Divertida adaptación del relato de Aleksandr Pushkin Doubrovsky el bandido, aunque
el romántico ruso y su obra ni siquiera son mencionados en los créditos. Mezcla
de drama y comedia amorosa, El Águila (The eagle) es una película que sólo pretende entretener con una historia de venganza, amor e identidades
falsas. Lo consigue fácilmente gracias a un ritmo imparable y a un elenco
atractivo y dotado para la comedia que logra que el espectador ignore las
debilidades del guion.
Resumen: ALERTA DE SPOILER
Mientras la
zarina Catalina II (Louise Dresser) realiza una inspección a sus tropas, el
joven teniente Vladimir Doubrovsky (Rudolph Valentino) coge el caballo favorito
de esta para acudir en auxilio del coche de una joven y su tía. Calmada la
situación, la joven y Vladimir quedan flechados a primera vista y se despiden
coqueteando.
La zarina, una
insaciable devoradora de hombres apuestos, cita al capitán Kuschka (Albert
Conti) y a Vladimir. El joven acude completamente ignorante de las reales
intenciones de su soberana. Ella lo examina a gusto, y conforme con su elección,
se deshace del simpático pero maduro capitán e inicia el intento de seducción.
Este es uno de los grandes momentos de la película; Louise Dresser brilla en su
rol de madura, inteligente e implacable seductora, dotando a su personaje de gran solidez
y humor. A su vez, Valentino derrama simpatía en su papel de chico ingenuo
víctima de una mujer poderosa decidida a conseguirlo.
Cuando Vladimir finalmente comprende lo que sucede, opta por escapar. Kuschka le
advierte que morirá si rechaza a la
zarina, pero él se niega a oírlo. Buscando un sustituto, la soberana elige a
Kuschka, que está muy complacido de tal honor.
Mientras, Vladimir
lee una carta donde su padre le informa que un estafador llamado Kyrilla le arrebató
todas sus posesiones; la única posibilidad de recuperar lo perdido es acudiendo
a la zarina. El consternado Vladimir regresa al palacio real sólo para enterarse
de que la soberana lo declaró desertor y ha ordenado su captura vivo o muerto;
ahora no tiene más opción que huir.El joven vuelve a su región natal y encuentra a su padre agonizando en la choza de un campesino. El desposeído señor muere y los siervos suplican a Vladimir que los libere del cruel yugo de Kyrilla Troekouroff (James A. Marcus). El joven jura venganza contra Kyrilla y su familia, y los antiguos siervos se unen a él. Usando una máscara negra Vladimir se convierte en una versión rusa de Robin Hood o El Zorro al robar a los malvados hombres de Kyrilla para dar a los pobres campesinos oprimidos. Sus hazañas en los alrededores, donde extrañamente nunca nieva, le ganan el apodo de El Águila Negra.
Mascha (Vilma
Bánky), la hermosa viajera que antes impresionó a Vladimir, es hija del vulgar,
fanfarrón y descuidado Kyrilla. Cómo un hombre de su calaña puede tener una
hija tan delicada, es algo que jamás se explicará. Mascha es capturada por los
hombres del Águila Negra pero él ordena su liberación porque no lucha contra
mujeres. ¿Qué clase de venganza deja fuera a las mujeres cuando el villano sólo
tiene por familia directa a su hija? Lamentablemente el asunto de la venganza y la propiedad estafada irán siendo apartados para centrar la historia en el
romance de Vladimir y Mascha, que al desarrollarse sobre un agradable fondo cómico permite perdonar tan radical giro del guion.
Vladimir
reconoce a la joven. Al principio ella lo desprecia, pero luego se muestra algo
coqueta con el apuesto enmascarado aun sabiendo que es el enemigo de su padre.
¿Sabrá también la razón? Indudablemente, puesto que toda la gente de la zona
habla de ello, sin embargo Mascha no parece incómoda por vivir de una fortuna robada.
Su delicadeza podría limitarse sólo a las formas. Ya se verá.
Vladimir
entra en casa de Kyrilla fingiendo ser Marcel Le Blanc, el tutor francés
contratado para Mascha. Ella sospecha pero él desvía su atención
entregando a Kyrilla una nota amenazante que asegura le dio el Águila Negra luego
de asaltar a su cochero. Algunos días después Kyrilla da un banquete en medio
del cual recibe otra nota amenazante. Mascha vuelve a sospechar y pronto está
segura de la identidad del tutor al verle disparar con el mismo desplante del
Águila Negra.
Enamorada de
Vladimir, Mascha intentar convencerlo de abandonar su venganza recurriendo a
unos versículos de La Biblia. Podría haber hecho lo mismo con su padre, mostrarle
la línea de "no robarás", pero Mascha no
se preocupa de nada ajeno al amor. Otro versículo bíblico sólo refuerza la
intención de Vladimir. Entra al dormitorio de Kyrilla vestido del Águila Negra,
y lo amenaza con una pistola antes de ser detenido y expulsado por Mascha. Luego,
como el tutor, se queda toda la noche cuidando de Kyrilla. Al día siguiente Mascha
confiesa su amor a Vladimir al mismo tiempo que este revela su verdadera
identidad. Perseguido por los cosacos de Kyrilla, Vladimir huye y Mascha lo
acompaña abandonado por él a su padre y su fortuna mal habida. Gran punto a
favor de Mascha; al final sí era una chica de corazón delicado. Lástima por los
fieles campesinos que permanecen atados al yugo del zafio Kyrilla, sin duda
maldiciendo a Vladimir por su traición a la promesa hecha. Y aunque Kyrilla
pierde a su única y amada hija, conserva intacto su poder y la fortuna robada.
No hay justicia para los siervos, venganza para el padre muerto, ni castigo
para el villano, y Vladimir y Mascha sólo ganan su amor, ahora son pobres y
fugitivos.
Durante la
huida la pareja es interceptada por un destacamento de la guardia zarista. Vladimir
es apresado y condenado a muerte, y la zarina ordena que Kushka se encargue de la
ejecución. Vladimir y Mascha se casan en la prisión y enseguida él es llevado
ante el pelotón de fusilamiento. Arrepentida, la zarina pide a Kushka que lo
salve, pero ya es tarde... En realidad no; el fusilamiento no se efectuó y Kushka
pide a la soberana que firme el pasaporte de Doubrovsky, ahora Marcel Le Blanc.
Enseguida Le Blanc y Mascha parten al extranjero en busca de un nuevo hogar. Quizá
bajo un puente de París, ya que siguen poseyendo sólo su amor.
El Águila es una
película que hará las delicias de cualquiera que sólo busque pasar un momento agradable.
La cinematografía es muy hermosa, la historia es absorbente, el ritmo jamás decae, las actuaciones son muy buenas y los protagonistas se ven hermosos en ropas rusas. Hay una química genuina
entre Rudolph Valentino y Vilma Bánky, y entre Louise Dresser y Albert Conti,
las dos parejas de la película. Los personajes no son genéricos e incluso los
villanos, Kyrilla y la zarina, no se representan de un modo totalmente oscuro.
El dolor auténtico de Kyrilla al perder a su única hija compensa un poco el
daño que causó, y el arrepentimiento final de la zarina y su apoyo a la joven
pareja la redimen de su maldad inicial. Incluso consigue un amante adecuado a
sus años que de verdad se interesa en ella.
El humor es
suave pero constante. Sobresale principalmente en la secuencia del intento de
seducción de la zarina; en la escena donde Vladimir condimenta en exceso su
propia sopa y cuando Mascha lo descubre dándole un brutal masaje a su padre.
También es gracioso el tono burlón de las notas amenazantes del Águila Negra y
todo el asunto de las tres identidades del protagonista. En lo dramático destaca
la escena de la muerte del padre de Vladimir y la de la lúgubre pero hermosa
boda en prisión.
Así mismo El Águila es la película ideal para quienes nunca hemos considerado guapo a
Valentino. Acá lo es; luce realmente apuesto como ruso y con antifaz. También para quienes
deseen verlo en un personaje agradable. Sus momentos cómicos están muy bien
logrados, llevando a lamentar que Hollywood desaprovechara su talento para la
comedia insistiendo en asignarle papeles dramáticos de raptor, violador, amante
infiel o idiota de ascendencia latina. Cuesta imaginar que pasaba por la cabeza
de los productores cuando ponían a un actor tan limitado para el drama en papeles complejos y
desagradables que requerían de un talento diferente. Probablemente sólo pensaban
en los millones que obtendrían dando a su público lo que esperaba: Diversión
vacía, morbo, un protagonista de atractivo exótico y la fantasía de la
violencia como algo bonito.
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| Muy lindo como ruso y con antifaz. |
Se
sabe por fuentes no contaminadas que Valentino era una persona agradable que
despertaba la simpatía instantánea en quienes lo conocían. A diferencia de sus
personajes más populares, era amable y respetuoso con las mujeres. La actriz
Ruth Roland lo conoció antes de su fama; ella relató después como en
una ocasión insistió en llevarla a su casa tras una fiesta sólo para asegurarse
de que llegaría sin problemas, aunque él mismo no se sentía muy bien. Ese
Valentino simpático y caballeroso es quien debiera recordarse. Desgraciadamente
sus personajes molestos han suplantado al hombre real y los agradables son
ignorados. Por lo mismo El Águila es una oportunidad para disfrutar viendo
a Valentino ser inteligente y encantador.
Recomiendo
la película a cualquiera excepto a los admiradores
de Pushkin. Su cuento fue tan modificado al convertirse en El Águila que
podría ser molesto para los lectores del escritor ruso. Yo misma me sorprendí bastante
al descubrir su origen literario, sin embargo el desenlace del cuento es tan
horrible y forzado, rasgo usual en la literatura romántica, que agradezco y aplaudo
el final feliz ideado en el cine.