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24/10/2025

10 películas silentes para ver en Halloween

Diez películas de terror para sorprenderse, maravillarse y, por supuesto, asustarse en estos días previos a Halloween. Hay para casi todos los gustos en terror: De suspenso, intriga, dobles malignos, hombres artificiales, demonios, brujería, la Muerte, adaptaciones literarias, pactos demoniacos... De vampiros no porque la única película silente del subgenero la incluí en una lista anterior de filmes de chupasangre.
Para los que no experimentan mucha atracción por el terror, acá también pueden verse algunos rostros agradables que arrastran hacia la pantalla: Conrad Veidt, Camilla Horn, John Barrymore y Lil Dagover.


De menos terrorífica a muy espeluznante, la lista:


10) Sombras
(Arthur Robison, 1923, Alemania)
Un rudo noble adinerado (Fritz Kortner) es presa de los demonios de ojos verdes cuando descubre que su bella esposa (Ruth Weyher) presta demasiada atención a un apuesto joven de rizos dorados (Gustav von Wangenheim). En una cena en el castillo, la coqueta dama flirtea con el joven y un trio de caballeros, llevando los celos del marido al paroxismo. La entrada de un mago ambulante (Alexander Granach) y su teatro de sombras chinescas convierten la reunión en una pesadilla premonitoria.
Filme completamente visual -no hay intertítulos- con ambiente onírico y alucinante, ritmo pausado, actuaciones teatrales y un magnífico juego de sombras. Envuelve e hipnotiza si uno se deja llevar.



9) El Gólem
(Paul Wegener, 1920, Alemania)
Cuando la comunidad judía de la Praga medieval es amenazada con la expulsión, el rabino Loew (Albert Steinruck) interviene creando una figura de arcilla con la forma de un hombre, El Gólem (Paul Wegener). Con sus conocimientos de magia negra el rabino invoca al demonio Astaroth para dar vida y poder al Gólem, y luego lo presenta al emperador. Este no se muestra muy dispuesto hacia ellos hasta que su palacio amenaza desmoronarse sobre la corte y el Gólem salva a todos. Sin embargo la criatura se cansa de servir y cuando el desagradable ayudante del rabino (Ernst Deutsch) le ordena deshacerse de Florian (Lothar Müthel), su rival de amores, deja salir su ira y comienza a sembrar el caos en el gueto judío.
Basada en el folklor judío europeo, El Gólem es una película con suntuosos decorados de un medievalismo gótico surrealista; las altas casas retorcidas y los ángulos imposibles de portales y calles crean una atmósfera tan inquietante como hechizante:


La silenciosa e intensa ira del Gólem hacia los hombres que lo usan de criado doméstico se expresa principalmente en su espeluznante mirada centelleante -¡¿cómo logró Wegener esa mirada?!-. Está harto de cortar leña, hacer las compras y de que lo activen y desactiven. Primero enseña los dientes al rabino, luego mata a Florian y finalmente rapta a la chica (Lyda Salmonova) y huye. 
El imponente Gólem de Wegener es un claro precedente de los famosos monstruos de la Universal. El ya macizo actor aumentó su tamaño con un traje acolchado, botas de tacón alto, una gran hebilla de cinturón y esa voluminosa peluca de cemento. El conjunto consiguió el primer monstruo reconocible del género de terror. 



8) La muerte cansada
(Fritz Lang, 1921, Alemania)
Una joven pareja de enamorados (Lil Dagover y Walter Janssen) hace escala en la posada de un pequeño pueblo. Un desconocido demacrado y sombrío (Bernhard Goetzke) se une a ellos y su oscura presencia destruye la alegría de los amantes. Es la Muerte y ha venido para llevarse al joven. La mujer suplica por la vida de su amado y la Muerte propone un trato: Deberá evitar la separación de tres parejas enamoradas en distintos períodos de la Historia; si lo logra, la Muerte le devolverá a su amado. ¿Podrá el amor ser más poderoso que la Muerte?
La primera obra maestra de Fritz Lang son cuatro historias de amor y muerte desarrolladas en escenarios fantásticos, idealizaciones gótico-románticas sobre las antiguas Persia, Venecia China y la propia Alemania. La belleza de estos lugares mágicos está impregnada de una enorme y palpable tristeza. 
La historia principal es la más hermosa y poderosa. El cementerio, la posada, el enorme muro rodeando el huerto de la Muerte, la sala de las velas... Todo es un deleite visual. La personificación de la Muerte como un hombre cansado que se asienta en un pueblo perdido, es intrigante. 


Con efectos sencillos como el montaje y la doble exposición, se muestran fantasmas atravesando un jardín y almas abandonando sus cuerpos. La lucha entre el Amor y la Muerte nunca ha sido mejor representada que en este bellísimo filme con una Lil Dagover soberbia en todas sus caracterizaciones de valiente enamorada. Para asustarse y enamorarse por igual.



7) El estudiante de Praga
(Stellan Rye y Paul Wegener, 1913, Alemania)
El estudiante Balduin (Paul Wegener antes del Gólem) es el mejor esgrimista de Praga y también el más pobre. Tras salvar a la condesa Margir (Grete Berger) de morir ahogada luego de caer de su caballo, Balduin se enamora de ella pero debe competir por su amor con el adinerado conde Von Schwarzenberg (Lothar Körner), primo y novio nominal de la rica heredera. Balduin necesita dinero y ahí entra el retorcido Scapinelli (John Gottowt), que le ofrece una enorme fortuna a cambio de cualquier cosa que encuentre en sus pobres habitaciones. Lo que parece un gran trato para el estudiante se convierte en una trampa cuando Scapinelli se lleva su reflejo en el espejo, que cobra vida propia y se dedica a perseguirlo y atormentarlo.  


La vieja Praga con sus torres espectrales y su famoso cementerio judío, y el romanticismo de E.T.A. Hoffmann, Alfred Musset y Adalbert von Chamisso brindan un extraordinario ambiente gótico a la que se considera la abuela de las películas de terror. ¡Y es la primera película de lo que podría llamarse Edad de Oro del Cine de Terror Alemán! Imprescindible. 



6) La caída de la casa de Usher 
(Jean Epstein, 1928, Francia)
Allan (Charles Lamy) visita el castillo de su aristocrático amigo pintor Roderick Usher (Jean Debucourt), cuya esposa y modelo Madeleine (Marguerite Gance) agoniza lentamente. La dama  sucumbe y es puesta en la cripta familiar con su velo de novia, pero la vida y la muerte se confunden y fusionan en la casa Usher y Madeleine regresa arrastrando consigo la condena y destrucción para el ancestral hogar.
Rostros distorsionados, cortinas ondulantes, corredores vacíos, pinturas antiguas, rincones a oscuras, velas parpadeantes... La delirante construcción ambiental de La caída de la casa de Usher es hipnótica, macabra, deprimente, morbosa y fascinante a la vez. 


Película de enorme y aterradora belleza glacial, contiene una de las más hermosas e impresionantes imágenes del cine silente: Madeleine regresando de la tumba con su largo velo de novia agitado por el frío viento que envuelve la casa Usher:



5) Historias tenebrosas 
(Richard Oswald, 1919, Alemania)
La Muerte (Conrad Veidt), El Diablo (Reinhold Schünzel) y La Prostituta (Anita Berber) emergen de los cuadros de un anticuario y pasan la noche leyendo los cuentos de miedo La aparición (Anselm Heine), La mano (Robert Liebmann), El gato negro (Edgar Allan Poe), El club de los suicidas (Robert Louis Stevenson) y El espectro (original de Oswald), cuya recreación conforma la película antológica.
-La aparición: Un hombre (Veidt) defiende a una mujer (Berber) de su abusivo y demente ex esposo (Schünzel). La lleva a un hotel y la deja sola, pero a la mañana siguiente la mujer ha desaparecido y todos aseguran que nunca estuvo ahí.
-La mano: Dos libertinos (Veidt y Schünzel) se juegan la posesión de una chica (Berber); el perdedor estrángula a su rival y huye, mas este lo acecha tras una sesión espiritista.

 
-El gato negro: Un marido borracho (Schünzel) invita a casa a un desconocido (Veidt) que seduce a su mujer (Berber). Después el borracho mata y empareda a la mujer y a su gato, siendo descubierto y acusado por el otro hombre.
-El club de los suicidas: Un detective encubierto (Schünzel) se deja atrapar por un siniestro club masculino dirigido por un rubio sobremaquillado (Veidt). La finalidad del club es el suicidio de sus miembros, uno por noche elegido al azar, y el nuevo socio obtiene el "premio". 
-El espectro: Un señor de la nobleza (Veidt) tiende una broma macabra al cobarde invitado (Schünzel) que trata de arrebatarle la atención de su esposa (Berber).


La calidad y longitud de las historias varía, pero la película es dinámica, divertida y contiene buenos momentos sombríos. Conrad Veidt se roba la atención con su atractivo, miradas intensas y sincera representación de toda una gama de emociones extremas. Imperdible para los admiradores del terror clásico y el gran actor.



4) Haxan, la brujería a través de los tiempos 
(Benjamin Christensen, 1922, Dinamarca y Suecia)
Magnífica mezcla de documental y ficción que narra los orígenes y evolución de la brujería. Con una perturbadora puesta en escena plena de imaginería, Christensen analiza la brujería y la creencia en ella desde distintos puntos, enfrentando la visión medieval con la de 1920. 
Grabados, recreaciones de aquelarres, rituales profanos, hechizos, satanismo y torturas medievales; el diablo, brujas volando en escobas; Haxan expone todo el potencial del miedo, el desconocimiento y la superstición de ayer y hoy. Las costumbres cambian, pero la gente no tanto.
Hay detalles inquietantes a todo lo largo del filme, algunos incómodos incluso para el público moderno, acostumbrado a lo visceral: Sacrilegio, perversión, desnudez, amputaciones...

 
Escandalosa, provocadora, escalofriante y revolucionaria en sus imágenes y temáticas, Haxan es tanto una película didáctica adulta como un manifiesto de los terrores más profundos y duraderos de la cultura occidental.
Una obra imprescindible del cine en general.



3) Fausto
(F.W. Murnau, 1926, Alemania)
El viejo doctor Fausto (Gösta Ekman) pacta con el demonio Mefisto (Emil Jannings) para acabar con la peste que asola su pueblo y obtener la eterna juventud a cambio de su alma. Tras probar la lujuria con la Duquesa de Parma (Hanna Ralph), el ahora joven Fausto va tras la inocencia. Se enamora de la hermosa y humilde Gretchen (Camilla Horn) y Mefisto lo empuja a seducirla y abandonarla tras destruir su familia y reputación... Pero llegado el momento decisivo, Fausto acude al llamado apremiante de la joven, condenada a muerte por el involuntario infanticidio de su propio hijo.  
Una de las películas más bellas de Murnau y el cine en general. El soberbio uso de las sombras crea una intensa sensación de terror e incomodidad.


La narrativa es impresionante; hay muchas escenas y secuencias que sobrecogen por su oscuro contenido u intención: El pacto por el alma de Fausto; Mefisto extendiendo sus alas negras sobre la ciudad para desatar la peste; el anciano Fausto invocando al demonio en un círculo de fuego; el ángel del Señor, rubio y con grandes alas blancas, enfrentando a Mefisto, un pájaro negro con cuernos de cabra; la ceremonia fúnebre de la madre y el hermano de Gretchen...


La secuencia más terrorífica: Gretchen, la auténtica víctima, primero expuesta a la verguenza pública y luego despreciada por todos, se arrastra sobre la nieve con su hijito en brazos. Engañada, enloquecida de frío, hambre, soledad y desesperación, ve una cuna y pone en ella a su bebé antes de desmayar. Cuando la guardia la encuentra el niño está muerto, enterrado en la nieve, y Gretchen es acusada de matar a su hijo. Su rostro lloroso alcanza a Fausto en las montañas. Las consecuencias del desamparo total pueden ser monstruosas.
Fausto no es realmente una película de terror (pocas de esta lista lo son), más la intensidad operística de sus imágenes, actuaciones e historia le conceden un lugar privilegiado dentro de lo mejor del género. 



2) El gabinete del doctor Caligari 
(Robert Wiene, 1920, Alemania)
Al pueblo de Holstenwall llega una feria y con ella vienen el doctor Caligari (Werner Krauss) y su sonámbulo Cesare (un inquietante Conrad Veidt), que puede ver el futuro y predecir la muerte. Los amigos Franzis (Friedrich Feher) y Alan (Hanz Heinrich von Twardowski) acuden a la feria y Cesare anuncia que el segundo vivirá "hasta el amanecer". El vaticinio se cumple: Alan es asesinado a puñaladas esa misma noche. 
Otras dos muertes misteriosas conducen a la policía hasta Cesare y Caligari; el primero rapta a Jane (Lil Dagover), novia de Franzis e hija del médico local (Rudolf Lettinger), y Caligari huye rumbo a un manicomio en las afueras del pueblo...

 
Sombras alargadas pintadas sobre tela y madera; rostros tensos maquillados para una pantomima gótica; fantasía retorcida y delirante; asimetría en claroscuro; deformidad de lo cotidiano; ángulos imposibles para irreales callejones de una ciudad de pesadillas; emociones exacerbadas; la vertiginosa fantasmagoría de un demente hecha imagen y narración en la película fundacional del terror psicológico. 
Emocionante, impresionante, escalofriante, perturbadora... ¿Que podría decir de esta obra maestra del cine como arte que no se hubiera dicho ya? Nada, excepto: HAY QUE VERLA.



1) Doctor Jekyll y Mister Hyde 
(John S. Robertson, 1920, Estados Unidos)
El joven y adinerado doctor Henry Jekyll (John Barrymore) mantiene y atiende una clínica gratuita para los más pobres de Londres. Su filantropía y buen comportamiento son cuestionados por su amigo George Carewe (Brandon Hurst), que lo empuja a visitar un cabaret. Allí la bailarina Gina (Nita Naldi) despierta los deseos más oscuros de Jekyll, y entonces utiliza sus conocimientos científicos para crear una poción con la que separar su parte buena de la mala. Pronto hyde, la horrenda parte mala, toma el control y Jekyll se ve envuelto en una red de crímenes y sospechas.
Una película de terror en todo el sentido de la palabra. La ambientación victoriana, brumosa y melancólica es perfecta para esta tétrica e inquietante historia sobre la dualidad del alma humana.
John Barrymore está total e infinitamente convincente, lo entrega todo en su complejo personaje (s) de buen doctor metido a mad doctor; el resto de actores y personajes grativan a su alrededor sin que en realidad nos importen; Barrymore-Jekyll-Hyde se roba el show.


Con una mezcla sospechosamente similar a una pócima mágica, este pálido, amable, caritativo, inocente, limpio, ordenado, elegante y hermoso médico...


¡Se transforma en este horror!:


Hyde es un canalla repulsivo en todo sentido: Encorvado, de rasgos demacrados y puntiagudos, cabeza cónica, ojos malignos, pelo pringoso y dedos largos como patas de araña; un villano lascivo, perverso y cruel adicto primero al tabaco, los bares y las mujeres de la noche, y después, a medida que aumenta su maldad, a destruir chicas ligeras y maltratar niños pobres.
El infeliz se hace más grotesco, sucio y diabólico a cada nueva aparición. Se aplaude que mate al cínico sir George Carawe (se lo mereces por corruptor de amigos)...


¡Pero no que el monstruo pretenda violar a la inocente Millicent! (Martha Mansfield). 


La primera gran película de terror americana y una de las mejores de John Barrymore; su impactante transformación del apuesto y agradable Jekyll al despreciable y espantoso Hyde sigue siendo aterradora... De verdad, me puso los pelos de punta.

¡INFELICES PESADILLAS PARA TODOS!

 
 

15/03/2024

El Marmorhaus

El Marmorhaus fue una de las primeras salas de cine de Berlín. Ubicado en el distrito de Charlottenburg en Kurfürstendamm, se inauguró el 9 de mayo de 1913. El nombre puede traducirse correctamente como La casa de Mármol, y hace alusión a la fachada de los cinco pisos, cubierta por completo con losas de mármol blanco de Silesia. Su diseño, de estilo modernista temprano, estuvo a cargo del arquitecto Hugo Pal según planos de Scheibner y Eisenberg, y las pinturas decorativas de las paredes y techo del vestíbulo y el auditorio fueron realizadas por el artista expresionista Cesar Klein. 

Estreno de La X misteriosa de Benjamin Christensen
en 1914. 

Interior del Marmorhaus, fecha desconocida.

Durante el periodo silente se uso con frecuencia como sala de estreno, llegando a ser conocido como ''El palacio supremo del cine alemán''. Entre las películas más destacadas que se estrenaron en el Marmorhaus se cuentan: La peste en FlorenciaEl gabinete del doctor Caligari, La cabeza de Jano, El castillo Vogelod, Genuina, La tierra en llamas y Cuatro alrededor de una mujer. Los numerosos carteles diseñados por Josef Fenneker entre 1919 y 1924 para publicitar las películas del Marmorhaus, hoy son considerados piezas de arte. 

Carteles de Josef Fenneker para La peste en Florencia (1919)
y El castillo Vogelod (1921).

El edificio soportó la Segunda Guerra Mundial con escasos daños, pero en la década de los 50 dejó de usarse como sala de estrenos. A partir de los 70 fue sometido a múltiples renovaciones internas que cambiaron por completo el diseño original. 

Estreno de La batalla contra Berlín (1923).

Estreno tardío de El ladrón de Bagdad. 
(Fecha desconocida posterior a la guerra).

Aunque en los 80 la asistencia al cine tuvo cierto repunte, el progresivo descenso de espectadores llevó a que finalmente la UFA decidiera cerrarlo y vender el edificio. 
El Marmorhaus, el más antiguo cine berlinés sobreviviente, cerró sus puertas el 24 de enero de 2001. Hoy es un edificio comercial, aunque conserva el letrero de neón azul con el nombre original.  

El Marmorhaus en 2017 aproximadamente. 


03/11/2023

El camino hacia la noche (F.W. Murnau, 1921)

La más antigua película de Friedrich Wilhelm Murnau que se conserva completa y la única sobreviviente de las cuatro en que dirigió a Conrad Veidt. Presentada como un drama pasional, la historia de El camino hacia la noche (Der gang in die nacht) es en realidad una alegoría acerca de lo frágil de la razón humana frente a las fuerzas conjuntas del destino y la naturaleza. 
La película también es una valiosa fuente de presentación para muchos elementos que serían habituales en el cine de Murnau: La historia, con guion de Carl Mayer, es un melodrama sobre la fatalidad (en el sentido de "destino ineludible") del amor y las consecuencias de este; las actuaciones son histriónicas, los encuadres son elegantes, el montaje es poético... Murnau muestra por primera vez su particular composición visual usando interiores (cortinas, ventanas, escaleras), exteriores (jardines, vallas, frontis) y, sobre todo, el paisaje natural para sugerir emociones, personalidades y eventos... Todo el filme está lleno de símbolos y alusiones que exponen el caos de los sentimientos y pasiones humanas, apenas dominados por leyes sociales y morales a las que basta la intervención de una pequeña fuerza adversa para que se derrumben y la pasión lo inunde todo.
A continuación el resumen con análisis y comentarios incluidos. 

 
Resumen: ALERTA DE SPOILER
Eigel Borne (Olaf Fønss) es un acaudalado médico de mediana edad que aspira a convertirse en el mejor de su especialidad, la oftalmología, aunque las extensas jornadas de estudio y trabajo le impidan pasar tiempo suficiente con Helena (Erna morena), su eterna prometida. Ella, profundamente enamorada, no le hace reproches por temor a apartarlo de sus sueños, tan importantes para Eigel como Eigel para Helena. La joven se consume de amor por Eigel, espera ansiosa sus breves visitas, mientras él se consume de ambición profesional.
Una noche lluviosa Eigel, Helena y algunos amigos acuden a un teatro de variedades a ver actuar a la bailarina Lily (Gudrun Bruun Stephensen), quien más adelante será la esposa de Eigel. La presencia de Helena en el primer encuentro de la futura pareja anuncia el adulterio posterior. 
Antes de la presentación, Lily escudriña al público y es atraída por el médico, que parece aburrido e incómodo. Se informa sobre él y luego sale a escena. Su "provocativo" baile cautiva a todos excepto a Eigel, que sonríe sin interés. Molesta y atraída por igual, Lily decide usar una artimaña en el siguiente número. 


Lily realiza un baile con un curioso traje que semeja el capullo de una flor gigantesca ocultando la mitad superior de su cuerpo. A medida que ella baila, los pétalos van cayendo, descubriendo a la mujer en su interior. Como una flor recién abierta a la primavera, lozana, plena de vida, Lily llega a revolucionar la ordenada vida de Eigel. 
En un momento Lily finge una lesión en el tobillo y Eigel acude en su ayuda. La bailarina se descubre generosamente la pierna, turbando un poco al médico; él no encuentra señales de lesión pero tampoco descubre la treta, dada su naturaleza confiada y desinterés por todo lo que no sea su carrera. Lily sonríe para sí ante su primera victoria sobre este hombre ingenuo. Mientras, Helena y los demás se cansan de esperar a Eigel y se marchan bajo el fuerte aguacero.


Al otro día Eigel se presenta en casa de Lily para examinar su tobillo. La desaparición de la lesión lo lleva a comprende que algo no está bien; creyéndose víctima de una broma de mal gusto, intenta marcharse. Lily no sólo logra detenerlo, también le ruega regresar el próximo día. Luego lo invita a tomar un té y le pide hablar de sí mismo. Halagado por su interés, Eigel accede y se queda charlando con ella durante horas. La desbordante alegría y vitalidad de Lily acaba por seducirlo y se despide algo asustado de sus propios sentimientos. Se entiende que las visitas continuaron.
Eigel, como un médico dedicado sinceramente a su arte, es irresistible para Helena y Lily, que representan dos tipos distintos de mujer: Helena es la mujer del hogar (casi nunca la vemos fuera de su casa), una dama recatada y reprimida que pospone sus propios deseos para no "estorbar" a su amado; Lily es la mujer mundana, exuberante y natural que va tras el hombre que anhela despreocupándose de lo que pueda querer él. Helena pasa horas junto a la ventana esperando las cortas visitas de su novio; Lily toma la iniciativa y lo atrae hasta su casa. Si Helena lo ama por sí mismo, Lily comienza sintiéndose atraída por el desinterés que Eigel muestra hacia su trabajo como bailarina; es más un asunto de ego; después, el amor que despierta en ese hombre serio y respetable la conmueve y enamora. 


Días más tarde Eigel visita a Helena. Ella percibe de inmediato que algo no marcha bien, y esto se confirma cuando él no puede mirarla al explicar que está ahí para decidir la fecha de la boda. 
Eigel intenta reordenar su vida, tan trastornada desde que Lily entró en ella. Pero ya es tarde; Helena advierte enseguida que la brusca determinación no la dicta el amor. Eigel refuerza su sospecha al suplicarle que rompan el compromiso. Devastada, Helena le pregunta cómo sucedió, cómo dejó de amarla, pero ni el propio Eigel puede comprender y explicar cómo en tan poco tiempo sus planes de años se vinieron abajo, y la forma en que Lily se convirtió en algo imprescindible para él. Se marcha dejando sumida en la tristeza a Helena, su amiga de la infancia, su novia de siempre, la mujer que lo acompañó en todo momento, aguardando pacientemente a que él estuviera listo para ser su marido. 
Eigel abandona las habitaciones de Helena bajando unas escaleras que parecen conducirlo a un infierno que no puede ver pero sí presentir. Duda un poco en el último escalón, mas no cede.
La escalera funciona a otro nivel. Es la misma que Eigel no podrá subir más allá de tres escalones luego de la muerte de Lily, pues no hay regreso redentor junto a Helena, ella también muere por amor aunque Eigel jamás lo sabrá. Lily igual desciende unas escaleras al infierno cuando Eigel se niega a ayudar al pintor por segunda vez, sólo que la escalera de Lily la conduce a la muerte. Ya veremos eso.


Lily recibe una carta de Eigel relatándole lo sucedido y explicando que no deben volver a verse. Lily llora porque se ha enamorado de Eigel y no quiere separarse de él. Comprendiendo que él también la ama, decide luchar por su amor y acude a verlo. Eigel duda en recibirla. Haciendo un esfuerzo por mostrarse firme, acaba por aceptar la visita, quizá con la intención de despedir a Lily de manera cortés. Pero ya en su presencia Eigel es incapaz de mirarla y cuando lo hace sus sentimientos lo dominan por completo; confiesa su intenso y apasionado amor a una dichosa Lily.
Eigel y Lily se casan rápidamente y se mudan a una aldea costera. La pareja es completamente feliz y pasa los días gozando del paisaje y de su amor. Todo parece idílico, pero el viento marino que los empuja y agita sus ropas presagia una amenaza oculta. 
Sólo muy de vez en cuando Eigel siente algo de nostalgia por la ciudad, aunque nunca piensa en Helena. Ésta, sola y resignada, decide destruir las cartas de amor de Eigel.


En la aldea, Eigel y Lily continúan disfrutando de su amor, que cada día se vuelve más grande. Brindan e intercambian copas en un gesto simbólico y ritual de unión matrimonial que es sellado con un beso. En ese momento un bote se aproxima a la playa. Sobre él se distingue la alta y delgada figura de un hombre vestido de negro que resalta contra el horizonte marino como una presencia sobrenatural. Este hombre extrañamente fascinante es un enviado de la Fatalidad, un símbolo del destino inevitable. Llega para irrumpir en el mundo particular de una pareja que parece completamente feliz.
El bote atraca con lentitud; el hombre desciende ayudado por el botero y se aleja con una mano extendida y el rostro fijo en la distancia.


Eigel sale a visitar a sus pacientes del pueblo y Lily lo despide alegremente en la puerta del jardín. Mientras todavía agita la mano despidiendo a su marido, el hombre de negro se acerca y pasa frente a ella sin prestarle la menor atención. Es joven, apuesto y enigmático, y su actitud sobrecoge y atrae a Lily, forzándola a seguirlo con la mirada. El marido sale y el pintor entra, la escena es inequívoca. 
Lentamente Lily deja de sonreír, pero sigue al desconocido con la mirada, sorprendida y fascinada por su forma de andar con el rostro fijo en la distancia, más allá de todo, incluso lo humano. El pintor no ve a Lily parada en la puerta y Eigel no quería verla en el cabaret. Lily parece algo asustada, pero ya ha sido seducida de manera irremediable. 
Incapaz de pensar en nada más, Lily espía toda la tarde junto a la ventana esperando el regreso de un desconocido tal como Helena pasaba días y días junto a la ventana esperando por Eigel, a quien tanto conocía. Ya antes Lily había espiado a otro desconocido desde atrás de una cortina, el propio Eigel en el cabaret, esto dice que Lily tiene una predisposición natural para el engaño y lo furtivo. 


Cuando el médico regresa ve a Lily ante la ventana, de espaldas a él. Se aproxima en silencio y le cubre los ojos con las manos, sorprendiéndola. Eigel anuncia su propia ceguera ante el próximo adulterio, pero también su descubrimiento.
Lily le cuenta de la extraña actitud de aquel desconocido y Eigel explica que se trata de un pintor que se recluyó en la isla años atrás después de perder la vista. Lily se relaja un tanto al comprender la razón de la conducta del hombre, pero sigue asustada; siente en él algo peligroso para ella y su reciente felicidad. 


Más tarde Eigel pasa junto a la pequeña casa vecina donde el pintor vive en compañía de una sirvienta. Eigel lo encuentra en el jardín, sentado frente a una pintura que llama su atención. El pintor le dice que el cuadro se titula Oración a Dios por la gracia de la vista. Eigel se conmueve profundamente por estas palabras que expresan una fe sencilla y pura, decidiéndose a operar al pintor sólo por caridad. 
Fingiendo ser otra mujer lesionada del tobillo, Lily hace llegar a Eigel una carta donde confiesa: ''Eigel, sólo deseo que exista sinceridad entre nosotros. Desde la primera vez que te vi supe que te amaría intensamente. Mi lesión sólo fue un pretexto, igual que ahora. Siempre temí confesártelo, ahora soy feliz por haberme liberado de ese secreto''. Eigel, tan feliz como sorprendido, la besa con pasión. Luego le comenta que el pintor ciego vivirá con ellos durante un tiempo, pues intentará devolverle la vista. Lily se aflige; asustada, pide a su marido que no lleve al pintor a la casa, revelándole que siente un miedo inexplicable. Eigel la consuela sin entenderla; él es médico, no artista, y por ende no puede sentir tan intensamente lo espiritual.


Un atardecer tempestuoso Eigel deja a Lily durmiendo y acude junto al pintor, a quien intervino y recluyó en una habitación de la casa. A las seis de la mañana verá si la operación resultó como esperaba. Se muestra un montaje admirable a medida que avanzan las horas. El mar, hasta entonces en calma, comienza a agitarse con violencia, avisando que para los personajes se aproximan tiempos turbulentos.
Eigel sale a dar un paseo y alguien le entrega una carta donde se le comunica que Helena está muy enferma. Pasa la noche en casa del pintor, sumido en un fuerte sentimiento de culpa. La sirvienta del pintor elogia su nobleza por lo hecho con el artista, pero esto sólo aumenta el dolor de Eigel, que hizo algo bueno por un desconocido pero ignoró a la compañera de su infancia. Aquí Helena es el pasado que Eigel creyó dejar atrás, el pasado que siempre regresa a cobrar las deudas. 
Eigel no puede dejar de pensar en Helena y esto enturbia su alegría ante el logro de devolver la vista al pintor. Quizás otro presagio, un pequeño sufrimiento antes del mayor y definitivo. 


En su habitación, Lily despierta cuando el fuerte viento de la tormenta empuja sus cortinas. Asustada, cierra las ventanas, mas el resplandor de un relámpago la impulsa a huir de la habitación llamando a gritos a su marido. Un sirviente le explica que el médico se encuentra fuera de casa, aguardando las seis de la mañana, momento en que traerá al ciego de regreso a la luz. Esto sucede en la noche, a las seis ya habrá amanecido; así, la luz que menciona el sirviente no es sólo la visión, también es el amanecer de un nuevo día, el amanecer de una nueva vida para el pintor. Eigel decidió que sea así. 
Lily regresa a su habitación e intenta calmarse pero la tormenta de viento arrecia y el terror la pone fuera de sí. Por el contrario, el pintor duerme pacíficamente en su cama con una venda negra cubriéndole los ojos. 
Intentando apartar sus miedos, Lily se atavía con un antiguo vestido de bailarina y realiza una danza enloquecida desafiando a la tormenta. Incluso abre las ventanas y deja entrar el viento. El frenético baile de Lily contrasta de modo grotesco con la calma del pintor, profundamente dormido en su cama, ajeno a la furia de los elementos, protegido por el sueño y la venda que cubre sus ojos, analogías de su desconocimiento del papel que desempeñará por orden del Destino. Otra vez el pintor es mostrado más como un objeto de la Fatalidad que como una persona y su ceguera física se hace ceguera mental. 

 
La tormenta empieza a declinar. Eigel vuelve a casa y encuentra a Lily bailando con furia. Primero se impresiona, pero pronto comprende que está bajo los efectos de un shock y la abraza hasta conseguir calmarla.
El pintor continúa durmiendo sin sobresaltos. A las seis la tormenta cede y el sol aparece entre las nubes. Eigel retira la venda de los ojos del pintor y este descubre con infinita fascinación que puede ver. Agradecido, besa la mano del médico, emocionándolo.
Ignorante de lo que viene, Eigel invita al pintor a comer con ellos. Cuando ambos entran al comedor el pintor queda fascinado con Lily, la mira como si ella fuera la culminación de todos sus sueños. Lily también experimenta la intensa atracción pero procura alejarla aferrándose a Eigel. Él, sonriendo, pone una mano sobre el hombro del pintor y con la otra sujeta la muñeca de su esposa, ciego a lo que sucede.
 

Eigel se sienta entre el pintor y Lily, separándolos pero a la vez uniéndolos al ponerlos en puestos enfrentados. Incluso bendice la futura unión brindando con ellos como antes brindó con Lily. 
Eigel se muestra entonces como un ciego, él está en la noche a que alude el título. Eigel no vio el deseo de Helena y tampoco quiso ver su dolor. Ahora no ve la poderosa atracción entre Lily y el pintor. Tampoco ve que los papeles se han trastocado. El pintor ya no es un desconocido, sino un hombre que recuperó la vista sólo para poder ver a la mujer de sus sueños. Y esta mujer es Lily, la esposa del médico, quien debe pasar a segundo plano. Una alegre bailarina es más apropiada para un pintor atormentado que para un médico abnegado, sobre todo si ya antes el médico no pudo responder cuando ella le preguntó si le gustaba como artista.
El pintor no consigue apartar sus ojos de Lily, así que, aterrado por lo que podría suceder, decide marcharse de allí cuanto antes. Eigel lo detiene; debe quedarse al menos un mes para estar seguros de que todo ha salido bien. Procurando tranquilizar al pintor, Lily le ofrece su mano en gesto amistoso, pero este primer contacto sólo los turba más. 


El pintor regresa a su casa y Eigel se sume en la melancolía. No puede dejar de pensar en Helena; necesita verla y saber cuan tan grave es su enfermedad. Después de mucho torturarse pensando, pregunta a Lily si se sentiría triste de quedarse sola por un día. Lily quiere saber si es necesario. Teme que de permanecer sola no logre contener el deseo que la impulsa hacia el pintor. 
En su casa, el pintor no deja de pensar en Lily. Horrorizado de aquel sentimiento, se cubre los ojos y llora deseando desde lo más profundo de su corazón: ''¡Si nunca la hubiera visto!''. Esto expresa la sensibilidad natural del pintor, que no desea lastimar al hombre que le devolvió la vista pero al mismo tiempo sabe que lo hará. 


Eigel va a la ciudad y el pintor se sienta frente al mar, sumido en sus pensamientos. Vencida por su pasión, Lily acude junto a él. La pareja no habla pero ambos parecen haber estado buscándose desde siempre. El pintor besa la mano de Lily y enseguida hunde el rostro en su falda, casi entre sus piernas, mientras ella le acaricia el cabello; la imagen esconde-descubre la intención sexual de ambos.
En la ciudad, Eigel no puede hacer nada por Helena, su enfermedad está muy avanzada. Desconsolado, regresa a casa.
Lily pasa la tarde con el pintor. Frente al mar en calma, él le describe el paisaje desde la perspectiva de un artista. 


Se repite el plano de la llegada al puerto, sólo que ahora es Eigel quien viene en el bote y anuncia males para sí mismo. 
Eigel ve a la pareja camino a la aldea e inmediatamente comprende que no se trata de un paseo casual entre vecinos. Espantado, llama a su mujer; ella y el pintor adoptan tal expresión de culpa que cualquier duda de Eigel se desvanece por completo. No entiende lo que sucede, no concibe que de un momento a otro Lily dejara de amarlo. Ella se aproxima a él (todo bellamente filmado en plano americano) y con una sonrisa triste, le dice: ''Tú le diste, ¡la luz!'' refiriéndose a ella misma como parte de la luz. Eigel devolvió la vista al pintor, permitiéndole ver no sólo la luz del día, también la luz de sus sueños, su amor: Lily. Eigel la condujo hasta su verdadero amor, al que ella se entrega como una luz preciosa. 
Lily intenta besar la mano de Eigel, agradecida de lo que hizo por ambos, pero Eigel no puede soportar el perder su propia luz. Enfurecido, loco de celos, se vuelve contra el pintor, que no ofrece resistencia, para golpearlo con la misma mano con que lo curó. Lily se interpone para proteger a su amante y Eigel no puede golpearla. Entiende que ha perdido el amor de la mujer que adora, que él mismo fue descartado; ya no es el hombre de la historia sino el médico que devolvió la vista al verdadero amor de Lily. Lily y el pintor, por distintos caminos oscuros, han llegado a la luz para encontrarse. 
Eigel, enloquecido de dolor, grita iracundo, maldiciendo su destino, y corre apartándose de ellos. El clima tranquilo y calmado se rompe: Viento, árboles agitados, olas golpeando la arena. Otra vez la naturaleza es un personaje más; su furia es una analogía de la furia humana ante sus fracasos y decepciones. 


Lily se aferra a su amante y Eigel, destrozado, presa de su dolor, corre por la arboleda que crece entre las rocas. El fuerte viento lo agita y azota, lo empuja y lo derriba; es un elemento más del dramático paisaje, apenas una persona. Cuando consigue volver a casa su desesperante dolor se triplica; coge un vestido de su mujer, lo abraza y llora sobre él hasta desmayar de dolor. 
La tragedia se ha consumado, y entonces algo parece aclararse: El pago del pecado. Eigel paga con el abandono de Lily el haber abandonado a Helena. Sufriendo la pérdida de su gran amor, Eigel está en condiciones de entender el verdadero dolor de Helena, que lo ama tanto como él ama a Lily. Si antes Eigel sintió lástima de Helena por su enfermedad y acudió a su lado a cumplir un deber con el cual acallar su conciencia, ahora se mantiene apartado por completo, quizá temeroso de mirar ese reflejo de sí mismo. 


Eigel regresa a la ciudad y con el tiempo se convierte un prestigioso oftalmólogo. Helena vive, pero tan debilitada que ya no puede levantarse. Al saber de los logros de Eigel por un periódico comprende que él alcanzó su primer sueño y esto la reconforta en medio de su dolor.
Pero Eigel ha cambiado. La traición de Lily agrió su carácter y ahora no encuentra placer alguno en su trabajo, sólo lo practica para no enloquecer con sus pensamientos. Cada vez que un paciente al que devuelve la vista se muestra agradecido con él, Eigel responde con brusquedad, marcado a fuego por el recuerdo de Lily y el pintor. 


Lily vive con el pintor. Todo marcha bien entre ellos pero Lily también tiene que pagar y mucho más, pues se trata de una mujer egoísta que pasó sobre la felicidad de otros para construir la suya. Eigel y Helena sufren, pero ahora es el turno de Lily de pagar por la felicidad arrebatada.
Lily y el pintor van por un camino de tierra, ella avanza y se esconde para sorprenderlo; entonces él pierde momentáneamente la vista y se encamina a tientas, sorprendiéndola a ella, que sale de su escondite a socorrerlo. La pared tras la cual Lily se oculta sonriendo es un anuncio de la pared de oscuridad que pronto ocultará a Lily por entero a la vista del pintor. La escena es encantadora en su falsa sencillez.
El pintor comienza a padecer episodios de ceguera y su vista se debilita. Llega el momento en que comprende que volverá a quedar ciego. Prueba leer un libro y su temor se confirma: Descubre con horror que no puede leer; está casi ciego.
Desesperada, Lily acude a consultar con Eigel, que al verla tan abatida piensa que busca su perdón. Incapaz de controlar sus emociones, cae de rodillas frente a Lily, y le suplica llorando aferrado a su cintura, pero ella no responde a su vehemencia. 
Lastimado por este último rechazo, Eigel consigue domirse y la mira con altivez, cohibiéndola. Lily se explica con dificultad y entonces Eigel comprende qué busca realmente. Furioso, herido en su orgullo, humilla a Lily riéndose de ella a carcajadas para acabar por negarse de manera terminante. Lily le suplica y entonces Eigel le dice que se mate, que sólo así curará al pintor. El cruel ultimátum destroza el animo de la mujer, que se marcha incluso más angustiada de lo que llegó. Baja las escaleras de la casa de Eigel rumbo a su destino final. 


Eigel sufre una crisis emocional y después corre tras Lily. Demasiado tarde, Lily se ha suicidado. Con esto demuestra cuán real era su amor por el pintor. La solución es absurda e irracional como todo lo que ha pasado, pero Lily acepta llegar hasta el final del camino iniciado. Muere por otro, se redime muriendo por amor luego de ser mezquina casi toda su vida. 
Eigel lo comprende, y esto acaba con todas sus esperanzas. Lily amaba al pintor más de lo que nunca lo amó a él, lo amaba tanto que aceptó morir si con ello Eigel se decidía a volver a operar sus ojos. Horrorizado, Eigel grita al pintor la verdad de como empujó a Lily al suicido, pero él no responde palabra. 
Aturdido, Eigel acude a casa de Helena, mas ya en la sala no se atreve a subir hasta su cuarto. Se marcha al mismo tiempo que ella muere acariciando su foto en el periódico. 
Poco después Eigel recibe una carta del pintor donde dice: ''No lo culpo de lo sucedido. Ninguno de nosotros es culpable. Las leyes están por sobre nosotros. No necesita intentar curarme nuevamente. Por una vez me dio la luz y tuve permiso para verla. Ahora retomo el camino hacia mi noche''.
El pintor acepta que todos ellos fueron víctimas de la Fatalidad. Las leyes humanas no pueden castigar lo que fue decretado por el Destino, al que incluso los dioses están sometidos. Los cuatro personajes compartieron el destino de amar y perder: Helena ama y pierde a Eigel, Eigel ama y pierde a Lily, Lily ama y pierde al pintor, y el pintor ama y pierde a Lily. 
El sacrificio de Lily parece vano; el pintor no desea volver a ver si no puede verla. Lily era su luz, él sólo recobró la vista para verla a ella, verla por un instante; ahora que esa luz no existe no tiene sentido ver. Todo el drama y sufrimiento oculto del pintor se exponen en esta carta, dictada a algún sirviente que nunca aparece. 
Eigel queda solo con sus recuerdos. Para él también llega la noche, esa senda oscura hacia la que se encaminó con cada paso que dio fuera del camino originalmente trazado. 


El camino hacia la noche se consideró una película perdida hasta comienzos de 1980, cuando se descubrió una copia en el Staatliches Filmarchiv (Archivo Cinematográfico Estatal) de Berlín Oriental. Sometida a varias restauraciones, hoy la película puede verse entintada y totalmente nítida, aunque en versiones diferentes que hacen difícil su apreciación sincera y objetiva. 
Visualmente El camino hacia la noche es una película impresionante. Los colores elegidos para entintarla sólo  aumentan su poder evocador:


Los distintos escenarios proyectan sentimientos y estados anímicos; los paisajes naturales, bellamente filmados, funcionan como reflejo de la tormenta interior de los personajes. Murnau siempre lo consigue con el paisaje natural.

¡HERMOSOOOO!

Los actores cumplen muy bien con el tono de la historia. Se ha escrito mucho que Murnau no quedó conforme con la mayoría del reparto, que dio una actuación rígida, exagerada y anticuada para un filme no experimental de los 20'. Esto suena a cuento chino porque los actores implicados no siempre mostraron esa rigidez y teatralidad en otros filmes. Presumiblemente Murnau mismo exigió esa actuación histriónica para enfatizar en el drama interno de los personajes. 


Olaf Fonss está más que convincente como el respetable y adinerado oftalmólogo arrancado de su cómoda rutina por una cabaretera. El actor pasa de la mesura al paroxismo teatral desenfrenado, casi agónico; se estremece entero, agita las manos contra el cielo, se ríe hasta doblarse en dos, gesticula con toda su alma... A muchos este tipo de actuación puede parecer risible, pero personalmente me gusta cuando la usa Olaf Fønss. Tengo cierta debilidad por su pelo canoso y su dramatismo puro.
Gudrun Bruun Stephensen a ratos actúa con gran naturalidad. Su personaje ríe, baila y se divierte sin caer mucho en la sobreactuación, pero no me convence del todo como el gran objeto de amor de dos hombres tan interesantes como opuestos. Gudrun y Olaf se besuquean bastante:


Conrad Veidt es incluso más dramático, atormentado y gesticulante que Fønss, pero también muchísimo más atractivo y misterioso; deslumbra desde su primera aparición como una silueta delgada de pie en un bote. Su personaje parece moverse en un mundo espiritual propio vedado a los demás; es tan introspectivo y físico en las expresiones de su sufrimiento y angustia, que magnetiza. 


La bella Erna Morena está desaprovecha en un personaje hermoso y trágico que apenas aparece en pantalla. Una lástima.


La recomiendo a todos los admiradores de F.W. Murnau, Conrad Veid, Olaf Fønss y Erna Morena; a los aficionados al cine melodramático, las actuaciones desbordadas y el cine europeo temprano.