El primer y
único trabajo hollywoodense del gran actor ruso Ivan Mozzhukhin es una de las
películas silentes más desagradables y absurdas que he tenido la mala suerte de ver. La historia de Rendición (Surrender) es un ovación a la
idea medieval (Oh, Decameron) de que para conseguir el amor de una mujer
sólo se necesita perseguirla y acosarla en plan cacería. También contiene un poco de antisemitismo y la suficiente sordidez como para molestar a cualquier persona dotada de una pizca de sensibilidad. Y para acabar de sepultar la película en un agujero muy profundo, la actriz protagonista carece de dotes actores.
Si mi
resumen comentado a ratos parece algo burlón, es completamente intencional. No pude ser seria
con una historia realista tan irreal.
Resumen: ALERTA DE SPOILERLea (Mary
Philbin) es hija del rabino Mendel Lyon (Nigel de Brulier), líder espiritual de
una aldea judía asentada en la frontera austro-húngara, y está comprometida en matrimonio arreglado con Joshua (Otto Matieson), quien no parece lo bastante listo ni interesante como para conseguir la atención de su linda novia. El rabino es admirado
y respetado por su sabiduría y buenas obras, siendo consultado y querido por
todos.
Son los
inicios de la Primera Guerra Mundial y el peligro ronda. Constantin (Ivan
Mozzhukhin), un príncipe ruso y oficial de cosacos, cruza la frontera para
cazar ardillas en el bosque. Su perro se separa de él y roba un zapato de Lea, que se había
descalzado junto al río. Constantin la descubre y ambos comienzan a conversar en plan flirteo. Estas escenas son muy bonitas y es lamentable que duren tan poco. De
haber seguido así Rendición sería una hermosa película.
La sorpresiva
llegada del rabino interrumpe la conversación. Éste reconoce las ropas rusas de Constantin
y le ordena volver a su país. La reacción es comprensible; los rusos tienen un extenso y triste historial de opresión y persecución contra los judíos.
Constantin pierde su encanto en cuestión de segundos. Se burla del rabino con arrogancia y
amenaza con llevarse a Lea mientras esta se limita a mirar en otra dirección
como si el asunto no le concerniera en lo absoluto. La cosa no pasa a mayores porque
unos oficiales rusos llegan a informar a Constantin que debe tomar la
comandancia de un batallón de cosacos. Sólo entonces Lea comprende que realmente
ha estado coqueteando con un enemigo, aunque el descubrimiento no impide que observe con nostalgia la partida de Constantin. Es más que claro que la chica se siente atraída por hombres que amenazan con el rapto, así que el pacífico Joshua
no tiene la menor oportunidad de llegar a su corazón.
Algún tiempo
después, un ejercito de cientos de cosacos comandados por Constantin invade y
toma el lugar. Temiendo por la seguridad de Lea, el rabino la oculta en… la
misma casa. Elegir tal escondite es más estúpido que insensato; ese es el
primer lugar donde la buscarían. El rabino acude al llamado de los oficiales
rusos junto a otros notables del pueblo. Al ver a Constantin intenta pasar
desapercibido fingiendo sordera cuando se le ordena firmar un documento. Con tan brillante estrategia de camuflaje sólo consigue que Constantin repare en
él y lo reconozca.
El sabio rabino ya cometió dos tonterías pero vendrán más.
Asegura desconocer a Constantin y cuando este menciona a Lea, niega tener una
hija. Constantin insiste y se invita a casa del rabino junto a tres de sus
hombres. Allí ordena registrar la casa, que evidentemente está llena de delatores
objetos femeninos, y al final él mismo encuentra a la muchacha. Ella luce un extraño
peinado consistente en una gruesa trenza que le atraviesa la cabeza a modo de
horrendo tocado. Esta moda no desanima a Constantin, que expulsa a sus hombres y comienza
un desagradable cortejo acosador. Se extraña del desprecio de Lea, quien le deja claro que
lo odia por ser un cosaco, los perseguidores y asesinos usuales de su pueblo.
Constantin parece divertirse de la acusación y pasa a mayores abrazándola por
la fuerza. El lenguaje gestual de Mozzhukhin es tan bueno que se puede
construir casi toda su respuesta muda a la acusación de Lea. Sería más o menos
así:
Constantin:
¿Yo un asesino? ¡Claro que no! ¿Cómo puedes pensar eso? Yo no hago esas cosas. ¿Cómo
podría hacerte algo así… a ti? Nunca, a ti sólo te abrazaría… ¿Por qué no
quieres que te abrace? Mira, tengo las manos limpias, no te voy a ensuciar, sólo
a abrazarte... Así, así; ¡ven acá con tu malvado cosaco acosador! Vamos, no seas
tonta, sólo quiero besarte.
Viendo a
Constantin ocupado, el rabino alza un cuchillo con intención de
matarlo, pero todos son interrumpidos por el pregonero que anuncia el
inicio del Sabbat. Lea aprovecha la confusión de Constantin para escapar de su
abrazo. Hay un agradable cambio en el tono de la escena y ahora son Mendel y
Lea quienes molestan a Constantin sin usar ninguna violencia.
El rabino
pone el cuchillo en la mesa y se aparta. El sorprendido cosaco comprende el
peligro en que estuvo. ¿Ordena fusilar al rabino por su intención asesina? No; se queda observando con curiosidad el ritual previo a la cena de
sus resignados anfitriones. Estos ven que no tiene intención de irse, así que deciden hacerle pasar una mala comida. Primero lo ignoran; después no
le sirven vino hasta que lo pide; en vez de pan le dan un pequeño pedazo de
corteza; por último le corresponde la cabeza del pescado, la que escudriña con
desconfianza en busca de algo comestible. Todo esto es bastante divertido en gran
parte gracias al excelente lenguaje corporal de Mozzhukhin. Se ha dicho que la incomodidad del gran actor hacia su desagradable e inconsistente
personaje derivó en una caída de su rendimiento actoral, por lo común
sobresaliente, pero estoy en desacuerdo con tal afirmación. Constantin es muy antipático
y sus acciones son lo suficientemente confusas como para hacer de su
interpretación un trabajo más que difícil, sin embargo Ivan Mozzhukhin era un
actor de primer nivel, no una celebridad hollywoodense, y pudo conseguirlo. Con
su mirada felina y gestos elegantes, Ivan logra que Constantin sea tan real como
se pueda. Un tipo rarísimo y retorcido donde los haya, pero lamentablemente el mundo
alberga bastantes lunáticos y chiflados.
Joshua llega
y pide ver a su prometida. La timidez y el nerviosismo del novio hacen que Constantin pregunte a
Lea si lo ama. Ella sufre un repentino ataque de mudez que acentúa las nulas
capacidades actorales de Mary Philbin. El rabino explica que es deber de Lea amar
a su prometido y Constantin se muestra en desacuerdo. Para él el amor es algo que surge espontáneamente y de la nada. Deduzco que este hombre leyó
demasiadas novelas baratas o nadie le ha explicado que lo que él considera amor
en realidad se llama atracción física o deslumbramiento. El amor no es un deber
pero tampoco emerge súbitamente; el cosaco y el rabino están igual de equivocados.
Constantin decide
ser todavía más insufrible y para ello ordena fusilar a Joshua. Ante la
intervención del rabino acepta dejarlo vivir si Lea se lo ruega. Esto alivia
bastante a Joshua, aunque Lea no da la menor señal de estar dispuesta a ayudarlo.
¿Qué diablos sucede con esta chica? Se entiende que no ama a Joshua y desea
librarse del compromiso matrimonial, pero conseguirlo haciendo que fusilen al
pobre chico me parece una solución extrema que vuelve a Lea tan inconsistente como
Constantin. Después de todo lleva cinco años comprometida con Joshua sin que él se le imponga; como mínimo debiera mostrarle un poco de simpatía e intentar
ayudarlo. Joshua estará tan agradecido que le dará lo que ella pida, incluso el rompimiento del compromiso. Sabemos que Constantin no se conformará con una
súplica, pero por el momento sólo ha pedido eso y Lea no tiene razón
válida para negarse a cumplir un capricho tan infantil. Mas como sigue impávida
en medio de la escena, su horrorizado padre le ordena cumplir la condición del
cosaco. Ella obedece y entonces Constantin le exige que lo bese. El intertítulo
es demasiado explicativo:
''Pon tu cara
contra la mía. Bésame.''
Creo que no
existe otra forma de besar que uniendo los rostros. No al menos para el tipo de
beso que desea Constantin. Lea se niega pese a las desesperadas súplicas del
aterrorizado Joshua, al que incluso mira con desprecio. Es innegable que al enfatizar
tanto en el miedo de Joshua se pretende hacerlo ver como un cobarde, mas creo
que cualquiera se comportaría de modo similar si su vida dependiera del
capricho de un poderoso.
Constantin
pierde la paciencia y antes de marcharse lanza su ultimátum: Quemará la aldea y a todos sus habitantes a menos que Lea se acueste con él esa misma noche. Quedé
atónita al llegar a esta parte. ¿Realmente él dijo eso? Tuve que detener la películas y retrocederla unos segundos para cerciorarme de haber leído bien. Sí,
lo dijo. No de forma tan directa, pero la intención es la misma. ¿Pero no se supone
que Constantin es el galán de la historia? Pues resulta que también es el
villano. Imposible, ¿cómo podría ser ambos? Es incongruente y vuelve todo demasiado
confuso. ¿Hay que amarlo u odiarlo? No existe respuesta.
La noticia
de la amenaza genocida se esparce por la aldea, y los aterrados habitantes
exigen al rabino que Lea se sacrifique por su pueblo como hizo Ester. Lea se niega con horror y el rabino los calma recordando
a quienes prefirieron la muerte antes que el pecado. Enseguida los cosacos
entran en acción obligando a la gente a volver a sus casas. Tapian puertas y
ventanas, acumulan paja, encienden antorchas y esperan la orden de los
oficiales de Constantin. Esto es realmente horrible porque la gente no tiene la
más mínima posibilidad de escapar. Se ven niños llorando tras las ventanas y
adultos suplicando con terror. Ahora sólo podemos odiar a Constantin.
Finalmente
Lea no soporta más el cruel dilema y va donde Constantin, que la recibe como
si acudiera a una cita amorosa y no a un sacrificio. Él despliega encanto y
alegría, pero Lea está más impávida y
ensimismada que de costumbre. No responde a su plática, se niega a beber y
escapa de sus brazos tras un par de besos no deseados. Constantin no comprende el
rechazo. En su retorcida mente Lea acudió a él porque lo ama. ¿Qué
otra razón tendría para hacerlo? Parece haber olvidado su salvaje amenaza; o quizá para él esas amenazas sean habituales en un cortejo amoroso. Pero entonces ella le
explica que sólo está ahí para salvar a su pueblo y Constantin cambia
mágicamente.
Faltan varios segundos de metraje entre tomas a lo largo de toda
la película; aquí la ausencia de esos segundos vuelve bastante extraña la escena
e incluso hay unas tomas mal montadas: Constantin y Lea están frente a frente
en la habitación; enseguida lado a lado en el balcón y otra vez en la
habitación antes de volver al balcón. Aunque dudo que el asunto pudiera mejorar
ni siquiera con el metraje completo y bien montado.
Constantin suelta unas
líneas cursis sobre la belleza de Lea y el horror de la guerra. Enseguida le
dice que se puede ir y que siempre la recordará. Aliviada, Lea rompe a llorar de
un modo que provoca risa, no empatía. En aquel momento un cosaco informa a
Constantin que los austriacos vienen a liberar la aldea; hay que huir de
inmediato. Lea accede a dar un beso de despedida a Constantin y entonces
descubre que está enamorada de él aunque sea un canalla acosador que la
chantajeó sexualmente, y un genocida acostumbrado a quemar viva a la
gente en sus casas, niños incluidos. Se dice que en gustos no hay nada escrito pero
creo que aquí los guionistas se fueron un poco al extremo. Cierto que él es
endiabladamente guapo, pero la oscilación entre crueldad y galantería anula todo
su atractivo físico. Definitivamente el giro de la historia no se puede tomar
con seriedad, es demasiado falso.
Lea esconde a
Constantin de los austriacos, que no se molestan en revisar las habitaciones, y acepta su anillo como compromiso matrimonial… Esto
se pone cada vez más extraño… Parece que ambos olvidaron todo, incluso el
asunto de la religión. Ella es judía y él es cristiano ortodoxo. ¿Quién los
casará? ¿Cómo educarán a sus hijos? ¿En que idioma les hablarán? No hay tiempo
para pensar en nada porque Joshua entra en la habitación y dispara contra Constantin, hiriéndolo. De alguna manera Lea consigue desarmarlo (otra vez
falta metraje) y el cosaco escapa.
Joshua revela a los demás la traición de Lea
y todos acuden a pedir explicaciones al rabino. Lea llega al lugar y de manera muy estúpida confiesa su amor por Constantin y que se casará con él. El furioso rabino la
expulsa de su casa y todos se vuelven contra ella, que no comprende la razón de
tanto enojo y desprecio. Al igual que Constantin, Lea parece no entender como
funcionan las cosas.
Algunos espectadores tienen la errada percepción de que los aldeanos actúan de manera
hipócrita al inducir a Lea a ir con Constantin y luego enojarse de que fuera.
En realidad la gente no está furiosa por eso sino por el enamoramiento. Que Lea sacrificara su doncellez para salvarlos era aceptable e incluso loable, pero enamorarse del potencial genocida y violador y decidir casarse con
él porque le soltó unos versitos baratos, es algo muy diferente. ¿Cómo podrían no enfurecerse
con la noticia de que la hija de su líder espiritual ama al mismo hombre que
poco antes estaba dispuesto a quemarlos vivos a todos a menos que ella accediera
a dejarse violar por él? No hay hipocresía sino una justa cólera que estalla y
entonces el pueblo comienza a apedrear a Lea. El rabino interfiere y consigue
que lo maten de una pedrada, tan delgado es, pero Lea sobrevive y abandona la aldea.
Años después
Constantin regresa. La Revolución le quitó su rango y fortuna y ahora parece
ser un campesino. Se reencuentra con Lea en las afueras del cementerio judío y
todo está bien. En realidad no; nada de lo sucedido después del primer
encuentro de Lea y Constantin tiene el menor sentido, pero así termina.
En alguna
parte leí que Mary Philbin e Ivan Mozzhukhin se tomaron tal antipatía mientras filmaban
Rendición que casi no podían verse. Como ninguno hablaba el idioma del
otro imagino que no podían simpatizar en ninguna forma, sin embargo los intensos duelos
de miradas entre ambos están entre lo poco bueno de la película. Mary Philbin
era una actriz tan limitada que emparejarla con un actor de la talla de
Mozzhukhin, que además estaba acostumbrado a trabajar con actrices eficaces, no fue precisamente bueno para su carrera. Y sin embargo el coprotagonista se
llevó la peor parte dado lo horrible de su rol.
Es difícil entender por qué Universal
intentó lanzar la carrera hollywoodense de Mozzhukhin poniéndolo en una
película tan mala. Se ha llegado a asegurar que la verdadera intención del
estudio era destruirlo para así deshacerse de la competencia que significaba
para los galanes de Hollywood, pero esto claramente es un absurdo. La estrategia
de Hollywood frente a la competencia europea era más sutil: Saqueaba sus
cinematografías ofreciendo suculentos contratos a sus estrellas y así, a la vez
que minaba el campo enemigo, agregaba talento a su propia industria. El
Hollywood de los años 20 estaba lleno de gente que antes triunfó en el viejo
mundo: Pola Negri, Victor Sjöström, Ernst Lubitsch, Conrad Veidt, Lars Hanson,
Emil Jannings, Greta Garbo, Paul Leni… Ivan Mozzhukhin había triunfado en Rusia y luego, desde Francia, en toda Europa, convirtiéndose en presa
codiciada para Hollywood.
Lo que realmente sucedió fue que el director de Universal, Carl Leammle, se empeñó en filmar una adaptación cinematográfica de una de sus obras teatrales favoritas, Lea Lyon, e impuso al recién contratado Mozzhukhin y a la actriz mimada del estudio. Tener a un actor ruso para interpretar a un cosaco debió aumentar su entusiasmo, porque Rusia estaba de moda debido a la Revolución. Así que contra toda opinión disidente Leammle ordenó la filmación de Rendición. Pero la historia a contar era tan absurda e infame que no resultó y Mozzhukhin regresó a Europa y se unió a la cinematografía alemana.
Rendición cuenta con
una hermosa cinematografía y una historia ágil que desagrada y molesta pero no se
hace tediosa. Los duelos de miradas entre Mozzhukhin y Philbin son muy tensos,
y él, aún interpretando a un tipo demasiado dual, se desempeña muy bien. Su labor
aquí nunca está a la altura de sus mejores obras, pero tampoco es una actuación
perdida. Un Mozzhukhin regular siempre es mucho mejor que el promedio de los
actores silentes. Esta fue la tercera película de Mozzhkhin que vi y la primera que vi sólo por él. Mala elección. Pero aunque desprecié y odié a su personaje, no pude evitar
sentirme conmovida con su interpretación. Por lo tanto recomiendo Rendición a quien sienta curiosidad por la única y fallida película americana de
Mozzhukhin, a sus admiradores dispuestos a ver todas sus películas disponible (aquí
entro yo) y, claro, a los masoquistas que gusten de torturarse con historias desagradables.