07/04/2023

La Última Cena en el cine

¿Han notado como en el cine La Última Cena suele representarse del modo más artístico posible? Al menos en el cine del siglo XX, aunque ya en 1898 George Hatot y Louis Lumière lo intentaron en su brevísimo filme Vida y Pasión de Jesucristo. La Cena se escenificó al aire libre usando de fondo el muro de un edificio. Este fue el resultado:

Un poco tosco, sin duda, pero ya anunciaba el deseo del cine de imitar al arte. Con el paso de los años y el rápido desarrollo técnico del cine, las películas sobre Jesús se multiplican.
En 1903 llega la primera recreación destacada: La vida y la pasión de Jesucristo de Ferdinand Zecca y Lucien Nonguet. Sólo cinco años separan a esta producción de la de Hatot y Lumière, sin embargo son cinco años de notorios avances en la técnica cinematográfica. Aún es teatro filmado, pero no un teatro de cuarta. El escenario muestra una habitación suntuosa, digna de un rey, con una elegante cortina al fondo y jarras doradas frente a la mesa. El éxito es rotundo, llevando a la filmación de escenas adicionales para un reestreno en 1907.  

Estados Unidos realiza su primer aporte de interés en 1912 con Del pesebre a la cruz, escrita por la pionera del cine Gene Gauntier y dirigida por su amigo Sidney Olcott para la productora Kelman. Con duracion de algo más de una hora, está considerada entre las primeras películas largas de su época, y tambien una de las más costosas; fue filmada en Egipto y Palestina y se la llamó "un triunfo artístico". 

Muchas de las primeras películas sobre Jesús se confunden y pierden; otras omiten La Última Cena. Intolerancia (1916), la gran -en más de un sentido- obra de Griffith la pasa por alto, aunque define la imagen de Jesús por más de sesenta años:
Cristo en Intolerancia (1916) y Jesús de Nazaret (1977),
respectivamente.

Carl Theodor Dreyer da un gran salto en la recreación de La Última Cena en su espléndida Las páginas del libro de Satán (1920). La sobria puesta en escena del director danés proyecta espiritualidad y belleza sin necesidad de estridencias. Jesús destaca por sobre los apóstoles sólo por la blancura de su ropa: 

Al año siguiente Alemania estrena la hoy incómoda El galileo (Dimitri Buchowetzki), donde por primera vez La Última Cena realmente adquiere ese tono místico y alegórico tan deudor de del arte renacentista. Dos años después, I.N.R.I. (Robert Wiene) lleva esto a un punto culminante: Jesús viste túnica blanca y se apoya contra un madero, anticipando su muerte en la cruz:

El Rey de reyes (1927) de Cecil B. DeMille es sensación durante años. La secuencia en concreto auna la sobriedad de Dreyer con la aspiración artística de Wiene en una recreación poética y hermosa que todavía es recordada:

Las películas sobre Jesús son muchas, MUCHÍSIMAS... Es el personaje histórico más veces llevado a la pantalla; ahora mismo el cine puede sorprendernos con una nueva aproximación a La Última Cena. Acá algunas destacadas del siglo XX y lo que va del XXI.

Gólgota (Julien Duvivier, 1935).

La historia más grande jamás contada (George Stevens, 1965).

Jesucristo superstar (Norman Jewison, 1973).

El Mesías (Roberto Rossellini, 1975).

La vida pública de Jesús (John Krish y Peter Sykes, 1979).

Jesús (Roger Young, 1999).

La pasión de Cristo (Mel Gibson, 2005).

El apóstol Pedro y La Última Cena (Gabriel Sabloff, 2012).


01/04/2023

100 años de Safety Last

Desglosando la secuencia de la escalada


Un día como hoy hace cien años se estrenó Safety Last, la más famosa película de Harold Lloyd. En ella el comediante de las gafas retoma su personaje de chico corriente, ingenioso e inocente empeñado en elevar su estatus social para ser digno de la chica de sus sueños... aunque la escalada hacia la cumbre del éxito nunca le salga fácil.
Todos recuerdan Safety Last por su icónica imagen de Harold colgando de los minuteros del enorme reloj de un edificio de Los Angeles. La escena y la secuencia en que se inserta son una mezcla ingeniosa de comedia y suspenso capaz de provocar vértigo y acrofobia; un remate genial a la historia de este chico pueblerino arrojado a la gran ciudad, y sus esfuerzos sobrehumanos para alcanzar la cima -¡textualmente!- e impresionar a una novia tan bonita como sosa. 
La secuencia completa es pura genialidad, sin embargo pocos recuerdan como se llega a ella. 

¡Y la engañosa escena de apertura!

Harold, esforzado vendedor de la gran tienda de ropa femenina De Vore, idea una curiosa estrategia de propaganda: Su amigo y compañero de apartamento Limpy Bill (Bill Strother), un auténtico "hombre-mosca", escalará los 12 pisos de la fachada del edificio donde está la tienda. A cambio, ambos se repartirán los mil dolares ofrecidos por el gerente a quien consiguiera atraer la atención del público hacia De Vore. Los amigos saldrán de la ruina y Harold podrá casarse con su eterna novia Mildred (Mildred Davis).

¡Trabajando duro para durar en el trabajo!
 
Harold y Limpy Bill escondidos de la casera...
¡en los abrigos del perchero!

Pero el día de la temeraria hazaña Limpy Bill se ve perseguido por un policía al que hizo una mala broma -empujado por Harold- y, ante la imposibilidad de evadirlo y la enorme multitud reunida para ver el espectáculo, no queda más que improvisar. Aquí comienza lo mejor, que iré desglosando  paso a paso.

Harold no consigue deshacerse del policía.
 
Improvisando una escalada de vértigo.
 
Limpy Bill huye al interior del edificio y Harold lo reemplaza en la escalada con la intención de reunirse en el segundo piso y cambiar de lugares. ¡Pero nunca sucede! El policía persigue a Limpy Bill piso tras piso y éste va asomándose a cada ventana para decir a Harold una y otra vez: "Tienes que subir un piso más. Hasta que me deshaga del policía". Y así, Harold se ve obligado a realizar completa la alucinante escalada.


Muchos obstáculos dificultan el ascenso de Harold: Primero, una bandada de palomas hambrientas que insisten en picar el ¿maní? que accidentalmente cae sobre su cabeza y hombros. La más obstinada consigue meterse bajo su sombrero. Harold, cansado, saca una bolsa de papel del bolsillo, la infla y la revienta contra el muro. 


Luego unas chicas (y algunos chicos) de oficina que lo animan y obligan a continuar cuando, asustado de la altura, intenta retroceder; de paso bloquean el acceso de Limpy Bill a las ventanas, impidiendo el cambio.


Una enorme red que cuanto más se esfuerza en deshacerse de ella más lo va envolviendo, y que finalmente una de las chicas amablemente termina de desenganchar. La red acaba sobre un borrachín que se entretiene con ella durante el resto de la película.


Una dulce abuelita que lo regaña por exponerse a tal peligro, como si el asustado Harold estuviera feliz de encontrarse a semejante altura. Amablemente intenta explicar su situación, pero la anciana se va... ¡Y unos constructores lo empujan con una tabla!

 
Sigue un reloj gigante; ese reloj gigante a cuyos minuteros se aferra cuando Limpy Bill accidentalmente lo deja sin apoyo al empujar una ventana pivotante. El dial del reloj se desprende y la caja se abre, exponiendo el intrincado mecanismo; Harold queda colgando en el vacío. La imagen más reconocible del cine silente.

 
Y mientras cuelga, Limpy Bill le arroja una cuerda a la que logra asirse no sin dificultad y que el policía ayuda a tirar. Un hombre gordo y bien acicalado asoma a una ventana y se burla de Harold diciendo que "eso es lo mejor que has hecho hasta ahora"; mientras, los tirones a la cuerda le golpean la cabeza contra un canalón.


La cuerda acaba escurriéndose de las manos de Harold; con enorme esfuerzo consigue sostenerse y llegar a una ventana. ¡Por fin...! Pero al abrirla un perro feroz se abalanza contra él, obligándolo a retroceder y acaballarse en un asta. ¡Y el dueño del perro lo regaña porque su indefensa mascota podría caerse yendo tras él!:


El asta se dobla y Harold cae sentado dentro de la estropeada maquinaria del reloj; la batería eléctrica le quema el trasero y al alzarse se le enreda un pie en el resorte central. Logra zafarse de él y volver a la ventana, pero el perro, ahora atado, está ahí y a ladridos lo compele a reanudar el ascenso. 


Mildred llega y sube al último piso del edificio mientras Harold alcanza una cornisa y se arrastra sobre ella... ¡Y entonces un ratón se desliza por el bajo de sus pantalones! 
Harold se levanta y el ratón lo hace realizar un estrafalario y peligroso baile al borde mismo de la cornisa, hasta quedar colgando de esta. El roedor cae y da sobre la cabeza de un hombre asomado a una ventana del piso anterior, dejándolo sin peluca. 
De vuelta en la cornisa, Harold levanta una ventana... ¡Y un hombre le apunta con una pistola y dispara! En realidad no lo hace, el hombre es un modelo en un estudio fotográfico y el único disparo es el de la cámara. 


El disparo impele a Harold a apresurarse hacia el techo, en cuya cornisa trepa a punta de balanceos. ¡Por fin en la cima...! Pero un anemómetro amenaza su integridad física y finalmente lo golpea y aturde. Harold comienza a dar vueltas sin ton ni son; su pie se engancha en la cuerda de un asta, cae y cuelga en vaivén sobre la ciudad hasta ir a dar... ¡a los brazos y labios de su novia, en el techo del edificio! ¡Misión cumplida!


Pasa mucho más, pero no destriparé la secuencia al detalle. Harold Lloyd realizó la mayoría de las acrobacias y con ilusiones ópticas y trucos de cámara logró una obra maestra de la comedia cuyo aparente realismo nos recuerda una vez más la grandeza, belleza y humanidad del cine de antaño.