08/05/2026

Animación silente en la era sonora

Los dibujos animados, el formato de animación más popular, entró en la era sonora casi al mismo tiempo que el cine. Primero con sonido sincronizado, es decir, música e imagen grabados en la misma cinta, y luego con diálogos.
No obstante, los cartoons sin diálogos mantuvieron su atracción. Esto porque el humor físico, uno de sus rasgos característicos, permite narrar historias que trascienden los límites de cualquier idioma. Así, dos de las caricaturas estadounidenses más populares de la era sonora prácticamente no contienen diálogos: Tom y Jerry (1940), de William Hanna y Joseph Barbera; y El coyote y El correcaminos (1949), de Chuck Jones para Warner Brothers. Ambas obras pasaron con éxito del cine a la televisión y cautivaron a generaciones con sus cortometrajes de persecusiones y golpes.
La pantera rosa (1963), de Fritz Freleng y Hawley Pratt según una idea de Blake Edwards, fue la última caricatura americana sin diálogos en alcanzar un éxito arrollador.


Por supuesto, estas caricaturas iban dirigidas principalmente al público infantil, ávido consumidor de las mismas desde la década de 1930. Los adulto se habían marginado desde que el Código Hays censuró muchos cartoons.
Así, cuando en 1940 Walt Disney presentó la película adulta Fantasía, recibió el elogio de la crítica especializada pero no obtuvo el reconocimiento del público. Fantasía, una de las obras más bellas y artísticas de la factoría Disney, está formada por siete segmentos animados que acompañan/reinterpretan piezas de música clásica; los únicos diálogos corresponden al presentador. Lamentablemente, la infantilización de la animación (entre otros factores) evitó que en su momento Fantasía llegara a su verdadero público y recibiera el aprecio que merece.
 

La supremacía de los dibujos animados creados en Estados Unidos llevó a otros países a adoptar e imitar su técnica y contenido, aunque también se usaron otras formas de animación como el stop motion con figuras de papel. 
En Inglaterra, en el apartado de la animación [cuasi] silenciosa destaca Snip y Snap (1960), serie de 26 episodios producida por Halas & Batchelor y protagonizada por tres perro de papel creados con origami y kirigami.


En Canadá, la Junta Nacional de Cine (NFB) no tuvo un departamento de animación oficial hasta 1943, cuando se contrató al destacado animador y cineasta Norman McLaren. McLaren inició la experimentación con diversas formas de animación, convirtiendo a Canadá en una de las naciones con más animadores de excelencia y capacidad reconocidos y solicitados a nivel mundial.
A partir de la década de 1980 otras organizaciones independientes siguieron contribuyendo a la exploración del arte de la animación en Canadá. Estas compañías y la NFB han producido una variedad de cortos sin diálogos premiados en diversos festivales de cine y animación. Algunas obras a destacar:
—Boomsville (Yvon Mallette, 1968)
—El leon y el ratón (The Lion and the Mouse, Evelyn Lambart, 1976)
—El castillo de arena (The Sand Castle, Co Hoedeman, 1977)
—El jardín de los ecos (Le jardin d'écos, Co Hoedeman, 1997)
—El hombre sin sombra (L'homme sans ombre, Georges Schwizgebel, 2004)
—Home Security (John Weldon, 2004)
—Madame Tutli-Putli (Chris Lavis y Maciek Szczerbowski, 2007).


Alemania posee el honor de ser el país donde se realizó el primer largometraje animado: Las aventuras del príncipe Achmed (1926), delicada obra de Lotte Reiniger, maestra de la animación de siluetas. Otros cortos de Reiniger:
Arlequín (Harlekin, 1931)
El corazón robado (Das gestholene herz, 1934)
Una noche en el harén (A Night in a Harem, 1958)
Hoy el estudio Film Bilder, fundado en 1989, produce filmes de animación utilizando todas las técnicas posibles.

Arlequín (1931).

Francia recibió múltiples elogios y premios por sus cortos de animación, aunque los más destacados aparecieron recién en la década de 1970. Merecen mención: El actor (L'Acteur, Jean-François Laguionie, 1975), sobre la identidad del artista, y Ave nocturna (Oiseau de nuit, Bernard Palacios, 1975), fábula oscura que explora el aislamiento físico y espiritual. 
Bélgica legó la melancólica La sirena (Sirène, 1968) de Raoul Servais.

El actor (1975).

La auténtica animación adulta tuvo su sede en Europa del este, con Rusia a la cabeza. Formada la URSS, la calidad, originalidad y variedad de la llamada "animación soviética" (que engloba obras de Rusia, Polonia, Checoslovaquia y otros países de Europa como Yugoslavia) alcanzó renombre a nivel mundial. Allí se experimentó con una amplia gama de técnicas y materiales: Animación de dibujos (figurativos y abstractos) sobre papel y laminas de vidrio; de marionetas, siluetas recortadas y juguetes; de figuras articuladas de cartulina, madera, metal, tela e incluso vidrio. El stop motion despertó un enorme interés, desarrollándose sus variantes de la plastimación y la pixilación... ¡También se experimentó con el dibujo por computadora!
Financiada por el gobierno, la animación soviética no escatimó en gastos, a diferencia de lo que intentaban países más industrializados; en consecuencia, sus películas tenían mayor calidad que las occidentales. Además, como rasgo distintivo, solían carecer de la violenta natural de la animación estadounidense, centrándose en la psicología y el humor para captar la atención. 
Si bien el punto más alto de la animación soviética estuvo entre 1960 y 1980, de los años anteriores hay que destacar los cortos checos El millonario que robó el sol (O milionári, který ukradl slunce, Zdenek Miler, 1948) e Inspiración (Inspirace, Karel Zeman, 1949), y el yugoslavo Piccolo (Dušan Vukotić, 1959), donde una pequeña discusión entre vecinos escala hasta acabar en un enfrentamiento épico. 

Elegantes marionetas de vidrio en Inspiración (1949).

La animación soviética era arte puro. La ideología política estaba ahí pero no como elemento principal. Las técnicas y los relatos eran lo más importante. 
Obras mudas destacadas existen las suficientes como para afirmar que la animación silente nunca desapareció. Polonia legó algunas de las mejores, como:
Esperando (Oczekiwanie, 1962), de Witold Giersz y Ludwik Perski; mezcla de acción real y animación de figuras de damas y señores creadas con servilletas de papel retorcidas. Fue premiada en Cannes y en el Festival Internacional de Cine de Edimburgo.
Baran (1965), de Zofia Oraczewska; dibujos animados. Las desventuras de un insomne acechado por una de las ovejas que cuenta para intentar dormir.
Cajas (Klatki, 1966), de Mirosław Kijowicz; dibujos animados sin color. Un guardia y un prisionero juegan armando figuras con piezas geométricas; cuando el guardia se siente superado en su capacidad creativa, arrebata al prisionero las piezas y luego sus conocimientos. Obtuvo el Gran Premio en el Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy.
Caballo (Koń, 1967), de Witold Giersz; pintura sobre vidrio. Historia de un caballo que se niega a ser dominado por un hombre. 
Las escaleras (Schody, 1969), de Stefan Schabenbeck; plastimación. El alucinante viaje de un hombre por un dédalo de escaleras y su aterradora conclusión. 
Invasión (Inwazja, 1970), de Stefan Schabenbeck; dibujos animados. Una nave espacial aterriza en un entorno extraño y de inmediato inicia excavaciones y perforaciones que llevan a un final sorprendente. Obtuvo varios premios en festivales de cine. 
Licantropía (Lykantropia, 1981), de Piotr Dumala; dibujos animados simples. Lobos cazando lobos y una oscura vuelta de tuerca.


Otros cortometrajes soviéticos mudos destacados: 
Surogat (Dušan Vukotić, Yugoslavia, 1961)
Lutkica (Borivoj Dovniković-Bordo, Yugoslavia, 1961)
Una bola de lana (Klubok, Nikolay Serebryakov, Rusia, 1968)
La bailarina en el barco (Balerina na korable, Lev Atamánov, 1969).


Desde mediados de los 90 del siglo anterior, la animación muda ha ido en alza. Cortos adultos, familiares e infantiles de stop motion y dibujos animados son producidos por estudios y particulares a nivel mundial. Los festivales y premios se han multiplicado y popularizado. Incluso se están filmando largometrajes. ¡La animación silente está de moda!
¿Por qué de pronto parece haber un gran mercado abierto para el cine animado mudo? Las razones son variadas. Intentaré resumirlas. 
El cine mudo maneja un lenguaje universal. Al carecer de palabras, los actos y expresiones se convierten en transmisores de un mensaje comprensible en cualquier idioma. 
La falta de diálogos reduce el exceso de saturación sonora, ayudando a la concentración del espectador. El silencio (total o parcial) intensifica la percepción emocional, haciendo que el espectador deduzca el significado de las imágenes; esto es más personal que un diálogo directo.  
Un cortometraje dura entre 1 y 20 minutos. Los más populares rondan los 8 minutos. La eliminación de diálogos evita que la historia se sienta apresurada. 
A nivel comercial, los cortos sin diálogos son más baratos y fáciles de distribuir globalmente al no necesitar doblaje ni subtitulado. Este aumenta sus posibilidades de participar en festivales y ser emitidos en canales online. 

El juego de Geri (Geri's Game, Estados Unidos, 1997),
famoso y multipremiado corto de Jan Pinkava.

Pediatras y especialistas en infancia coinciden en recomendar la animación sin diálogos. El ritmo lento, el humor visual y la sencillez narrativa de estas historias ayudan a una mejor comprensión y favorecen la imaginación infantil. 

Alas (Wings, Estados Unidos, 2007), de Casey McDonald.
 
La vida de la Muerte (The Life of Death, Estados Unidos, 2012), de Marsha Onderstijn.

Conclusión: La animación silente nunca se marchó. En la década de 1930 fue desplazada de primera línea por los dibujos animados sonoros dirigidos al público infantil, mas continuó existiendo. Por años se mantuvo vigente en forma de cortometrajes artísticos y experimentales creados para un público adulto e intelectual. 
Hoy se ha democratizado, ofreciendo relatos para todas las edades y gustos, y utilizando las más variadas técnicas creadas en más de un siglo de historia de la animación.

Sita y el tigre, de William Martinez y Zachariah Tolchinsky.

Rebooted (Australia, 2019), de Michael Shanks.


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Este artículo forma parte del especial temático



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