26/04/2024

100 de Los Nibelungos: La venganza de Krimilda

El 26 de abril de 1924 se estrenó en Alemania la película "La venganza de Krimilda", segunda parte del grandioso díptico de Fritz Lang Los Nibelungos. Curiosamente, esta extraordinaria película es casi ignorada en comparación a la primera parte, "La muerte de Sigfrido", estrenada el 14 de febrero del mismo año. Quizá por lo difícil -para muchos imposible- de comprender los códigos morales y sociales que guian las acciones de los personajes. Honor, deber y sacrificio son conceptos practicamente erradicados del grosero y materialista mundo actual, mientras que en el universo de Los Nibelungos dirigen y ordenan la vida de todos. 
Personalmente amo este filme, es mi favorito del díptico precisamente por lo diferente, lo alejado que está del mundo moderno. 
Como indica el título, el protagonismo ahora recae en Krimilda, una sorprendente Margarete Schoen en el rol de su vida. La hermosa pero impávida y débil princesa de la primera parte se transforma en una erinia tan llena de arrojo y voluntad como de odio y crueldad. 


Decidida a vengar la muerte de Sigfrido, Krimilda acepta la propuesta matrimonial del repulsivo y salvaje Etzel (Rudolf Klein-Rogge), rey de los hunos, quien a través de su emisario le jura matar a cualquiera que la perjudique. 
En su primer encuentro, Etzel queda hechizado por la rubia belleza de Krimilda, quien con gran esfuerzo consigue ocultar su horror ante el caballeroso pero feo y sucio novio y su exótica corte de salvajes semidesnudos. 


De aquel matrimonio sin amor nace un niño hermoso como su madre. Krimilda sabe que la criatura asegurará su poder sobre Etzel y por un brevísimo momento su corazón de madre sufre por ese niño nacido sólo para obtener una venganza ajena a él... Sólo por un momento. 

 
Etzel recibe a su hijo con exultante felicidad. Es tan dichoso que inspira lástima, pues sabemos que esa alegría no durará. También lo sabe Krimilda, que aprovecha el momento para pedir a Etzel que invite a sus hermanos al reino huno, segura de que ninguno podrá negarse. Y mientras el dichoso Etzel imagina una reconciliación entre Krimilda y sus hermanos, la amarga reina sólo piensa en su venganza, frente a la cual los lazos de la sangre y el afecto nada significan.


Y así, los acontecimientos se aceleran, y los resquemores y suspicacias no evitan que el rey Gunther (Theodor Loos), el príncipe Giselher (Erwin Biswanger), el tortuoso Hagen von Troje (Hans Adalbert Schlettow) y el juglar Volker von Alzey (Bernhard Goetzke) acudan a la corte de Etzel con su séquito. Sus valores enraizados los conducen a la trampa mortal.
En la mesa del rey huno hay tensión, sospechas, miradas y palabras que auguran sangre y dolor. Krimilda, impasible, observa; ella está siempre en el centro de la escena, ella mueve los hilos de un modo tan certero y sutil que si bien todos perciben el peligro, nada pueden hacer... Hasta que es tarde y la sangre exige sangre: Hagen, provocado, previendo una traición, mata al hijo de Etzel y Krimilda, y el rey huno, contra las reglas de la hospitalidad, se ve obligado a responder y lo mismo el noble Dietrich de Bern (Fritz Alberti), ajeno a los odios y deudas de los burgundios. 


Comienza la carnicería. Hunos y burgundios se entregan a la lucha. Y Krimilda está ahí, en lo alto del palacio, observando todo envuelta en sus pesados ropajes de estilo bizantino, una furia a la que sólo el odio mantiene en pie. Ve el asedio y la quema del palacio, ve morir a sus hermanos y el furor de los hunos; y aunque parece fría como la muerte, en sus ojos arde el fuego de la ira que la mantiene en pie. Krimilda es la Venganza misma, lo único humano que resta en ella es su imperecedero amor por Sigfrido.


La lucha se extiende por casi una hora de película. Cuando todo parece consumado, el rey Etzel, todavía ignorante de qué anida en el corazón de su esposa, le dice a Krimilda: "Nunca estuvimos unidos por el amor, pero ahora estaremos unidos por el odio". Y entonces la reina lo mira y, quizá por primera vez, es completamente sincera con él. Replica: "Nunca he sentido tanto amor como en este momento". Porque la muerte de sus parientes pone a Hagen en sus manos. Krimilda lo mata y enseguida muere ella misma. Etzel, que ahora comprende, ordena: "Llévenla con su pueblo y entiérrenla junto a su esposo. Nunca pertenecerá a otro hombre". Y así, por fin, se consuma la tragedia de los nibelungos. 


La película es simplemente magnífica. La arquitectura, el decorado, el vestuario, las actuaciones, la disposición de los personajes en los escenario, todo es perfecto. Margarete Schoen, actriz hoy casi olvidada, carga sobre su espalda con el mayor peso de la historia y lo hace con una energía y emoción que sobrecogen; sus ojos y porte dicen tanto. 
Con Los Nibelungos Lang filma una obra maestra, con La venganza de Krimilda cierra el díptico de una manera tan épica como formidable. 



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