Aquí está la
película que todos los enemigos de la Navidad amarán ver. La Nochebuena (Noch
pered rozhdestvom) es un filme ruso menor que adapta un cuento de Nikolai Gogol donde se aúna fantasía, humor, enredos y
una historia de amor, todo en el marco de la noche anterior a la Navidad. Pero
a despecho de su título, nada en la historia hace pensar en la festividad
decembrina. No hay Santa Claus, saco de regalos ni duendes, sino una bruja coquetona,
varios costales con hombres, y un divertido diablo peludo que se roba el
espectáculo. Una verdadera pesadilla navideña.
Se trata del
único trabajo con humanos que se conserva del marionetista de insectos y
juguetes y pionero del stop-motion Wladislaw Starewicz. No es una gran película,
ni siquiera una promedio, pero si una curiosa alternativa al común de los filmes
navideños.
Resumen: ALERTA DE SPOILER
La noche
anterior a Navidad en una aldea ucraniana la bruja Solokha (Lidiya Tridenskaya) sale a volar en escoba acompañada por un diablo travieso (Ivan Mozzhukhin)
que parece escapado de un bestiario medieval: Su cara semeja la de un puerco,
tiene colmillos larguísimos, cuernos oscuros y orejas puntiagudas; su cuerpo delgado
está cubierto de sucio pelo negro, y exhibe una larga cola nerviosa. La veleidosa Solokha está enredada amorosamente con este adefesio, que aprovecha el viaje en
escoba para juguetear con ella. Después roba la Luna, que es un trozo de luz ardiente, y entra en casa de la
bruja al estilo Santa Claus, por la chimenea. Hay un divertido juego de
seducción entre ambos. Solokha no es joven ni guapa, pero exhibe una coquetería
y sensualidad vulgar que seduce a diablos y hombres por igual.
Al mismo
tiempo el herrero Vakula (Pyotr Lopukhin), hijo de Solokha, acude a declararse
a Oksana (Olga Obolenskaya), la hermosa hija del cosaco Chub (Pavel Knorr). La caprichosa
muchacha afirma que sólo se casará con él si le trae los zapatos de tacón de la zarina
para presumirlos ante sus amigas.
El diablo sale
por la chimenea al ver que la Luna se escapa. No pudiendo atraparla decide divertirse
un poco molestando al cosaco Chub y a su amigo, que se dirigen a la taberna. Los
sorprende en el camino y les arroja nieve hasta hacerles perder el rumbo. De regreso con la bruja, el simpático diablo es escondido en un saco
cuando uno de los amantes de Solokha se presenta en la casa. Tres hombres son
metidos en sacos y apilados como leña hasta que la llegada de Vakula obliga a Solokha a encontrarse con otro de sus galanes afuera de la casa.

Tras varios enredos
los hombres son liberados. Vakula se lleva el saco que contiene al diablo y
parte en busca de los zapatos de la zarina. Hace una parada en casa de un brujo
glotón que usa la telekinesis para meter comida en su boca. Vakula pide indicaciones sobre como encontrar un diablo que lo ayude en
su tarea. Mientras habla, la larga y cochambrosa cola del diablo barre el suelo
saliendo del costal. Al no obtener respuesta, Vakula continua su viaje.
El
diablo se libera del saco y se monta en la espalda de Vakula para usarlo como
transporte, práctica usual en los diablos y brujos del folklor eslavo. Pero el herrero lo coge por la cola, que parece ser su punto débil, y le exige
que lo lleve volando sobre su espalda hasta el palacio de la zarina en San
Petersburgo o de lo contrario le hará el signo de la cruz. El pobre y delgado
diablo no tiene más opción que cargar con el corpulento Vakula.
Ya en el
palacio se encoge y oculta en el bolsillo del herrero, quien consigue los tan
anhelados zapatos. De regreso en la aldea, Vakula apalea al diablo antes de
dejarlo marchar y luego va con Oksana, que está dispuesta a casarse con él
incluso sin los zapatos. En el infierno, otros diablos se burlan del peludo por
sus desventuras.

Estrenada el
26 de diciembre de 1913, La Nochebuena es una comedia menor que a ratos
resulta algo rígida por un exceso de planos generales (problema común en mucho
cine de la época) y la estrechez de su escenario, sin embargo es interesante
por romper el tópico de las películas navideñas. Lo más cercano que muestra a la Navidad tal y como se la conoce es un grupo de aldeanos que parecen cantar
villancicos portando un adorno luminoso.
Los trucos
visuales no son muy buenos, excepto el de la Luna escapando y el más complejo
del encogimiento del diablo, pero tampoco están realmente mal y cumplen con su
cometido.
Las
actuaciones son algo acartonadas exceptuando a Lidiya Tridenskaya e Ivan
Mozzhukhin, quienes también interpretan a los mejores y más agradables y divertidos
personajes del filme. Sí, la bruja gorda y el diablo peludo simpatizan más que
la caprichosa cosaca y el aburrido herrero.
Está fuera
de toda duda que lo más sobresaliente de la película es el horrible y alocado
diablo. Con este rol Ivan Mozzhukhin realiza uno de sus primeros grandes
trabajos de actuación, esta vez usando a medias su mejor recurso, la sorprendente
expresividad de su rostro, ya que el maquillaje y las prótesis faciales limitan
un tanto sus expresiones, aunque no le impiden hacer unas cuantas muecas
grotescas. Pero incluso embutido en un disfraz que lo cubre por completo volviéndolo
irreconocible, Mozzhukhin consigue dar vida al mejor personaje. Su diablo se roba la película (además de la Luna) con sus travesuras. Aprovechando sus capacidades atléticas, el gran actor ejecuta escenas ágiles y
memorables haciendo que el diablo de giros, se retuerza y salte como un animal de una forma
que evidencia lo mucho que se divirtió interpretándolo.
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Ivan Mozzhukhin en la época de filmación de la película, aproximadamente. |
Según
declaraciones de Starewicz, la cola del diablo
fue hecha y puesta en el disfraz por el propio actor, lo que reafirmaría que el
rol le gustó bastante. Los demás personajes mejoran notablemente cuando interactúan
con el diablo, y en cambio la película decae cuando él desaparece de escena. Si se necesita
una sola razón para ver La Nochebuena, Ivan Mozzhukhin es una excelente
razón. Sus admiradoras más románticas quedarán boquiabiertas al verlo en este
diabólico rol; los demás estarán fascinados con su destreza para el humor físico.
También será una película de interés para quien haya leído Veladas en un
caserío de Dikanka de Gogol y para los curiosos del cine ruso zarista. Recomendable.