01/04/2023

100 años de Safety Last

Desglosando la secuencia de la escalada


Un día como hoy hace cien años se estrenó Safety Last, la más famosa película de Harold Lloyd. En ella el comediante de las gafas retoma su personaje de chico corriente, ingenioso e inocente empeñado en elevar su estatus social para ser digno de la chica de sus sueños... aunque la escalada hacia la cumbre del éxito nunca le salga fácil.
Todos recuerdan Safety Last por su icónica imagen de Harold colgando de los minuteros del enorme reloj de un edificio de Los Angeles. La escena y la secuencia en que se inserta son una mezcla ingeniosa de comedia y suspenso capaz de provocar vértigo y acrofobia; un remate genial a la historia de este chico pueblerino arrojado a la gran ciudad, y sus esfuerzos sobrehumanos para alcanzar la cima -¡textualmente!- e impresionar a una novia tan bonita como sosa. 
La secuencia completa es pura genialidad, sin embargo pocos recuerdan como se llega a ella. 

¡Y la engañosa escena de apertura!

Harold, esforzado vendedor de la gran tienda de ropa femenina De Vore, idea una curiosa estrategia de propaganda: Su amigo y compañero de apartamento Limpy Bill (Bill Strother), un auténtico "hombre-mosca", escalará los 12 pisos de la fachada del edificio donde está la tienda. A cambio, ambos se repartirán los mil dolares ofrecidos por el gerente a quien consiguiera atraer la atención del público hacia De Vore. Los amigos saldrán de la ruina y Harold podrá casarse con su eterna novia Mildred (Mildred Davis).

¡Trabajando duro para durar en el trabajo!
 
Harold y Limpy Bill escondidos de la casera...
¡en los abrigos del perchero!

Pero el día de la temeraria hazaña Limpy Bill se ve perseguido por un policía al que hizo una mala broma -empujado por Harold- y, ante la imposibilidad de evadirlo y la enorme multitud reunida para ver el espectáculo, no queda más que improvisar. Aquí comienza lo mejor, que iré desglosando  paso a paso.

Harold no consigue deshacerse del policía.
 
Improvisando una escalada de vértigo.
 
Limpy Bill huye al interior del edificio y Harold lo reemplaza en la escalada con la intención de reunirse en el segundo piso y cambiar de lugares. ¡Pero nunca sucede! El policía persigue a Limpy Bill piso tras piso y éste va asomándose a cada ventana para decir a Harold una y otra vez: "Tienes que subir un piso más. Hasta que me deshaga del policía". Y así, Harold se ve obligado a realizar completa la alucinante escalada.


Muchos obstáculos dificultan el ascenso de Harold: Primero, una bandada de palomas hambrientas que insisten en picar el ¿maní? que accidentalmente cae sobre su cabeza y hombros. La más obstinada consigue meterse bajo su sombrero. Harold, cansado, saca una bolsa de papel del bolsillo, la infla y la revienta contra el muro. 


Luego unas chicas (y algunos chicos) de oficina que lo animan y obligan a continuar cuando, asustado de la altura, intenta retroceder; de paso bloquean el acceso de Limpy Bill a las ventanas, impidiendo el cambio.


Una enorme red que cuanto más se esfuerza en deshacerse de ella más lo va envolviendo, y que finalmente una de las chicas amablemente termina de desenganchar. La red acaba sobre un borrachín que se entretiene con ella durante el resto de la película.


Una dulce abuelita que lo regaña por exponerse a tal peligro, como si el asustado Harold estuviera feliz de encontrarse a semejante altura. Amablemente intenta explicar su situación, pero la anciana se va... ¡Y unos constructores lo empujan con una tabla!

 
Sigue un reloj gigante; ese reloj gigante a cuyos minuteros se aferra cuando Limpy Bill accidentalmente lo deja sin apoyo al empujar una ventana pivotante. El dial del reloj se desprende y la caja se abre, exponiendo el intrincado mecanismo; Harold queda colgando en el vacío. La imagen más reconocible del cine silente.

 
Y mientras cuelga, Limpy Bill le arroja una cuerda a la que logra asirse no sin dificultad y que el policía ayuda a tirar. Un hombre gordo y bien acicalado asoma a una ventana y se burla de Harold diciendo que "eso es lo mejor que has hecho hasta ahora"; mientras, los tirones a la cuerda le golpean la cabeza contra un canalón.


La cuerda acaba escurriéndose de las manos de Harold; con enorme esfuerzo consigue sostenerse y llegar a una ventana. ¡Por fin...! Pero al abrirla un perro feroz se abalanza contra él, obligándolo a retroceder y acaballarse en un asta. ¡Y el dueño del perro lo regaña porque su indefensa mascota podría caerse yendo tras él!:


El asta se dobla y Harold cae sentado dentro de la estropeada maquinaria del reloj; la batería eléctrica le quema el trasero y al alzarse se le enreda un pie en el resorte central. Logra zafarse de él y volver a la ventana, pero el perro, ahora atado, está ahí y a ladridos lo compele a reanudar el ascenso. 


Mildred llega y sube al último piso del edificio mientras Harold alcanza una cornisa y se arrastra sobre ella... ¡Y entonces un ratón se desliza por el bajo de sus pantalones! 
Harold se levanta y el ratón lo hace realizar un estrafalario y peligroso baile al borde mismo de la cornisa, hasta quedar colgando de esta. El roedor cae y da sobre la cabeza de un hombre asomado a una ventana del piso anterior, dejándolo sin peluca. 
De vuelta en la cornisa, Harold levanta una ventana... ¡Y un hombre le apunta con una pistola y dispara! En realidad no lo hace, el hombre es un modelo en un estudio fotográfico y el único disparo es el de la cámara. 


El disparo impele a Harold a apresurarse hacia el techo, en cuya cornisa trepa a punta de balanceos. ¡Por fin en la cima...! Pero un anemómetro amenaza su integridad física y finalmente lo golpea y aturde. Harold comienza a dar vueltas sin ton ni son; su pie se engancha en la cuerda de un asta, cae y cuelga en vaivén sobre la ciudad hasta ir a dar... ¡a los brazos y labios de su novia, en el techo del edificio! ¡Misión cumplida!


Pasa mucho más, pero no destriparé la secuencia al detalle. Harold Lloyd realizó la mayoría de las acrobacias y con ilusiones ópticas y trucos de cámara logró una obra maestra de la comedia cuyo aparente realismo nos recuerda una vez más la grandeza, belleza y humanidad del cine de antaño. 



17/03/2023

Actores silentes y el cine sonoro

¿Cuál fue la opinión de las estrellas silentes respecto al cine sonoro? ¿Lo aceptaron con entusiasmo o lo combatieron con ardor? Nunca hubo un consenso. Incluso cuando las películas sonoras aún eran sólo una idea, las opiniones estaban muy divididas. Veamos algunas.


Lillian Gish:
Nunca aprové las películas sonoras. Las películas mudas estaban en camino de desarrollar una forma de arte completamente nueva. No eran sólo pantomina, sino algo maravillosamente expresivo.

Charles Chaplin:
Una buena película hablada es inferior a una buena obra de teatro, mientras que una buena película muda es superior a una buena obra de teatro.

Mary Pickford:
Agregar sonido a las películas sería como poner lápiz labial en la Venus de Milo.

Harold Lloyd:
No creo que el público quiera comedias habladas. Las películas y las artes habladas son dos artes distintas.

Norma Talmadge:
Ningún diálogo puede expresar la emoción dulce, sincera e invariablemente muda que llamamos amor.

Gloria Swanson:
El alboroto que los actores comenzaron a armar sobre la dificultad de cambiar al sonido me pareció una tontería.


10/03/2023

Documental "Ivan Mozzhukhin, o el niño del carnaval" (1998)

La vida y la carrera del gran actor y astro del cine silente Ivan Mozzhukhin son presentadas y recorridas en este documental ruso de 1998 producido y dirigido por Galina Dolmatovskaia. 
Se trata de un primer acercamiento a la historia de uno de los más notorios talentos de la era silente, y quizás el mejor actor cinematográfico de su tiempo.


Primero en su Rusia natal y después en Francia, las extraordinarias e inusuales dotes interpretativas de Mozzhukhin, unidas a su certera percepción del cine como pieza artística y  comercial, lo llevaron a trabajar con directores de gran habilidad técnica como Yevgeni Bauer, Yakov Protazanov, Marcel L’Herbier, Jean Epstein y Alexandre Volkoff. Dotado de una extensa gama interpretativa, Mozzhukhin representó con acierto roles disímiles en dramas, comedias y aventuras que hicieron de él uno de los más famosos actores de Europa. 
Sintetizar las razones de su enorme popularidad no es trabajo sencillo. El talento y versatilidad de Mozzhukhin son evidentes, pero hay más: Era divertido y un ágil acróbata tipo Douglas Fairbanks, un compañero generoso y poseía un atractivo exótico que enloquecía a las mujeres… Incluso hoy, los nuevos aficionados al cine mudo son magnetizados por su extraordinario talento y aspecto físico. 

Impresionante caracterización de Ivan para 
El Padre Sergio 
(Otets Sergiy, Yakov Protazanov y Alexandre Volkoff, 1918).

El documental de Galina Dolmatovskaia incluye fotografías, cartas, diarios de vida y otros registros personales del actor y su amplio círculo de colegas, amigos y amantes tanto rusos como franceses. Esto dota al documental de veracidad, subrayando el interés de la directora por mostrar a Mozzhukhin como una persona antes que un mito. 
Hay información sobre la vida y obra del actor previos a la Revolución rusa, lo que debió ser un arduo trabajo de búsqueda y recuperación de material. La Revolución no sentía ningún aprecio por Mozzhukhin, a quien tachaba de traidor por abandonar la patria junto a otros rusos blancos ligados al ambiente artístico. 
Se muestran imágenes de sus primeras películas -por entonces sin restaurar- así como de obras posteriores poco conocidas. 

Con Helene Darly y Francine Mussey en la brillante serie 
La casa del misterio (La maison du mystère, Alexandre Volkoff, 1923).

El documental es exhaustivo respecto a las muchas relaciones amorosas del actor, y aquí radica su punto negativo: El recuento de líos de faldas de Mozzhukhin ocupa mayor metraje que la exposición de su trabajo cinematográfico. Falta profundizar más en el artista mismo. La vida privada de Mozzhukhin no fue ningún ejemplo a seguir; en opuesto, su carrera fílmica significó una etapa gloriosa para el cine europeo; muchas de sus películas son espléndidas piezas de arte y entretención que merecen estar entre lo mejor del cine silente. 
Pese a esto, la exhibición de imágenes y documentos hasta entonces inéditos -y aún hoy difíciles de conseguir-, unido a un inteligente montaje narrativo, hacen de Ivan Mozzhykhin, ili ditya karnavala un trabajo que si bien no ahonda en el talento y legado artístico de Mozzhukhin, sirve para conocer mejor al hombre y su mundo. Es un documental que todo admirador del gran actor ruso debe visualizar; no lo recomiendo a quienes carezcan de un conocimiento mínimo acerca de él, ya que podrían perderse un poco entre tanto nombre y fecha.

Momento onírico en El difunto Mathias Pascal
 (Feu Mathias Pascal, Mercal L'Herbier, 1926).

Nota: Ivan Mozzhykhin, ili ditya karnavala no ha sido doblado ni subtitulado al castellano; sólo se encuentra disponible en audio ruso y francés con subtítulos en inglés. 


Películas de Mozzhukhin reseñadas en el blog:
Rendición (1927)