Los intertítulos aparecieron alrededor de 1900, cuando las películas comenzaron a volverse más largas que en sus inicios: De unos segundos de duración subieron a los dos minutos. Mayor metraje requirió explicación de lo que mostraba y ahí nacieron los intertítulos, que daban voz a los personajes y guiaban la historia.
Sencillos en un principio, fueron haciéndose más elaborados y artísticos a medida que el propio cine mudo se desarrollaba más allá de la mera entretención. ¡Se volvieron hermosos! Algunos ejemplos.
Intolerancia (1916), la grandiosa epopeya de Griffith, utiliza el mismo tipo de letra para los intertítulos de las cuatro historias, cambiando sólo la imagen de fondo del cartel: Una tablilla de arcilla con pictogramas para la Caída de Babilonia (en alusión a la escritura cuneiforme); las tablas de la Ley para la Pasión de Cristo; una especie de banderín con la flor de lis y el escudo real de Francia para La Noche de San Bartolomé, y un fondo café o negro sin adorno alguno para la historia contemporánea. El paso de una narración a otra se señala con otra letra sobre la imagen de un libro abierto.
Dos de las mejores películas del vaquero William S. Hart destacan también por la belleza de sus intertítulos. Las bisagras del infierno (1916) usa letra cursiva en un cuadro negro para añadir dramatismo a la ya de por sí fuerte historia, y su apoteósico final está entintado en rojo. Wagon Tracks (1919), entintada en varios colores, recurre a una sofisticada variante de letra serifa sobre delicados dibujos complementarios.
1917 y en La pobre niña rica de Maurice Tourneur los intertítulos van en cuadros negros puestos sobre unos bonitos y sencillos dibujos complementarios. Al año siguiente El pájaro azul, del mismo director repite la idea aunque mejorada; los dibujos ahora recuerdan un poco a la pintura impresionista.
El tributo del mar (1922), aun con su horrible historia, es recordada por su impactante coloración y por tener a la preciosa Anna May Wong en su primer rol protagónico. Los intertítulos pecan de una sobrecarga de palabras pero la belleza de sus dibujos, semejantes a acuarelas, es innegable.
Los intertítulos de El gabinete del doctor Caligari (1920) comparten el diseño de pesadilla y locura del paisaje y la historia. Asustan un poco.
Las películas de Cecil B. DeMille son apreciadas por su espectacularidad y toques picarescos. En Macho y hembra (1919) y ¿Por qué cambiar de esposa? (1920), ambas protagonizadas por la inigualable Gloria Swanson, se usan carteles con dibujos para los intertítulos descriptivos, por lo común llenos de ironías respecto al comportamiento e ideas de los personajes.
En Los diez mandamientos (1923) se muestran carteles muy elaborados para el segmento de la antiguedad. Algunos de estos intertítulos están tomados directamente de La Biblia y escritos sobre un fondo semejante a un muro de piedra.
Vean la variedad de diseño en los intertítulos de Betty y los bucaneros (1917). Están atiborrados de jerga y en conjunto cuentan mucho más que las mismas imágenes. En realidad son lo mejor de la película.
El jorobado de Notre Dame (1923) es una película tan fallida como hermosa. Noten los detalles en las primeras letras.
Agrupé algunas tarjetas de títulos y el resultado fue digno de colgarse en una pared.
Simplemente hermoso. Para un estudio más profundo del tema pueden leer la excelente reseña de Lea S. en su blog Silent-ology.
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