).

El aristócrata inglés George Edward Stanhope Molyneux Herbert, V conde de Carnarvon (1866-1923), se convirtió en mecenas de su compatriota, el arqueólogo y egiptólogo Howard Carter (1874-1939), debido a un accidente: Como otros hombres de su clase, Lord Carnarvon era un sportman y un aficionado a la egiptología. En 1903 sufrió un grave accidente vehicular en Alemania al esquivar una carreta de bueyes. Las quemaduras de sus piernas y el daño pulmonar permanente deterioraron su salud, por lo que sus médicos le aconsejaron pasar los inviernos en Egipto para evitar la crudeza de la fría estación inglesa. Lord Carnarvon se volvió un arqueólogo y egiptólogo aficionado, aprovechando sus viajes para conseguir antiguedades con las que fue formando una pequeña colección particular. 
Howard Carter también entró en la historia de forma poco convencional. Aunque apreciado por sus métodos para mejorar la accesibilidad a los yacimientos, Carter se vio envuelto en dos disputas, primero con egipcios y luego con turistas franceses, que en 1905 lo llevaron a renunciar a su empleo en el Servicio de Antigüedades Egipcias. Dos años después trabajó por vez primera a las órdenes de Lord Carnarvon como supervisor de excavaciones. 
En 1914 Lord Carnarvon obtuvo permiso para excavar en el Valle de los Reyes y volvió a contratar a Carter. La intención era encontrar tumbas que hubieran sido ignoradas en excavaciones anteriores, pero la Primera Guerra Mundial detuvo los trabajos y no se reanudaron hasta finales de 1917. Cinco años después Lord Carnarvon comenzaba a impacientarse por la falta de resultados; presionado por Carter, accedió a financiar una última temporada de excavación.

Lord Carnarvon, Lady Evelyn Herbert y Howard Carter,
las primeras personas en contemplar el interior
de la tumba de Tutankamón en 3.400 años. 

La mañana del 4 de noviembre de 1922 aconteció el prodigio. Años de búsqueda infructuosa por fin rendirían su fruto.
Comenzó con otro accidente: El joven aguador del equipo, el niño Hussein Abdel Rasul, tropezó con lo que resultó ser el comienzo de una escalinata. Los obreros de Carter excavaron hasta descubrir 16 escalones tallados en la piedra que terminaban en una puerta de barro con sellos de escritura geroglífica. Emocionado, Carter hizo volver a cubrir la escalinata y atravesó el Nilo para enviar un telegrama a Lord Carnarvon, quien el 23 de noviembre arribó a Egipto acompañado por su hija Evelyn Herbert. Al día siguiente se excavó la escalinata completa y el sello de la entrada con el nombre de Tutankamón. 
El 26 de noviembre Lord Carnarvon, Lady Evelyn, Howard Carter y el ayudante Arthur Callender efectuaron una pequeña abertura en la entrada. A la débil luz de una vela, el emocionado Carter vio tesoros de oro y marfil. Luego, al parecer, los cuatro penetraron en la cámara, siendo las primeras personas en 3.400 años en pisar la tumba real, pues su ubicación la había conservado a salvo de la rapiña de los saqueadores.

Howard Carter abriendo la puerta
de la cámara funeraria de Tutankamón. 

A la mañana siguiente la cámara fue inspeccionada por oficiales egipcios. Ahora, con luz eléctrica, Carter descubrió una vasta colección de objetos maravillosos y evidencia de acceso a otras salas, incluyendo una puerta sellada custodiada por dos hermosas estatuas de Tutankamón que conducía a la cámara del sarcófago del Faraón. En todas las salas se encontraron objetos de enorme belleza y valor. 

Estatuas de Tutankamón custodiando la puerta
de entrada a la cámara funeraria. 

Sello de la puerta. 

La tumba fue abierta oficialmente el 29 de noviembre en presencia de expertos y de autoridades egipcias. Comenzaba ahora otro trabajo difícil: Sacar a la luz e inventariar los más de 5.000 objetos de la tumba. Howard Carter tardaría casi diez años en hacerlo y luego se retiraría de la arqueología. 
Mientras, la prensa informaba al mundo del fabuloso hallazgo, magnificamente documentado por Harry Burton en 1.400 fotografías.


El descubrimiento de la tumba de Tutankamón fue el suceso histórico y arqueológico de la década, pero también alcanzó otras áreas. La belleza artística de los objetos encontrados y el misterio de un mundo redescubierto, acrecentaron el interés por Egipto. Los viajes turísticos de las clases acomodadas solían incluir el "mágico Oriente"; a partir de 1923 la tumba de Tutankamón se convirtió en destino de muchos de estos viajeros.
La prensa ayudó a acarrear turistas publicando los detalles de una supuesta maldición arrojada sobre quienes perturbaran el descanso del Faraón. La muerte de Lord Carnarvon en abril de 1923 sólo alentó los delirios de la prensa sensacionalista. 


1923 fue el año de Egipto. Mientras la tumba de Tutankamón era inspeccionada y visitada y sus hermosos objetos sacados a la luz, la pasión por Egipto se extendía a otros ámbitos.
Joyas y vestuarios de dudosa influencia egipcia fueron la sensación de la temporada. 
En el teatro inglés, Esther Whitehouse recogió el papel de Cleopatra.
En el cine, Cecil B. DeMille presentó Los diez mandamientos. El filme se estrenó el 23 de noviembre, mismo día del arribo a Egipto de Lord Carnarvon y su hija Evelyn. 

Los diez mandamientos (1923).

Aunque el interés por Egipto nunca desapareció, el tiempo fue atenuando la pasión inicial. Incluso así, en 1929 la elite europea seguía realizando galas de reminiscencias egipcias, como lo acredita esta imagen de la socialité Ann-Mari von Bismarck:


Las magníficas imágenes de la tumba de Tutankamón y sus tesoros siguen despertando admiración y sueños en miles de personas. La tumba es visitada por turistas y estudiada por científicos que, a un siglo de su descubrimiento, todavía no acaban de desentrañar sus misterios.



14/02/2022

Películas para San Valentín


El amor, el amor. ¿Quién puede resistírsele? ¿Quién quiere resistírsele? Nadie. Celebremos este hermoso sentimiento con una buena película; aquí hay 5 muy diferentes que lo tienen por tema central. Hay muchas más, pero no quise hacer muy larga la elección. Elijan a su gusto.

1) Amor eterno
(Eternal love, Ernst Lubitsch, 1929, Estados Unidos).
En un pueblecito suizo los enamorados Marcus el cazador (John Barrymore) y Ciglia (Camilla Horn), la sobrina del pastor, deben separarse a causa de un lamentable error del que ambos son culpables. Los dos se casan con personas que no aman pero un malentendido los obliga a huir hacia las montañas durante una tormenta que podría unirlos para siempre.
Película poco conocida que sin embargo merece una revalorización. John Barrymore y Camilla Horn son hermosos como amantes desdichados; el dolor que les provoca su separación traspasa la pantalla. De las películas que he visto de Lubitsch es la única donde no hay humor, sólo amor, pasión, dolor y mucho romanticismo.



2) La muerte cansada
(Der müde tod, Fritz Lang, 1921, Alemania).
En una pequeña aldea, La Muerte (Bernhard Goetzke) se lleva al amado de una viajera (Lil Dagover). La mujer va hasta la casa de La Muerte a pedir su regreso, pero lo obtendrá solo si evita que se extingan las vidas de tres personas. A través del tiempo la lucha del amor es eterna pero acaba en derrota; las vidas se consumen irremediablemente. La viajera consigue que La Muerte le dé una oportunidad más de rescatar a su amado, pero el precio quizá sea imposible de pagar. 
Sorprendente y maravillosa obra de un maestro del cine. Lil Dagover está espléndida como la enamorada decidida a todo para librar a su amado de La Muerte.  



3) Asfalto
(Asphalt, Joe May, 1928, Alemania).
Para evitar un arresto la atractiva ladrona de joyas Else Kramer (Betty Amann) seduce al inocente policía de tránsito Albert Holk (Gustav Fröhlich). El asunto se complica cuando ambos se enamoran y Albert propone matrimonio a Else, ignorando que ella guarda más secretos de los que él supone, incluyendo un peligroso amante. 
Una de las grandes películas de finales del silente alemán. La historia es liviana y lineal pero la salva una excelente dirección y su adorable pareja protagónica. Betty Amann luce aparatosamente bella con su aspecto flapper y Gustav Frohlich es un dulce niño de mamá jugando a policía.



4) El corazón leal de Susie
(True heart Susie, D.W. Griffith, 1919, Estados Unidos).
Susie (Lillian Gish), una sencilla muchacha de pueblo, está completamente enamorada de su vecino, el ingenuo William (Robert Harron). Deseosa de ayudarlo a superarse, Susie vende su querida vaca mascota y paga en secreto sus estudios en la ciudad. Pero al regresar al pueblo William se enamora de una encantadora muchacha moderna y se casa con ella, destrozando el corazón de Susie.
Emocionante y profunda película con una historia tan anticuada como hermosa. Lillian Gish es simplemente adorable como la muchacha campestre sincera y leal que da cuanto tiene por el hombre que ama.



5) Estrellas dichosas
(Lucky star, Frank Borzage, 1929, Estados Unidos).
Mary Tucker (Janet Gaynor), una joven campesina asilvestrada, entabla amistad con Timothy Osborn (Charles Farrell), un vecino que ha quedado inválido en la Gran Guerra. Él comienza a educarla y ella le hace compañía, relación que deriva en un amor más grande que la vida. Pero la madre de la muchacha no está dispuesta a permitir que su hija se case con un lisiado, lo que facilita los malvados planes de un seductor. 
Janet Gaynor y Charles Farrell son una de las parejas fílmicas más hermosas de la historia del cine gracias a Borzage, el director que mejor supo retratar el amor en la pantalla muda. Hay belleza, dulzura y lirismo en sus historias y personajes, tan humanos como poéticos y tan sencillos como desgarradores.